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Luis Alberto Becerra Arancibia

Civil

Agente CNI

 

C.I.: 3.702.180-6
Domicilio: Lo Prado 6116, Lo Prado, Santiago

 

Luis Alberto Becerra Arancibia, agente de la CNI, operaba como chofer del ex mandatario Frei Montalva, a la vez informaba a su agente controlador Raúl Lillo Gutiérrez de los pasos del ex presidente.

Becerra Arancibia era una persona de confianza de la familia Frei, incluso cuando sus funciones como chofer cesaron, mantuvo una permanente vinculación con el hogar familiar del Ex Presidente. (ocasiones que usaba para continuar manteniendo informado a Raúl Lillo de todas las actividades realizadas por el ex mandatario.

Durante el período de la enfermedad e internación en la clínica Santa María del ex Mandatario, Becerra Arancibia concurría a preguntar a cerca de la evolución del estado de salud de don Eduardo Frei Montalva y una vez acaecido su fallecimiento, colaboró en el domicilio particular de este recibiendo a las personas que venían a expresar sus condolencias

Raúl Lillo Gutiérrez era el segundo hombre después del oficial de carabineros Miguel Hernández Oyarzo de la "Agrupación Ciervo" de la "Brigada Purén" de la CNI, brigada que era dirigida desde 1977 por el Capitán Manuel Vásquez Chahuán, y encargada del seguimiento, control y análisis de las actividades opositoras que se realizaban por el Partido Demócrata Cristiano.

Lillo Gutiérrez también controlaba al agente pagado de la CNI Genero Cerda Weber, militante de la DC y esposo de Hilda Navarro Varas, secretaria del partido Demócrata Cristiano en la época del plebiscito de 1988.

Se presume que es Luis Alberto Becerra Arancibia quien coordinaba las entradas a la Clínica de los asesinos de Eduardo Frei, quienes serian Raúl Lillo Gutiérrez y el químico de la DINA, Eugenio Berríos, probablemente autor material de la inoculación de veneno en el paciente. Paradojamente, es Raúl Lillo quien posteriormente participa en el crimen de Eugenio Berríos.

 

Fuentes de Informacion: Poderjudicial.cl; Punto Final; La Nación; Cambio 21; La Cuarta; CIPER; Archivo Memoriaviva


La Nación

7 Diciembre de 2009                    

Recluidos los 6 procesados en crimen de Frei Montalva

Médico jefe del Hospital Militar está entre los encausados como autores del homicidio además del chofer del ex Presidente. Encubridores son médicos de la UC

Un total de 6 personas, ente ellos el jefe del Departamento de Contraloría del Hospital Militar, doctor Patricio Silva Garín, fueron procesados en distintos grados por el asesinato del ex Presidente Eduardo Frei Montalva el 22 de enero de 1982 en la Clínica Santa María.

El Ministro en visita del caso, Alejandro Madrid, encausó y ordenó el arresto como autores del homicidio a Silva Garín, Luis Alberto Becerra Arancibia y Raúl Lillo Guitérrez.

En calidad de cómplice fue procesado Pedro Samuel Valdivia Soto, mientras que como encubridores quedaron en la misma condición Helmar Rosenberg y Sergio González.

De acuerdo a un informe emitido esta mañana por la Dirección de Comunicaciones del Poder Judicial, el primero que confirma oficialmente el caso, los procesados quedaron recluidos en distintos recintos.

El doctor Silva Garín es coronel de sanidad del Ejercito en retiro y actualmente ejerce como  jefe del Departamento de Contraloría de Hospital Militar. Becerra, en tanto, era chofer y funcionario de confianza del ex Mandatario y a su vez informante que el Dine tenía para espiar a Frei.

Lillo Guitérrez, que también está acusado por el crimen del químico Eugenio Berríos, fue agente de la Dina, la CNI y la Dirección de Inteligencia del Ejercito (Dine).  Era el que manejaba el contacto con Becerra.

Valdivia Soto es un ex agente de la Dina, médico de la Clínica Santa María. Helmar Rosenberg y Sergio González que son los médicos del Departamento de Anatomía Patológica del Hospital de la Universidad Católica que hicieron la autopsia.

Los implicados, de acuerdo a los informes extraoficiales, fueron trasladados por personal especial de la Policía de Investigaciones (PDI) al tribunal de Avenida España, donde fueron notificados por el magistrado.

El sábado 28 de noviembre, el juez Madrid cumplió las dos últimas diligencias para reconstituir los momentos antes de la muerte de Frei Montalva y la misteriosa autopsia realizada en la misma habitación donde falleció y que fue ocultada por 20 años en el archivo del Anatomía del Hospital de la UC

Juez Madrid: “Sustancias tóxicas” en crimen de Frei

El Ministro en visita Alejandro Madrid detalló esta tarde que el asesinato de Eduardo Frei Montalva, por el que hoy dictó 6 procesamientos, fue provocado por “sustancias tóxicas” que los autores le introdujeron en la Clínica Santa María.

“El fallecimiento fue ocasionado por la introducción paulatina de sustancias tóxicas no convencionales, por la aplicación de productos farmacológicos no autorizados y por la ocurrencia de situaciones anómalas que fueron disimuladas y que deterioraron su sistema inmunológico”, dijo el magistrado en su primera declaración luego de la notificación y arresto del grupo.

Precisó que el tipo de sustancia que le fue inyectada al ex Mandatario y que le provocó el deceso el 22 de enero de 1982, luego de ser internado por una hernia, hacía, hasta ahora, “imperceptible la intervención de terceros en su fallecimiento.

Respecto de la presencia de cercanos como autores del crimen, como el chofer de Frei Montalva, Luis Becerra, y su ex subsecretario de Salud, el médico Patricio Silva Garín, dijo que “justamente la cercanía a veces hace que sea la manera de cómo se actúa”.

Respecto de los roles del mismo Becerra y Raúl Lillo Gutiérrez, apuntó que tienen “el papel de seguimiento, de tener informantes pagados, de coordinar todas las intervenciones telefónicas para tener al ex presidente en una condición de control absoluto”.


CIPER

8 de Diciembre 2009

Las huellas que dejó el magnicidio de Eduardo Frei Montalva

Tras siete años de investigación, la muerte del ex presidente Frei Montalva fue tipificada como homicidio. La resolución judicial atribuye un rol activo a médicos y agentes de la represión a quienes se acusa de haber participado en una operación que disfrazó de enfermedad el envenenamiento progresivo del ex mandatario con sustancias químicas. Intentaron borrar sus huellas, pero el descubrimiento de las fichas clínicas, los análisis científicos y más de mil declaraciones las sacaron a la luz 27 años más tarde. El sospechoso historial del doctor Patricio Silva Garín y los inéditos testimonios médicos refuerzan la tesis del ministro en visita Alejandro Madrid. El cerco de la CNI y la DINE sobre la Clínica Santa María terminaron de configurar un cuadro que estremece.

Perdidas en la bodega de contabilidad de la Clínica Santa María estaban las fichas clínicas que guardaban los secretos de los últimos días de vida del ex presidente Eduardo Frei Montalva, el hombre que encabezaba la oposición a Pinochet en 1981. Estos registros, aunque incompletos, junto a más de cien testimonios médicos y sofisticados análisis científicos permitieron acreditar que fue asesinado en 1981 por los servicios de seguridad de Augusto Pinochet destruyendo su sistema inmunológico, en un proceso similar al que ocurre con los enfermos de Sida.

Las huellas de Talio y Mostaza nitrogenada que registran sus restos exhumados el 22 de diciembre de 2004, lo fueron envenenando y debilitando sus defensas, pero el que actuó como un arma química letal que desencadenó su muerte fue el Tranfer-Factor, producto que le fue aplicado en cuatro ocasiones a pesar de que nunca contó con certificación médica internacional.

Este cúmulo de pericias, documentos y testimonios terminaron de armar el mapa de su muerte, permitiendo que el ministro Alejandro Madrid configurara el delito de homicidio y procesara como autores, cómplices y encubridores a cuatro médicos y dos ex agentes de los servicios de inteligencia.

La investigación se inició hace siete años cuando la hija del ex mandatario, Carmen Frei, solicitó investigar el encubrimiento y la asociación ilícita detrás de la muerte de su padre. Y esa asociación ilícita incluyó un férreo cerco de escuchas telefónicas, seguimientos, infiltrados y filmaciones que incluyeron la casa de Frei, sus desplazamientos dentro y fuera del país y hasta los pasillos de la Clínica Santa María.

El cerco sobre el ex mandatario fue ejecutado por mandos de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE) y la CNI, entonces dirigida por quien había sido edecán militar durante su mandato, mostrándole múltiples gestos de aprecio y lealtad: el general Humberto Gordón. No sería el único hombre de confianza que lo traicionaría.

Las escuchas telefónicas estaban a cargo del coronel Jorge Vizcaya Donoso (jefe de la división), quien tenía bajo su responsabilidad la seguridad de las comunicaciones de La Moneda y también una secreta oficina de Monitoreos Telefónicos, la que no figuraba en ningún organigrama de la institución. Y se entiende, porque allí trabajaba Luis Vargas, quien era funcionario de la Compañía de Teléfonos destinado a la CNI. Su misión: habilitar las conexiones telefónicas para interceptar y grabar los teléfonos que el mando superior ordenaba.

No es extraño entonces que dos funcionarios de la CTC se presentaran en la casa de Frei para cambiar un aparato supuestamente en mal estado. Luego se comprobaría que lo que efectivamente hicieron fue instalar una grabadora pequeñísima en su interior.

Antes de que Frei se internara en la Clínica Santa María, el equipo operativo que preparó la eliminación de Frei puso en marcha otro dispositivo. Un grupo de aproximadamente siete militares en retiro llegó sorpresivamente al establecimiento hospitalario a cumplir funciones de “guardia” y “mayordomo”.

Varios integrantes del cuadro médico de la Clínica recordaron incluso que el director de la época, doctor Enrique Duval, se quejó de esta imposición de sus superiores. El nuevo contingente quedó bajo las órdenes de la gerente administrativa del establecimiento de la época, Ana María Benavente, cuñada del general Julio Canessa, quien vivía en la misma casa del hombre que Pinochet escogió en 1982, poco después del asesinato de Frei, como vicecomandante en jefe del Ejército.

Entre los nuevos empleados estaba el sargento (r) José Miguel Ogalde, quien se hizo cargo de la bodega del establecimiento y el suboficial mayor (r)de Ejército, José Espinoza. Fue ese funcionario quien le preparó la habitación (401) que se le destinó a Frei cuando llegó a operarse a la clínica el 18 de noviembre de 1981 y en la que permaneció hasta el 7 de diciembre, después de haber reingresado. Fue el mismo Espinoza quien lo trasladó a la sala de rayos el 6 de diciembre, cuando tuvo el shock séptico provocado por la rotura de una sonda.

Espinoza conocía bien al doctor Patricio Silva Garín, quien encabezó las tres últimas operaciones a que fue sometido Frei y acaba de ser procesado como autor de su homicidio. La hija de Espinoza, Rosa, trabajaba en el Hospital Militar, en el Departamento Diagnóstico por Imágenes, bajo las órdenes directas de Silva Garín.

El camillero y mayordomo tenía otra particularidad. Su otra hija, Sonia, pasó de cabo del Cuadro Permanente del Ejército al Escalafón de Oficiales, llegando a capitán en la especialidad de inteligencia luego de sucesivos cursos y entrenamientos. Toda su carrera la hizo en esas tareas, principalmente en la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE) y como ayudante del subdirector Gustavo Rivera Toro, hasta 1992.

Con el fallo de Madrid queda claro que el doctor Patricio Silva Garín también formó parte del cerco que los organismos de seguridad levantaron en el entorno a Frei Montalva. Solo así se entiende que llamara al propio Pinochet cuando asumió el mando de la segunda operación del ex mandatario y de todo lo relacionado con su tratamiento.

Autores, encubridores y cómplices

El doctor Silva Garín dice no haber sabido nunca de la utilización del Transfer-Factor en su paciente Eduardo Frei, pero la constancia expresa de su inoculación por vía subcutánea quedó registrada en las fichas clínicas descubiertas en la investigación del ministro Madrid. El producto le fue aplicado luego de que reingresara a la Clínica Santa María el 4 de diciembre de 1981, a raíz de una sorpresiva complicación surgida tras una operación rutinaria de una hernia al hiato, realizada el 18 de noviembre en la misma clínica. Desde ese 4 de diciembre, Silva Garín estuvo a cargo de las tres nuevas intervenciones, tratamientos y exámenes.

El ministro Alejandro Madrid encarceló y procesó a Silva Garín, actual director de Gestión Clínica del Hospital Militar e integrante del escalafón militar desde 1956, como autor del asesinato de Frei. Bajo la misma figura fueron encausados Raúl Lillo Gutiérrez, el hombre que dirigió el cerco de espionaje al ex mandatario, jefe operativo de la DINA, CNI y luego del Batallón de Inteligencia del Ejército (BIE) en los ’90, custodio del químico de la DINA Eugenio Berríos en los días que fue asesinado en Uruguay en 1993 (Ver el reportaje: Todas las muertes conducen a Berríos); y Luis Becerra Arancibia, el chofer y hombre de confianza de Frei por más de 20 años, quien trabajaba para la CNI.

Madrid también ordenó la detención y procesó como cómplice del crimen de Frei al doctor Pedro Valdivia Soto, quien trabajaba entonces en la Clínica Santa María y paralelamente en la Clínica London de la CNI, donde fue asesinado el 29 de marzo de 1977 con gas sarín el cabo Manuel Jesús Leyton, crimen por el que está procesado y pronto a ser condenado como encubridor (la Corte le anuló el procesamiento como integrante de la asociación ilícita). Hasta hace poco tiempo Valdivia era médico de la Clínica Alemana.

Como encubridores del magnicidio, fueron procesados los doctores Helman Rosenberg Gómez y Sergio Javier González Bombardiere, del Hospital Clínico de la Universidad Católica. Ambos facultativos realizaron la secreta e irregular autopsia a los restos de Frei, en la misma habitación donde falleció y a sólo minutos de su muerte. La reconstitución de la autopsia hecha el sábado 31 de octubre pasado, permitió comprobar que los procedimientos y elementos utilizados alteraron cualquier posibilidad de exámenes toxicológicos posteriores que pudieran evidenciar la existencia de sustancias químicas letales inoculadas en su cuerpo.

La autopsia, autorizada y solicitada por el ex ministro Patricio Rojas y su concuñado Patricio Silva Garín, se mantuvo oculta por más de 20 años, hasta que un llamado anónimo alertó sobre su existencia.

La resolución de Madrid estableció que el delito de homicidio –“suficientemente comprobado” – fue ocasionado “por la introducción paulatina de sustancias tóxicas no convencionales, la aplicación de un producto farmacológico no autorizado -‘Transfer Factor’- y por la ocurrencia de diversas situaciones anómalas, que pudieron ser disimuladas como inadvertencias o negligencias que paulatinamente deterioraron su sistema inmunológico y facilitaron la aparición de bacterias oportunistas, tales como las denominadas ‘proteus vulgaris’ y ‘candida albicans’, que resultaron ser la causa final de su muerte y dieron la apariencia que su deceso ocurrió por complicaciones derivadas de las intervenciones quirúrgicas a que fue sometido, haciendo imperceptible la intervención de terceros en su fallecimiento”.

Más de mil interrogatorios y entrevistas policiales, decenas de pericias científicas en Chile y en el extranjero y más de 400 informes se acumularon para fundar el fallo del ministro Madrid. Todo ello da cuenta del exhaustivo trabajo realizado en varios países desde que en 1999 la jueza Olga Pérez iniciara la investigación por el secuestro y homicidio del químico de la DINA, Eugenio Berríos, apoyada por el mismo equipo policial que integran el prefecto Nelson Jofré y la inspectora Palmira Mella de Investigaciones.

EL MISTERIOSO CONCUÑADO DE ROJAS

El doctor Silva Garín, director de Gestión Clínica del Hospital Militar, fue concuñado y sigue siendo uno de los más estrechos amigos del ex ministro de Frei y Patricio Aylwin, Patricio Rojas. Ser parte del escalafón del Ejército no le impidió a Silva Garín ser nombrado por Frei Montalva subsecretario de Salud. Desde esa posición, en octubre de 1969 asumió importantes tareas ajenas a sus funciones, convirtiéndose en el gestor de la solución de la grave crisis de la rebelión del Regimiento Tacna y otras unidades del Ejército, liderada por el general Roberto Viaux, que estuvo a punto de derivar en Golpe de Estado. El acta de negociación que terminó con el conflicto lleva la firma de Silva Garín y la de Viaux.

Poco después, cuando el 24 de octubre de 1970 se produce el atentado terrorista que terminó con la vida del comandante en jefe del Ejército, general René Schneider, crimen encabezado por un grupo de nacionalistas y altos jefes militares, entre ellos Viaux, y que buscó impedir que Salvador Allende asumiera la presidencia, Silva Garín nuevamente entra en acción.

El jefe operativo de ese atentado, el militante nacionalista Juan Diego Dávila Basterrica (quien falleció en marzo pasado), afirmó en el proceso Schneider haber tenido una entrevista con Silva Garín durante la preparación del atentado. El episodio, negado por Silva Garín hasta ahora pero reafirmado por Dávila, fue también revelado en la época por la revista Sepa.

Silva también ocultaba el papel que le tocó jugar tras el atentado a Schneider. En su hoja de vida quedó registrada la felicitación que recibió al atender en el Hospital Militar al jefe del Ejército, cuando éste ingresó allí en grave estado después del ataque. Silva era entonces Director del Servicio Nacional de Salud (SNS). ¿Qué hacía en el Hospital Militar examinando al general Schneider?

No fue la única muerte de un personaje relevante que registra en su carrera médica y militar. En 1974 fue a buscar a Punta Arenas y operó en el Hospital Militar al general Augusto Lutz, luego de que éste sufriera una súbita hemorragia de origen desconocido. Al igual como ocurrió con Frei, Lutz tuvo un inexplicable problema con una “sonda nasogástrica”, que le provocó una nueva hemorragia. El médico anestesista que lo acompañó en la operación a Lutz, fue Pedro Cubillos, el mismo que lo asistiría cuando operó a Frei el 6 de diciembre de 1981.

Lutz fue jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM, ahora DINE) desde 1972 hasta dos meses después del Golpe de 1973. No bebía ni tomaba alcohol y falleció de septicemia a los 52 años, en el Hospital Militar el 28 de noviembre de 1974, veinte días después de ser hospitalizado. Días antes de enfermarse, había participado en la junta anual de generales del Ejército. En dicha reunión, él y Oscar Bonilla criticaron duramente los métodos represivos de Manuel Contreras y la DINA. El duro enfrentamiento terminó bruscamente cuando Pinochet cortó la discusión: “Señores generales, la DINA soy yo, ¿alguien más tiene alguna pregunta?”.

En esos momentos, Silva Garín era jefe del Departamento Médico del Hospital Militar, donde no se dejó ningún registro del ingreso de prisioneros que llegaban heridos desde distintos centros secretos de tortura. Allí le correspondió examinar y seguir la evolución del ex ministro del Interior de Allende, José Tohá, trasladado desde el campo de prisioneros de Isla Dawson al Hospital Militar por su estado de salud. La ficha oficial dice que Tohá se suicidó en ese recinto el 15 de marzo de 1974. Pero hoy existen nuevas evidencias y testimonios que revelan que fue un homicidio.

La relación de Silva Garín con el mando del Ejército era estrecha y formal (Reportaje “Médico de la DINA y CNI operó a Eduardo Frei Montalva”, publicado en CIPER el 05 de marzo de 2009). Así lo prueban los dos cursos que realizó en 1966 en la Escuela de las Américas de Panamá, oscuro centro de entrenamiento de los represores de Latinoamérica. Con Pinochet en el poder, Silva acrecentó esos lazos y también su afición por la “inteligencia”.

En 1974 fue alumno del curso “Informaciones para oficiales de los servicios” en la Academia de Guerra, donde tuvo de compañero al doctor Eduardo Arriagada Rehren, quien después de asumir el mando de la Clínica London de la DINA fue director de Sanidad del Ejército y director del Instituto Bacteriológico de la misma institución, hasta que en 1990 se lo encuentra en el subterráneo de la Brigada de Inteligencia del Ejército (BIE). En ese mismo curso estaban los doctores Horacio Taricco Lavín y Vittorio Orvieto, ambos directores de la Clínica London de la DINA; además del dentista Sergio Muñoz Bontá, del mismo establecimiento.

En 1981, Silva no fue el médico escogido por Frei para operarse de la hernia al hiato. La primera operación la hizo el doctor Augusto Larraín. Dieciséis días más tarde, Frei era internado nuevamente en la Clínica Santa María y Larraín fue desplazado por Silva, quien se hizo cargo de su tratamiento y de la segunda operación (6 de diciembre), de la que ya no se recuperaría. Otras dos nuevas intervenciones le siguen, todas ellas las realiza con un equipo integrado exclusivamente por personal militar, entre ellos el médico de la CNI, Rodrigo Vélez Fuenzalida.

Lo que nadie ha podido explicar es por qué en la hoja de vida de Silva Garín en el Ejército aparece en esa misma época –desde abril de 1980 hasta julio de 1982– en “comisión extrainstitucional al comando en jefe del Ejército”. No es un punto banal. Esa es la figura que se utilizaba para ocultar la destinación de un militar a la DINA o al DINE.

A pesar de los oscuros episodios que Silva Garín concentró en su extensa carrera militar y política, nadie nunca lo interpeló. Es más, en 1990, recuperada la democracia, su concuñado, el ministro de Defensa Patricio Rojas, lo nombró vicepresidente ejecutivo de la Caja de Previsión de la Defensa Nacional (Capredena), cargo que desempeñó hasta 1995. De allí regresó al Hospital Militar donde sigue hasta ahora como director de Gestión Clínica, uno de los más altos puestos.

La lealtad de Silva Garín con el Ejército llegaba directamente hasta Pinochet. Como él mismo ha reconocido, fue al entonces comandante en jefe a quien primero informó de que estaría a cargo de la segunda operación de Frei y de todos sus cuidados médicos.

LAS VACACIONES DEL DOCTOR VALDIVIA

El doctor Pedro Valdivia, procesado por Madrid como cómplice del homicidio del ex mandatario, intentó probar durante la investigación judicial que en los días que Frei falleció estaba de vacaciones y que nunca lo visitó en su habitación. Lo primero fue desvirtuado por una ficha clínica de una operación realizada por Valdivia a otra paciente en el mismo establecimiento. Sobre lo segundo, más tarde aclaró que sí lo había examinado a petición de la enfermera María Victoria Larraechea, hermana de la esposa del hijo de Frei Montalva, también funcionaria de la clínica. La enfermera negó rotundamente haber intercedido.

Lo que terminó por derrumbar la defensa de Valdivia es que hubo otros profesionales que sí lo vieron ingresando a la habitación de Frei. La clave fue proporcionada por uno de sus compañeros de universidad, quien certificó que faltaba una ficha clínica, la última, en donde dejó constancia del examen al que sometió al paciente el 22 de enero de 1982, cuando Frei estaba a punto de fallecer. El punto es vital porque allí está el nombre del facultativo al que se le entregó la responsabilidad del cuerpo del ex presidente. Y ese fue precisamente el doctor Valdivia, quien recibió a los médicos que le practicaron la autopsia mantenida durante más de 20 años en secreto.

Valdivia no sólo constató el deceso de Frei. También existen pruebas que de inmediato dio aviso. Al otro lado de la línea estaba uno de los ayudantes de Augusto Pinochet.

EL MORTAL TRANSFER

Una de las líneas de investigación más difíciles y extensas fue la que se hizo sobre todo el recorrido médico –exámenes, habitaciones, tratamientos, indicaciones, fichas clínicas y médicas- desde que Eduardo Frei se operó el 18 de noviembre, reingresó a la Clínica Santa María el 4 de diciembre, lo volvieron a intervenir el 6, 8 y 17 de diciembre, hasta fallecer el 22 de enero de 1982.

De allí surgió una línea de tiempo y de inmediato la necesidad de hacer un monitoreo a la evolución de su sistema inmunológico. Al final del recorrido, después de centenas de interrogatorios, entrevistas y pericias, la sorpresa fue mayúscula. El fallo del juez Madrid lo describe así:

“Se ha podido también establecer que al enfermo se le aplicó un producto denominado ‘TRANSFER FACTOR’ (factor de transferencia), el que se encontraba en etapa de experimentación, y que, tal como señala el inmunólogo y doctor en ciencias de la Universidad de Chile, Luis Ferreira Vigouroux a fojas 8.729 y siguientes, dicho producto, no estaba certificado ni autorizado por la Food and Drug Administration (FDA) en Estados Unidos, y aunque se pensaba que podía favorecer la recuperación de un sistema inmunológico deprimido, en definitiva, al agregar más endotoxinas a las ya preexistentes en el organismo, esto induciría al sistema inmunológico a secretar moléculas que median el shock séptico. Todo ello se encuentra corroborado por el texto de un estudio científico…”.

Las endotoxinas son componentes de las bacterias que desencadenan una respuesta inmunológica en el organismo. Y Madrid concluyó que la aplicación del Transfer-Factor fue determinante en la muerte de Frei ya que éste contenía un nivel de endotoxinas superior al normal, que en vez de favorecer al enfermo que padece una infección (enfermedad que ya produce un alto grado de endotoxinas), ocasiona una descompensación que deprime el sistema inmunológico del paciente a un extremo letal.

El doctor Silva afirma no haber sabido nunca del Transfer ni de su utilización en el tratamiento a Frei. Sus dichos no corresponden ni a lo que consta en las fichas clínicas y tampoco a lo que afirma el doctor Sergio Valdés Jiménez, utiólogo. Según los más de cien testimonios de personal médico interrogado en esta investigación, si Frei se mantuvo con vida hasta el 22 de enero de 1982 fue gracias a los esfuerzos del doctor Valdés, quien sí supo de la inoculación del Transfer, acotando que en esa decisión “no tuve ninguna competencia”.

Fue el doctor especialista en inmunología Rodrigo Hurtado el que aclaró el misterio. Afirmó que fue Patricio Rojas quien lo contactó a fines de 1981 para que examinara a Frei en la clínica. Así lo hizo. Y los exámenes que solicitó evidenciaron una franca deficiencia inmunológica.

-Tratando de corregir este defecto conseguí desde el Children Hospital de San Francisco, California, un producto llamado Transfer -Factor el cual no recuerdo específicamente como me llegó a Chile, pero una vez que lo obtuve, indiqué que se le administrara de acuerdo a mis indicaciones –afirmó Hurtado.

Efectivamente, según consta en la ficha clínica y la hoja de control médico y enfermería, la terapia con Tranfer-Factor se inició el 2 de enero de 1982. Allí también consta que se le introdujo una ampolla del producto –por vía subcutánea– el 2, 3,13 y 20 de enero de 1982.

La segunda acotación del doctor Hurtado al examinar las fichas clínicas agrava el misterio del producto utilizado: “Me llama la atención que el tratamiento con Transfer-Factor fue utilizado dos días seguidos y después hubo un lapso de diez días para colocar la tercera dosis, siendo que lo que se acostumbraba era colocarla en forma diaria y así debo haberlo prescrito. Ignoro por qué no se hizo así”.

A pesar de que era evidente el acelerado deterioro en el sistema inmunológico del paciente desde que fuera operado por segunda vez por el equipo del doctor Silva Garín, transcurrieron 19 días antes de que se pidiera con urgencia un estudio inmunológico (23 de diciembre) sobre los Linfocitos T, B y DNCB.

El experto mundial en inmunología Luis Ferreira Vigoroux fue consultado sobre la aplicación del Transfer-Factor. Teniendo todas las fichas clínicas a la vista, afirmó:

-Si se usó Tranfer-Factor, era fundamental precisar su origen exacto, el procedimiento usado en su preparación y si fue adecuada y oportunamente valorado en cuanto al contenido de endotoxina (LPS). Si de EE.UU. mandan una droga para Chile, obviamente debiera haber sido valorada para su uso en humanos, pero como era un producto experimental, era de relevancia central el haber tenido a la vista la certificación de esta valoración. Este requerimiento, ineludible incluso para medicamentos de uso animal, es aún más crítico para su uso en una persona en peligro crítico de iniciar un shock…La balanza podría, en cuanto a endotoxinas, inclinarse negativamente si, producto de la contaminación de un producto supuestamente medicamentoso, se introduce sistémicamente al paciente cantidades adicionales de LPS, por muy pequeñas que éstas sean.

El doctor Hurtado confirmó la apreciación de Ferreira: “Los Lipo-Polisacáridos-LPS, se encuentran en bacterias Gram negativas, en su forma primitiva y no purificada puede ser tóxica y ejercer un efecto contrario, es decir inmuno-supresor”.

Otro de los médicos que lo examinó, Tomás Walter Klimunda, ayudó a confirmar lo que ocurrió con el sistema inmunológico de Frei: “El Lipopolisacárido o LPS, un componente del cuerpo de la bacteria, es una de las toxinas capaces de producir un shock séptico”.

Hubo otro hecho que ayudó a debilitar su sistema inmunológico. La revisión de las fichas clínicas permitió establecer que el 6 de diciembre, a sólo horas de la operación que dirigió el doctor Silva Garín y de la que nunca más se recuperó, por un error con la sonda nasogástrica, Frei perdió una cuantiosa cantidad de sangre. Una enfermera, María Elena Zamorano, lo encontró solo, “sudoroso, descompensado, la presión baja, el suero estaba fuera de la vía venosa y su cama impregnada con sangre, había perdido mucha sangre”. En el fallo de Madrid se deja constancia de que en esos mismos momentos, se registra el ingreso a la habitación de Frei del doctor Pedro Valdivia, quien no tenía ninguna ingerencia en ese piso.

El registro del incidente lleva la firma del doctor Bernal, pero quien ocasionó la rotura de la sonda no ha sido hasta ahora individualizado.

A Frei debieron someterlo a una transfusión de un litro de sangre en extrema urgencia, pero la pérdida masiva del vital elemento, según constataron los médicos, acentuó la destrucción de su sistema inmunológico y agravó los síntomas de shock séptico. Un daño irreversible. Fue sólo entonces que el ex presidente sería trasladado a una habitación especial de la Unidad de Cuidados Intensivos. Para ello Silva Garín no tiene explicación.

Tampoco entrega respuesta para otro hecho extraño del cual dio cuenta una enfermera de la clínica. La profesional mostró la hoja de control médico y de enfermería correspondiente al 29 de diciembre de 1981, donde se indica que fueron enviadas al Hospital Militar muestras de magnesio y zinc de la sangre de Eduardo Frei, en circunstancias que ese preciso examen se hacía siempre en el laboratorio de la Clínica Santa María.

Respecto a las huellas de Talio y mostaza sulfúrica hallados en su organismo, las pericias científicas permitieron establecer que ellas datan de “tres meses antes de su muerte, que se le aplicó en dosis bajas y muy probablemente por vía endovenosa, lo que determinó daño celular y del DNA, expresado en compromiso multisistémico, alteraciones en la capacidad de los linfocitos de defenderse de gérmenes oportunistas, lo que determinó su muerte por un cuadro séptico” (del fallo del juez Madrid).

La doctora Carmen Cerda fue precisa al analizar los rastros de Talio y mostaza sulfúrica: “No se corresponden ni con los alimentos ni con los medicamentos que recibió el señor Frei durante su hospitalización. Además, es posible establecer que ellas le fueron administradas, al menos, en tres ocasiones diferentes. Debido a ese tipo secuencial y simultáneo de suministro, el efecto de los productos se potenció, haciendo posible que, con menores dosis, el efecto final fuera igualmente mortal. Todo lo anterior, permite descartar una forma de ingesta accidental… En consecuencia, cabe afirmar con razonable certeza, que se trata de una forma médico legal de muerte calificable como homicidio”.

Frei Montalva falleció el 22 de enero de 1982, cuando en las calles la miseria y la grave económica hacía estragos. Un mes después, el 25 de febrero de 1982, era degollado el presidente de la Asociación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF) Tucapel Jiménez por un equipo de la DINE y la CNI, coordinadas en función de un decreto secreto de Pinochet en la Unidad Antiterrorista (UAT). Así, el líder político y el dirigente sindical que en esos días podían unificar la oposición a la dictadura en la organización de un gran paro nacional en ciernes, eran eliminados.

La investigación realizada por Alejandro Madrid y su equipo policial comprueba, una vez más, la utilización de armas químicas para la eliminación de disidentes del régimen de Pinochet. La metodología científica ha permitido esclarecer un crimen destinado a quedar en la impunidad. Pero aún quedan cabos por atar. Y uno de ellos es quién recibió el Transfer-Factor en Chile y si fue el mismo producto que pidió el doctor Hurtado el que finalmente se le inoculo a Eduardo Frei Montalva.


Punto Final 

11 al 24 de Diciembre de 2009

Los horrores de la dictadura militar: El magnicidio de Frei Montalva 

La decisión del ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago, Alejandro Madrid Croharé, de procesar a seis personas por el asesinato del ex presidente de la República Eduardo Frei Montalva en enero de 1982, mientras se recuperaba de una segunda intervención quirúrgica en la Clínica Santa María, reabrió la puerta de los horrorosos crímenes cometidos por la dictadura del general Augusto Pinochet. 
El juez Madrid acusó a cuatro médicos, al chofer del ex mandatario y a un agente de los servicios de inteligencia de la dictadura -Dina, Dine y CNI- como autores, cómplices y encubridores de la conspiración para eliminar a Frei, envenenándolo con repetidas dosis de gas mostaza y talio.
El magistrado llegó a la conclusión de que el ex jefe de Estado, que a la época del asesinato encabezaba la oposición a la dictadura, fue inoculado con esos elementos patógenos, burlando los controles establecidos por la clínica, la familia y amigos del ex mandatario que intentaron protegerlo. 
Como autores del homicidio fueron detenidos el doctor Patricio Silva Garín, coronel (r) de Sanidad del ejército, actual jefe del Departamento de Contraloría del Hospital Militar; Luis Alberto Becerra Arancibia, ex chofer de Frei; y Raúl Lillo Gutiérrez, ex agente acusado también por el asesinato del químico Eugenio Berríos, asesinado en Uruguay. Becerra era informante de Lillo, el agente que la Dine había destinado a espiar los movimientos del ex presidente.
En calidad de cómplice fue procesado el doctor Pedro Samuel Valdivia Soto, ex médico de la Dina y de la Clínica Santa María; como encubridores fueron sindicados los médicos Helmar Rosenberg y Sergio González, patólogos de la Universidad Católica, quienes hicieron la autopsia del ex gobernante opositor a Pinochet. 
Una diligencia clave en la investigación la efectuó el juez Alejandro Madrid el 28 de noviembre. En la Clínica Santa María reconstituyó los momentos previos a la muerte de Frei Montalva el 22 de enero de 1982, y la misteriosa autopsia realizada en la misma habitación donde falleció, cuyos resultaron permanecieron ocultos por más de veinte años en el Departamento de Anatomía Patológica de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica. 
Diversas pericias a las osamentas de Frei, exhumadas en el Cementerio General, constataron que fue envenenado con talio y gas mostaza.

El enemigo en casa

El momento propicio para el crimen, según la investigación judicial, fue facilitado por el chofer Luis Alberto Becerra al agente Raúl Lillo, miembro de una brigada de la Dine que intervino los teléfonos de Frei Montalva y que mantenía estricto control sobre todos sus movimientos. 
El juez Madrid reveló que a las sustancias tóxicas mencionadas, se agregó “la aplicación de un producto farmacológico no autorizado denominado Transfer Factor y por la ocurrencia de diversas situaciones anómalas que pudieron ser disimuladas como inadvertencias o negligencias que paulatinamente deterioraron su sistema inmunológico y facilitaron la aparición de bacterias oportunistas tales como las denominadas bruteo pyulgalis y candida altas”.
Estas “resultaron ser la causa final de su muerte y dieron la apariencia que su deceso ocurrió por complicaciones derivadas de las intervenciones quirúrgicas a que fue sometido haciendo imperceptible la intervención de terceros en su fallecimiento”, dice la resolución del magistrado.
Frei Montalva ingresó a la Clínica Santa María el 18 de noviembre de 1981 para operarse de una hernia en el esófago. Los reflujos de los ácidos estomacales no le permitían llevar una vida normal. Tenía que hacer dieta, dormir semi sentado y consumir antiácidos. Después de consultar sobre los riesgos de una intervención, decidió operarse. Sus médicos de cabecera, Alejandro Goic y Patricio Silva Garín, le dijeron que no era necesario hacerlo en el extranjero. La intervención la realizó el doctor Augusto Larraín Orrego, uno de los mejores especialistas del país. La recuperación fue normal y a los pocos días lo dieron de alta. Pero a los diez días empezó a sentirse mal; padecía una rebelde estitiquez. Goic y Silva concluyeron que tenía una obstrucción intestinal y que había que operar otra vez. Así lo hicieron el 6 de diciembre de 1981. Operó Silva con Goic presente. Parecía algo simple pero encontraron adherencias de gran tamaño y fue necesario cortar un trozo de intestino.

Drama en la Clínica Santa María

El mayor peligro era que microbios del tubo intestinal pasaran a la cavidad peritoneal y dieran inicio a una infección. El equipo médico hizo una prolija limpieza y cerró la herida. El postoperatorio pareció favorable.
Dos días después la enfermera María Victoria Larraechea, hermana de la esposa de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, y el médico Juan Luis González, visitaron a Frei Montalva y lo encontraron con un catéter abierto y sangrando profusamente. Su herida estaba infectada. Presentaba una peritonitis aguda, insuficiencia respiratoria y renal aguda y una agresiva diarrea que lo deshidrataba.
Médicos de la clínica mencionaron en el proceso judicial al doctor Pedro Valdivia como presente en diversos momentos en la habitación del ex presidente, situación que nunca pudo explicar el aludido, quien ha dicho que en esos días estaba de vacaciones. Valdivia también está procesado por el juez Madrid en el crimen del cabo Manuel Leyton, asesinado con gas sarín en marzo de 1977 en la Clínica London, de la Dina, donde Valdivia prestaba servicios.
El abogado de la familia Frei, Alvaro Varela, ha expresado que en algún momento ingresó a la habitación de Frei Montalva el químico de la Dina, Eugenio Berríos, probablemente autor material de la inoculación de veneno en el paciente. 
El doctor Goic recibió un llamado urgente de la clínica. La presión arterial de Frei había caído a cerca de 0 y la fiebre se disparaba: sufría un shock séptico ocasionado por una infección.
Se llamó de inmediato al doctor Sergio Valdés, especialista en infecciones, y al enfermo se le suministraron antibióticos y se le conectó a un ventilador mecánico. Como no respondía se optó por una tercera intervención, esto fue el martes 8 de diciembre, para efectuar un aseo quirúrgico completo. Al salir del quirófano el paciente respondió bien: disminuyó la temperatura y se estabilizó la presión. Sin embargo, en las horas siguientes presentó nuevas complicaciones. Los médicos optaron por someterlo a una hemodiálisis para aliviar el funcionamiento de los riñones, muy complicados por el exceso de antibióticos. Frei siguió con drenajes y conectado a ventilación mecánica.

Asesinos de bata blanca

El 17 de diciembre fue sometido a una cuarta operación para limpiar la cavidad peritoneal, invadida por sustancias purulentas producidas por una infección que se hacía incontrolable. En la clínica se reunió un selecto grupo de médicos los doctores Vicente Contreras, Juan Luis González, Gonzalo Sepúlveda, Ramón Valdivieso, Juan Pablo Beca, Mauricio Parada, Carlos Zabala y Juan Reyes, para decidir el curso de acción.
Alguien cercano a la familia recibió un llamado telefónico afirmando que un paramédico de apellido González estaba envenenando al ex mandatario. Pero no había nadie con ese apellido y hoy se presume que pudo ser la falsa identidad del químico Berríos.
Los esfuerzos médicos fueron inútiles. Frei Montalva sufrió progresivas fallas que culminaron con su muerte a las 17:00 del viernes 22 de enero de 1982, cinco días después de cumplir 71 años. Minutos después de su fallecimiento llegaron a la Clínica Santa María los médicos patólogos de la Universidad Católica, Helmar Rosenberg Gómez y Sergio González Bombardiere, y el auxiliar Humberto Gallardo, para embalsamar el cadáver y efectuar una autopsia. El equipo había sido enviado por el doctor Hernán Barahona, aparentemente a petición de los médicos de la familia Frei, Patricio Rojas y Patricio Silva. Rosenberg aseguró al juez Madrid que ellos sacaron muestras del hígado, riñones y pulmones de Frei, tarea que concluyeron cerca de las 21 horas. Más tarde, en el Hospital Clínico de la UC, fotografiaron las vísceras y prepararon muestras para someterlas más tarde a microscopía electrónica. Agregó que, a mediados de marzo de 1982, tras concluir las pruebas de laboratorio, escribió un protocolo manuscrito que entregó al doctor Hernán Barahona. Después, se reunió con Rojas y Silva para darles a conocer los antecedentes recogidos, sin que ellos pidieran otros análisis. 

La autopsia de Frei permaneció extraviada durante casi 20 años, hasta que en enero del 2003 fue encontrada en un archivo de la UC, rotulada como NN.

El juez Madrid concluyó que los médicos Rosenberg y González fueron claves en el encubrimiento del homicidio, tras destruir los órganos que extrajeron al cuerpo durante la autopsia.

El juez Alejandro Madrid señala acusador: “la desprotección de la seguridad del ex mandatario por parte de la autoridad gubernamental y policial” que permitió al régimen militar controlar sus actividades y la “infiltración en su círculo más cercano de personas que obedecían a los citados organismos de seguridad del régimen militar y otros que formaban parte activa del ejército de Chile”. La referencia alude sobre todo al doctor Patricio Silva Garín que fue subsecretario de Salud en el gobierno de Frei Montalva y que era su amigo personal. Asimismo, el magistrado recuerda los asesinatos del ex comandante en jefe del ejército, general Carlos Prats González, y de su esposa, Sofía Cuthbert, del ex canciller Orlando Letelier del Solar y su ayudante, Ronny Mofit, y el atentado al ex vicepresidente Bernardo Leighton Guzmán y su esposa, Anita Fresno, perpetrados en Buenos Aires, Washington y Roma, respectivamente. Habían provocado tal conmoción internacional que a la dictadura se le hacía imposible usar explosivos o armas de fuego contra Frei. Por eso, señala el magistrado, la dictadura optó por un procedimiento “que significaba que el hecho punible resultara imperceptible para todos, con exclusión de los que participaron en él, aprovechando las circunstancias de indefensión en que se encontraba la víctima producto de su enfermedad y prolongada estadía en un establecimiento hospitalario”.


Cooperativa.cl

 17 de enero de 2012

Caso Frei Montalva: Abogado aseguró que agente clave muestra una salud mental "deplorable"

Se trata de Raúl Lillo Gutiérrez, quien se encargaba de las filtraciones en la DC.

Informe del SML confirma problemas de depresión y dependencia a medicamentos.

El abogado Jorge Balmaceda aseguró que su defendido, el agente de la DINA clave en el caso que indaga la muerte de Eduardo Frei Montalva, tiene una salud siquiátrica "deplorable".

e trata de Raúl Lillo Gutiérrez, jefe de la unidad operativa de la Agrupación Ciervo, en la Brigada Purén, que se encargaba de infiltrar a personas al interior de la Democracia Cristiana, según publicó La Segunda.

El abogado Balmaceda afirmó que últimamente no ha visto a Raúl Lillo. "Estuvo mucho tiempo en el Hospital Militar, pero en la sección siquiátrica, donde no puede tener contacto con otros pacientes del lugar, con una salud deplorable".

Un informe del SML, realizado el 19 de abril de 2010, confirmó que el ex agente civil de la DINA y posteriormente de la CNI "presenta depresión mayor, dependencia a benzodiazepinas, deterioro sicorgánico leve y un deterioro conyugal y familiar prolongado".

Pagado por la CNI

Lillo se contactaba con Genero Cerda Weber, militante de la DC y esposo de la secretaria del partido en la época del plebiscito de 1988, Hilda Navarro Varas.

Según el informe policial, Cerda Weber "era militante del PDC y pagado por la CNI a través de Raúl Diego Lillo Gutiérrez, jefe de la Unidad Operativa de la Agrupación Ciervo, encargado de contactar, penetrar e infiltrar agentes del PDC con el fin de conocer sus actividades en el gobierno militar".

En 2007, Hilda Navarro reconoció el contacto entre Lillo y su esposo, sin embargo, rechazó que Genaro Cerda hubiera espiado al partido.

Según la investigación de La Segunda, "su esposo habría entregado datos de los movimientos de Frei Montalva, al igual que supuestamente lo habría hecho su procesado ex chofer, Luis Alberto Becerra Arancibia".


Cambio 21

27 de Enero de 2013

A 31 años de su muerte: Antes de envenenarlo, a Frei Montalva intentaron matarlo con una bomba

Álvaro Varela, abogado de la familia cuando se procesó a los seis acusados del crimen, sostiene que con el prestigio internacional que el ex mandatario tenía “para la dictadura representó una dificultad eliminarlo hasta que encontraron el mecanismo adecuado”. 

La muerte por envenenamiento de su cuerpo mientras convalecía de una hernia al hiato sigue dando que hablar. Eduardo Frei Montalva falleció hace 31 años en una clínica de la capital y al conmemorarse esa fecha se dieron cita en el Cementerio General numerosos adeptos, simpatizantes de la Democracia Cristiana, así como dirigentes del partido, encabezados por su presidente, el senador Ignacio Walker, quienes acudieron hasta el camposanto a recordar a quien fuese el primer mandatario de Chile electo como militante de la colectividad. Esta vez, sin embargo, había un dato nuevo rondando por las cabezas de los presentes: todo apunta a que el asesinato del ex Mandatario fue urdido desde el Ejército.

Además del presidente de la falange se encontraban en el acto numerosas personalidades, como el ex mandatario Patricio Aylwin, el presidente del PS, Osvaldo Andrade; las senadoras DC, Soledad Alvear y Ximena Rincón, y el flamante candidato presidencial recién electo, Claudio Orrego. 

"Con mucha humildad y convicción nos hemos puesto en disposición de construir un futuro. Ser la base de la justicia social, ese fue el legado de Frei Montalva, y aquí, sobre su tumba, estamos como DC para continuar ese compromiso. Somos democratacristianos, sin complejos de izquierdistas ni de derechistas", aseveró Walker.

Sin embargo, en la oportunidad no sólo se habló de las virtudes de Frei Montalva, sino también de las circunstancias en las que ocurrió su muerte. 

Recién ahora, a 31 años de su fallecimiento, es que se habla decididamente de un asesinato urdido por el régimen militar.

En el acto, el hijo de Frei Montalva, el también ex Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, se refirió a la investigación sobre la muerte de su padre señalando que el ministro Madrid está cada vez más cerca de entregar sus conclusiones sobre el caso.

Frei Ruiz Tagle agregó que como familia, esperan el cierre del proceso y que así "los chilenos conozcan exactamente la verdad que nosotros ya sabemos". 

Al respecto, recordó que hace pocos días "hemos conocido el caso del asesinato de Víctor Jara hace ¡casi 40 años! Fue asesinado por más de 40 disparos. Se ha sabido también lo que todos sabíamos: que José Tohá no se había suicidado. Han tardado muchos años, nosotros hemos tardado 31, ojalá no tengamos que esperar otros diez años para que la justicia termine el caso". 

Con esas palabras el ex mandatario ponía algo de presión y al mismo tiempo esperanzas sobre la investigación que desde hace una década lleva adelante el magistrado Alejandro Madrid Croharé.


"Operación Especial"

Tal como lo dio a conocer Cambio21en su edición pasada, el juez ha ordenado más de 50 nuevas diligencias a cargo de la PDI y estamentos especiales para reforzar su conclusión de que la muerte de Frei Montalva fue planificada en el marco de una "Operación Especial de Inteligencia de Eliminación Física", que es como codifican los organismos de Inteligencia de las Fuerzas Armadas el asesinato de agentes enemigos o de personas relevantes.

Esta hipótesis desploma el supuesto de una "conjura" en contra del presidente Frei Montalva, que se habría urdido en un plan de civiles mezclados con políticos, empresarios y sicarios. 

La nueva línea de investigación del juez Madrid, de acuerdo a informaciones exclusivas de Cambio21,reitera que el asesinato de Frei Montalva sería de similar ejecución a los del líder gremial Tucapel Jiménez Alfaro y el bioquímico de la DINA, Eugenio Berríos Sagredo, esto es, que el crimen del ex mandatario habría sido perpetrado por el Ejército y no por el complot de un gran grupo, como se habría especulado hasta hace poco.

El magistrado resolvió no dar conocimiento a las partes involucradas de las nuevas diligencias decretadas por él mismo y en el círculo íntimo de los Frei han optado por hablar lo menos posible de la materia, a la espera del resultados de las nuevas pericias. 

Tanto el juez como la familia del asesinado mandatario y los procesados en el caso son conscientes del momento crucial en el que se encuentra el proceso y de que del resultado de tales indagaciones dependerá el nuevo curso del proceso. 

A la fecha han sido procesados los médicos Patricio Silva Garín, Pedro Samuel Valdivia Soto, HelmarRosenberg Gómez y Sergio González Bombardieri, y los agentes de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE) Raúl Diego Lillo Gutiérrez y Luis Alberto Becerra Arancibia.

El atentado que no fue

Uno de los que reaccionó ante los hechos dados a conocer por Cambio21 fue Álvaro Varela, quien fuese el abogado de la familia Frei cuando se procesó a los seis inculpados.
Para él la información no es novedad, puesto que sólo viene a reforzar lo que ellos habían dicho desde un comienzo: "Todas las líneas de investigación apuntaban a esto. Cabe recordar que hay un vínculo con la causa de Berríos en la que se inculpa al círculo de inteligencia militar cercano a Pinochet", dice el abogado, quien recuerda que en ese caso fue en el que el ex dictador recibió un menor número de votos en contra al momento de ser desaforado.

Varela plantea que "no tengo claro hasta dónde se pueda avanzar en responsabilidades específicas. Los antecedentes muestran que esta fue una de las operaciones más secretas de la dictadura y siempre se buscó no descubrirla ni descubrir a sus partícipes. Sólo fue posible avanzar cuando se involucró la defensa de la familia Frei en el juicio".

El abogado también profundiza en la línea argumental que, dice, "sostuvimos desde el comienzo".
"Quiero destacar que en su oportunidad se había pedido tener a la vista los antecedentes del juicio de Tucapel Jiménez. Indudablemente la eliminación de ambos (Frei y Jiménez) era parte de una necesidad de la dictadura por el peligro que significaban para ella y ese es el centro de la acción del régimen", enfatiza.
Varela agrega que la operación en el caso del ex presidente se vio facilitada por la enfermedad, y por la ayuda de su chofer.


"En el caso de Frei era más difícil eliminarlo con un atentado, pese a que se intentó años antes. Sin embargo, a esas alturas del proceso, no cabe duda que con el prestigio internacional que él tenía para la dictadura representó una dificultad eliminarlo hasta que encontraron el mecanismo adecuado", añade.
Los dichos de Varela aluden a una oportunidad en la que se intentó atentar en contra de la vida del ex Presidente por medio de una bomba.
"Fue antes del atentado de Townley a Letelier. En una oportunidad Frei fue a comer a casa de Oscar Pinochet De la Barra (ex subsecretario de RR.EE.)y estacionó un poco distante del lugar al que iba y al que también asistían diplomáticos de la época", cuenta Varela.

El abogado prosigue su inédito relato: "Estaban comiendo y un vecino llamó por teléfono para contar que habían movimientos sospechosos en los alrededores del auto del ex Presidente. Los comensales salieron a ver y llamaron a carabineros, que encontró una taza abajo del automóvil, la que contenía una bomba". 

Varela concluye comentando que, pese a que no recuerda el nombre del oficial que iba a cargo, sí era un alto miembro de la inteligencia militar, quien le bajó el perfil al hecho.
La postura de Varela es reforzada por el Presidente de la Democracia Cristiana, Ignacio Walker, quien, al ser consultado por Cambio21,también hizo hincapié en la unión entre los crímenes del líder de la DC y el sindical.
"Nunca tenemos que olvidar que la muerte de Eduardo Frei Montalva coincidió con la de Tucapel Jiménez, los principales líderes político y social contra la dictadura", dice Walker.
El mandamás democratacristiano pide conocer la verdad: "La causa está caratulada como homicidio por envenenamiento y la Sala penal inculpó a seis personas. El PDC y la familia Frei no tenemos odio ni rencor, sólo deseo de justicia".


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