Quienes somos ] Boletin ] Busqueda ] Pinochet en Londres ] Centros Detencion ] Complices ] Empresas ] Fallos ] Criminales ] Tortura ] Exilio ] ecomemoria ] Desaparecidos ] Ejecutados ] Testimonios ] English ]

Base Aérea Cerro Moreno

Antofagasta; II Región

Las detenciones en la Base Aérea “Cerro Moreno”, ubicado en las dependencias de un antiguo aeródromo (Latitud: 23° 26' 20" S Longitud: -71° 33' 36" E) y que estaba bajo el control de la Fuerza Aérea de Chile (FACH) se concentraron en el año 73, disminuyeron significativamente desde el 74 en adelante y el año 1980 se observó un leve aumento. La mayoría de las víctimas de la ciudad de Antofagasta, incluidas en el Informe Rettig  estuvieron recluidas en ese recinto. 

Consta a partir de los testimonios presentados ante la Comisión (Valech), que los prisioneros fueron privados de alimentos, agua, sueño y abrigo. Denunciaron además haber sufrido amenazas, golpes con objetos contundentes; que permanecían desnudos, amarrados y con los ojos vendados; eran colgados o lanzados al patio; sufrieron quemaduras, les aplicaron electricidad en el cuerpo, padecieron inmersión en aguas sucias. Otros relatan haber sido mantenidos amarrados entre varios prisioneros y con los ojos vendados en un sitio para animales. En las noches los ponían bajo unas latas que servían de techo. Para los interrogatorios y torturas, los prisioneros eran trasladados a un cuarto especial o a otro recinto. Algunos detenidos en este recinto afirman que sus aprehensores fueron civiles. Los relatos correspondientes al año 80 señalaron que los aprehensores eran miembros del SICAR o de la CNI.

La torturas en la Base Aérea “Cerro Moreno” eran llevadas acabo por miembros de la FACH, incluyendo al general Hernán Gabrielli Rojas, quien participó en la tortura de muchos presos políticos, incluyendo a un niño de 14 años a quien le causó secuelas que acabaron con su vida en el hospital de Antofagasta. Varios de los presos políticos que estuvieron en la Base Aérea “Cerro Moreno” fueron mas tarde ejecutado, incluyendo a Eugenio Ruiz-Tagle Orrego, Mario Silva Iriarte, Washington Muñoz, Miguel Manríquez, Luis Alaniz, Danilo Moreno y Nelson Cuello, Nenhad Nesko Teodorovic y su esposa, Elizabeth Cabrera Balarriz, Luis Muñoz Bravo

Testimonios

(...) siguieron las golpizas por largo rato y después de algunas horas, finalmente, cesaron de maltratarnos. Nos encerraron en una especie de jaula de alambre de púa, tirados en el suelo, desnudos y al aire libre. Era de madrugada, hacía mucho frío. Tiritábamos bajo la brisa helada del desierto. Al interior de esa jaula nos encontrábamos amontonados unos sobre otros, por lo que a cualquier intento para acomodarnos provocábamos el dolor de algún compañero...

“..Soy Ricardo Navarro Valdivia. Al 11 de septiembre de 1973, era subteniente de la Fuerza Aérea de Chile y trabajaba en la Base Aérea de Cerro Moreno, en la ciudad de Antofagasta. Era un hombre sin militancia política”. Tras el golpe viajé a hacer mi trabajo en Antofagasta. Le dije a mis compañeros de no aprobaba el golpe ni la violenta represión contra el pueblo chileno. El 4 de octubre de 1973 fui arrestado en el Casino de Oficiales por los oficiales Gonzalo Pérez Canto, comandante de grupo de la Fuerza Aérea y Raúl Tapia Edal, capitán de la FACH, quien me dijo que estaba acusado de traición a la patria y de espionaje”. “De acuerdo a lo que me dijeron, la acusación era porque yo era un oficial del Plan Z, un plan que apuntaba contra la vida de todos los oficiales de las Fuerzas Armadas, sus parientes y sus hijos. También fue acusado de haber entregado al enemigo un plano de la base aérea en Antofagasta”. “Tan pronto fui arrestado, fui confinado solo en un edificio de la Oficina de Investigaciones en Antofagasta, es decir, la policía civil (Investigaciones). Fui encerrado sin alimentos durante cinco días, y fui salvajemente torturado. En ese edificio fui llevado a una habitación especial, donde fui desvestido y llevado desnudo y encapuchado a través de un corredor, donde estaban otros oficiales y tropas de la junta fascista”. “Fui tendido en una mesa, mejor dicho una plancha de metal, atado de pies y manos por cables. Ellos aplicaron electrodos en distintas partes de mi cuerpo: dedos de pies y manos, testículos, pene, boca, orejas, nariz, y me dieron golpes de corriente. Fui torturado durante cinco días, mañana y tarde, y durante ese tiempo los torturadores insistieron en tener los nombres de los oficiales que iban a participar en el Plan Z”. “Otras torturas que recibí: fui colgado de los brazos por un día y medio, mientras me interrogaban sobre el general Bachelet, que en paz descanse”.

Los torturadores son: capitán de la Fuerza Aérea Carlos von Mülhenbrog; teniente ingeniero Fernando Mujica; teniente Hernán Miquel Carmona; teniente Cristián Backs; teniente Américo Allué; capitán Hernán Gabrielli”....

Criminales y Cómplices

Comandante Marcial Vargas Campo; general Hernán Gabrielli Rojas 2ª antigüedad en la FACH en el año 2001(entonces Teniente de la FACH); general León Duffey (entonces capitán); comandante Gonzalo Pérez Canto; comandante Silvio del Lago; capitán Raúl Tapia Edole; Teniente Rafael Ulzurrún (FACH); Teniente Fernando Mujica (FACH); Teniente Américo Allué (FACH); Teniente Cristian Backs (FACH); capitán Carlos von Mülhenbrog (FACH); Teniente Hernán Miquel Carmona (FACH);

 Fuentes de Información: Informe Rettigg; Informe Valech; Libro: “La Represión Política en Chile: Los Hechos”; Diarios: “El Mostrador”; “Punto Final”; Archivo memoriaviva.com.

8 de Febrero del 2001

El Mostrador

Testimonio de un ex prisionero y amigo de Eugenio Ruiz-Tagle

Involucran a jefe de Estado Mayor de la Fach con torturas en Antofagasta

Carlos Bau, quien al momento del golpe era gerente de finanzas de Inacesa –empresa que administraba Ruiz-Tagle- relata hoy lo que sufrió a manos de uniformados en 1973. De entre sus recuerdos, reforzados con conversaciones de oficiales de la Fach que compartieron celda con él, surge el nombre del general Hernán Gabrielli Rojas, a quien dice haber visto golpeando al asesinado ingeniero y haber sido torturado a manos suyas.

"De repente, Gabrielli llamó a Eugenio Ruiz-Tagle, y cuando él se presentó, empezó a golpearlo, a darle puñetazos. Cuando Eugenio cayó al suelo, se sumaron a la golpiza otros miembros de la comitiva, le daban puntapiés en el suelo. Fue una cosa horrorosa. Le pegaban entre varios". 

"Dos de ellos pisaron mis muñecas, uno cada una. Había otro, que por la voz puede haber sido Gabrielli, que me puso un fusil sobre la nuca. Otro más empezó a golpear con su pie en mi costilla (...) en un momento dado me desesperé y moví la cabeza para un lado. Entonces, el que apuntaba me dijo algo así como 'no te movái (ahí citó a mi madre), porque se me puede salir un tiro' ". 

 Un crudo y detallado relato es el que, a 27 años de los hechos conocidos como la Caravana de la Muerte, es el que cuenta hoy Carlos Bau Aedo, quien fuera detenido junto a Eugenio Ruiz-Tagle Orrego –una de las víctimas de la sucesión de crímenes que tienen procesado a Pinochet- en Antofagasta, el 12 de septiembre de 1973.

El testigo, hoy de 61 años –y que contaba 23 en ese entonces- compartió los calabozos, insultos y torturas que sufrió Ruiz-Tagle, cuya muerte ha pasado a cobrar súbita relevancia a partir de los nuevos documentos publicados ayer por este medio, y que inculpan al ex comandante en jefe del Ejército.

Amigos cercanos y compañeros en el Mapu, al momento del golpe ambos se encontraban trabajando en la Industria Nacional de Cemento S.A., (Inacesa). La firma construía en ese entonces una planta en un sector desértico denominado La Negra, 22 kilómetros al sur de Antofagasta, y Ruiz-Tagle había sivo enviado como gerente general, para apurar las obras.

Fundador del Mapu, Bau Aedo llegó junto con él, como gerente de finanzas. A fines de agosto “ya habíamos probado los hornos, lo último que se prueba en estas obras”. Poco tiempo después vino el golpe.

Y pese a que en numerosas ocasiones fue sometido a tortutas que él describe como brutales, sobrevivió para recordar en detalle lo ocurrido. Tanto que en su relato menciona a varios uniformados que participaron en estos episodios: entre ellos, al actual jefe de Estado Mayor de la Fach, general Hernán Gabrielli Rojas.

 

”Al que hable, le dispara”

Junto a Ruiz-Tagle, Bau se puso a disposición de los militares al día siguiente del golpe, al saberse buscados:

 “El día 12 nos presentamos en la intendencia (de Antofagasta), respondiendo a un bando firmado por el general Joaquín Lagos Osorio. Ese día nos presentamos junto a Mario Silva Iriarte, que era gerente de Corfonorte, y dirigente del PS; el alcalde de Antofagasta, Germán Milic, y el gerente de Enami de la zona, Ricardo Tossi”.

 “Fuimos recibidos no muy amablemente... el lugar estaba tomado por gente del Ejército. Nos fueron haciendo pasar a una oficina donde habían dos oficiales”.

- ¿Recuerda el nombre de algunos de ellos? - Uno de ellos era Adrián Ortiz Gutmann. Este señor tenía de mí una especie de ficha personal, con gran cantidad de datos sobre nosotros. Hizo un discurso bastante agresivo, nos hizo acusaciones, fue muy grosero y muy amenazante. Después, nos dijeron que quedábamos detenidos en condición de prisioneros de guerra.

- ¿Podría detallar cómo fue ese episodio? - Nos hacieron pasar a una oficina, vigilados por un soldado con un fusil. En un momento, un oficial entró violentamente a pedirle a Milic la llaves de la municipalidad. El le contestó que no las tenía, sino que las tenía un administrador, a lo cual este hombre dijo una serie de groserías, y le ordenó al conscripto que “al que hable le dispara”.

- ¿Qué pasó después? - Algunas horas después fuimos trasladados, en una pequeña caravana a la base aérea de Cerro Moreno. Ibamos en un camión, con jeep adelante y otro atrás, los dos con ametralladoras. Curiosamente, se nos recibió cortésmente. Estaba un coronel de apellido Vargas Miquel, quien después fue ascendido a general, junto a a un teniente que después fue encarcelado, Ricardo Navarro.

 - ¿Qué les dijeron ellos? - Nos informaron que éramos prisioneros de guerra, que estábamos sometidos a las normas de la Convención de Ginebra, y que nuestros derechos serían respetados en base a esas normas. Luego, el teniente nos pidió nuestros cordones de zapatos, corbatas...

 - O sea, cualquier elemento que les permitiera suicidarse... - Claro. El iba anotando las cosas en un libro, era una cosa bastante formal.

 - En ese lugar, ¿cambió el trato que recibieron? - Completamente. Nos instalaron en un casino –un casino de oficiales, o una cosa así- y después el personal de la base nos sirvió café y galletas.

 Violento giro

La insólito cambio de actitud que Bau y sus compañeros advirtieron en ese lugar dio paso rápidamente a una nueva sorpresa:

“Pero unas horas después -pienso que puede haber sido en la madrugada del 12 al 13, las puertas del casino se abrieron violentamente, y vimos entrar un grupo de la Fach, encabezado por un capitán de nombre León Tuffey, y un teniente de apellido Gabrielli. Se me ha dicho que hoy es un alto oficial de la Fach”.

- Perdone, pero hay otros testimonios que indican que se trata del general Hernán Gabrielli Rojas, quien hoy es jefe del Estado Mayor de la Fach. Su información coincide con esto? - Sí.

- ¿Está seguro, entonces, que estamos hablando de la misma persona? - Sí.

- Dígame una cosa. ¿Cómo recuerda con tanto detalle los nombres? - Estuve preso unos tres años, y en ese tiempo me tuvieron encarcelado junto a oficiales y s suboficiales de la Fach. Por ejemplo, con los generales Bachelet [padre de la actual ministra de Salud] y Poblete. En mis conversaciones con ellos pude corroborar estos nombres.

- Ya. ¿Y que pasó a continuación? - Cuando entró esta gente, más algunos suboficiales y soldados, venían con uniforme distinto al que tenían los que nos habían recibido en el casino. Estos estaban con unifome de campaña. Se produjo un cambio muy violento, y nos comenzaron a gritar. De repente, Gabrielli llamó a Eugenio Ruiz Tagle, y cuando él se presentó, empezó a golpearlo, a darle puñetazos. Cuando Eugenio cayó al suelo, se sumaron a la golpiza otros miembros de la comitiva, le daban puntapiés en el suelo. Fue una cosa horrorosa. Le pegaban entre varios.

“Después nos ordenaron ponernos en fila, con las manos en la nuca, y nos condujeron al patio de la base a un lugar que llamaban calabozo de la guardia. Nos pusieron ahí y se agregaron, me parece, tres personas más... sí, tres personas más. Trajeron a un señor Héctor Vera, que era vicerrector de la Universidad de Antofagasta, a un señor Saaveedra, que era regidor por la zona, y a un señor Juan Ruz, que me parece era del Mapu”.

- ¿Puede contarme cómo los trataban en ese lugar? - En estos calabozos se nos puso una vigilancia con ametralladoras, con suboficiales y soldados. Cada cierto tiempo nos llamaban, nos encapuchaban y nos conducían a distintos lugares de la base, a veces a pie, a veces en vehículo. Durante mi permanencia ahí fui torturado tres o cuatro veces, de distinta manera.

- ¿Cómo lo torturaban, específicamente? - En cierta ocasión me pusieron contra la pared, con la punta del fusil en la barbilla... estaba encapuchado, y me parece que los golpes me los daban con la culata y los puños, en el tórax y en el estómago. Después se me hizo un simulacro de fusilamiento. Me subieron a un camión, hicimos un viaje corto, y luego me hicieron bajar, siempre encapuchado. Entonces les ordenaron a los fusileros que dispararan, pero no lo hicieron.

 - ¿Le dijeron algo, le gritaron después de eso? - Me condujeron a una oficina, y me dijeron que eso me iba ocurrir, y que ya le había ocurrido a Eugenio, lo que no era cierto.

 “Ellos querían que habláramos, pero no eran muy explícitos en el sentido de lo que querían escuchar”.

 - ¿Qué querían que dijeran ustedes? - Nos hacían acusaciones, nos decían que en Inacesa había un arsenal... nosotros respondíamos que el Ejército había allanado Inacesa pocos días antes del golpe. A fines de agosto, se llevaron las bolas de fiero con las que el cajero aplastaba los papeles y el cuchillo del electricista. No había nada más. Pero ellos insistían en las armas, y nos acusaban de robar cierto dinero... tengo entendido que se referían a un dinero que Eugenio ordenó cambiar de caja al bodeguero, pero nada más.

 ”No te movái, que se me sale un tiro”

 Bau continúa su relato, en el que los episodios de tortura física y sicológica abundan. En ellos también aparece el nombre de Gabrielli.

 “Cuando estábamos en Cerro Moreno, un día me sacaron. Otra vez me encapucharon y me llevaron a un patio cercano a los calabozos. Me ordenaron desnudarme, y como empecé a hacerlo lentamente, me rompieron la ropa, y me hicieron acostarme sobre el ripio. Yo sentía que había elementos punzantes, probablemente vidrio molido”.

 - ¿Qué le hicieron allí? - Dos de ellos pisaron mis muñecas, uno cada una. Había otro, que por la voz puede haber sido Gabrielli, que me puso un fusil sobre la nuca. Otro más empezó a golpear con su pie en mi costilla. El dolor aumentaba, por que los golpes iban creciendo, así que en un momento dado me desesperé y moví la cabeza para un lado. Entonces, el que apuntaba me dijo algo así como “no te movái (ahí citó a mi madre), porque se me puede salir un tiro”.

 - ¿Qué tan frecuentes eran estas torturas? - Casi todos los días.

 

General Gabrielli niega torturas y anuncia querellas

Jefe de Estado Mayor de la institución sostuvo que no participó en los episodios en que lo involucran los testimonios de Carlos Bau y Juan Ruz, pero admitió que estuvo asignado a la Base Aérea de Cerro Moreno: eso sí, dijo que su misión comenzó un día después de la fecha en que ambos fijan la golpiza contra Eugenio Ruiz-Tagle.

 Cuatro días después de conocerse las denuncias que lo involucran en episodios de tortura en Antofagasta en los primeros días del golpe militar de 1973, y de golpizas en contra del ingeniero Eugenio Ruiz-Tagle Orrego, el jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea, general Hernán Gabrielli Rojas, negó haber participado en los hechos que se le imputan y anunció que presentará una querella contra quienes resulten responsables de lo que él calificó como “graves injurias en mi contra”.

"Niego de la manera más categórica y absoluta cualquier participación que me pudiera haber correspondido en los hechos denunciado, señalando mi completa inocencia respecto de ellos, así como mi desconocimiento de las razones que puedan tener los denunciantes para imputármelos", dijo.

Añadió que "los más de 27 años transcurridos hacen tremendamente dificultoso para cualquier persona reconstituir lo ocurrido en esa época, en particular en la fecha que se me imputa la agresión al señor Ruiz-Tagle. Sin embargo, una situación de carácter estrictamente personal me permite recordar en forma precisa lo sucedido aquellos días".

 

"Contraje matrimonio y estaba con permiso"

"Así fue que siendo teniente de la Fuerza Aérea contraje matrimonio religioso el día 7 de septiembre de 1973, el que se celebró en la ciudad de Santiago y, en consecuencia, me encontraba haciendo uso de un permiso especial. Por este motivo no tuve actuación alguna en el pronunciamiento militar del día 11 de septiembre de 1973, encontrándome en esa fecha fuera de la guarnición de Antofagasta", recuerda Gabrielli.

No obstante, aclara el jefe del Estado Mayor que "con ocasión de los hechos ocurridos en 11 de septiembre de 1973 obviamente tuve que supender mi permiso por matrimonio y presentarme en la guarnición de Santiago, para luego iniciar viaje a Antofagasta junto a mi conyuge, el cual hicimos en mi automovíl particular. Mi presentación al servicio en la Base Aérea de Cerro Moreno, en Antofagasta, fue el día 13 de septiembre en la tarde, asumiendo mis funciones de piloto en el Grupo 8 al día siguente".

Gabrielli aseguró que "en mi calidad de piloto e instructor de aeronaves de combate, no me correspondió participar en interrogatorios de ninguna naturaleza, toda vez que no me desempeñaba en funciones de seguridad".

Al mismo tiempo, el segundo jefe de la Fach recordó que "con posterioridad, dentro del mismo mes de septiembre de 1973, fui destinado como jefe militar del aeropuerto de Chacalluta, de la ciudad de Arica, puesto en que permanecí hasta aproximadamente fines del mes de octubre del año '73".

 Sorprendido El alto oficial se mostró sorprendido por las denuncias que en la actualidad pesan en su contra, ya que "el suscrito ascendió a general el año 1998 y posteriormente fui ascendido a general de aviación en el año 1999, ocupando, a contar de entonces, el cargo de jefe de estado Mayor de la Fuerza Aérea que actualmente ostento, acontencimientos ambos que fueron de amplia difusión en el país y que, por lo tanto, podrían haber sido fácilmente cuestionados de haber existido algún impedimento en mi contra".

 El alto oficial no sólo debió interrumpir su permanencia en el extranjero –donde, de acuerdo a versiones de prensa, se hallaba de vacaciones, cosa que también desestimó-, sino que también hubo de reunirse con el subsecretario de Aviación, Nelson Haddad, primero, y con el Ministro del Interior, José Miguel Insulza, y el titular de Defensa, Mario Fernández, después, esta mañana.

 Gabrielli debió leer un comunicado oficial que él mismo habría redactado y que leyó sin contestar preguntas.

 De acuerdo al contenido de la nota, el general –quien ese momento era teniente- sostuvo que efectivamente estuvo asignado a la Base Aérea de Cerro Moreno, pero se presentó allí el jueves 13 de septiembre de 1973 y que debía desempeñar funciones como instructor de pilotos de aviones Hawker Hunter.

 Esa destinación, dijo, la asumió el viernes 14 en la tarde, presentándose en el Grupo de Aviación Nº 8. Para ello debió interrumpir los días libres de que gozaba tras contraer matrimonio el 7 del mismo mes. Asimismo, negó haber participado en cualquier episodio de tortura, precisando que por el carácter de su asignación, no le correspondía participar en interrogatorios, "toda vez que no me desempeñaba en funciones de seguridad".

 Un problema de fechas

El testimonio que el contador Carlos Bau Aedo –que hizo detonar el caso- entregó a este medio describe de la siguiente forma la aparición de Gabrielli, al que vio cuando se encontraba junto a Ruiz-Tagle en el casino de la dicha base:

“Pero unas horas después -pienso que puede haber sido en la madrugada del 12 al 13-, las puertas del casino se abrieron violentamente, y vimos entrar un grupo de la Fach, encabezado por un capitán de nombre León Tuffey, y un teniente de apellido Gabrielli. Se me ha dicho que hoy es un alto oficial de la Fach”.

Tras confirmar que la identidad corresponde a la del jefe de Estado Mayor de la Fach, Bau sostuvo que “de repente, Gabrielli llamó a Eugenio Ruiz Tagle, y cuando él se presentó, empezó a golpearlo, a darle puñetazos. Cuando Eugenio cayó al suelo, se sumaron a la golpiza otros miembros de la comitiva, le daban puntapiés en el suelo. Fue una cosa horrorosa. Le pegaban entre varios”.

Al testimonio de Bau se sumó después el de Juan Ruz, quien en una entrevista publicada por La Tercera confirmó las denuncias, pero precisando que la escena descrita por Bau ocurrió el día 13.

 

 

El Mostrador

13 de Febrero del 2001 

Ex subteniente de la FACh: ''Gabrielli es una persona siniestra''

 El ex suboficial, quien declarara en 1976 que el comandante en jefe (S) de la FACh había torturado a un niño que más tarde murió, sostiene desde España -donde vive y trabaja como médico- que "Gabrielli es una persona siniestra. Es un mentiroso patológico. Le conozco muy bien, desde que tenía 14 ó 15 años, de los tiempos de la Escuela de Aviación".

Pocas horas después de que se conociera un nuevo testimonio contra el general de la FACh Hernán Gabrielli, que lo involucra en torturas que terminaron con la muerte de un niño de 14 años, el ex suboficial de esa institución que testificara en 1976 -contando ese episodio- declaró al diario español El Mundo que el oficial era uno de los uniformados que participaba en estos hechos.

El suboficial, además, escribió una carta dirigida "a la opinión pública chilena", en la que profundiza sus denuncias contra el citado oficial y otros que participaron en torturas, pero advirtiendo que "personas de la estatura moral de Hernán Gabrielli no deben ser nunca un parámetro para enjuiciar y condenar a toda una institución como la FACh".

 

Reproducimos a continuación el artículo, tal como aparece hoy en la prensa ibérica:

Ricardo Navarro Valdivia se ha decidido a tirar de la manta. Cuando Augusto Pinochet dio el golpe de Estado en Chile que derrocó al presidente Salvador Allende -aquel fatídico 11 de septiembre de 1973-, Navarro tenía 19 años y era subteniente (el equivalente a alférez en España) de la Fuerza Aérea Chilena (FACH). Estaba destinado en la base aérea de Cerro Moreno, en la región de Antofagasta, justo el lugar donde operaba la tétrica Caravana de la Muerte que torturó y ejecutó a decenas de personas.

Pocos días después de la cruenta asonada, a Navarro le citaba el entonces comandante de grupo y jefe del Estado Mayor de Cerro Moreno, Marcial Vargas del Campo, y le comunicaba que, conocidas «sus posiciones constitucionales», es decir, contrarias a la rebelión militar, estaba arrestado y se le prohibía abandonar el cuartel. El subteniente Navarro, sin embargo, tenía cierta libertad de movimientos dentro de las dependencias destinadas a los oficiales y dice que, por eso mismo, pudo ver "cosas que ponen los pelos de punta".

En una carta a la opinión pública chilena a la que ha tenido acceso El Mundo, Navarro afirma que "en esos días se formó rápidamente y en forma voluntaria un grupo de torturadores" encabezado por el citado Vargas del Campo y "del que formaban parte el entonces comandante de grupo Gonzalo Pérez Canto, los entonces capitanes Hernán Gabrielli Rojas, León Dufey y Raúl Tapia Edole y el comandante de escuadrilla sanitario Silvio del Lago". Este último, según el testimonio de Navarro, era el doctor que "mantenía con vida a los torturados para que pudieran seguir siendo torturados".

Navarro, que ahora es médico estomatólogo y reside en Madrid, declara con detalles que vio cómo Gabrielli y Rafael Ulzurrún -los más brutales, según sus palabras- torturaban a Eugenio Ruiz-Tagle, un ingeniero que terminó fusilado sin juicio previo en octubre de 1973. "Fue entre el 15 y el 20 de septiembre. Le pegaban culatazos en la espalda, le pateaban, le insultaban... ¡A cara descubierta!", manifestó.

Gabrielli es ahora general y el número dos de la Fuerza Aérea Chilena y sobre él ya pesan las denuncias de, al menos, dos ex presos políticos que le tachan también de haber practicado la tortura. Tras haber cancelado abruptamente sus vacaciones para dar explicaciones a las autoridades civiles y militares, Gabrielli negó ayer "de manera categórica" los cargos que le imputan y anunció que había presentado una querella criminal por injurias.

"Gabrielli es una persona siniestra. Es un mentiroso patológico. Le conozco muy bien, desde que tenía 14 o 15 años, de los tiempos de la Escuela de Aviación", sostiene Navarro, dispuesto a testificar ante el juez Juan Guzmán. "Todos estos torturadores tienen el mismo hilo de personalidad. Hacia el exterior son gente agradable, pero por dentro son bestias despiadadas".

¿Fue Navarro testigo de delitos aún más serios como el asesinato? "Sé muchas cosas, pero no me constan. Por lo que vi, creo que en Cerro Moreno murió gente por las torturas. Se les fueron de las manos. Luego inventaron lo de los helicópteros que salían hacia el Pacífico [para echar al mar a los represaliados]".

El propio Navarro fue detenido el 6 de octubre de aquel año y fue torturado por cuatro compañeros de la base aérea (por el momento prefiere no decir sus nombres). "Me aplicaron el submarino [meten la cabeza del torturado bajo el agua y la sacan cuando aquél está a punto de ahogarse], me dieron corrientes eléctricas. Otra vez me dejaron totalmente desnudo durante toda la noche [en una región donde hace mucho frío]". Condenado a cinco años y un día de prisión por traición a la patria, Pinochet le conmutó la pena por la de extrañamiento (exilio forzado). Asilado político en España, sólo pudo visitar su patria en 1990.

¿Por qué no ha hablado antes este valioso testigo ocular? "La verdad es que yo ya lo había hecho. Hice declaraciones en plena dictadura, en 1976-1977, pero no me hicieron caso. La primera vez, en una entrevista a un diario alemán; la segunda, durante un congreso antifascista en Helsinki". Ahora considera que "es el momento oportuno" de evocar el pasado, porque "han cambiado mucho las cosas en Chile", sobre todo después de que "le tomaran las huellas dactilares a Pinochet".

"Sé positivamente que hay gente muy decente dentro de las Fuerzas Armadas chilenas. Hay coroneles que quieren cambiar la imagen del estamento castrense y castigar a los torturadores. Estoy muy orgulloso del pueblo chileno y de sus Fuerzas Armadas", concluyó Navarro.

 

Punto Final

Ex capitán Jaime Donoso revela nombres de oficiales torturadores

Los secretos de la Fach

  Inútiles han resultado los esfuerzos de la Fach por desligarse de los crímenes cometidos durante la dictadura militar. Una consecuencia directa de los reportajes de denuncia del periodista Víctor Gutiérrez publicados en el diario “La Nación”, fue la dimisión del quinto hombre en la línea de mando institucional, general Patricio Campos Montecinos, ex jefe de la Dirección General de Aeronáutica Civil y enlace de la institución durante la mesa de diálogo. Su esposa, Viviana Lucinda Ugarte Sandoval (“la Pochi”), desempeñó un activo rol en el siniestro Comando Conjunto, según las declaraciones formuladas a “La Nación” por el ex agente “Colmillo Blanco”, a quien el diario “El Mercurio” identificó como el coronel en retiro de la Fach Otto Trujillo, actualmente procesado y recluido en la ex Penitenciaría.

El Comando se habría reorganizado con el objetivo de tergiversar la información entregada por la Fach a la mesa de diálogo y entorpecer las investigaciones judiciales que comprometen a miembros de la Fuerza Aérea, con ayuda de abogados civiles financiados por la institución. El informante de “La Nación” mencionó también al coronel Roberto Serón Cárdenas, comandante Juan Luis López López y al civil Alejandro Figari Verdugo (ex militante de Patria y Libertad), como agentes de la represión que se mantienen activos. La mayoría fueron procesados por el ministro en visita Carlos Cerda en 1986 y luego sobreseídos por la Corte Suprema. Pese a la trascendencia de las denuncias, la Corte de Apelaciones rechazó la designación de un ministro extraordinario y la investigación judicial quedó en manos del juez del Tercer Juzgado del Crimen de Santiago, Mario Carroza, quien acumula la mayoría de los procesos de víctimas del Comando Conjunto. Pero también el presidente Ricardo Lagos solicitó al alto mando una investigación en el interior de la Fuerza Aérea y no faltaron quienes pidieron la salida del comandante en jefe, general Patricio Ríos.

 Esta es la segunda gran crisis que estremece a la Fach bajo la comandancia del general Ríos. El año pasado debió pasar a retiro su mano derecha, el general Hernán Gabrielli, jefe del estado mayor y segunda antigüedad institucional. Este se perfilaba como futuro comandante en jefe hasta que cinco querellas por tortura frustraron sus planes.

Independientemente de que se haya reorganizado o no el Comando Conjunto, los ex uniformados de la Fuerza Aérea que están enfrentando en los tribunales a quienes los torturaron en los primeros tiempos de la dictadura militar no dudan que se ha urdido una trama para obstruir la justicia.

Uno de ellos es Jaime Donoso Parra, ingeniero aeronáutico y capitán en retiro de la Fach, quien formó parte del grupo de oficiales constitucionalistas contrarios al golpe de Estado. “He declarado en muchos juicios y participado en varios careos, y lo único que ellos hacen es negar lo que hicieron -dice-. Luego, uno sale del careo y en los pasillos del juzgado ve cómo el tipo que acaba de declarar le cuenta a sus abogados todo lo que dijo al juez. Eso permite instruir al siguiente requerido por el tribunal sobre lo que tiene que decir para no entrar en contradicciones. Estoy convencido que esconden información sobre los detenidos desaparecidos. Esto no puede ignorarlo el comandante en jefe Patricio Ríos y es muy probable que exista una interacción entre las cuatro instituciones, lo que me parece un error porque a mi juicio los responsables de los crímenes son personas y no las instituciones en sí”.

El testimonio que entrega el ex capitán Jaime Donoso corresponde a la represión ejercida por la Fach contra alrededor de 60 hombres de sus filas en los primeros años del régimen militar, específicamente en la Academia de Guerra Aérea (Aga), verdadera escuela para quienes formaron en 1975 el Comando Conjunto. Uno de los más brutales torturadores de la Aga fue el jefe del naciente Comando Conjunto, Edgar Ceballos Jones (“Comandante Cabezas”).

 

BACHELET Y LOS OTROS

El capitán Donoso, con dos años de antigüedad al momento del golpe de Estado, tuvo una temprana evidencia de lo que preparaban los altos mandos. Entre mayo y junio de 1973 le correspondió desempeñarse como oficial de ronda de la Guarnición de Santiago y en una oportunidad le ordenaron inspeccionar la Academia de Guerra Aérea a las dos de la mañana. “Al identificarme ante el suboficial de guardia, quien me conocía porque yo era alumno de la Academia, pretendió impedirme la entrada. Eso me pareció sumamente sospechoso, así que saqué mi pistola y lo detuve por impedir que el oficial de ronda, máxima autoridad de la guarnición, ingresara a la base. Entonces me explicó que el general Gustavo Leigh, quien estaba en el interior, le había pedido que no dejara entrar a nadie”, relata el ex uniformado. Decidió llevarlo encañonado hasta adonde estuviera el general Leigh, que en esa época era jefe del estado mayor y segunda jerarquía después del comandante en jefe, César Ruiz Danyau. Al ingresar a la base vio que estaban estacionados los autos de casi todos los generales. En la sala de conferencias había luz, pero la puerta estaba cerrada. “La abrí de una patada, con la pistola en la mano y el suboficial al lado. La sala quedó sumida en un silencio espectral. Normalmente, cuando un capitán patea una puerta lo menos que hace un general es arrestarlo. Pero todos se quedaron calladitos. Lo que me quedó inmediatamente graficado en la mente fue el plano de Santiago, donde habían colocado aviones diseñando circuitos para atacar La Moneda, la casa del presidente en Tomás Moro y las estaciones de radio. No me cupo la menor duda que se estaba planificando un golpe de Estado. El general Leigh me pidió que lo disculpara, me dio todas las explicaciones posibles, dijo que estaban haciendo un juego de guerra... ¡Claro, a las dos de la mañana! Me imagino las puteadas que debe haber recibido el general que me envió a efectuar la ronda”.

¿Qué hizo usted luego de tener esa evidencia?

“Fue una luz de alerta para los cinco o seis capitanes que éramos constitucionalistas. Habíamos estado en la universidad, la mayoría éramos ingenieros y teníamos una relación con la sociedad diferente a la del militar neto. No estábamos por el golpe de Estado y sentimos que nuestra misión era denunciar lo que se preparaba. Decidimos agruparnos en forma más estrecha y buscar vías políticas para entregar esa información al presidente de la República. Nos reunimos con los senadores Eric Schnake (PS) y Anselmo Sule (PR), y con Carlos Lazo, presidente del Banco del Estado. Ellos consiguieron una entrevista de algunos miembros del grupo con el presidente Salvador Allende, pero él no les creyó. Dijo que estaba convencido que los militares jamás darían un golpe de Estado, porque le habían jurado lealtad. Pienso que Allende era muy orgulloso. Estaba convencido que podía manejar políticamente la situación y que no sería avasallado”.

¿Ustedes simpatizaban con algún partido político?

“No, ni siquiera estábamos de acuerdo con el gobierno de Allende, que a esas alturas no era bueno, aunque yo había votado por él, porque me gustó su programa. Pero teníamos la convicción que debíamos respetar la Constitución y la ley, de acuerdo con lo que habíamos juramentado. Para nosotros, el jefe máximo era el presidente de la República y no el comandante en jefe. Por eso, hasta el último momento seguimos insistiendo en entregar la información que teníamos. Cuando ocurrió el golpe de Estado nos detuvieron a todos, junto con los generales Alberto Bachelet y Sergio Poblete, y el coronel Ernesto Galaz. Les atribuyeron vinculaciones marxistas, pero sólo cumplían con su deber”.

 

¿Los mantuvieron en la Aga?

“Sí, y la agresión contra nosotros fue brutal, porque nos consideraban traidores... a ellos. Cuando conversábamos, les decíamos que eran ellos los que estaban traicionando la Constitución y la patria. Nos golpeaban, nos hacían simulacros de fusilamiento, nos ponían electricidad en las partes más sensibles -incluso en heridas abiertas- y nos quemaban con cigarrillos. También empleaban drogas e hipnosis. A algunos los colgaban de unos ganchos, como en una carnicería, y los azotaban. La Academia de Guerra Aérea era un centro de torturas atroz. Los generales eran pateados en el suelo por los pelados. Buscaban la degradación máxima de nuestra personalidad. Había presos a los que les sacaron las uñas. A otros los destrozaban, los cortaban igual como un carnicero corta un chancho”.

 

¿Quién estaba al mando?

“Ahí estaba comprometido Leigh. Lo vi dando instrucciones precisas de lo que había que hacer. Yo había sido instructor de vuelo del general Orlando Gutiérrez, y después él fue mi torturador. Era el jefe, lo presenciaba todo. También estuvo presente Leigh cuando torturaron al general Poblete. Me lo contó en una carta que me escribió, y que está en el juicio. A él lo quemaron en el pecho y en las manos. En la Fuerza Aérea, en 1973, se estableció la tortura como un procedimiento normal para interrogar a prisioneros. No se preguntaba qué había que hacer con un preso, derechamente se le torturaba y se le decía ‘esto es lo que tienes que confesar’. Era un procedimiento estándar”.

 

¿Usted fue procesado?

“Después de las torturas nos hicieron el famoso sumario en tiempo de guerra llamado ‘Fach contra Bachelet y otros’, que ahora estamos impugnando ante la Corte de Apelaciones. Desgraciadamente ésta señaló que el caso debía pasar a la justicia militar, lo que es una aberración. Vamos a seguir insistiendo, porque queremos que se reconozca que no se cumplió con el debido proceso y que nos entreguen la documentación que nos corresponde. Tras el sumario, se nos hizo un juicio en el cual no teníamos defensa, no se permitió que nuestros abogados argumentaran tortura. A mí, que había denunciado el golpe, me acusaron de ‘incitación a la sedición’, ‘traición a la patria’, ‘creador del Plan Zeta’ y del ‘Plan Fuga’. Nada de eso existía. Nos condenaron en diciembre de 1973, cinco a la pena de muerte y otros a presidio. Mi condena era a 20 años. Posteriormente me la rebajaron a 15 años, y a los condenados a muerte, a 30 años de presidio. Estuve dos años preso en distintos centros militares y al final nos llevaron a la cárcel pública de General Mackenna. En 1975 aplicaron el DL 504 que nos permitió partir al exilio”.

 

¿En algún momento se encontró con el general Alberto Bachelet?

“Estuvimos juntos en la cárcel. El general Bachelet tenía un problema al corazón perfectamente tratable, pero si le ponían corriente, la cosa se complicaba. Fue lo que ocurrió. Un día lo sacaron para llevarlo a la Academia de Guerra. Volvió con quemaduras de cigarrillos, marcas de electrodos y con una violenta taquicardia. El doctor Alvaro Yáñez, que era uno de los presos, dijo que estaba muy mal, que necesitaba cuidados especiales. Poco después murió. En una ocasión, Leigh dijo que cómo se podía pensar que la Fuerza Aérea podía hacer esas cosas. El cinismo de los torturadores era increíble”.

 

¿Ha tenido oportunidad de enfrentar a sus torturadores?

“He sido careado con quienes fueron mis torturadores directos, en diferentes procesos a cargo de los jueces Juan Guzmán, Mario Carroza y Rubén Ballesteros. He declarado contra Hernán Gabrielli, el general Orlando Gutiérrez y toda una lista de torturadores. En los careos he comprobado la pequeñez de estos hombres que cuando torturaban y tenían todo el poder sobrepasaban la racionalidad humana. En la Academia mataron a un sargento de un balazo y el general Gutiérrez felicitó al soldado que le disparó. Y ahora veo a algunos seriamente dañados, como Edgar Ceballos Jones; los comandantes Ramón Cáceres y Sergio Ulises Swain; el general Orlando Gutiérrez. En esa época se paseaban por la Academia como verdaderos pavos reales, ahora los veo escondidos y cabizbajos en los juzgados. Uno les dice ‘cobarde, maldito cobarde, cómo no puedes reconocer lo que hiciste’. Bajan la cabeza y responden ‘no me acuerdo’”.

 

¿No muestran arrepentimiento?

“Creo que no, pero sí vergüenza, porque no se atreven a mirar de frente. Y nunca dan sus direcciones. Son unos malditos cobardes, no se puede decir otra cosa. Felizmente, han caído en contradicciones. La gran diferencia con ellos es que nosotros andamos con la cabeza en alto, nos mostramos en cualquier parte y vamos a los juzgados abiertamente, sin ningún temor, porque tenemos la conciencia limpia”.

 

EL CAPITULO GABRIELLI

Los ex presos de la Fach vivieron el exilio en distintos países, pero siempre mantuvieron entre ellos lazos de amistad. Jaime Donoso Parra se fue a Inglaterra, donde estudió aeronaútica superior e hizo un doctorado en aerodinámica y mecánica de fluidos en la Universidad de Londres. Se convirtió en un investigador científico de alta calificación y desarrolló una exitosa carrera profesional en la empresa privada. Inventó cuatro métodos de alta tecnología para solucionar problemas matemáticos complejos, que fueron debidamente patentados. Con uno ganó en 1997 un Premio Nacional de Ciencia y Tecnología otorgado por el Ministerio de Defensa. Sus últimos años de exilio los vivió en Suiza.

 

¿Cuándo iniciaron acciones ante la justicia?

“Los ex presos de la Fach sólo pudimos volver a Chile a comienzos de la década del 90, cuando era imposible hacer un juicio contra las Fuerzas Armadas porque los poderes fácticos tenían intacto su poder. Pero pensamos que algo teníamos que hacer y participamos activamente en el proceso de gestación de la ley de exonerados. Finalmente algunas personas decidieron enjuiciar por daños físicos y perjuicios. Hay ex presos dementes en Inglaterra, recluidos en hospitales siquiátricos. Otros tienen daños en los oídos, algún miembro de su cuerpo inmovilizado, enfermedades óseas por los golpes y la electricidad, o no les funcionan bien algunas partes del cerebro y se olvidan de cosas. Así nos encontramos con el Codepu, que nos ha asesorado en los juicios, y con el problema del general Hernán Gabrielli. En febrero del 2001, Carlos Bau Aedo, ex ejecutivo de la Industria Nacional de Cemento S.A. (Inacesa), denunció que Gabrielli lo había torturado a él y a otros prisioneros en 1973 en la base aérea de Cerro Moreno, de Antofagasta, entonces a cargo del comandante Marcial Vargas del Campo. A sus denuncias se sumaron los ex detenidos Juan Ruz, doctor en pedagogía y actual funcionario del Ministerio de Educación, y Héctor Vera, doctor en comunicaciones y vicerrector de la Universidad de Antofagasta. Los tres fueron víctima de tormentos físicos y psicológicos, y presenciaron cómo el entonces subteniente Gabrielli torturó salvajemente a Eugenio Ruiz-Tagle Orrego, gerente de Inacesa, que junto al gerente de Corfo, Mario Silva Iriarte, fue ametrallado el 19 de octubre por la Caravana de la Muerte. Los afectados iniciaron un proceso por torturas en contra de Hernán Gabrielli, en el que los ex presos de la Fach han participado como testigos. Según declaraciones de uno de ellos, el entonces subteniente de aviación Ricardo Navarro Valdivia, Hernán Gabrielli no sólo lo torturó a él, sino también a un niño de 14 años a quien le causó secuelas que acabaron con su vida en el hospital de Antofagasta. Navarro declaró desde España en una entrevista a Televisión Nacional: “Toda la Fuerza Aérea sabía y sabe que Gabrielli es un torturador”. Otros testigos de la Fach que fueron víctimas o presenciaron torturas ejecutadas por quien llegó a ser jefe del estado mayor de esa institución son el capitán Juan Muñoz y el subteniente Oscar Navarro, oficiales de la rama de finanzas de la Fach en Antofagasta, y los cabos segundos Luis Gabriel Torres Valeria y Antonio Jara Castro.

 

¿Usted conoció al ex general Gabrielli?

“Nos conocimos en la Escuela de Aviación, fuimos amigos y le tuve mucha estimación. Cuando estábamos en la cárcel comenzaron a llegar presos de Antofagasta, como Carlos Bau y algunos suboficiales, que describían a Gabrielli como uno de sus torturadores. No cabía la menor duda. Yo le escribí dos cartas entre 1999 y 2000, antes de los juicios, para que viera la forma de que se compensara a quienes éramos de la Fuerza Aérea. Primero, en el aspecto moral, que es lo que más nos interesa, y luego material, porque a nosotros nos cortaron la vida a los 30 años. Nunca contestó esas cartas. La querella que Gabrielli presentó contra Carlos Bau, Juan Ruz y Héctor Vera por difamación, injurias y calumnias fue cerrada a los tres meses por el juez Ballesteros, quedando en evidencia que Gabrielli torturó, aunque esto sigue siendo la declaración de una persona contra otra. El continúa negando, pero van a seguir declarando todos los que lo vieron y sufrieron las torturas. De acuerdo con lo legalmente establecido, tendremos a estas personas en primera línea hasta que en algún momento tengan que reventar. ¡Ya aparecerá un piloto o suboficial que cuente cómo les cortaban la guata a los prisioneros y los tiraban al mar! Nosotros tenemos que ir buscando los mecanismos para acorralarlos”.

 

¿Qué clase de torturador era Gabrielli?

“Existían los torturadores ‘profesionales’, como los de la Academia de Guerra Aérea, y otros ocasionales, que eran los que estaban en las guardias. En este último grupo se ubicaba Gabrielli, que en esa época era un teniente de 24 ó 25 años. Los torturadores ‘oficiales’ de la base de Cerro Moreno, como el comandante Gonzalo Pérez Canto, les decían a los tenientes jóvenes que ‘ablandaran’ a los presos antes de entrar a la interrogación. Y aunque podían evitarlo, porque no era su obligación, los agarraban a golpes y patadas. Yo los llamo ‘torturadores torpes’. Esto ocurrió en todas las bases, incluida la de Quintero, donde estaba el general Patricio Ríos, actual comandante en jefe. Todos los tenientes y subtenientes de esa época, si estaban en servicio, deben haber tenido contacto con prisioneros. También los alférez y subalférez, que hoy son los generales que están bajo Ríos, deben haber participado cuando menos en las ‘operaciones rastrillo’, donde también se torturó. Que unos pegaban más y otros menos, lo tendrá que determinar la historia. Para eso estamos haciendo estos procesos. Vamos a escarbar hasta encontrar testigos que se atrevan a declarar, porque la verdad es que muchos de la Fuerza Aérea aún no dan ese paso. En los años 96-97 algunos me pidieron que por favor no los nombrara, porque ellos y sus familias habían sido amenazados. Pero ahora tenemos una ley de prensa que nos permite hablar. Por eso estoy escribiendo un libro con mis memorias donde voy a decir lo que yo vi de la historia, desde el lugar en que ésta me puso. Y me puso a este lado, porque yo tenía principios distintos a los de ellos, tan simple como eso”.

 

¿Alguna vez lo han amenazado a usted?

“En forma indirecta, me enviaron amenazas por teléfono cuando puse un recurso de amparo contra el general Fernando Rojas Vender, en la época en que era comandante en jefe. Pero nunca tuve miedo, estoy haciendo lo que corresponde”.

 

¿Por qué ese recurso de amparo?

“Se relaciona con otro problema que tenemos. Cuando jubilamos o nos dan de baja, nos tienen que entregar un documento que diga que uno es un oficial de la Fuerza Aérea dado de baja, jubilado, exonerado o lo que sea. A nosotros no nos han entregado ese documento, y por eso no nos permiten entrar a algunos lugares de la Fach. A mí incluso me han obstaculizado el paso en el Ministerio de Defensa. ¡A qué nivel llega el enclaustramiento en que están los uniformados que ni siquiera permiten a la ministra de Defensa que intervenga en esto! Debería bastar que la ministra Michelle Bachelet le dijera al comandante en jefe que nos entregue la documentación, porque es lo que corresponde legalmente. En este momento se está tratando de llegar a un acuerdo, pero si no lo hay me voy a querellar contra la comandancia en jefe de la Fuerza Aérea. Anteriormente presenté un recurso de amparo contra el general Rojas Vender y Jaime Lavados, rector de la Universidad de Chile. Sucedió que ambas instituciones convocaron a un diplomado en Derecho Aeronáutico y del Espacio, y postulé como un ciudadano cualquiera. Las clases se daban en la Academia de Guerra Aérea. El rector de la Universidad de Chile consultó a la Fach y le enviaron una carta firmada por Rojas Vender diciendo que yo no podía ingresar. Torpemente, él me remitió esa carta. Y con ella en mano, presenté el recurso. Fernando Rojas dilató todo lo que pudo la tramitación del recurso y al final mandó una carta a la Corte Suprema diciendo que yo no tenía ninguna prohibición para ingresar a la Academia. La presentó el 28 de agosto y el curso terminaba el 1 de septiembre. ¡Esa es la mentalidad sucia que tiene esta gente! Pero nada puede extrañar de alguien como Fernando Rojas Vender, que se llevaba muebles para su casa como pertrechos de guerra. El tiene una historia tenebrosa dentro de la Fach, porque siempre fue de mala calaña. Claro que todos los generales que viajaban al extranjero en esa época traían motos de agua y muebles como pertrechos de guerra, en circunstancias que la ley les permite, igual que a los diplomáticos, traer bienes de hasta 15 mil o 20 mil dólares sin impuestos. ¡Pero ellos traían mucho más!”.

 

¿Se ha enfrentado alguna vez con Hernán Gabrielli?

“Se ha negado a conversar conmigo. El día que teníamos un careo ante el magistrado Mario Carroza se fue a Estados Unidos y nos dejó al juez y a mí plantados. Tampoco se presentó a otro careo ante el juez Ballesteros. No me cabe la menor duda que torturó, tenemos testigos torturados por él y otros que presenciaron esas torturas. Eso es lo que he declarado en tres juzgados. El juez Carroza me va a volver a llamar, porque le pedí que quiero ver a Gabrielli y enfrentarlo. El general León Duffey, un hombre bruto que se sabía esconder muy bien, torturó con Gabrielli en Antofagasta y después pasó a la Academia de Guerra. Se dejaba ver muy poco en la Academia, igual que Florencio Dublé, quien llegó a ser jefe del estado mayor cuando Fernando Rojas Vender era comandante en jefe. Pero nosotros los identificábamos bien. Todos están siendo enjuiciados y tendrán que declarar. Hay que juzgarlos, pero no con el objetivo de que los castiguen. Lo único que me interesa es que reconozcan lo que nos hicieron y que queden claramente establecidas sus culpas”

 


Esta pagina fue modificada el  17/07/2010

Si posee cualquier información sobre este centro de detencion,  nuevas o mejores imágenes, relatos, testimonios, etc., escribanos a info@memoriaviva.com

  Estas paginas han sido preparadas y son mantenidas por: Proyecto Internacional de Derechos Humanos - Londres © 1996 - 2015