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Academia de Guerra Aérea (AGA)

Santiago

            Este recinto de reclusión y tortura funcionó desde fines de 1973 hasta comienzos de 1975, formalmente a cargo de la Fiscalía de Aviación, la que en la práctica se coordinaba estrechamente con el Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea (SIFA). La Academia de Guerra Aérea (AGA), ubicada en la avenida Las Condes de Santiago, es sede de la Academia de Guerra de la Fuerza Aérea desde 1972. A partir del mismo 11 de septiembre de 1973, se la utiliza para mantener presos políticos. Principalmente allí queda confinado el grupo de civiles, suboficiales y oficiales de la FACH que sería enjuiciado en el Proceso 1-73 contra Bachelet y otros. Este grupo permanece en este recinto durante algunas semanas, siendo trasladado a fines de año a la Cárcel Pública de Santiago. El local se convirtió más tarde en el principal centro de detención de personas incomunicadas por el SIFA, reemplazando así a la Base Aérea de Colina. Los detenidos en esta última son trasladados al AGA. A cargo de la SIFA se encontraba el Comandante Edgar Ceballo, secundado por Roberto Fuentes Morrison.

Los detenidos eran mantenidos en el subterráneo de la AGA, donde habían salas de clase y baños, que fueron  habilitados como celdas, mientras las salas en la capilla y el segundo piso fueron utilizadas como recintos de interrogatorios y tortura.  Durante 1974 se mantuvo en este local, en promedio, un total de 70 a 80 detenidos, en su gran mayoría militantes del partido comunista y del MIR. En este recinto se torturo a todos los detenidos. De acuerdo con testimonios las sesiones de torturas eran hechas con asesoría de la Fuerza Aérea del Brasil, incluyendo el uso de drogas, tales como pentotal y scopolamina. Entre las formas de tortura se encontraban golpes de todo tipo, golpes eléctricos, vejaciones y violaciones, enterrar objetos punzantes en las uñas, el colgamiento llamado "pau de arará" y la mantención del detenido encapuchado por largo tiempo, durante el cual no se les permitía dormir, comer o beber agua.. Todos los presos al momento de su detención eran asignados un numero y desde ese entonces solos se les referías a través de este.  En virtud de su condición de incomunicados, se les mantiene vendados, sentados en una silla, con las rodillas pegadas a una muralla o parados por largos periodos. Además, se sometía a los detenidos a otros malos tratos. Por ejemplo, a muchos de ellos se les colgaba un letrero manuscrito con instrucciones para sus guardias, tales como "sin comida ni agua durante 48 horas", "una comida al día" o "de pie hasta nueva orden". En el testimonio del preso No 17 describe como que después de una sesión de tortura y cuando fue llevado al baño, constato que en su chaqueta había un papel pegado a su espalda que decía: “No17: PARADO - SIN COMIDA - SIN AGUA - SIN HABLAR - SIN DORMIR”. Este era exactamente al régimen que era sometido entre las sesiones de interrogatorios y torturas.  Después de los largos procesos de incomunicación (que podían durar días o semanas) dentro del mismo recinto, los presos permanecen detenidos largo tiempo en las celdas construidas en los subterráneos de la AGA, algunos por períodos de hasta diez meses. En casos excepcionales son trasladados a campos de prisioneros o bien liberados. En 1973, el General Bachelet fue mantenido y torturado en este recinto. José Luis Baeza Cruces, actualmente desaparecido, también estuvo allí. Por este caso ha sido citado a declarar Fernando Matthei, a la fecha Director de la AGA. En declaración jurada de un testigo revela la participación directa de Matthei en la tortura de los presos políticos en este recinto: “....ahí pude comprobar que el Coronel Matthei dirigía y seleccionaba a los que tenían que ser torturados e interrogados. Él, junto a un teniente apodado "el loquillo", golpearon a dos prisioneros que estaban de pie y vendados...

 Este recinto colinda con el Hospital de la FACH, al que eran llevados los detenidos que habían sido heridos durante la detención o cuya vida peligraba a causa de las torturas. Estas provocan en 1974 la muerte del detenido Alfonso Carreño Díaz, siendo su cadáver trasladado al hospital adyacente.

Aparentemente, la AGA deja en enero de 1975 de ser ocupada para estos fines. Algunos de los detenidos son trasladados a la Base Aérea de Colina; otros, a centros secretos de detención y tortura (a Maruri No 650, y a Apoquindo No 3182). Hay también quienes fueron enviados a la Penitenciaría de Santiago (Proceso 80-74), Tres Alamos y Ritoque. Sin embargo, testimonios de algunos arrestados en 1975 aseveran que la AGA siguió siendo por ese entonces un centro de incomunicación, interrogatorio y tortura.

Criminales: El general Orlando Gutiérrez Bravo, los comandantes Fernando Matthei (Director de la AGA) Sergio Lizasoaín, Edgar Ceballos Jones, Jaime Lavín, Juan Bautista González y Humberto Velásquez Estay; el oficial Horacio Otaíza (jefe de la SIFA) los capitanes León Duffey, Juan Carlos Sandoval, Jaime Lemus, Florencio Dublé, Contreras y Fullogher (jefe de guardia permanente); los tenientes Juan Carlos Sandoval, Luis Campos, Matig y Pérez; el sargento Hugo "chuncho" Lizana, el cabo Eduardo Cartagena y el cabo 2º Gabriel Cortés (que se cambió el nombre); Leonardo Alberto Schneider Jordán, alias "El Barba" (ex-militante del MIR)


Testimonios:

Testimonio de Sergio Lontano Trureo. Sobreviviente de la AGA. Tenía, al 11 de septiembre de 1973, el grado de Cabo 1º:      "...los torturadores del Academia de Guerra Aérea eran casi todos de la Especialidad de Aerofotogrametría, tanto oficiales como suboficiales. Pertenecían a los cursos egresados en 1967 y otros posteriores. Estaban directamente bajo el mando del Comandante Otaiza, llamado también el "pata de oso". También se encontraban interrogando los del curso de instructores militares de la Escuela De Especialidades egresados en 1968, el mismo año de mi egreso. Posteriormente, a mediados de 1974, también fui llevado a la Academia de Guerra Aérea desde la Cárcel Pública. Ahí pude comprobar que el Coronel Matthei dirigía y seleccionaba a los que tenían que ser torturados e interrogados. El, junto a un teniente apodado "el loquillo", golpearon a dos prisioneros que estaban de pie y vendados. "El loquillo" también me golpeó con la culata de un fusil. De la AGA fui llevado a la Academia Politécnica por 24 horas, en este trayecto se temía la aplicación de la llamada ley de fuga (ajusticiamiento por la espalda y abandono en algún sitio eriazo). De la APA se me trasladó de nuevo a la AGA, finalmente fui trasladado a la Cárcel Pública".

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Para que Nunca Más: (Palabras de querellantes de la FACH; 14 de septiembre de 2003)      

"..Me corresponde hablar a nombre de los prisioneros civiles que estuvimos internados en la Academia de Guerra Aérea. Quiero decir en primer lugar, que la Academia de Guerra Aérea fue el primer recinto secreto en que los prisioneros fuimos incomunicados y aislados del mundo real, desde los primeros días del golpe de Estado. Permanentemente vendados, imposibilitados de comunicarnos entre los mismos prisioneros, fuimos condenados al silencio y a una vigilancia individual severa, digna de criminales peligrosos. En este recinto se torturó más de un centenar de aviadores y más de 140 civiles. Desde aquí desaparece Alfonso Carreño Días y José Luis Baeza Cruces; también aquí se preparó el asesinato de José Bordaz Paz. Todos hombres y mujeres idealistas que no aceptábamos la implantación de la barbarie sobre el pueblo de Chile. Aquí supimos de los aviadores que nos habían antecedido y que fueron sometidos a los peores tormentos por defender la Constitución y el gobierno legítimo de Chile. Sus propios camaradas de armas se encargaron de humillarlos y vejarlos, rompiendo los códigos y la ética de los hombres de armas. No deja de sorprender cuanta villanía y cuanta bajeza puede esconder el alma humana.

Para con nosotros -los civiles- tampoco hubo consideración. La tortura sistemática de los y las prisioneras, la presión sicológica, el secuestro de las familias ara usarlas de rehenes, sin respetar edad ni estado de salud, son muestra elocuente de una ideología fascistoide que impregnaba a la oficialidad  a cargo de este centro de tortura.

Los oficiales de la Academia de Guerra Aérea: Oteíza, Gamarra, Ceballos Jones, Leigh Guzmán, Campos Poblete, Fuentes Morrison, López López  mancillaron para siempre el honor de la Fuerza Aérea de Chile, pues usaron su  institución como escudo para cometer todo tipo de ignominias. Otros, como el  "Barba" Schneider, Sandra Alarma o Pola Vial, se unieron a ellos en esa misión criminal.

Los "valientes" oficiales del Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea no vacilaron en mantener detenido en este recinto a un niño de 12 años. Si a eso añadimos el saqueo de los bienes de las propiedades allanadas, tenemos ante nuestros ojos personas indignas, incapaces de reivindicar para sí los juramentos que proclamaron frente a nuestra bandera patria. Los hombres y mujeres que fuimos sometidos a crueles tormentos, tuvimos y tenemos nuestra frente en alto, podemos mostrarnos ante la opinión  pública sin miedo y con orgullo por habernos opuesto a la implantación de la dictadura en Chile. Ellos, en cambio, sólo pueden ocultarse. Ninguno de ellos, empezando por Pinochet, ha sido capaz de reconocer sus hechos, siempre los han negado y se han ocultado con la cobardía que es la esencia de su comportamiento indigno.

Aunque trataron de encubrir sus crímenes, la verdad se supo y hoy enfrentan ante los tribunales a sus víctimas, y sus siniestros manejos se les han devuelto cual boomerang para enjuiciarlos. Verlos hoy día en los careos frente a sus víctimas, en un espectáculo patético, balbuceando que no eran ellos, que no se acuerdan, que ellos no estuvieron. Cuanta diferencia con otra época en la que se disputaban medallas y

Grados por haber cumplido las misiones de terror que les fueron encomendadas. La historia ya los ha condenado, todos ellos forman parte de la galería de monstruos que la humanidad repudia. Se ganaron un lugar destacado  junto a Eichmann, Mengele o Beria. En la memoria de Chile serán recordados al lado del capitán San Bruno, siniestro oficial español, jefe del regimiento Los Talavera que cumplió misión idéntica a ellos, pero al servicio del rey de España y en contra de los patriotas. Nosotros, los militantes antidictatoriales, formamos parte de nuestra historia patria en otro lugar, en el lugar de la dignidad, encabezados por el presidente Salvador Allende, a quien hoy día Chile ha colocado en un sitial de privilegio de nuestra historia republicana. Su gesto patriótico de defensa de la democracia y de la dignidad del pueblo y de su cargo ya ha sido reconocido por la humanidad entera. Tan sólo unos pocos, sus enemigos, osan aún escupir sobre su cadáver, pero estos últimos tienen su lugar en la historia junto a los criminales que hemos venido a denunciar. Los Longueira, los Zaldívar, los Jarpa, se confunden con los Merino, los Pinochet o los Leigh.

Nosotros formamos parte del contingente más esclarecido de nuestro pueblo que no aceptó ni acepta compromisos en contra de las clases populares. Nosotros nos sentimos orgullosos de pertenecer a las grandes mayorías nacionales y somos, antes que nada, luchadores por una sociedad mejor, más humana, más democrática, más igualitaria, centrada en el individuo y sus potencialidades. Estamos en contra de los modelos que pretenden imponer una masa de consumidores al servicio de un mercado donde parecieran intercambiarse bienes y servicios, pero que en realidad intercambian seres humanos cual modernos esclavos al servicio del capital. Y si hoy estamos aquí es porque en esta lucha por una democracia verdadera, por una sociedad mejor, precisamos que se haga justicia y se castigue a los culpables, pues todos ellos son una amenaza para la democracia. No podemos mantener a los asesinos circulando libres por las calles de Chile, gracias a unas leyes de amarre que condicionan el tránsito a la democracia plena, tránsito que perdura desde 1989, y gracias a las cuales, los asesinos han disfrutado de la mayor impunidad.

Quiero rendir un sentido homenaje a Alamiro Guzman, fallecido hace unos días, compañero en la querella contra SIFA, quien tuvo el coraje de enfrentarse cara a cara con sus torturadores, exigiendo que el Estado reconozca la tortura como una acción masiva, planificada e institucional.

Finalmente, quiero decir que es la hora de la justicia y llamo a todos a participar en las querellas que hemos abierto en contra de los criminales y continuar nuestra lucha hasta verlos condenados a presidio perpetuo, única pena que puede aliviar mínimamente los sufrimientos que hemos padecido nosotros, nuestros seres queridos y el alma de nuestro pueblo. Para que nunca más los asesinos puedan caminar libremente por las  calles.

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Testimonio: General Sergio Poblete Garces

El general Sergio Poblete Garcés recuerda el trato que le dieron sus compañeros de arma cuando fue detenido "comenzaron las torturas que incluyeron, además de golpes, quemaduras en las manos y brazos. Me llevaron a una pieza con un sillón tipo dentista y trataron de hipnotizarme -práctica que realiza la DINA y efectuaba el médico Osvaldo Pinchetti- a lo que resistí mordiéndome el interior de las mejillas hasta sacarme pedazos. Durante los días y las noches que me torturaban me mantenían de pie con las manos amarradas a la espalda con cuerdas de paracaídas, además aprovechaban de golpearme con los puños y culatazos. Eran sesiones que duraban horas. Después de una con electricidad, en que me amarraban a un somier metálico y semi desnudo me aplicaban corriente en diversas partes del cuerpo, dientes, genitales, y lugares sensibles, me tiraron por una escalera y abajo estaba el general Gustavo Leigh, quien dispuso mantenerme de pie en el centro de una sala observándome silenciosamente durante un largo tiempo". 
 

La crueldad que caracterizó su permanencia en la Academia de Guerra Aérea (AGA) alcanzó tal nivel que el 8 de octubre de 1973 "fue asesinado a un metro frente de mí, y en presencia de otros prisioneros, el sargento FACH Rafael Reyes Gajardo, sólo porque en una crisis de desesperación se puso a llorar y preguntó por su familia de la cual no tenía noticias. El soldado que le disparó fue felicitado personalmente por el general (r) Orlando Gutiérrez Bravo y el comandante (r) Sergio Lizosoain Mitrano".

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Los torturadores del AGA: 

Orlando Gutiérrez Bravo, General
Sergio Lizosoain Mitrano, Coronel
Julio Tapia Falk, Abogado 
Cristián Rodríguez, Asesor legal
Jaime Cruzat, Asesor legal
Víctor Barahona, Asesor legal
Jaime Lavín Fariña, Comandante de grupo
León Duffey, Comandante de Escuadrilla
Edgard Ceballos Jones, Comandante de Grupo
Ramón Cáceres Jorquera, Comandante de Escuadrilla
Florencio Dublé, Capitán 
José García Huidobro, Teniente
Juan Soler Manfredini, General
Eduardo Fornet, Coronel que se desempeñaba como secretario de la FACH
Carlos Cáceres, Comandante de Escuadrilla, piloto
Gonzalo Pérez Canto, Comandante de Escuadrilla, piloto
Alvaro Gutiérrez, Capitán de Bandada, piloto
Víctor Mettig, Capitán de Bandada, piloto 
Juan Carlos Sandoval, Teniente
Franklin Bello, Teniente
Juan Norambuena, Suboficial
Hugo Lizana, Sargento de Aviación
Humberto Berg Fontecilla, Coronel médico de la FACH
Sergio Sanhueza López, Coronel, Ingeniero
Javier Lopetegui Torres, Coronel, piloto
Carlos Godoy Avendaño, Comandante de Grupo, piloto
 

Fuentes de Información: Informe Rettig; Revista Mensaje; Libros: “La Represión Política en Chile, los Hechos”; “ De academias y subterráneos”; Memoriayjusticia.cl; El Siglo; La Nacion; Archivo Memoriaviva;


Revista Mensaje

No. 336 de Enero-Febrero 1985

Declaración Jurada:
Andres Antonio Valenzuela Morales

Texto integro de una de las declaraciones juradas del ex agente de la Fuerza Aerea de Chile (FACH), Andres Valenzuela Morales hechas a la Vicaria de la solidaridad a fines del año 1985.

Comparece: Andres Antonio Valenzuela Morales. Carnet de Identidad 5.443.690-4 de Renca, nacido el 30 de Noviembre de 1956 en Papudo, domiciliado en el Pasaje Barranquilla 2044 de la Poblacion Juanita Aguirre de Conchali, casado, quien bajo la Fe de Juramento expone:

Entré al Servicio Militar en Abril de 1974, en el Regimiento de Artillería Antiaérea de Colina, donde estuve 3 meses, para ser destinado a la Academia de Guerra Aérea, ubicada en la Comuna de Las Condes de Santiago.

Llegué a esta repartición junto a un grupo aproximado de 60 conscriptos, de los cuales 15 pasamos a depender de la Fiscalía de Aviación y el resto quedó como personal de la AGA, haciendo labores de vigilancia y otras que son de rutina.

Quien dirigía todo nuestro grupo era un oficial de nombre (NN)(1), el cual unificaba los trabajos de inteligencia contra la subversión, que en ese período estaban dirigidos fundamentalmente contra el MIR Es muy poco lo que puedo señalar sobre lo ocurrido en ese recinto, puesto que sólo me tocó hacer labor de vigilancia (2)

Después del trabajo en la Academia de Guerra nos trasladamos, todo el grupo, a una casa ubicada en la Avenida Apoquindo, inmueble que ya no existe, puesto que allí se construyó un Banco. Al trasladarnos, nos fuimos con unos 15 detenidos del MIR. Puedo recordar que había un mirista de apellido Pérez que salió al extranjero, el cual era visitado por su mujer en el recinto de detención. Recuerdo también a una militante del MIR que le decían "la Negra': era alta, pelo corto. No sé qué destino tuvo.

En este recinto de Apoquindo, estuvimos unos 3 meses mas o menos. Hacíamos allanamientos y detenciones. Yo participaba en la Fuerza de 'Reacción", es decir resguardando, a quienes realizaban los operativos, de algún posible ataque en los alrededores. Las personas detenidas salían libres o iban a dar a la Cárcel. También en este recinto el grupo era dirigido por (NN) y uno de sus subalternos mas cercanos era (NN) a quien apodaban el "Wally". [3]

Muy poco tiempo después nos fuimos quedando sin detenidos, ya que la represión al MIR pasó a estar a cargo de la DINA, por lo que nos trasla-damos al edificio de Santa Rosa con Alameda, donde queda la "Comunidad de Inteligencia", es decir todos los servicios institucionales, excepto la DINA.

En este lugar nuestro equipo se disuelve, quedando cada uno en oficinas diferentes. El miembro de la FACH Guillermo Bratti Cornejo, que venía trabajando en mi grupo, se fue a El Bosque, ya que esa era su Unidad; a él lo apodaban "el pelao Lito".

Había otros funcionarios de la FACH apodados "Patricio, "Chirola", todos de la Unidad de El Bosque.

Cuando empieza el año 1975, se reúne nuevamente el grupo, con (NN), Bratti y los otros, excepto de la Base El Bosque, y nos vamos a operar a un pequeño hangar que queda en el aeropuerto de Cerrillos, entrando por la puerta principal, inmediatamente por la mano derecha, en dirección a la costa, ubicándose actualmente casi frente a un gran letrero que dice "40 KMS. VEL. MAX."

A nuestro grupo se agregó (NN) que era "Patria y Libertad" (aclaro no sé si su nombre era Luis o Cesar o ambos, pero estoy seguro de sus dos apellidos).

Este individuo llega con un equipo de civiles: "Luti", "Yerko", "Patén" y otros. Este (NN) había sido condenado por la muerte del Edecán Naval de Salvador Allende y, al parecer, su equipo también había actuado en el hecho. Era un equipo que actuaba muy profesionalmente. Debo reiterar que (NN) también estaba integrado a este equipo y era uno de sus jefes.

Nuestro tarea era trabajar la represión en el Regional Sur del Partido Comunista. Me recuerdo que en una noche se hizo una pesquisa, en la cual no participé, donde cayeron unos 12 militantes mas o menos.

Aparece en escena en esta época - principios del tercer trimestre del año - el "Juanca", que era Carol Fedor Flores Castillo, quien había sido militante del Partido Comunista y yo lo había visto detenido en el año 1974, en la AGA. El apodo "Juanca" derivaba de su nombre de guerra, Juan Carlos. En todo caso, en esta época él participaba en los interro-gatorios de los detenidos aportando la mayor cantidad de datos, puesto que conocía a un inmenso número de militantes. El era un agente mas, e incluso se le facilitó una casa, que había sido requisada al MIR y que quedaba ubicada en la comuna de La Florida. Usaba arma, intercomunicador, iba a nuestras practicas de tiro y entraba a las reparticiones de la Institución como cualquiera de nosotros.

Por este período, probablemente en septiembre del 75, cae detenido el "Quila Leo", que había sido ex-grumete de la Armada; no recuerdo exactamente si era militante de las juventudes comunistas o del Partido Comunista, y lo identifico inequívocamente por la foto que se exhibe, como Miguel Angel Rodríguez Gallardo. Con él conversé muchas veces, ya que estuvo largo tiempo detenido.

Por la falta de comodidad de este lugar (ni siquiera había agua) nos vamos a una casa ubicada en Santa Teresa 037, a la altura del Paradero 20 de la Gran Avenida, conocida como "NIDO 20".

Esta era una casa en que el vecindario notoriamente se podía percatar lo que pasaba adentro ya que entraban y salían personas, había 2 vigilantes externos de uniformes, siempre apostados afuera, los que tenían prohibición de ingresar al interior de la casa y eran siempre alumnos de la Escuela de Especialidades. Esta casa tenía una chimenea en el living y tres dormitorios. Llegamos allí con unos 20 detenidos mas o menos, los que estaban hacinados, a tal punto que se usaban los closets como celdas de castigo: el "Quila Leo" estaba allí encerrado, para permitir la incomunicación.

Desde aquí se empezó a sacar detenidos para interrogarlos en otro lugar, que también conocí. Se encuentra ubicado en el Paradero 18 de Vicuña Mackenna, en la calle Perú No. 9053, a la cual se llegaba entrando por Rojas Magallanes y doblando a la derecha por la calle que he señalado. Este lugar era conocido como "NIDO 18". La propiedad había sido requisada a un militante del MIR, de apellido Sotomayor.
En este recinto se torturaba e interrogaba.

Cuando empiezan a ser usados los recintos "NIDO 20" y "NIDO 18", actuábamos en un comando conjunto con miembros de los servicios institucionales de Carabineros y la Marina. Por Carabineros tenía el mando un teniente apodado "El Lolo", de apellido (NN), hoy capitán de Carabineros y Jefe del Grupo Operativo Represivo de Carabineros que ha comandado la represión en Pudahuel en los últimos meses.

Por la Marina participaba también al mando un teniente (hoy en retiro) (NN) (hoy trabaja en importaciones de elementos de seguridad y negocios de armas Winchester y tiene oficina en Bulnes).

Puedo recordar, sin determinar exactamente las fechas, que en el NIDO 20 fallecieron dos personas; una, recuerdo le decían Yuri, llegó enfermo, era bajo, crespo, pelo castaño, corto, trabajaba en la Municipalidad de La Granja o Cisterna y había sido detenido en su lugar de trabajo. Murió por una bronconeumonía fulminante, ya que lo tenían colgado en el baño.

Además llevaron del NIDO 18 al 20 a un detenido a quien le decían "Chino", o "Camarada", era bajo, de unos 50 año, fornido. Venía muy torturado desde el NIDO 18, estuvo como unos 15 días con nosotros. Al final llegó un grupo de civiles en la noche, que no sé si eran de Patria y Libertad o de la DINA (esto lo dudo, porque había gran rivalidad con ese Servicio, a tal punto que a veces buscábamos personas que ellos ya tenían detenidas o viceversa, sin que lo supiéramos). Bueno, a este señor lo golpeaban haciendo un ruedo, tirándoselo y pegándole entre unos y otros. Yo estaba de vigilante y nos enervaba que le pegaran sin sentido, ya que casi no le preguntaban nada. Al final lo dejaron tirado en el piso, al lado de la chimenea, y se fueron. A la salida se encontraron con (NN) que venía llegando, el que no participó en esa acción. Ese detenido pasó muy mala noche y en la mañana el centinela interno se dio cuenta que estaba muerto.

Al mediodía volvió (NN) con ropa (estoy casi seguro que era del propio detenido) y una máquina de afeitar. Lo afeitan y le cambian ropa al cadáver y después lo sacan en un vehículo, según decían para entregárselo a la familia. Nunca más supe de él.

Ahora me recuerdo que a Yuri, como también fallecido, lo llevaron muerto al NIDO 18 y desde allí lo hicieron desaparecer, según me comentó un agente de la Marina, tirándolo al mar. También recuerdo ahora, que en la casa del NIDO 18 aún sigue funcionando un grupo de la Marina y también sé que han modificado el frontis del sitio.

Existió también un detenido que era calvo, que contaba haber sido campeón de box y era taxista Vivía en la Gran Avenida1 estuvo cerca de dos meses y entregó una persona que trabajaba en Madeco, el cual nos condujo a un arsenal de metralletas AKA, las cuales se las llevó la DINA. En realidad nunca supe si era militante del MIR o del PC, pero me extrañó que después de esto saliera libre impunemente. En el NIDO 18 cayeron 2 hermanos detenidos, como, calculo, de unos 38 a 40 años. Uno de ellos vestía chaqueta de cuero café y se ahorcó en la celda de aislamiento. El otro hermano salió al parecer en libertad.

Miguel Angel Rodríguez Gallardo o "el Quila Leo", seguía detenido en estos recintos. En el NIDO 18, recuerdo, hubo una persona que intentó suicidarse, subiéndose a una escala de tijeras y sólo logró quebrarse un brazo. Según las fotos que he visto de los desaparecidos del año 75, podría parecerse muy cercanamente a Humberto Fuentes Rodríguez y creo recordar que le llamaban "el viejo Fuentes". [4)

Estamos en este relato ubicándonos aproximadamente en el mes de noviembre de 1975, época en la cual nos trasladamos, con varios detenidos, al Regimiento de Artillería Antiaérea de la FACH. En el interior de ese Regimiento hay una cárcel, llamada La Prevención, que hoy en día no se usa, sino para guardar equipos.

Llegarnos con unos 20 detenidos provenientes de los NIDOS 18 y 20; estaba el Quila Leo, el calvo del brazo enyesado y otros que no recuerdo.

Como a los dos días de llegados a ese recinto, se monta un operativo por el sector norte de Santiago y cae detenido Ricardo Weibel en el barrio El Salto, cerca del Regimiento Buin

Se le sacó de su casa, lo reconozco ahora inequívocamente por la foto que se me exhibe de él; es una de las personas con la cual mas converse. También fue detenido en ese sector un joven que era muy buen caricaturista (hacía dibujos de casi todos nosotros); cayó detenido Bezoa de nombre René; y caen detenidos los dos "Fanta", el menor, es detenido con su novia, y no les recuerdo sus nombres. La novia era delgada, bajita y morena.

A todos estos se les interrogaba, y seguían cayendo muchos mas detenidos.

Cuando estábamos en Colina ingresó a nuestra agrupación personal del Ejército, al mando de un Oficial que rotaba seguido. Estuvieron poco tiempo trabajando.

Este personal de Ejército interrogó en una oportunidad a uno de los detenidos, quien, a causa de la electricidad aplicada de 200 voltios directos, fallece por paro cardíaco. El detenido era de unos 50 anos, tenía placa dental casi completa. Permaneció muerto casi toda la noche en su celda y fue sacado por el mismo equipo del Ejército que lo pone en un portamaletas de un auto Chevy Nova y se lo llevan.
Después de este incidente el Ejército se separo del Comando Unido.

Estando detenido Ricardo Weibel por primera vez, llegó un helicóptero, que no recuerdo exactamente si era de la FACH o del Ejército y tampoco recuerdo si era tipo UH o PUMA. Se llevaron unos 10 o 15 detenidos en el aparato para tirarlos al mar. Participó en esta operación el agente (NN) alias el "Pifo" por la FACH, y había personal de las otras instituciones. Se fueron, según recuerdo, los siguientes detenidos: el calvo del brazo fracturado y enyesado; un ex regidor de Renca del Partido Comunista, que era cojo, usaba zapatos ortopédicos, tenía una edad madura de unos 50 anos mas o menos; también iba el caricaturista. Esto afectó mucho a Ricardo Weibel ya que conversaba mucho con este último detenido por ser de celdas vecinas; cada vez que Weibel sentía ruido de helicóptero tiritaba intensamente.

El agente (NN) dijo que los tiraron al mar a la cuadra de San Antonio. A raíz de que explicó que el detenido calvo con el brazo quebrado y a quien decían "el viejo Fuentes" despertó cuando iban a lanzarlo al mar, deseo aclarar que los detenidos iban drogados. (NN) comentó que uno de los agentes del Ejército a sangre fría le pegó un fierrazo en la cabeza al detenido que tenía la fractura en el brazo y lo lanzó abajo, por este motivo sé que los lanzaron al mar.

Después de este hecho liberaron a varias personas entre ellos el Fanta chico y su novia, Ricardo Weibel y otros que no recuerdo.

Bezoa y el Fanta grande cumplían ya en estos instantes tareas de informantes. Esto lo supe porque los sacaban de las celdas a un lugar, les retiraban las vendas y las esposas y tenían un trato muy preferencial; aclaro que al hacer los interrogatorios, el Fanta grande escribía las declaraciones; detrás del interrogado que estaba vendado, Bezoa afirmaba o negaba con señas según lo que hablaba el detenido. Según creo el Fanta chico nunca colaboró.

A Ricardo Weibel lo fueron a detener pocos días después por segunda vez, el agente (NN) fue a dejarlo y a buscarlo nuevamente a la casa, diciéndole a la esposa que seria un interrogatorio de pocos días y que no tendría problemas lo llevaron a Colina nuevamente. En este recinto, él sospechó que lo iban a matar, porque no lo interrogaban, no lo vendaban y lo dejaban circular. Efectivamente, pocos días, más de una semana, durante los cuales vio actuar a Carol Flores como un agente cualquiera y a Bezoa y el Fanta colaborar y servirse con nosotros café y otros alimentos, etc. (reitero que Bezoa y el Fanta estaban siempre como detenidos colaborando, mientras que el Carol Flores era un agente más).

En esta oportunidad aparece un vehículo, que era una citroneta Furgón. Allí echan a varios detenidos entre los cuales está el Quila Leo y Ricardo Weibel. Iba también un detenido flaco, de unos 28 años a 30 años, que ya había intentado suicidarse en su celda cortándose las venas con un pasador metálico del pantalón que afiló en el cemento hasta convertirlo en un arma cortante; en esa ocasión lo condujeron al Hospital de la FACH, donde se recuperó y ahora igual lo llevaban para matarlo.

En el vehículo colocaron chuzos, palas y un bidón con combustible. Como agentes en esta operación participaban Bratti, Flores, (NN) y otros agentes de las otras instituciones, que iban en otro vehículo. Volvieron el mismo día, después de unas 4 horas, sin los detenidos. Estoy absolutamente seguro, porque me lo dijo uno de los agentes, que fueron asesinados en los terrenos militares de Peldehue; además deseo resaltar que, como yo no participé en el opera-tivo, antes de irse me pasaron los carnets de identidad de los detenidos, sus cédulas de conducir, relojes, anteojos, billeteras (la de Weibel tenía muchas fotos); yo debí quemar y enterrar esas cosas.

No recuerdo más hechos y datos importantes por ahora que ocurrieran en Colina en relación a los detenidos. Una circunstancia de excepción y que conmovió a todos fue cuando caen detenidos Guillermo Bratti y Carol Flores y (NN) (que venía también de la AGA y era un Patria y Libertad); según (NN) los detuvieron porque habían pasado información al Partido Comunista y al MIR, pero esa explicación no nos satisfizo ya que era normal que quien caía en desgracia era desprestigiado para que lo odiaran; estos agentes detenidos quedaron vendados y en celdas. Otra versión que conocimos de su detención, era que habían entregado información, que poseíamos, a la DINA, la que efectué operaciones perjudicando a nuestra agrupación; la DINA, según ellos, les había ofrecido más dinero, vehículo y casa. Esto lo declaró Bratti y yo lo escuché en una cinta grabada de su interrogatorio años después. A ellos los alejaron de nosotros y en ese momento se decidió que Bratti fuera dado de bajo y los otros marginados de la institución

En el verano de 1976 terminamos de operar en el recinto de Colina, lo que ocurrió seguramente a principios del mes de marzo; nos trasladamos a un recinto que le decían "la Firma", que- queda ubicado casi frente donde esté el SIAl. Y era un edificio del Diario El Clarín, ubicado en la calle Dieciocho de Santiago. Hoy ocupa ese lugar el DICOMCAR, y allí trabaja "el Lolo", que ya he dicho que es un capitán de Carabineros de apellido (NN), y en ese lugar se han efectuado los interrogatorios a la gente detenida en Pudahuel en las últimas semanas. Esto lo conozco porque, para un operativo en que se detuvo a alrededor de 200 personas en una noche, el "Lolo" pidió apoyo a mis servicios y allí me pude enterar de que aquel recinto que yo conocí como "la Firma" es usado por DICOMCAR.

Volviendo al relato del año 1976, puedo señalar que recién llegado a este recinto en marzo del 76, se montó un operativo para detener a José Weibel Navarrete, hermano del anterior, lo que fue ejecutado por un grupo de Patria y Libertad que operaba con (NN). Nosotros apoyamos a este grupo de la siguiente manera: a mí me correspondió ir con otros agentes en el bus en que viajaba el "Checho Weibel" con su señora e hijo; yo iba sentado atrás. Y no tentamos claro cómo íbamos a bajar al hombre. En un instante se produjo un lanzazo efectivo (no fue inventado). Un chico de unos 14 o 15 años le robé a una señora la cartera. En ese minuto uno de los agentes de la Marina señaló a Weibel diciéndole "ése lo hizo" y le pidió al chofer que parara la micro para bajarlo; se le subió inmediatamente a un vehículo y yo me retiré en otro vehículo, terminando el Operativo, todos nos fuimos a "la Firma". Apenas llegamos lo interrogaron, pero no muy largo. Días después a raíz de una inspección que se creía que iba a ocurrir por parte de un grupo de derechos humanos , se trasladó a Weibel, a el Fanta, a Bezoa, a una casa de tres pisos que queda en calle Bellavista, casi frente a las canchas de tenis (aún existe) y que era la casa donde dormíamos los solteros.

Allí estuvieron los detenidos por espacio de una semana. Una noche que yo estaba de franca, sacaron a Weibel y lo hicieron desaparecer. Estoy seguro que lo mataron, porque (NN) señaló que había sido tirado en el interior del Cajón del Maipo, lo cual tenía un significado inequívoco para mí, por lo que voy a relatar. Antes quiero decir que Bezoa y el Fanta fueron dejados en libertad en esa época.

Paso a relatar ahora la experiencia mía en relación al Cajón del Maipo. Pocas semanas después de lo ocurrido con Weibel se armó un operativo en el cual debí participar. Me pasó a buscar (NN) a la casa de Bellavista y me dijo que debía acompañarlo. Iba en su auto Tormo. Me causo extrañeza el hecho que de la tropa iba yo solo. Fuimos al recinto 'la Firma", donde estaba "el Lolo", (NN), (NN) y otros agentes de Patria y Libertad. Había una mesa con cosas, como para un cóctel. Me serví, aun cuando no entendía nada de lo que pasaba; al terminar le dijeron al centinela que trajera el paquete (se trataba de un detenido). Para mi sorpresa trajeron a Bratti esposado, vendado y drogado. Entonces le empiezan a decir que había metido las patas por traicionar la causa y otras cosas parecidas. Lo metieron en el portamaletas de un auto y partimos en dos vehículos. Yo iba en el que conducía (NN), enfilando hacia el Cajón del Maipo. Al momento de salir me dieron una pastilla, la que también tomaron algunos agentes. (NN) hizo el trayecto con mucha seguridad, y pasado un puente por donde atraviesa el río de izquierda a derecha dobló a la izquierda por un camino que queda en la ladera oriente en ese sector, se detuvo en un lugar que quedaba como 7 km. adentro y a unos 40 metros de unos acantilados. Bajaron a Bratti, vendado, y (NN) lo coloco cerca de una piedra y le dijo: "¿Cómo querís morir?", además quiso hacer un juego macabro con él, ya que le decía "si querís, arrancai, y te persigo". Estaba medio curado. Bratti le dijo "sácame las esposas y la venda". Yo se las tuve que sacar, e inmediatamente me mandó al vehículo a buscar cordeles y alambres, cuando llegué al auto y comenzaba a sacar las cosas de la maleta, sentí una ráfaga de metralleta con silenciador. Al regresar al lugar vi que (NN) lo remataba. No vi disparar al resto. Me pidieron que lo amarrara por los pies y en las manos, pero no recuerdo si estaban a la espalda o adelante. Se le puso piedras de lastre, me señalaron que lo empujara por el acantilado, pero como había unos arbustos había que sacar el cuerpo hacia el vacío, alguien me sujetó de la mano y quedé colgando, llegando a pensar en algún momento que también me iban a matar, pero al final él cayó al agua y todos regresamos.

Carol Flores sé que lo mataron también, pero no puedo recordarme si fue días antes o días después que a Bratti. (NN) hizo una alusión que era el mismo lugar o sector.

Después de esto seguimos trabajando en "la Firma", apareciendo Bezoa y el Fanta como colaboradores del Servicio.

Se inicio una represión contra más militantes del PC. Fue detenido "José" quien después entregó el punto donde se iba a reunir con Contreras Maluje; también es detenido el "Macaco" que era el encargado de finanzas del Partido Comunista, de la Juventud (el "Macaco" tenía un departamento chico en el centro); fue detenido alguien a quien le decían "el Vicario" y otro que componía relojes; eran unas ocho o nueve personas.

Cuando José señaló que tenía que reunirse en una casa en el sector de la Gran Avenida, con Contreras Maluje, se montó la operación siendo detenido Contreras Maluje después que salió José. Contreras Maluje estaba acompañado de dos niñas y, al vernos, huyó varias cuadras por lo que debieron seguirlo y reducirlo entre diez, ya que era muy fornido., se le subió a una camioneta Kleinbus Volkswagen, que era de la Marina. El chofer estaba tan nervioso que, en el trayecto por Gran Avenida, atropelló a un peatón.

Llegamos a "la Firma", donde interrogaron a Contreras Maluje en relación a "José", con el objeto de encubrirlo para que no se diera cuenta que por él había sido detenido. Contreras Maluje no decía nada. En un momento, cuando le aplicaban electricidad, lo levantaron y le hicieron sacarse la venda, viendo sentados al frente de él, mirándolo, a sus compañeros detenidos. En la pared de esa sala había un organigrama de la Juventud, donde los nombres de los detenidos estaban marcados con rojo. No recuerdo que estuvieran más detenidos que el "José", el "Vicario", el "Macaco", el "relojero" y otros a quienes no identifico.

Contreras inventó un punto para el día siguiente, en el sector de calle Nataniel. Se montó el operativo y Contreras caminó por Nataniel en dirección a Avda. Matta (en ese entonces el tránsito venía hacia el norte. En un momento, se escuchó por radio en mi vehículo que yo andaba nos fuimos al sector pensando en el accidente, llegamos casi junto al vehículo en que iba (NN) y un jeep de Carabineros que casualmente pasó por ahí. Nos dimos cuenta que Contreras se había tirado a las ruedas de la micro, y tratando de incorporarse gritaba; "Soy comunista y no es ningún pecado, avisen a la Farmacia Maluje de Concepción". Gritaba su nombre y el cargo en el Partido. Le pedía ayuda a Carabineros para que por favor no le dejaran en nuestras manos, diciéndoles "Son de la DINA, mostrando a (NN) les decía: "Ese es el jefe", "miren como me torturaron" y mostraba sus muñecas amoratadas por las esposas. Se juntó mucha gente; Carabineros se paralogizó, no pidió ninguna identificación, fue muy difícil subirlo al auto, ya que se resistió y sólo con la ayuda de unos detectives que pasaron en una patrullera, se le incorporó al vehículo Fiat 125 color celeste, con patente de la Dirección de Inteligencia de la institución, todas las cuales se encontraban a nombre del Representante Legal del Director general Ruiz.

Volvimos con él al recinto "la Firma" donde los jefes lo golpearon mucho en una celda, a pesar de que iba herido, con el brazo fracturado, la cabeza rota y sangraba por la boca. Los jefes le decían: "Te pusiste la soga al cuello", después de esto quedó solo, botado y sin atención médica. José al ver esto, estuvo muy deprimido durante mucho tiempo, pues se sentía culpable; ese día yo me fui de franco quedando un equipo de guardia; al entrar el día siguiente, me contaron que en la tarde lo habían llevado a un lugar de la cuesta Barriga que yo conocía.
Para terminar, paso a explicar como conocí ese lugar.

A unos diez días que esto ocurriera - lo de Contreras Maluje - me mandaron con un marino en una Renoleta a hacer una fosa grande en un lugar que yo no conocía. Subimos por la cuesta Barriga un trecho y nos internamos a pie por una quebrada pequeña, unos 70 metros o más allí, con dos agentes de la Marina, "el Alex" y "el Chico", estuvimos trabajando unas tres horas haciendo una fosa para dos personas. Ese día me pude dar cuenta de que había allí otros cadáveres ocultados, ya que sin querer me paré sobre una fosa y un marino me lo representó; creo que habían por lo menos unos 6 cadáveres.

Al día siguiente, volví al lugar en una Renoleta con varios agentes que también iban en otro vehículo. Llevamos 2 detenidos, iban vendados y sólo recuerdo a uno, al cual tuve que ayudar a subir por la quebrada. Caminaban semi inconscientes porque los drogaban. Al que recuerdo me había dicho que era profesor, era alto, delgado, ojos claros, pelo casi rubio, vestía una parka o un cortavientos. Me costó mucho subirlo. Se dio cuenta que lo iban a matar, ya que en voz baja me dijo que él no había hecho nada malo. Del otro detenido, no tengo memoria. Cuando ya estaban en el lugar del martirio, (NN) me mandó hacia abajo, hacia la carretera para ver que no ingresaran por la huella otros vehículos o personas que anduvieran cazando; estando abajo, sentía como (NN) se burlaba de ellos mientras les disparaba ráfagas con silenciador (el sonido es seco y corto). Después bajaron con (NN) y (NN) que era un tipo sádico, todavía se burlaba.

Estoy seguro que en ese lugar hay más cadáveres de los que yo tengo noticias y tampoco puedo asegurar que, cuando se decía que alguna persona salía en libertad, realmente así ocurría.

Cuando ocurrió el escándalo de Contreras Maluje hubo una orden de la superioridad de replegarnos de inmediato a la institución y volvimos a hacer labor institucional. [5]

Por ahora, es esto lo que puedo declarar en relación al caso de los Detenidos - Desaparecidos. No volvimos a actuar directamente en la subversión hasta mucho después, y sólo como apoyo a la C.N.I. (por ejemplo, en los enfrentamientos más o menos irreales de Fuente Ovejuna y Janequeo en el año 83).

Leída que fue por el compareciente, la ratifica firmando.
Santiago, 28 de agosto de 1984.


NOTAS:


[1]Por razones de prudencia y respeto, Mensaje se reserva los nombres de los otros agentes involucrados, detallados en la declaracion  ante la justicia (N. de la R.)

[2] Las siguientes notas están tomadas textualmente de una segunda y larga declaración jurada que el mismo ex-agente hizo ante la Vicaría de la Solidaridad, para ampliar y completar su relato anterior. Entre los detenidos, que recuerdo hubo en AGA, puedo mencionar al ex- Capitán Ferrada y al cabo Figueroa, ambos de la FACH; a Victor Toro, "el Reta", "el Pelao" Moreno, "el loco Mario", que ahí intentó suicidarse, a Villavela, a uno que le decían "el Kila" (ex-Quilapayún); al diputado o senador Montes con su esposa y dos hijas. El señor Montes siempre estuvo en el pasillo del segundo piso de la AGA. El segundo piso de la Academia tenía dos o tres salas grandes, las que fueron acondicionadas como departamentos. En esos departamentos habían algunos presos de cierta confianza de la jefatura".

[3] "Entre los trabajos que recuerdo haber realizado, como prestando protección a los allanamientos, está el efectuado a un parvulario en el sector de Plaza Egaña, donde descubrimos un laboratorio fotográfico del MIR. Recuerdo también el de La Reina Alta, para sector de Peñialolén, con unos miristas. Después supe que éste había sido un simulacro para proteger a un informante de la organización, que vivía en la AGA y a quien le decían "Barba" o señor Velasco. Debo agregar que tiempo después y siendo yo su vigilante lo secuestró la DINA cuando transitábamos por Alameda a unos metros de la calle Nataniel, exactamente donde ahora está la salida del Metro, estación Moneda. Allí nos encartonaron unos agentes de la DINA y se lo llevaron.

También recuerdo que me tocó operar en la Avenida Kennedy, donde se iba a detener al "coño Molina" del MIR; en esa oportunidad el mirista se dio cuenta de nuestra trampa y escapó seguido por uno de nuestros vehículos. Se le dio alcance en una luz roja y allí fue rafagueado por (NN) cuando Molina intentó sacar un arma para defenderse, el mirista murió casi instantáneamente. Cuando estábamos tratando de manejar esta situación apareció un Peugeot de color rojo que no quiso obedecer nuestra orden de alto, y tirando el auto sobre uno de nuestros agentes se dio a la fuga, siendo seguido por una camioneta C-10 donde yo iba junto a dos agentes y un oficial. El fugitivo tomó por Kennedy hacia el centro y nosotros abrimos fuego sobre el vehículo faltando aproximadamente dos cuadras para llegar al paso bajo nivel que está al terminar el Club de Golf; como le reventáramos un neumático, ese auto se estrelló contra un poste y se volcó y además uno de los impactos le dio en la espalda al sujeto causándole la muerte. Al revisar sus pertenencias nos dimos cuenta que se trataba de un teniente de Ejército y que el auto había pertenecido al hijo del general Pinochet. Supimos después que desde ese entonces el oficial sufría delirio de persecución y había hecho la maniobra contra nosotros por ese motivo".

[4] "Deseo agregar también que tanto los lugares denominados Nido 20 y Nido 18 como en el lugar de Colina al cual me referí en la declaración anterior, iba con cierta regularidad cada vez que era requerido un médico llamado (NN) "hijo", el que hoy es cardiólogo en el hospital de la FACH y en ese entonces era médico interno. Este médico atendió a una persona que detuvimos el año 76 de apellido Guerrero, el que fue herido por casualidad al momento de detenerlo, por un agente que era marino y fue llevado para recuperarse al hospital de Carabineros. (...)

El médico que mencioné también enyesó al "viejo Fuentes Rodríguez", cuando, al intentar suicidarse, se quebró el brazo en el Nido 18. También trataba médicamente dándole pastillas al Quila Leo, ya que era ulceroso. También ponía inyecciones a los detenidos cuando éstos eran drogados

[5] "Sin embargo, el año pasado (1983), después de ocurrida la muerte de Carol Urzúa y como dos días antes del 7 de septiembre, supimos a través de (NN) que la C.N.I. pedía a nuestro grupo la apoyáramos para capturar, en un día que nos señalarían, al grupo subversivo que había matado a Carol Urzua. 21 día en La mañana nos reunieron a un pequeño grupo y en una camioneta llegamos a Borgoño, lugar donde la C.N.I. tiene un recinto. Sólo (NN) se bajó a hablar con los oficiales de la C.N.I. y nosotros tuvimos una larga espera de horas dentro de la camioneta, que quedó ubicada en el patio de ese recinto. Poco después del mediodía, se nos dijo que nos ubicáramos en el sector de Plaza Egaña y hacia allá partimos. Por radio, ya que estábamos conectados en la misma frecuencia, empezamos a oír algunos antecedentes aislados de lo que estaba pasando. Estando detenidos en el patio de Borgoño, escuchamos que habían empezado a seguir al No 1 (que era Palma) y a quien supimos posteriormente, que interceptaron por Avda. Kennedy en un auto. También supimos que detuvieron en un paradero a otro del grupo de los tres que están en el Consejo de Guerra y que cerca de donde está ubicado el centro de detención conocido como Capuchinos, detuvieron al tercero. Cuando ya había oscurecido, se nos señaló por radio que nos moviéramos hacia el sector de la calle Arrieta, al Oriente de la circunvalación Américo Vespucio antes de llegar a una subestación eléctrica, porque se nos dijo que allí debíamos esperar órdenes para liquidar un objetivo, esto quería decir matar a una persona que vivía en ese sector; incluso me recuerdo que nosotros cometimos un error, puesto que nos paramos en un pasaje, cuyo nombre no recuerdo ,y nos retaron diciéndonos que nos moviéramos, porque estábamos precisamente frente a la casa de nuestro objetivo y todavía no había llegado el resto de las fuerzas y se estaba evaluando las condiciones del lugar. En definitiva, decidieron no proceder en esa casa, puesto que había mucha gente en las casas vecinas (creo que había una fiesta) y la operación podría tener un costo demasiado alto en vidas. Entonces se nos ordenó irnos hacia Avda. Colón, donde hay un supermercado que está en la esquina sur-oriente, en relación a una rotunda donde también desemboca la calle Tomás Moro. Allí estuvimos un rato, mientras se daban las instrucciones para actuar en una casa de calle Fuente Ovejuna, donde se había detectado que había tres personas. A ese estacionamiento llegó un Jeep de la C.N.I. (tienen dos de ese tipo), que tiene el techo corredizo y en el cual se instala una ametralladora Punto 50, sobre un sistema hidráulico que permite subirla sobre el nivel del techo y operarla por dos hombres, uno que dispara y otro que va pasando la cinta de municiones. Después de un momento, nos dirigimos todos frente a la casa de Fuente Ovejuna. Exactamente sobre la parte delantera, había un pasaje y allí se instaló el Jeep; yo recuerdo que quedé detrás de un poste y, en definitiva, todo el resto del personal tenía absolutamente rodeada la casa. Se preguntó por el oficial al mando: "¿Lista la base de fuego?", y, ante la respuesta afirmativa se dio la orden de hacer fuego, accionándose el techo del Jeep, saliendo la ametralladora y empezó a disparar por espacio de un minuto, yo creo. Debo dejar constancia que esa arma dispara 1.000 tiros por minuto. Terminada esta operación, en que sólo participó la base de fuego, volvió el silencio y por alto parlante se le pidió a las personas adentro que se rindieran. Desde la casa se dijo "nos vamos a rendir". Entonces salió uno de los moradores, con las manos en alto, puestas en la nuca; me recuerdo que era de tez blanca y delgado. Cuando se aproximaba a la reja del antejardín, se adelantaron 2 agentes de la C.N.I. y lo rafaguearon a casi un metro de distancia; doblándose hacia adelante, cayó al suelo.

En ese instante la mujer, desde dentro, tiró una ráfaga hacia afuera. Esto provoco una nueva orden de disparar, lo que hicimos todos, junto a la base de fuego. No sé cuánto duró eso, pero obviamente no deben haber sido más de tres o cuatro minutos. Fue en este momento en que se lanzó una bengala dentro de la casa, la que provocó el incendio. A mi me tocó arrastrar hacia la calle, posteriormente, al primero que murió y a la mujer después. Penetramos en la casa y en el pasillo se encontraba tirada la mujer, la cual también ayudé a arrastrar hacia la calle y en otro lugar que no recuerdo, estaba (NN). Unos cinco minutos después, se acercó la Brigada de Homicidios, para hacerse cargo de la parte legal. Nosotros recibimos la orden de dirigirnos hacia el sector poniente de la ciudad a la calle Janequeo, que quedaba cerca de la Plaza Garín, la que nos costó mucho ubicar. Cuando ya estuvimos cerca de nuestro objetivo, nos dijeron que nos agacháramos pues venia corriendo una de las personas que debía ser eliminada y que pasó por el costado de nuestra camioneta. Cuando llegó a un sector donde hay una pared, fue rafagueado por unos agentes de la C.N.I. e inmediatamente la base de fuego, que también estaba en el lugar, empezó a disparar sobre una casa junto a otros agentes.

Ahora me vienen a la memoria detalles de esta acción. Se dijo que uno de los agentes de la C.N.I. había sido herido. Lo cierto es que no lo fue por "José", sino que él trató de meter una granada "Cardoen" por la ventana. Para eso, cruzo corriendo por el costado de una ventana y la lanzó, con tan mala suerte que la granada rebotó en los barrotes de la ventana y volvió a la vereda. Explotó y las esquirlas le hirieron las nalgas y parte trasera de las piernas. En el tórax no le pasó nada, porque iba con chaleco antibala. También recuerdo que apenas cayó asesinado el que iba corriendo por la calle, se acercó un agente de la C.N.I. que tenía una mano con guante, y le pasó por la mano un arma y la dejó botada cerca de ella pero iba desarmado.

Me impresionó mucho esa vez la rapidez que tuvo el C.N.I. en ese detalle, para cubrirse de esa muerte.
En un minuto se hizo la calma, entramos a la casa y en el patio trasero encontramos muerto a "José". La gente del vecindario nos gritaba que allí había un niño, el cual al. principio pensamos estaba tirado sobre una cama, pero se trataba de una almohada ensangrentada. Después supimos que el niño había saltado por el patio y había ido a dar donde una señora, pero no nos preocupamos más de él. Después de ocurridos estos hechos volvimos a la Central de Operaciones en Borgoño y allí fuimos liberados, dirigiéndonos hacia nuestra oficina y a la base. Quiero dejar expresamente claro que la intención y la orden en ambos hechos que he relatado, era simplemente liquidar a los moradores, puesto que ya se sabía que los autores directos de la muerte de Carol Urzúa estaban detenidos y podían ser mostrados en la prensa


Revista PuntoFinal.cl

Edicion 529

Los Secretos de la Fach

Inútiles han resultado los esfuerzos de la Fach por desligarse de los crímenes cometidos durante la dictadura militar. Una consecuencia directa de los reportajes de denuncia del periodista Víctor Gutiérrez publicados en el diario “La Nación”, fue la dimisión del quinto hombre en la línea de mando institucional, general Patricio Campos Montecinos, ex jefe de la Dirección General de Aeronáutica Civil y enlace de la institución durante la mesa de diálogo. Su esposa, Viviana Lucinda Ugarte Sandoval (“la Pochi”), desempeñó un activo rol en el siniestro Comando Conjunto, según las declaraciones formuladas a “La Nación” por el ex agente “Colmillo Blanco”, a quien el diario “El Mercurio” identificó como el coronel en retiro de la Fach Otto Trujillo, actualmente procesado y recluido en la ex Penitenciaría.

El Comando se habría reorganizado con el objetivo de tergiversar la información entregada por la Fach a la mesa de diálogo y entorpecer las investigaciones judiciales que comprometen a miembros de la Fuerza Aérea, con ayuda de abogados civiles financiados por la institución. El informante de “La Nación” mencionó también al coronel Roberto Serón Cárdenas, comandante Juan Luis López López y al civil Alejandro Figari Verdugo (ex militante de Patria y Libertad), como agentes de la represión que se mantienen activos. La mayoría fueron procesados por el ministro en visita Carlos Cerda en 1986 y luego sobreseídos por la Corte Suprema. Pese a la trascendencia de las denuncias, la Corte de Apelaciones rechazó la designación de un ministro extraordinario y la investigación judicial quedó en manos del juez del Tercer Juzgado del Crimen de Santiago, Mario Carroza, quien acumula la mayoría de los procesos de víctimas del Comando Conjunto. Pero también el presidente Ricardo Lagos solicitó al alto mando una investigación en el interior de la Fuerza Aérea y no faltaron quienes pidieron la salida del comandante en jefe, general Patricio Ríos.

Esta es la segunda gran crisis que estremece a la Fach bajo la comandancia del general Ríos. El año pasado debió pasar a retiro su mano derecha, el general Hernán Gabrielli, jefe del estado mayor y segunda antigüedad institucional. Este se perfilaba como futuro comandante en jefe hasta que cinco querellas por tortura frustraron sus planes.

Independientemente de que se haya reorganizado o no el Comando Conjunto, los ex uniformados de la Fuerza Aérea que están enfrentando en los tribunales a quienes los torturaron en los primeros tiempos de la dictadura militar no dudan que se ha urdido una trama para obstruir la justicia.


Uno de ellos es Jaime Donoso Parra, ingeniero aeronáutico y capitán en retiro de la Fach, quien formó parte del grupo de oficiales constitucionalistas contrarios al golpe de Estado. “He declarado en muchos juicios y participado en varios careos, y lo único que ellos hacen es negar lo que hicieron -dice-. Luego, uno sale del careo y en los pasillos del juzgado ve cómo el tipo que acaba de declarar le cuenta a sus abogados todo lo que dijo al juez. Eso permite instruir al siguiente requerido por el tribunal sobre lo que tiene que decir para no entrar en contradicciones. Estoy convencido que esconden información sobre los detenidos desaparecidos. Esto no puede ignorarlo el comandante en jefe Patricio Ríos y es muy probable que exista una interacción entre las cuatro instituciones, lo que me parece un error porque a mi juicio los responsables de los crímenes son personas y no las instituciones en sí”.
El testimonio que entrega el ex capitán Jaime Donoso corresponde a la represión ejercida por la Fach contra alrededor de 60 hombres de sus filas en los primeros años del régimen militar, específicamente en la Academia de Guerra Aérea (Aga), verdadera escuela para quienes formaron en 1975 el Comando Conjunto. Uno de los más brutales torturadores de la Aga fue el jefe del naciente Comando Conjunto, Edgar Ceballos Jones (“Comandante Cabezas”).

BACHELET Y LOS OTROS

El capitán Donoso, con dos años de antigüedad al momento del golpe de Estado, tuvo una temprana evidencia de lo que preparaban los altos mandos. Entre mayo y junio de 1973 le correspondió desempeñarse como oficial de ronda de la Guarnición de Santiago y en una oportunidad le ordenaron inspeccionar la Academia de Guerra Aérea a las dos de la mañana. “Al identificarme ante el suboficial de guardia, quien me conocía porque yo era alumno de la Academia, pretendió impedirme la entrada. Eso me pareció sumamente sospechoso, así que saqué mi pistola y lo detuve por impedir que el oficial de ronda, máxima autoridad de la guarnición, ingresara a la base. Entonces me explicó que el general Gustavo Leigh, quien estaba en el interior, le había pedido que no dejara entrar a nadie”, relata el ex uniformado. Decidió llevarlo encañonado hasta adonde estuviera el general Leigh, que en esa época era jefe del estado mayor y segunda jerarquía después del comandante en jefe, César Ruiz Danyau. Al ingresar a la base vio que estaban estacionados los autos de casi todos los generales. En la sala de conferencias había luz, pero la puerta estaba cerrada. “La abrí de una patada, con la pistola en la mano y el suboficial al lado. La sala quedó sumida en un silencio espectral. Normalmente, cuando un capitán patea una puerta lo menos que hace un general es arrestarlo. Pero todos se quedaron calladitos. Lo que me quedó inmediatamente graficado en la mente fue el plano de Santiago, donde habían colocado aviones diseñando circuitos para atacar La Moneda, la casa del presidente en Tomás Moro y las estaciones de radio. No me cupo la menor duda que se estaba planificando un golpe de Estado. El general Leigh me pidió que lo disculpara, me dio todas las explicaciones posibles, dijo que estaban haciendo un juego de guerra... ¡Claro, a las dos de la mañana! Me imagino las puteadas que debe haber recibido el general que me envió a efectuar la ronda”.
¿Qué hizo usted luego de tener esa evidencia?
“Fue una luz de alerta para los cinco o seis capitanes que éramos constitucionalistas. Habíamos estado en la universidad, la mayoría éramos ingenieros y teníamos una relación con la sociedad diferente a la del militar neto. No estábamos por el golpe de Estado y sentimos que nuestra misión era denunciar lo que se preparaba. Decidimos agruparnos en forma más estrecha y buscar vías políticas para entregar esa información al presidente de la República. Nos reunimos con los senadores Eric Schnake (PS) y Anselmo Sule (PR), y con Carlos Lazo, presidente del Banco del Estado. Ellos consiguieron una entrevista de algunos miembros del grupo con el presidente Salvador Allende, pero él no les creyó. Dijo que estaba convencido que los militares jamás darían un golpe de Estado, porque le habían jurado lealtad. Pienso que Allende era muy orgulloso. Estaba convencido que podía manejar políticamente la situación y que no sería avasallado”.
¿Ustedes simpatizaban con algún partido político?
“No, ni siquiera estábamos de acuerdo con el gobierno de Allende, que a esas alturas no era bueno, aunque yo había votado por él, porque me gustó su programa. Pero teníamos la convicción que debíamos respetar la Constitución y la ley, de acuerdo con lo que habíamos juramentado. Para nosotros, el jefe máximo era el presidente de la República y no el comandante en jefe. Por eso, hasta el último momento seguimos insistiendo en entregar la información que teníamos. Cuando ocurrió el golpe de Estado nos detuvieron a todos, junto con los generales Alberto Bachelet y Sergio Poblete, y el coronel Ernesto Galaz. Les atribuyeron vinculaciones marxistas, pero sólo cumplían con su deber”.
¿Los mantuvieron en la Aga?
“Sí, y la agresión contra nosotros fue brutal, porque nos consideraban traidores... a ellos. Cuando conversábamos, les decíamos que eran ellos los que estaban traicionando la Constitución y la patria. Nos golpeaban, nos hacían simulacros de fusilamiento, nos ponían electricidad en las partes más sensibles -incluso en heridas abiertas- y nos quemaban con cigarrillos. También empleaban drogas e hipnosis. A algunos los colgaban de unos ganchos, como en una carnicería, y los azotaban. La Academia de Guerra Aérea era un centro de torturas atroz. Los generales eran pateados en el suelo por los pelados. Buscaban la degradación máxima de nuestra personalidad. Había presos a los que les sacaron las uñas. A otros los destrozaban, los cortaban igual como un carnicero corta un chancho”.
¿Quién estaba al mando?
“Ahí estaba comprometido Leigh. Lo vi dando instrucciones precisas de lo que había que hacer. Yo había sido instructor de vuelo del general Orlando Gutiérrez, y después él fue mi torturador. Era el jefe, lo presenciaba todo. También estuvo presente Leigh cuando torturaron al general Poblete. Me lo contó en una carta que me escribió, y que está en el juicio. A él lo quemaron en el pecho y en las manos. En la Fuerza Aérea, en 1973, se estableció la tortura como un procedimiento normal para interrogar a prisioneros. No se preguntaba qué había que hacer con un preso, derechamente se le torturaba y se le decía ‘esto es lo que tienes que confesar’. Era un procedimiento estándar”.
¿Usted fue procesado?
“Después de las torturas nos hicieron el famoso sumario en tiempo de guerra llamado ‘Fach contra Bachelet y otros’, que ahora estamos impugnando ante la Corte de Apelaciones. Desgraciadamente ésta señaló que el caso debía pasar a la justicia militar, lo que es una aberración. Vamos a seguir insistiendo, porque queremos que se reconozca que no se cumplió con el debido proceso y que nos entreguen la documentación que nos corresponde. Tras el sumario, se nos hizo un juicio en el cual no teníamos defensa, no se permitió que nuestros abogados argumentaran tortura. A mí, que había denunciado el golpe, me acusaron de ‘incitación a la sedición’, ‘traición a la patria’, ‘creador del Plan Zeta’ y del ‘Plan Fuga’. Nada de eso existía. Nos condenaron en diciembre de 1973, cinco a la pena de muerte y otros a presidio. Mi condena era a 20 años. Posteriormente me la rebajaron a 15 años, y a los condenados a muerte, a 30 años de presidio. Estuve dos años preso en distintos centros militares y al final nos llevaron a la cárcel pública de General Mackenna. En 1975 aplicaron el DL 504 que nos permitió partir al exilio”.
¿En algún momento se encontró con el general Alberto Bachelet?
“Estuvimos juntos en la cárcel. El general Bachelet tenía un problema al corazón perfectamente tratable, pero si le ponían corriente, la cosa se complicaba. Fue lo que ocurrió. Un día lo sacaron para llevarlo a la Academia de Guerra. Volvió con quemaduras de cigarrillos, marcas de electrodos y con una violenta taquicardia. El doctor Alvaro Yáñez, que era uno de los presos, dijo que estaba muy mal, que necesitaba cuidados especiales. Poco después murió. En una ocasión, Leigh dijo que cómo se podía pensar que la Fuerza Aérea podía hacer esas cosas. El cinismo de los torturadores era increíble”.
¿Ha tenido oportunidad de enfrentar a sus torturadores?
“He sido careado con quienes fueron mis torturadores directos, en diferentes procesos a cargo de los jueces Juan Guzmán, Mario Carroza y Rubén Ballesteros. He declarado contra Hernán Gabrielli, el general Orlando Gutiérrez y toda una lista de torturadores. En los careos he comprobado la pequeñez de estos hombres que cuando torturaban y tenían todo el poder sobrepasaban la racionalidad humana. En la Academia mataron a un sargento de un balazo y el general Gutiérrez felicitó al soldado que le disparó. Y ahora veo a algunos seriamente dañados, como Edgar Ceballos Jones; los comandantes Ramón Cáceres y Sergio Ulises Swain; el general Orlando Gutiérrez. En esa época se paseaban por la Academia como verdaderos pavos reales, ahora los veo escondidos y cabizbajos en los juzgados. Uno les dice ‘cobarde, maldito cobarde, cómo no puedes reconocer lo que hiciste’. Bajan la cabeza y responden ‘no me acuerdo’”.
¿No muestran arrepentimiento?
“Creo que no, pero sí vergüenza, porque no se atreven a mirar de frente. Y nunca dan sus direcciones. Son unos malditos cobardes, no se puede decir otra cosa. Felizmente, han caído en contradicciones. La gran diferencia con ellos es que nosotros andamos con la cabeza en alto, nos mostramos en cualquier parte y vamos a los juzgados abiertamente, sin ningún temor, porque tenemos la conciencia limpia”.

EL CAPITULO GABRIELLI

Los ex presos de la Fach vivieron el exilio en distintos países, pero siempre mantuvieron entre ellos lazos de amistad. Jaime Donoso Parra se fue a Inglaterra, donde estudió aeronaútica superior e hizo un doctorado en aerodinámica y mecánica de fluidos en la Universidad de Londres. Se convirtió en un investigador científico de alta calificación y desarrolló una exitosa carrera profesional en la empresa privada. Inventó cuatro métodos de alta tecnología para solucionar problemas matemáticos complejos, que fueron debidamente patentados. Con uno ganó en 1997 un Premio Nacional de Ciencia y Tecnología otorgado por el Ministerio de Defensa. Sus últimos años de exilio los vivió en Suiza.
¿Cuándo iniciaron acciones ante la justicia?
“Los ex presos de la Fach sólo pudimos volver a Chile a comienzos de la década del 90, cuando era imposible hacer un juicio contra las Fuerzas Armadas porque los poderes fácticos tenían intacto su poder. Pero pensamos que algo teníamos que hacer y participamos activamente en el proceso de gestación de la ley de exonerados. Finalmente algunas personas decidieron enjuiciar por daños físicos y perjuicios. Hay ex presos dementes en Inglaterra, recluidos en hospitales siquiátricos. Otros tienen daños en los oídos, algún miembro de su cuerpo inmovilizado, enfermedades óseas por los golpes y la electricidad, o no les funcionan bien algunas partes del cerebro y se olvidan de cosas. Así nos encontramos con el Codepu, que nos ha asesorado en los juicios, y con el problema del general Hernán Gabrielli. En febrero del 2001, Carlos Bau Aedo, ex ejecutivo de la Industria Nacional de Cemento S.A. (Inacesa), denunció que Gabrielli lo había torturado a él y a otros prisioneros en 1973 en la base aérea de Cerro Moreno, de Antofagasta, entonces a cargo del comandante Marcial Vargas del Campo. A sus denuncias se sumaron los ex detenidos Juan Ruz, doctor en pedagogía y actual funcionario del Ministerio de Educación, y Héctor Vera, doctor en comunicaciones y vicerrector de la Universidad de Antofagasta. Los tres fueron víctima de tormentos físicos y psicológicos, y presenciaron cómo el entonces subteniente Gabrielli torturó salvajemente a Eugenio Ruiz-Tagle Orrego, gerente de Inacesa, que junto al gerente de Corfo, Mario Silva Iriarte, fue ametrallado el 19 de octubre por la Caravana de la Muerte. Los afectados iniciaron un proceso por torturas en contra de Hernán Gabrielli, en el que los ex presos de la Fach han participado como testigos. Según declaraciones de uno de ellos, el entonces subteniente de aviación Ricardo Navarro Valdivia, Hernán Gabrielli no sólo lo torturó a él, sino también a un niño de 14 años a quien le causó secuelas que acabaron con su vida en el hospital de Antofagasta. Navarro declaró desde España en una entrevista a Televisión Nacional: “Toda la Fuerza Aérea sabía y sabe que Gabrielli es un torturador”. Otros testigos de la Fach que fueron víctimas o presenciaron torturas ejecutadas por quien llegó a ser jefe del estado mayor de esa institución son el capitán Juan Muñoz y el subteniente Oscar Navarro, oficiales de la rama de finanzas de la Fach en Antofagasta, y los cabos segundos Luis Gabriel Torres Valeria y Antonio Jara Castro.
¿Usted conoció al ex general Gabrielli?
“Nos conocimos en la Escuela de Aviación, fuimos amigos y le tuve mucha estimación. Cuando estábamos en la cárcel comenzaron a llegar presos de Antofagasta, como Carlos Bau y algunos suboficiales, que describían a Gabrielli como uno de sus torturadores. No cabía la menor duda. Yo le escribí dos cartas entre 1999 y 2000, antes de los juicios, para que viera la forma de que se compensara a quienes éramos de la Fuerza Aérea. Primero, en el aspecto moral, que es lo que más nos interesa, y luego material, porque a nosotros nos cortaron la vida a los 30 años. Nunca contestó esas cartas. La querella que Gabrielli presentó contra Carlos Bau, Juan Ruz y Héctor Vera por difamación, injurias y calumnias fue cerrada a los tres meses por el juez Ballesteros, quedando en evidencia que Gabrielli torturó, aunque esto sigue siendo la declaración de una persona contra otra. El continúa negando, pero van a seguir declarando todos los que lo vieron y sufrieron las torturas. De acuerdo con lo legalmente establecido, tendremos a estas personas en primera línea hasta que en algún momento tengan que reventar. ¡Ya aparecerá un piloto o suboficial que cuente cómo les cortaban la guata a los prisioneros y los tiraban al mar! Nosotros tenemos que ir buscando los mecanismos para acorralarlos”.
¿Qué clase de torturador era Gabrielli?
“Existían los torturadores ‘profesionales’, como los de la Academia de Guerra Aérea, y otros ocasionales, que eran los que estaban en las guardias. En este último grupo se ubicaba Gabrielli, que en esa época era un teniente de 24 ó 25 años. Los torturadores ‘oficiales’ de la base de Cerro Moreno, como el comandante Gonzalo Pérez Canto, les decían a los tenientes jóvenes que ‘ablandaran’ a los presos antes de entrar a la interrogación. Y aunque podían evitarlo, porque no era su obligación, los agarraban a golpes y patadas. Yo los llamo ‘torturadores torpes’. Esto ocurrió en todas las bases, incluida la de Quintero, donde estaba el general Patricio Ríos, actual comandante en jefe. Todos los tenientes y subtenientes de esa época, si estaban en servicio, deben haber tenido contacto con prisioneros. También los alférez y subalférez, que hoy son los generales que están bajo Ríos, deben haber participado cuando menos en las ‘operaciones rastrillo’, donde también se torturó. Que unos pegaban más y otros menos, lo tendrá que determinar la historia. Para eso estamos haciendo estos procesos. Vamos a escarbar hasta encontrar testigos que se atrevan a declarar, porque la verdad es que muchos de la Fuerza Aérea aún no dan ese paso. En los años 96-97 algunos me pidieron que por favor no los nombrara, porque ellos y sus familias habían sido amenazados. Pero ahora tenemos una ley de prensa que nos permite hablar. Por eso estoy escribiendo un libro con mis memorias donde voy a decir lo que yo vi de la historia, desde el lugar en que ésta me puso. Y me puso a este lado, porque yo tenía principios distintos a los de ellos, tan simple como eso”.
¿Alguna vez lo han amenazado a usted?
“En forma indirecta, me enviaron amenazas por teléfono cuando puse un recurso de amparo contra el general Fernando Rojas Vender, en la época en que era comandante en jefe. Pero nunca tuve miedo, estoy haciendo lo que corresponde”.
¿Por qué ese recurso de amparo?
“Se relaciona con otro problema que tenemos. Cuando jubilamos o nos dan de baja, nos tienen que entregar un documento que diga que uno es un oficial de la Fuerza Aérea dado de baja, jubilado, exonerado o lo que sea. A nosotros no nos han entregado ese documento, y por eso no nos permiten entrar a algunos lugares de la Fach. A mí incluso me han obstaculizado el paso en el Ministerio de Defensa. ¡A qué nivel llega el enclaustramiento en que están los uniformados que ni siquiera permiten a la ministra de Defensa que intervenga en esto! Debería bastar que la ministra Michelle Bachelet le dijera al comandante en jefe que nos entregue la documentación, porque es lo que corresponde legalmente. En este momento se está tratando de llegar a un acuerdo, pero si no lo hay me voy a querellar contra la comandancia en jefe de la Fuerza Aérea. Anteriormente presenté un recurso de amparo contra el general Rojas Vender y Jaime Lavados, rector de la Universidad de Chile. Sucedió que ambas instituciones convocaron a un diplomado en Derecho Aeronáutico y del Espacio, y postulé como un ciudadano cualquiera. Las clases se daban en la Academia de Guerra Aérea. El rector de la Universidad de Chile consultó a la Fach y le enviaron una carta firmada por Rojas Vender diciendo que yo no podía ingresar. Torpemente, él me remitió esa carta. Y con ella en mano, presenté el recurso. Fernando Rojas dilató todo lo que pudo la tramitación del recurso y al final mandó una carta a la Corte Suprema diciendo que yo no tenía ninguna prohibición para ingresar a la Academia. La presentó el 28 de agosto y el curso terminaba el 1 de septiembre. ¡Esa es la mentalidad sucia que tiene esta gente! Pero nada puede extrañar de alguien como Fernando Rojas Vender, que se llevaba muebles para su casa como pertrechos de guerra. El tiene una historia tenebrosa dentro de la Fach, porque siempre fue de mala calaña. Claro que todos los generales que viajaban al extranjero en esa época traían motos de agua y muebles como pertrechos de guerra, en circunstancias que la ley les permite, igual que a los diplomáticos, traer bienes de hasta 15 mil o 20 mil dólares sin impuestos. ¡Pero ellos traían mucho más!”.
¿Se ha enfrentado alguna vez con Hernán Gabrielli?
“Se ha negado a conversar conmigo. El día que teníamos un careo ante el magistrado Mario Carroza se fue a Estados Unidos y nos dejó al juez y a mí plantados. Tampoco se presentó a otro careo ante el juez Ballesteros. No me cabe la menor duda que torturó, tenemos testigos torturados por él y otros que presenciaron esas torturas. Eso es lo que he declarado en tres juzgados. El juez Carroza me va a volver a llamar, porque le pedí que quiero ver a Gabrielli y enfrentarlo. El general León Duffey, un hombre bruto que se sabía esconder muy bien, torturó con Gabrielli en Antofagasta y después pasó a la Academia de Guerra. Se dejaba ver muy poco en la Academia, igual que Florencio Dublé, quien llegó a ser jefe del estado mayor cuando Fernando Rojas Vender era comandante en jefe. Pero nosotros los identificábamos bien. Todos están siendo enjuiciados y tendrán que declarar. Hay que juzgarlos, pero no con el objetivo de que los castiguen. Lo único que me interesa es que reconozcan lo que nos hicieron y que queden claramente establecidas sus culpas”
 

Torturadores de la Fach

Los siguientes oficiales, suboficiales y personal civil de la Fuerza Aérea, principalmente de la Academia de Guerra Aérea, participaron, practicaron o dirigieron las sesiones de tortura a que fueron sometidos los acusados en el proceso “Fach contra Bachelet y otros”, según una lista confeccionada por el capitán en retiro Jaime Donoso:
- General ingeniero Orlando Gutiérrez Bravo, jefe operativo y fiscal acusador en el proceso.
- Comandante de grupo piloto Sergio Lizosain Mitrano, presumiblemente segundo en la línea de mando de los torturadores.
- Comandantes de escuadrilla Edgar Ceballos Jones (ingeniero), Ramón Cáceres Jorquera y González Pérez Canto (pilotos). Este último operaba en la base Cerro Moreno y fue muy conocido por su sadismo.
- Comandante de escuadrilla piloto Jaime Lavín Fariña (después fue ascendido a general y se le prohibió ingresar a EE.UU. por su participación en actos de tortura).
- Capitanes de bandada pilotos Alvaro Gutiérrez (también reconocido por su agresividad y sadismo), Víctor Mettig, León Duffey (operó en Antofagasta y Aga, posteriormente ascendido a general) y Florencio Dublé (también ascendido a general).
- Tenientes Juan Carlos Sandoval (ingeniero), Hernán Gabrielli Rojas (piloto, operó en Antofagasta y fue ascendido a general), Franklin Bello y otro de apellido Dumont.
- Suboficial Juan Norambuena, sargento de aviación Hugo Lizana y cabo de aviación Gabriel Cortés.
- Asesores jurídicos Víctor Barahona, Jaime Cruzat y Cristián Rodríguez.

El general en retiro Sergio Poblete y otros ex presos de la Fach identificaron a los tenientes José García Huidobro, Alberto Waschtendorf y John Ramírez -la mayoría con títulos de inteligencia militar obtenidos en Panamá, Brasil y Estados Unidos- como también al coronel abogado Julio Tapia Falk, que fue auditor en el consejo de guerra que condenó a los procesados. Presidió ese consejo el general de brigada Juan Soler Manfredini y lo integraron los coroneles Eduardo Fornet Fernández (después ascendido a general), Humberto Berg Fontecilla (médico), Sergio Sanhueza López (ingeniero), Javier Lopetegui Torres y el comandante de grupo piloto Carlos Godoy Avendaño


El Siglo

31 de enero del 2002

Reportaje Comando Conjunto-Chile: El terrorismo desde la Fuerza Armada Chilena
 

El denominado Comando Conjunto (CC) fue una agrupación de inteligencia que operó aproximadamente entre fines de 1975 y el término del año 1976, y cuyo objetivo principal fue la represión al Partido y las Juventudes Comunistas. Durante este período, según el Informe Rettig, fue responsable de la desaparición de cerca de 30 personas. Otras fuentes hablan de más de 70.

El CC estaba formado principalmente por agentes pertenecientes a la Dirección de Inteligencia de la Fuerza Aérea (DIFA) y contó más tarde con una participación importante de efectivos de la Dirección de Inteligencia de Carabineros (DICAR). Contó también, en menor medida, con la participación de agentes del Servicio de Inteligencia Naval (SIN) y con algunos efectivos de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE). Además, colaboraron en ese Comando miembros de la Policía de Investigaciones de Chile y civiles provenientes de Patria y Libertad.

Cuarteles del horror

Entre los primeros recintos de tortura, aún antes de denominarse Comando Conjunto, aparece la Academia de Guerra Aérea (AGA) que funcionó desde fines de 1973 hasta fines de 1974, formalmente a cargo de la Fiscalía de Aviación, la que en la práctica se coordinaba estrechamente con el Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea (SIFA). El General Bachelet y muchos oficiales de la FACH fueron torturados en sus subterráneo. José Luis Baeza Cruces, miembro del Comité Central del PC actualmente desaparecido, también estuvo allí. Por este caso ha sido citado a declarar Fernando Matthei, a la fecha Director de la AGA.

En enero de 1975, cuando el SIFA desocupó el AGA, traslada a los detenidos a una casa de Santiago, ubicada en el sector de Apoquindo, a unas dos cuadras de la Municipalidad de Las Condes. Este inmueble fue utilizado como recinto secreto de detención hasta el mes de marzo de 1975 y estaba a cargo de agentes de la recientemente creada DIFA. Después de esa fecha, las oficinas de la DIFA se trasladaron a Juan Antonio Ríos N° 6, mientras los detenidos son repartidos entre el Regimiento de Artillería Antiaérea de Colina ("Remo Cero") y un hangar al interior del aeropuerto Cerrillos.

Otro centro clandestino de tortura es el conocido como "Nido 20", ubicado en la calle Santa Teresa 037, cerca del paradero 20 de la Gran Avenida, en Santiago. Producto de las torturas en su interior, falleció Alonso Gahona Chávez, hoy detenidos desaparecido. También aquí fue muerto a golpes Humberto Castro Hurtado. Hoy la casa alberga a la Corporación Nacional de Laringectomizados (operados de cáncer a la laringe).

El recinto denominado "Nido 18" fue empleado exclusivamente para practicar la tortura. Se trata un local ubicado en la calle Perú 9053, comuna de La Florida en Santiago, cercano al paradero 18 de Vicuña Mackenna. En este centro, según testigos, se quitó la vida Arsenio Leal Pereira, bajo la presión de las torturas a que estaba siendo sometido.

En "Remo Cero", junto a los agentes de la FACH, operan miembros del Servicio de Inteligencia Naval y algunos agentes de Ejército. La dotación de la Dirección de Inteligencia de Carabineros era más numerosa. También aquí actúan los civiles provenientes de Patria y Libertad. Desde allí habrían sido sacados en helicóptero para ser arrojados al mar varios detenidos, entre ellos Humberto Fuentes Rodríguez y Luis Moraga Cruz. También hay testigos que afirman que fueron sacados desde aquí, para ser asesinados y enterrados en los terrenos militares del Peldehue Ricardo Weibel Navarrete, Ignacio González Espinoza, Miguel Rodríguez Gallardo y Nicomedes Toro Bravo. En este recinto fallecieron algunos detenidos a consecuencia de torturas, entre ellos José Sagredo Pacheco.

Este local fue visitado frecuentemente por un médico que atendió a varios detenidos y supervisaba las torturas.

Un recinto ubicado en calle Dieciocho N° 229, que había sido ocupado por el diario El Clarín y pasó a poder de Carabineros fue conocido como "La Firma". Allí se instaló la Escuela de Inteligencia de Carabineros, algunos de cuyos profesores eran miembros no sólo de DICAR sino también del Comando Conjunto. Colindante a este edificio existe otro inmueble comunicado con él, en cuya parte posterior funcionó el Comando Conjunto. En este segundo inmueble se mantuvo detenidos, en secreto, a distintos presos del PC, entre ellos Carlos Contreras Maluje, Juan René Orellana, Luis Emilio Maturana, Juan Antonio Gianelli, quienes fueron sacados de ese lugar para ser asesinados y enterrados clandestinamente en la Cuesta Barriga, y José Weibel Navarrete, quien posteriormente fue asesinado en el sector del Cajón del Maipo. En 1985 sería ocupado para secuestrar a una decena de profesores y a los tres profesionales comunistas que luego aparecerían degollados en un camino rural de Quilicura.

Otros inmuebles usados por el SIFA o por el Comando Conjunto, donde se mantuvo transitoriamente detenidos, fueron un inmueble del Barrio Bellavista, donde vivían miembros solteros del CC, así como la Comisaría Las Tranqueras, usada mientras se efectuaba la visita de una delegación de derechos humanos de las Naciones Unidas, a fin de que tales detenidos no pudieran ser ubicados en los lugares de detención más conocidos.

AGA: El antecesor

Testigos que sobrevivieron a las torturas de la Academia de Guerra Aérea recuerdan como sus captores y torturadores, entre otros, al general Orlando Gutiérrez Bravo, los comandantes Sergio Lizasoaín, Edgar Ceballos Jones, Jaime Lavín, Juan Bautista González y Humberto Velásquez Estay; los capitanes León Duffey, Juan Carlos Sandoval, Jaime Lemus, Florencio Dublé, Contreras y Fullogher (jefe de guardia permanente); los tenientes Juan Carlos Sandoval, Luis Campos, Matig y Pérez; el Sargento Hugo "chuncho" Lizana, el cabo Eduardo Cartagena y el Cabo 2º Gabriel Cortés (que se cambió el nombre).

"Los torturadores del Academia de Guerra Aérea eran casi todos de la Especialidad de Aerofotogrametría, tanto oficiales como suboficiales. Pertenecían a los cursos egresados en 1967 y otros posteriores. Estaban directamente bajo el mando del Comandante Otaiza, llamado también el "pata de oso". También se encontraban interrogando los del curso de instructores militares de la Escuela De Especialidades egresados en 1968, el mismo año de mi egreso. Posteriormente, a mediados de 1974, también fui llevado a la Academia de Guerra Aérea desde la Cárcel Pública. Ahí pude comprobar que el Coronel Matthei dirigía y seleccionaba a los que tenían que ser torturados e interrogados. El, junto a un teniente apodado "el loquillo", golpearon a dos prisioneros que estaban de pie y vendados. "El loquillo" también me golpeó con la culata de un fusil. De la AGA fui llevado a la Academia Politécnica por 24 horas, en este trayecto se temía la aplicación de la llamada ley de fuga (ajusticiamiento por la espalda y abandono en algún sitio eriazo). De la APA se me trasladó de nuevo a la AGA, finalmente fui trasladado a la Cárcel Pública".

(Sergio Lontano Trureo. 51 años. C.I.57.88167-4. Domiciliado en 290 South Lambeth Road, London SWB.1 JUG. Inglaterra. Ejecutivo Legal. Tenía al 11 de septiembre de 1973 el grado de Cabo 1º).

Procesados y responsables

Los mandos y agentes involucrados en el actuar del Comando Conjunto son:

Manuel Barra Von Kretschmann (C.I. 1.614.559-9), jefe del Servicio de Inteligencia Naval en la Comunidad de Inteligencia (José Antonio Ríos 6). Capitán de fragata al momento del golpe de Estado, parte de la dirección de la DINA en 1974 y subdirector en 1975. En 1976 pasa a formar parte de la CNI. Fue procesado como cómplice de la asociación ilícita criminal y del secuestro de Edrás Pinto y Reinalda Pereira por el ministro Cerda.

Luis Rolando Pacheco Valdés, coronel (r) de la FACH. Jefe de la Base Aérea de Colina al momento de funcionar en su interior el centro de torturas "Remo Cero". Procesado por el ministro Cerda como autor de asociación ilícita criminal.

Rubén Samuel Romero Gormaz, general (r) de Carabineros, jefe de la DICAR en J.A.R. 6. Procesado por Carlos Cerda como autor de la asociación ilícita y cómplice del secuestro de Edrás Pinto y Reinalda Pereira.

Freddy Enrique Ruiz Bunger, general (r) de la FACH. Jefe de la DIFA en J.A.R. 6. Procesado como autor de la asociación ilícita criminal y cómplice del secuestro de Edrás Pinto y Reinalda Pereira. Actualmente es procesado por el titular del 25º Juzgado del Crimen de Santiago por el secuestro de Víctor Vega.

Mario H. Vivero Avila, general (r) de la FACH, juez de Aviación y comandante de la guarnición de Santiago en 1976. Procesado como autor de asociación ilícita criminal por Carlos Cerda. Actualmente el juez Hazbún del 25º Juzgado del Crimen lo procesa como encubridor de la asociación ilícita y de la desaparición de Víctor Vega.

Edgar Benjamín Ceballos Jones, coronel (r) de la FACH. Director de la DIFA y luego de la SIFA, torturador en la Academia de Guerra Aérea y jefe de Roberto Fuentes Morrison en el CC. Alias "Inspector Cabezas". Procesado por Carlos Cerda como autor de la asociación ilícita criminal y cómplice del secuestro de Edrás Pinto y Reinalda Pereira.

Carlos Arturo Madrid Hayden, comandante (r) de la FACH. Vicecomandante del Regimiento de Artillería Antiaérea de Colina en el que funcionó el centro de tortura "Remo Cero". Procesado por Cerda como autor de asociación ilícita criminal, mientras que el juez Hazbún lo considera cómplice del secuestro de Víctor Vega.

Germán Alfredo Esquivel Caballero, teniente coronel (r) de Carabineros, encargado de contrainteligencia en DICAR. Procesado como autor de la asociación ilícita criminal y cómplice del secuestro de Edrás Pinto y Reinalda Pereira.

Daniel Luis Enrique Guimpert Corvalán, teniente (r) de la Armada (C.I. 4.638.149-1). Procesado como autor de la asociación ilícita criminal y cómplice del secuestro de Edrás Pinto y Reinalda Pereira. Actualmente es procesado por el juez Carlos Hazbún por el secuestro de Víctor Vega.

Jorge Rodrigo Cobos Manríquez, teniete de reserva FACH. Alias "Kiko" o "Elefantito" (C.I. 5.890.505-4). Procesado por el ministro Cerda como autor autor de la asociación ilícita criminal y cómplice del secuestro de Edrás Pinto y Reinalda Pereira. El juez Hazbún lo sometió a proceso por la desaparición de Víctor Vega.

Jorge Arnoldo Barraza Riveros, Comisario (r) de la Policía de Investigaciones. Alias "El Zambra". Procesado como cómplice de la asociación ilícita criminal.

Pedro Ernesto Caamaño Medina, Suboficial (r) de la FACH. Alias "Peter" (C.I. 7.024.319-9). Agente operativo en el centro de torturas "La Firma". Procesado por el juez Carlos Hazbún por el secuestro de Víctor Vega.

Germán Enrique Pimentel Ceballos, comandante (r) de la FACH. Procesado por el ministro Cerda como autor autor de la asociación ilícita criminal y cómplice del secuestro de Edrás Pinto y Reinalda Pereira.

Luis Enrique Campos Poblete, comandante (r) de la FACH. Procesado por Carlos Cerda como autor de asociación ilícita criminal Manuel Agustín Muñoz Gamboa, Mayor (r) de Carabineros. Alias "El Lolo". Destacó por su crueldad en el CC, donde participa en decenas de secuestros, torturas y desapariciones, retornando con el grado de capitán a Carabineros para continuar ligado a los aparatos represivos. En la DICOMCAR comparte labores con su "colega" del CC Miguel Estay Reino. En este organismo aparece involucrado en el asesinato de Juan Antonio Aguirre Ballesteros en 1984.

Fue procesado por el ministro Cerda, posteriormente fue condenado a 5 años y un día por su participación en el asesinato de José Manuel Parada, Manuel Guerrero y Santiago Nattino. Hoy aparece procesado por el secuestro y desaparición de Alonso Gahona, en el 4º Juzgado del Crimen de San Miguel, y en el caso que lleva el juez Hazbún por el secuestro y desaparición de Víctor Vega.

Eduardo Enrique Cartagena Maldonado Alias "Lalo". C.I. 5.083.760. Suboficial (r) de la Fach . Agente del CC desde 1975, participando en secuestros, torturas y desapariciones de numerosos dirigentes comunistas entre ese año y 1976. Tras la disolución de este organismo pasó a integrar el Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea (SIFA).

Está siendo procesado en el 4º Juzgado del Crimen de San Miguel por el secuestro y torturas que causaron la muerte de Alonso Gahona Chávez, desaparecido desde el 8 de septiembre de 1975. También aparece encausado en el proceso abierto por el juez con dedicación preferente Carlos Hazbún, titular del 25º Juzgado del Crimen, referido al secuestro y desaparición de Víctor Vega Riquelme ocurrido el 3 de enero de 1976.

Su último domicilio conocido es Del Rey 394, Maipú.

Miguel Arturo Estay Reyno. Alias "El Fanta". Ex militante comunista, pasó de delator a agente tras ser detenido en 1975 por miembros del Comando Conjunto. Conocedor de las estructuras internas de las Juventudes Comunistas y el PC fue pieza vital en la conformación de los organigramas que llevaron a la detención de sus principales dirigentes, entre los que figuraban Carlos Contreras Maluje, José Weibel, Fernando Ortiz y Waldo Pizarro. Participó en el secuestro de su ex compañero Manuel Guerrero, quien fue uno de los pocos que logró escapar de las garras del CC, pero en 1985 vuelve a secuestrarlo, esta vez con los agentes de la DICOMCAR, para finalmente degollarlo junto a José Manuel Parada y Santiago Nattino.

Procesado por el ministro Cerda y amnistiado por Silva Ibáñez, hoy cumple su condena a cadena perpetua en Colina por el asesinato de los tres profesionales comunistas y es procesado por la desaparición de Víctor Vega.

César Luis Palma Ramírez. Alias "El Fifo". C.I. 6.387.372-1. Como militante de Patria y Libertad participa en numerosos atentados terroristas contra el gobierno de la UP, fue detenido en agosto de 1973 por su participación en el homicidio del edecán presidencial Arturo Araya, amnistiado después del golpe de Estado por el Almirante Adolfo Waulbaum.

Amigo de Fuentes Morrison, quien lo lleva al CC, pasa a ser su mano derecha en la ejecución de las tareas represivas. Según el desertor del CC Andrés Valenzuela, "El Fifo" participa directamente en los asesinatos de José Weibel Navarrete, Miguel Rodríguez Gallardo, Humberto Fuentes Rodríguez, los agentes del mismo organismo Carol Flores y Guillermo Bratti, todos desaparecidos hasta la fecha. También se le nombra entre quienes ejecutan en Cuesta Barriga a los dirigentes comunistas Lincoyan Berríos, Fernando Navarro, Fernando Ortiz, Waldo Pizarro, Luis Lazo, Juan Gianelly, Horacio Cepeda, Héctor Véliz y Reinalda Pereira, quien se encontraba en avanzado estado de embarazo.

Procesado por el ministro Cerda, aparece hoy en los casos de Alonso Gahona y Víctor Vega.

Su última dirección conocida es El Quilo 5535, Quinta Normal, donde funciona la fábrica de equipos refrigerantes FRIGOMET LTDA., en la que aseguran que no lo conocen, sin embargo continúa su fono-fax 7738010 a nombre de Palma Ramírez.

Roberto Alfonso Flores Cisterna. Alias "El Huaso". C.I. 7.767.975-8. Soldado (R) de la Fach . El 11 de septiembre de 1973, como soldado de la FACH en la Base Aérea El Bosque, participa en interrogatorios y torturas a detenidos. Por su "capacidad" es enviado a continuar su labor en la Academia de Guerra Aérea bajo el mando de Edgard Ceballos. En 1975 pasa a formar parte del CC, siendo responsable del secuestro, tortura y desaparición de decenas de militantes comunistas. Hasta mediados de los '90 continuaba en servicio activo en la SIFA, hoy aparece desempeñándose en el rubro del comercio.

Su último domicilio conocido es Villa Tantauco, Block 10282, depto. 31, San Bernardo.

Alejandro Jorge Forero Alvarez. Cardiólogo. Registro Colegio Médico 9580-K. Comandante de Escuadrilla y médico que se desempeñaba al momento del golpe de Estado en el Hospital de la FACH. En 1976 prestó servicios como soldado segundo en la Base Aérea de El Bosque y en el Regimiento de Artillería Antiaérea de Colina. En este lugar participa del CC, supervisando las torturas y drogando a los prisioneros que eran sacados para hacerlos desaparecer.

Fue sometido a proceso por el juez Carlos Cerda en plena dictadura y hoy vuelve a ser requerido por el juez Hazbún en el caso de Víctor Vega. Fue el primer funado en Chile, el 1º de octubre de 1999, en su consulta en la Clínica INDISA. Es socio, entre otros organismos, de la Sociedad Chilena de Medicina Intensiva, donde figura con la dirección de la INDISA, y de la Sociedad Chilena de Cardiología en la que aparece con su consulta particular: Av. Apoquindo 6275, oficina 116, y el correo electrónico forero@entelchile.net.

Su última dirección conocida es Camino La Brisa 14.199-2, Lo Barnechea, teléfono 2161253.

Juan Francisco Saavedra Loyola. Alias "Jano". C.I. 4.124.917-K. Oficial (r) de la Fach. El 11 de septiembre de 1973 se desempeñaba como comandante de grupo de la Academia de Guerra Aérea, donde estuvo a cargo de los interrogatorios y tortura de sus compañeros de armas leales al gobierno constitucional, entre ellos Alberto Bachelet. En 1976 es nombrado Director de la Base Aérea de Colina y se integra al CC reemplazando en el cargo a Edgard Ceballos. En 1977 se traslada a la Comunidad de Inteligencia que funcionó en Juan Antonio Ríos 6 (Alameda con Santa Rosa). Hasta principios de los '90 estaba activo en la FACH con el grado de coronel.

Fue procesado por el ministro Carlos Cerda y hoy lo requiere el juez Hazbún en el caso de la desaparición de Víctor Vega.

Otto Silvio Trujillo Miranda. Agente civil. Militante DC en su juventud, luego se incorporó a Patria y Libertad donde conoce al "Wally", quien lo llevaría al CC y le salvaría la vida en una disputa entre este organismo y la DINA cuando, junto a Carol Flores y Guillermo Bratti, entregaron información a los hombres de Contreras.

Desde antes del golpe de Estado pertenecía al Servicio de Inteligencia Militar (SIM), luego fue llamado por Fuentes Morrison para que formara parte del equipo de seguridad del Ministerio de Agricultura y del CC .

Participa en el secuestro, tortura y desaparición de decenas de militantes de izquierda hasta su expulsión por el incidente con la DINA. Sus "contactos" le permitieron hacerse cargo de una empresa de seguridad en el sur de Chile, tras lo cual se vio envuelto en numerosos procesos por giro doloso de cheques.

Está en la nómina de los procesados por Carlos Cerda y en los procesos abiertos por la desaparición de Alonso Gahona y Víctor Vega.

Guillermo Antonio Urra Carrasco. Alias "Willy". C.I. 6.687.227-0. Cabo segundo (R) de la Fach. Agente operativo del CC desde su formalización en 1975. Fue procesado por el juez Carlos Cerda por su participación en el secuestro, torturas y desaparición de decenas de militantes de izquierda. Según testigos directos es responsable de la ejecución de prisioneros en el Cajón del Maipo (entre ellos José Weibel y los agentes Carol Flores y Guillermo Bratti), en Cuesta Barriga (entre otros Horacio Cepeda, Fernando Ortiz y Reinalda Pereira) y en el lanzamiento al mar de otros, frente a las costas de Quintero.

Hoy vuelve a ser procesado, esta vez por el caso de Víctor Vega.

Su última dirección conocida es Santa Blanca 1990, Las Condes.

Roberto Fuentes Morrison. Alias "Wally". Durante la Unidad Popular se destacó en los grupos paramilitares de Patria y Libertad, donde conoce a varios de los que posteriormente llevaría al CC. Como Comandante de Escuadrilla de la FACH se incorpora a esta asociación ilícita criminal, pasando a ser uno de los jefes operativos reconocido como uno de los más crueles torturadores.

Fur procesado por Carlos Cerda debido a su participación en decenas de secuestros, torturas, ejecuciones y desapariciones de militantes del MIR y el PC. A mediados de 1989 fue acribillado a la salida de su casa.

Fernando Patricio Zuñiga Canales. Alias "Chirola". Suboficial (R) de la FACH. Como soldado de la Base Aérea de El Bosque, el 11 de septiembre de 1973, participa en la tortura de sus camaradas de armas. Luego es trasladado a la Academia de Guerra Aérea para cumplir las mismas funciones y de allí pasa a formar parte de la DIFA. En 1975 se incorpora al CC, en el que participa en el secuestro, tortura y desaparición de decenas de militantes de izquierda, entre ellos Víctor Cárdenas, Carlos Durán, Luis Maturana, Humberto Castro y Davíd Urrutia.

También está presente en la ejecución de Bratti y Flores.

Perteneció al Servicio de Inteligencia de la FACH (SIFA) al menos hasta principios de los '90. Fue procesado por el ministro Cerda y hoy aparece en los casos de Alonso Gahona y Víctor Vega.

Su última dirección conocida es Pasaje Simón Bolivar 1298, San Bernardo.

Alex Damián Carrasco Olivos, Funcionario de la FACH, escolta de Leigh, Fernando Matthei y Ramón Vega. Alias "Loco Alex" (C.I. 6.243.426-7). Agente operativo del Comando Conjunto.

Juan Arturo Chavez Sandoval, cabo (r) de la FACH. Alias "Peque", "Rucio" o "Pol. Torturador en el AGA y operativo del CC. Procesado por el secuestro de Víctor Vega.

Marco Alejandro Cortes Figueroa, inspector (r) de la Policía de Investigaciones. Alias "Yoyopulus". Procesado como cómplice de la asociación ilícita criminal en el caso de Cerda.

Raúl Horacio González Fernández, funcionario (r) de la FACH. Alias "Rodrigo"o "Wally Chico". Testigos afirman que participó en la detención de José Weibel. Procesado como cómplice de la detención ilegal de Amanda Velasco Pedersen en el 25º Juzgado del Crimen.

Viviana Lucinda Ugarte Sandoval, soldado (r) de la FACH, con destinación a la DIFA y al Comando Conjunto. Alias "La Pochi". Procesada por el ministro Cerda como autora de asociación ilícita criminal y cómplice de la desaparición de Reinalda Pereira y Edrás Pinto.

Pablo Arturo Navarrete Arriagada, coronel (r) de Carabineros con destinación en DICAR.

Procesado como cómplice de asociación ilícita criminal por el ministro Cerda.

Antonio Benedicto Quiros Reyes, coronel (r) de la FACH y jefe del Departamento de Contrainteligencia en los años del CC. Procesado por Carlos Cerda como autor de asociación ilícita criminal.

Andrés Pablo Potin Lailhacar, agente civil del CC. Alias "Yerko". Militante de Patria y Libertad detenido en agosto de 1973 por su participación en el homicidio del edecán presidencial Arturo Araya. Procesado por el juez Hazbún como participante del secuestro de Víctor Vega. Hoy figura como empresario en el rubro computacional con una oficina en Américo Vespucio Norte 2506.

Manuel Antonio Salvatierra Rojas, subprefecto (r) de la Policía de Investigaciones. Alias "Negro" (C.I. 6.195.828-2). Procesado por el ministro Cerda como autor de asociación ilícita criminal.

Robinson Alfonso Suazo Jaque, soldado (r) de la FACH. Alias "Jonathan". Torturador en la AGA. Procesado en el 25º Juzgado del Crimen por el secuestro y desaparición de Víctor Vega.

Humberto Villegas, sargento segundo (r) de Carabineros. Alias "Don Beto". Procesado por Carlos Cerda como autor de asociación ilícita criminal y cómplice de la desaparición de Reinalda Pereira y Edrás Pinto.

Pedro Juan Zambrano Uribe, funcionario de la Fach. Alias "Chino". Procesado por el ministro Hazbún como autor del secuestro de Víctor Vega.

Otros procesados por el ministro Carlos Cerda fueron Gustavo Leigh y Julio Benimelli Ruiz, fallecidos en diversas circunstancias. Encausados como cómplice del CC aparecen los coroneles (r) de Carabineros Italo Astete Sermini, Gonzalo Jiménez Huerta, Raúl Enrique Montt Carvajal y federico Luis Smith Ibarra. También los tenientes coroneles Graciano Bernales Pérez, Juan Bezzemberger Schwarz y Luis Humberto Villagra Rebeco. Como encubridores de los secuestros de Reinalda Pereira y Edrás Pinto fueron encausados el subcomisario de Investigaciones Federico Infante Lillo y el oficial Jorge Mondaca González, ambos en retiro. En el proceso abierto por Carlos Hazbún son sometidos a proceso Carlos Pascua Riquelme, Juan Chávez Sandoval y Alejandro Sáez Mardones (cumpliendo presidio perpetuo por caso degollados).


El Siglo

no. 189

2002

Comando Conjunto, Quiénes son y dónde están: la confesión de ''El Barba'', de mirista a traidor


Hay ocasiones en que una entrevista puede convertirse en una tarea muy dura de realizar. Especialmente cuando en ella comienzan a develarse situaciones dolorosas, recuerdos de etapas muy duras en las que reaparecen una y otra vez los rostros sonrientes de amigos, o conocidos que hoy forman parte de la larga lista de detenidos desaparecidos o ejecutados en la etapa más negra de nuestra historia y que dieron la vida por sus convicciones.

Hay quienes los sobrevivieron y optaron por otro camino.

Leonardo Schneider, a quien sus antiguos compañeros del MIR en la Brigada Secundaria, de la que fue dirigente o de los equipos militares cuando ya era mayor de edad conocen como "El Barba" optó, como él declara con absoluta frialdad, por convertirse en un "traidor" y en un "criminal".

Es como si al recordar su historia y referirse a hechos tan traumáticos como son entregar a los aparatos represivos a personas que confiaron en él, su alma se hubiera vaciado, dando paso a una indiferencia profunda respecto a todo lo que dice o hace.

Esta es la primera vez que da una entrevista a un medio en Chile. Su versión dice que resolvió dar un vuelco a su vida en el momento en que descolgó el teléfono de la casa de sus padres, secuestrados por la SIFA y marcó el número que Edgard Ceballos Jones le había dejado. Convinieron una cita y se ofreció como colaborador. Agrega que todo lo que se ha inventado respecto a que su vinculación con la FACh es mucho más antigua, forma parte de la leyenda. Pero hay muchos que no le creen y él lo sabe.

Quizás eso explica el resentimiento que le aflora al referirse a ciertas prácticas y normas por las que se regía el MIR, organización a la que ingresó a los 16 años y de la que no quiso retirarse a pesar de que, según reconoce, ya estaba "quebrado". Paradojalmente algo cambia en ese tono de voz, monótono y desapasionado, cuando se refiere a los oficiales que aceptaron su oferta de ser un colaborador, le asignaron algunas tareas y lo integraron a sus equipos operativos. Con un matiz de arrogancia, recuerda su apodo en el equipo de Ceballos: allí dejó de ser "El Barba" y se convirtió en el "Teniente Velasco". También pareciera que se siente reconocido por las misiones que le encargó el coronel Oteíza, superior de Ceballos.

Sin embargo, son chispazos. La impresión que se mantiene es de alguien muy frío, sin inflexiones, ni siquiera cuando se enfrenta a los aspectos más duros de su historia. Hay algo de descuido en su aspecto personal y también en la casa-oficina donde funciona. A pesar de estar bien ubicada, la maleza terminó definitivamente con el jardín, y el orden no es precisamente lo que prima en la sala donde se realiza la entrevista.

Schneider de 51 años, está separado de su segunda pareja y tiene cuatro hijos. El menor vive y trabaja junto a él y entre los dos hablan en hebreo. No tuvo ningún problema en acceder a esta entrevista, cuyo contenido es casi idéntico a las declaraciones, versión que, subraya, ha entregado a los tribunales, cada vez que han solicitado su presencia.

La versión de Schneider

¿Al momento del golpe, estaba en la universidad?
Estaba inscrito primero en Ingeniería y luego en Sociología para tener alguna vinculación con la universidad, pero pertenecía a la fuerza central del MIR y funcionaba en la casa de la Comisión Política.

¿Lo detuvieron?
Sí, debe haber sido por septiembre, comienzos de octubre. Yo estaba junto con mi hermano y otro mirista cuya "chapa" era "Aquiles". Nos detuvieron los carabineros y después de interrogarnos por cuatro días nos enviaron al Regimiento Chacabuco. Se dieron cuenta de que no éramos los trabajadores que decíamos ser. A mi hermano y a mí nos enviaron a la cárcel. Nunca supe lo que pasó con "Aquiles", aunque creo que lo fusilaron.

¿Coincidió en la cárcel con el general Bachelet?
Sí, pero ellos estaban en otra galería. Estuve ahí como hasta marzo. Había más miristas, pero finalmente nos acusaron de activistas estudiantiles, no nos probaron nada y salimos en libertad. Yo me reconecté con el MIR y seguí trabajando como antes.

¿Cuándo lo detuvieron por segunda vez?
Yo me entregué, producto de que detuvieron a mis padres más o menos a fines de septiembre. Supe que había sido el Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea, SIFA. En ese tiempo ya se conocía la existencia del equipo de Ceballos. Yo podía entrar a la casa de mis viejos por un local comercial que estaba a los pies. Cuando fui ese día, estaba sólo la empleada, ella me informó que unos uniformados de la FACh se habían llevado a los viejos. Ceballos me dejó un papel con un teléfono. Lo llamé y le dije que quería entregarme.

¿Le propuso un canje: usted por sus padres?
No. En ese tiempo, el jefe de la SIFA era el coronel Oteíza. Nunca tuve claro cuál era la relación SIFA-AGA. La primera realizaba labores de inteligencia más institucional. El AGA era un lugar de detención y allí funcionaba Ceballos. Hasta donde yo sé, dos días antes del Golpe, por orden directa de Gustavo Leigh, él se fue a ese recinto y ahí me imagino que se quedó, pero no me consta porque en esa época yo no sabía de él.

¿Tampoco supo nunca que formó parte del equipo que interrogó y torturó al general Bachelet, de quien fue subordinado, y a otros oficiales de su generación?
No. En esa época yo no estaba en el AGA.

¿A usted lo torturó?
No. Quizás si me hubiesen presionado de esa forma, a lo mejor me habría convertido en un segundo "Guatón Romo". He pensado en ello.

¿Cuál es la diferencia entre ambos?
En torno a mí se ha construido una leyenda, pero yo no torturé, ni interrogué, ni repasé declaraciones de los presos que en ese momento estaban en el AGA.

¿En qué época tuvo su primer encuentro con Ceballos?
Conversé con él y con Oteíza. Me parece que fue por los días en que él intentaba sostener una negociación con Miguel Enríquez que consistía en canjear a los presos que había en ese momento en el AGA a cambio de que el MIR entregara las armas. El puente de esta conversación se hizo a través de Laura Allende y Monseñor Carlos Camus. Pero no resultó. Bueno, concretamente en esa primera conversación, yo me ofrecí a colaborar con ellos.

¿En qué consistía su trabajo?
Me arrendaron una casa en la calle Tomás Moro, muy cerca de la de Allende que fue bombardeada el 11. El coronel Oteíza quería utilizarme en tareas de inteligencia. Tenía unas ideas locas, como infiltrarme en Cuba.

¿Y usted dividía su tiempo entre su trabajo en el AGA y en el MIR?
Sí. Era ayudante del "Coño Molina" (José Bordaz Paz) que era de la Comisión Política del MIR.

¿Cuándo lo conoció?
Antes del Golpe. Yo era dirigente secundario y él formaba parte del Comité Regional y teníamos actividades juntos. Después de mi primera detención fui su ayudante. El me eligió para esa tarea.

¿Y en ese momento usted ya trabajaba con Ceballos?
No. Mi vinculación con la SIFA fue evaluada por Oteíza y Ceballos como un triunfo político. Si bien es cierto, ya existían en la DINA algunos colaboradores, no tenían a alguien vinculado al aparato militar del MIR. Por eso su objetivo era mantenerme lo más compartimentado posible. Yo no podía ir al AGA y participé en algunos operativos de detención de otros miristas. Oteíza quería emplearme en otras tareas. Cada vez que ellos me requerían, nos juntábamos en la casa de Tomás Moro. Ahí conocí también a Wally (Fuentes Morrison) y a otros que funcionaban esporádicamente en los equipos operativos.

¿Cómo llegó él a formar parte del equipo del AGA?
Hay mucha fantasía alrededor de cómo funcionaban estos equipos. No tenían la estructura ni de la CIA, ni de la KGB ni del Mossad. Había un grupo de civiles, militantes de Patria y Libertad que tenían algunos contactos con oficiales de la FACH y se acercaban para participar en algunas acciones. Pero era algo inorgánico. El Wally era un civil, bombero, y participaba en entrenamientos de salvataje y de allí tenía sus contactos. Pero yo diría que, siendo un civil, era el más militar de todos. No sólo por su contextura, sino por su disposición a estar como en combate permanente. Era duro.

A ver, resulta bastante inverosímil que el objetivo de la SIFA al mantenerlo infilitrado en el MIR no fuera recoger toda la información a la que usted podía tener acceso por la función que desempeñaba.
Sí, pero yo no manejaba toda la información que otros creen que conocía. Para tomar una decisión tan brutal como la mía, yo estaba quebrado mucho antes de haberme entregado.

El asesinato del "Coño Molina"

¿A cuántos de sus compañeros entregó?
Participé en algunos operativos que terminaron en detenciones. Uno de ellos ocurrió el 30 de octubre del 74, donde incluso uno resultó herido en una balacera.

Hay dos testimonios, uno de Ignacio Puelma y otro de Patricio Flores que lo reconocieron como uno de los miembros del equipo de Ceballos que los detuvo en aquella ocasión.
Eso es efectivo y lo declaré ante el juez. A ambos los conocía. El Pato para mí es "Márquez". Cuando supe que se había dado la orden de operar, ya había partido el equipo que lo detendría. Yo iba en un vehículo MG con otros dos, a uno lo vi y me da la impresión de que forma parte del Comando Conjunto. (Se trata de Fifo Palma). Pero llegamos tarde y quedamos botados en un lugar, así que no participé directamente. Pero personalmente detuve a Puelma creyendo que me había identificado. El tenía una militancia muy tangencial, pero no era muy orgánico.

¿O sea que el único delito de esa persona que permaneció presa durante muchos meses en uno de los campos de detenidos fue porque usted creyó que lo habían descubierto?
Debe haber sido más bien por una cuestión administrativa que no se condescendía con la supuesta implicancia que tenía.

¿En que otro operativo participó?
Directamente en el que se montó para detener a José Bordaz y en el que cayó herido de muerte. La decisión de detenerlo se tomó después de que cayó una persona, alguien ligado al teatro. Descubrieron un papel del "Coño Molina" con un plan cuyo objetivo era poner unos "guatapiques" en el Diego Portales para hacer ruido, pero el fin era atentar contra Oteíza. Entonces se toma la decisión de neutralizarlo y se monta el operativo en el que yo me integro como parte del equipo de la SIFA.

¿Qué sintió en el momento en que conversó por última vez con Molina sabiendo que lo estaba engañando para entregarlo?
Me sentí un traidor. Es lo que soy, ¿no?

Efectivamente, ese es un acto de traición. ¿Puede contar cómo fue ese operativo?
Le di un punto para encontrarnos. Alonso de Córdoba y Vitacura. Iban varios vehículos al operativo y yo dirigía los movimientos por un radio. El apareció por otro lado y le dio un topón a una camioneta. Yo estaba en un auto con Wally y un suboficial que era el chofer, esperando. Entonces el suboficial se bajó y le disparó. El Wally hizo lo mismo y las balas atravesaron su asiento. Desde donde estaba vi cuando lo sacaron muy malherido del auto y se lo llevaron al hospital de la FACh rápidamente. En ese momento se produjo otro incidente ya que otro vehículo manejado por un civil atravesó en medio de la balacera y no se detuvo, sino que corrió a toda velocidad. También le dispararon al chofer el que chocó metros más allá, echándose un poste y murió. A los pocos segundos llegó la DINA al lugar. Ahí supimos que se trataba de un médico del ejército y que el auto era propiedad de Augusto Pinochet hijo. A la DINA le quedó la sospecha que el operativo contra el Coño había sido una pantalla para atentar contra el hijo de Pinochet.

Volvamos al asesinato de José Bordaz. ¿Después de eso, usted siguió vinculado al MIR?
Todavía quedé contactado con el MIR por un corto tiempo.

Pero, ¿qué pasaba por su conciencia? O simplemente, ¿le dio lo mismo?
Decidí abrirme y comencé a ir al AGA donde había presos que podían reconocerme. Pero ya no me importaba. Creo que fue mi reacción a la caída del Coño. Fue una acción criminal en la que yo participé. Por lo tanto, soy un criminal. Eso ya lo tengo asumido y procesado. Fui yo solito el que tomó las opciones que tomó y no me gusta andar de víctima por la vida. Simplemente tomé un camino y lo asumo, pero tengo que seguir viviendo y en eso he estado todos estos años.

¿Antes de morir, José Bordaz supo que usted lo había entregado?
Me parece que estuvo inconsciente los dos días que duró en el hospital.


El teniente "Velasco"

¿En qué momento el MIR tiene la certeza de que el "Inspector Velasco" -tal como aparece mencionado en algunos procesos- y usted era la misma persona?
A mí, dentro del AGA nunca me dijeron inspector. Yo era el teniente Velasco, así me trataban los suboficiales y el resto del personal. Me parece que fue en el mes de enero del 75 cuando se supo que yo colaboraba.

¿Usaba uniforme?
Sí.

¿Fue testigo de torturas a los prisioneros -antiguos compañeros suyos- presos en el AGA?
No. Además quiero plantear algo. No se puede comparar lo que ocurrió en la DINA a lo sucedido en el AGA. Ceballos no es Marcelo Moren. No los coloco en el mismo plano y no es que yo sea el portavoz de Ceballos, simplemente constato hechos. La DINA aniquiló a la mayoría de los miristas que cayeron en sus manos. La SIFA neutralizó a la dirección del MIR. La mayoría de los detenidos desaparecidos son obra de la DINA, que actuó con una brutalidad que no tuvo la SIFA con sus detenidos.

Creo entender que ese es el cuento que necesariamente se tuvo que construir y contar desde esa época para seguir parado en la vida hasta ahora. Pero para mí la tortura, quienes la aplican, llámense Ceballos o Moren, y sus equipos son igualmente despreciables. La tortura es un crimen contra la humanidad y quienes la ejecutan son criminales.
Mi cuento, como usted dice, tiene para mí cierta validez y por eso enfrento la vida con la cara descubierta. Usted es demasiado absoluta para mirar las cosas. Hay muchos matices para observar estas situaciones.

No se trata de ser absoluta. Se trata de tener una escala de valores y una ética que me permite tener serenidad en el alma y sentirlo todas las mañanas, cuando me miro al espejo. La tortura no tiene matices, es una aberración.
En la SIFA hubo un solo muerto: el Coño Molina. Falleció en el hospital y no fue torturado.

Usted formó parte del equipo de Ceballos y le reitero: es su cuento. En todo caso no es la opinión del juez que sustancia las causas de dos militantes comunistas muertos en el AGA y por el que está procesado Ceballos Jones. Por otra parte, ¿cómo se explica que sea justamente ese grupo de personas el que dio origen al Comando Conjunto?
En algún momento, cuando se termina el funcionamiento de este equipo en el AGA, Wally les hace un discurso donde les dice que combatir al MIR había sido una cosa de fairplay. Pero que ahora comenzaba la guerra de verdad con el enemigo principal que era el partido comunista, donde no había muchachitos, sino hombres maduros, obreros, convencidos de su doctrina.

La represión al MIR es la prolongación a la de los uniformados de la FACH. Cuando llegan a conocerlo, detienen a dirigentes de su Comisión Política, especialmente los de su aparato militar y tratan de neutralizarlo. Ese era el objetivo que buscaban. Pero tengo la impresión que con la caída del Coño se les acabó el objetivo. Esto es a fines del año 74 en los momentos en que había una guerra soterrada entre Gustavo Leigh y Pinochet. La lectura de este último era que la FACH no podía generar una unidad en su interior que tuviera el mismo o similar poder represor que la DINA que dependía directamente de él. Hay que recordar que Manuel Contreras conversaba todas las mañanas con Pinochet cuando éste viajaba desde su casa al Diego Portales. Entonces se toma la decisión de terminar con este equipo del AGA y sus integrantes se quedan sin pega.

Pero en la realidad eso no fue así, allí Ceballos se integró a la Comunidad de Inteligencia.
Es en ese momento en que comienzan a crear otras estructuras, la DIFA, y otros nombres y delegan sus funciones a estos otros organismos. Es la génesis del Comando Conjunto. En una ocasión, en los primeros días de enero, Ceballos debía realizar una operación de allanamiento y pidió ayuda a Carabineros. Le delegaron personal de inteligencia y algunos del grupo móvil. Creo que a partir de esa operación, inició una colaboración con algunos hombres de inteligencia de esa institución. En ese momento, tenía ya en su cabeza que el enemigo principal al que había que desintegrar era el Partido Comunista.

¿Y usted también formó parte de ese equipo?
En ese momento mis padres que estuvieron presos en el AGA son liberados y yo quería irme del país. Volviendo al origen del Comando. Creo que su diseño estuvo en la cabeza de Ceballos. El se orienta para la represión. Pero yo en ese momento cumplía una función que me asignó Oteiza en Perú a donde viajé con otros dos oficiales.

¿Qué tipo de tarea?
Típicamente militar de contrainteligencia. Viajamos con pasaportes falsos. Al regresar, Oteíza me preguntó si quería adscribirme a la FACH y cuando le dije que lo que quería era salir del país, me ayudó a preparar mi salida. Incluso me dice que tomaría medidas para que no me detenga la DINA. En esos días yo seguía viviendo en la casa de Tomás Moro y fui a verlo a una oficina que tenían en la calle Nataniel, en el sexto piso de un edificio ubicado en el vértice de la Alameda. Era un departamento grande donde vi mucho uniformado que antes no había visto en el AGA. Algunos civiles y otros con uniformes de la FACH. Allí revisaban fichas internas de los integrantes de esa rama y Oteíza trabajaba en la Policía Interna. Me envió a Punta Arenas a sacar el pasaporte. Estábamos en eso cuando muere producto del accidente aéreo.

¿Fue un accidente o un atentado?
Accidente. Estaban lanzándose paracaidistas y murieron bastantes milicos. Uno de los paracaídas se enredó en la cola del avión y éste cayó. Había familiares y mucha gente observando.

La estadía en Villa Grimaldi

¿A quién recurrió entonces?
Fui a hablar con Ceballos como unos diez días después. Estaba a punto de viajar a China en una misión institucional. Pero nada de lo que planifiqué resultó porque nuevamente detuvieron a mi hermano y a mí me secuestró la DINA antes de viajar. Era el momento más duro de la pugna entre ambos bandos.

¿Dónde estuvo?
Me llevaron a la Villa Grimaldi directamente y me condujeron donde Marcelo Moren, quien estaba a cargo de ese recinto. Es un tipo torpe, poco inteligente, burdo. De inmediato me pasaron un cuestionario ridículo con varias preguntas para que informara de las conspiraciones de la SIFA contra la DINA.

¿Vio a más detenidos?
En ese momento solo estaba Lautaro Videla y "Joel" (Iribarren). Después llegaron más detenidos, estoy hablando de mediados del 75. Ahí estuve hasta fines del 76.

¿Y su antiguo jefe no hizo ninguna gestión por ayudarlo, ni tampoco pudo tomar contacto con alguno de ellos?
Pero si yo en la Villa Grimaldi estuve preso. A mí nunca me movieron. Si el cuento que, como usted dice, yo me cuento, tiene alguna validez, fue en ese tiempo, donde no tuve nada que hacer, que reflexioné sobre la cagada en que convertí mi vida. Ni Ceballos ni otros hicieron nada y menos mal que fue así porque de lo contrario habrían dado argumentos a Krasnoff que en los primeros interrogatorios, sin apremios, quería saber cuándo yo había ingresado a la FACH. Su prueba era que yo tenía una TIFA. Pero no estaba a nombre de Leonardo Schneider.

¿Vio a algún detenido desaparecido durante su permanencia en ese lugar?
Sí, a Jorge Fuentes, el "Trosko", mirista detenido en Paraguay y posteriormente traído a Chile. A él lo tenían en un lugar apartado porque llegó con sarna. Estuvo muy mal, pero no lo interrogaron mucho. Una mañana, después que en la noche habíamos visto que el guardia conversaba con él, observamos que este mismo tipo estaba quemando la ropa y la colchoneta donde dormía el Trosko. Yo lo miré y él levantó los hombros y me dijo "que le vamos a hacer, así son las cosas". Es decir, esa noche lo mataron. También vi a Víctor Díaz, el dirigente comunista, y sucedió la misma situación. Una noche estaba conversando y a la mañana siguiente ya no estuvo más.

¿Tiene los nombres de esos guardias?
No me acuerdo. Pero sí que esa noche en que mataron al Trosko hubo más silencio que nunca. Con los guardias existía una relación en que a veces nos convidaban cigarros y algo conversábamos, pero siempre me dio la sensación que pensaban que a nosotros también nos matarían. Esto yo lo declaré en los tribunales.

¿Quién estaba a cargo de la Villa en ese tiempo?
Cuando yo llegué era Marcelo Moren, pero después el oficial de más alto rango que se aparecía era Krasnoff.

¿La SIFA no volvió a tomar contacto con usted?
Más bien, yo lo hice, cuando salí de la Villa, en diciembre de 1976. Fui a la casa de los padres del Wally y lo esperé hasta que apareció. Le pedí cuentas de por qué no habían hecho nada por mí y me enteré de que Ceballos no estaba en Chile. Ellos, cuando se enteraron de que estaba en manos de la DINA, "limpiaron" la casa para que no encontraran nada si es que allanaban. Allí le reiteré que mi intención era irme de Chile, lo que hice tiempo después. Viajé a Israel.

Los referentes

Muchos de sus antiguos conocidos están hoy en las páginas de los diarios debido a las confesiones del ex agente Otto Trujillo y una vez más, reaparecen aquellos rostros de los presos que nunca más aparecieron. ¿Ha concurrido a los tribunales a entregar la información que posee?
Sí, he ido al Noveno Juzgado donde hay una querella en contra del equipo que estuvo a cargo del AGA y también fui citado por el juez Carroza. He tenido careos con algunos antiguos miristas y también uno con Ceballos a quien no veía hace mucho tiempo. Hay testimonios que no tienen que ver con la realidad, al menos es lo que me recuerdo y otros que son coherentes con lo que ya he mencionado en esta entrevista.

¿Por qué lo citó Carroza?
Ellos pensaban que yo había pasado junto con Ceballos y compañía limitada al Comando Conjunto, pero a la fecha de lo que necesitaban saber del segundo semestre del 75 se dieron cuenta que yo estaba detenido en la DINA. Mi conocimiento sobre el Comando dice relación con la gente que yo conocí. En el tribunal me encontré con Otto Trujillo, que esperaba en el pasillo, y vi a otros que me parecieron conocidos. Me dio la sensación que estaban ahí para firmar y después salieron todos juntos.

¿Conocía a Trujillo?
Sí, en el AGA. El era una suerte de ayudante que tenía el Wally, circulaba por ahí. También lo hacía, Yerko, el Fifo Palma y otro que era de la Armada. Eran los civiles, tenían una relación de antes, desde Patria y Libertad. Era el lote del Wally y me parece que es a ellos a quienes convocó
cuando se dio la partida a la represión al PC.

¿Y usted, a quién reconocía como jefe a Oteíza o a Ceballos?
Yo trabajaba con Oteíza y Ceballos, en ese orden. Pero no existía una orgánica en el AGA. Yo conozco más gente alrededor de diciembre del 74. De hecho fui a la casa de uno de ellos.

¿De quién?
Puede haber sido Yerko, pero no conozco su nombre. Ya en ese tiempo existía una cierta informalidad, además yo había decidido quemarme porque el MIR sabía que era un colaborador.

Al escucharlo hablar de sus jefes en el AGA o de la FACH pareciera ser que ahí están sus referentes. Estableció un vínculo personal que se le nota cuando los menciona.
Es cierto. Lo que voy a decir de Ceballos hoy puede parecer brutal. Me pareció en aquel entonces un leal enemigo del MIR que positivamente cumplía de manera estricta su diseño que no era aplicar una represión indiscriminada y brutal como la DINA. El cumplió además su palabra mientras estuvo a cargo del AGA. Generaba respeto intelectual, no era un patán. Creo que es en su cabeza donde se diseñó el Comando Conjunto. Pero cuando comenzó a operar, hubo un cambio de mano. Fue el Wally quien lo relevó y de este modo me explico que este organismo haya utilizado las mismas prácticas de exterminio de la DINA. O quizás peores.

¿Ha vuelto a conversar con él?
Sólo después del careo que tuvimos en el noveno juzgado hace un tiempo. Salimos caminando juntos y conversamos hasta que llegó a su auto.

¿Siente que formó parte de ese grupo?
No, tenía claro el papel que jugaba. Pero relaciones personales con ellos, salir juntos a tomar cerveza, no. Nuestra relación estaba marcada por la desconfianza. El trato de Wally para conmigo era de suspicacia absoluta. Ceballos tampoco confiaba, pero era lo suficientemente hábil para no hacérmelo notar. Oteíza sí confiaba.

¿Y el resto?
Eran rascas. Puede sonar clasista, pero es así.

Vivió fuera de Chile más de 20 años. ¿Por qué volvió?
Tenía que cerrar un círculo. Y lo hice.

Usted tenía valiosa información para algunos familiares de detenidos desaparecidos, ¿por qué no tomó contacto con ellos en el curso de estas dos décadas?
Fuera de las personas que ya le mencioné, no tuve más información y en la medida que tomaron contacto conmigo, colaboré con información. Pero hay muchas cosas que he entregado que los jueces no dan pelota. Están centrados en las cabezas de la DINA, y no han buscado, por ejemplo a los guardias que eran los que sacaban a los presos de sus celdas y los entregaban, o los eliminaban. Y hay algunos que seguramente tienen mucho que contar.

¿Tiene alguna reflexión respecto de su propia historia?
La hice cuando estuve en la Grimaldi. Tenía mucho tiempo y pocas cosas que hacer. Trato de emplear las categorías correctas y no me asustan las palabras de traidor o criminal. Hay hechos que cometí y siempre he estado claro en lo que hice. Es mi historia y me tomo como lo que soy.


PrimeraLínea

Viernes, 8 de Marzo de 2002

Caso AGA: SML confirma daño sicológico como consecuencia de las torturas

En un paso mayor dentro de las investigaciones de derechos humanos, el Servicio Médico Legal (SML) determinó que los apremios ilegítimos aplicados a un grupo de detenidos en la Academia de Guerra Aérea (AGA) dejaron una secuela sicológica imborrable que los acompañará siempre y que condicionará su vida.

El concluyente informe que sale a luz, luego de la querella interpuesta por el Codepu en representación de 21 sobrevivientes de las torturas de la AGA, fue tomado a la gran mayoría de los ex prisioneros y en la totalidad de los casos determina "que se originó daño sicológico" producto de la violencia que enfrentaron durante su cautiverio.

Los análisis del SML abren una nueva fase dentro de las investigaciones de derechos humanos ya que permiten por vez primera impulsar los procesos de víctimas que pudieron vivir luego de los apremios recibidos.

Anteriores antecedentes de esta comprobación médica constituye el caso de Carmen Gloria Quintana, quien luego de un largo juicio fue indemnizada por el perjuicio sicológico sufrido al ser quemada viva, ello junto a la sanción al oficial involucrado en el delito que fue visto por la justicia criminal.

Cobra además mayor relevancia el informe considerando que las evaluaciones médicas se efectuaron a fines del año pasado, luego de ser presentada la querella criminal que tramita la jueza con dedicación exclusiva Raquel Lermanda, titular del Noveno Juzgado del Crimen de Santiago.

Con estos antecedentes en mano, sendos careos en los que los acusados han negado cualquier hecho y en que las víctimas han reiterado que las vejaciones sufridas y una serie de interrogatorios a todos los involucrados en el proceso, los querellantes afinan los detalles para solicitar el auto de procesamiento.

Auto de procesamiento

De hecho, la próxima semana el escrito llegará a manos de la magistrada, quien deberá determinar sí el general Edgar Ceballos Jones, Juan Luis Fernando López López y Leonardo Schneider, formaron una asociación ilícita y aplicaron tormentos contra 21 personas.

Aunque originalmente la presentación del Codepu abarcó a toda la cúpula del desaparecido Comando Conjunto, los antecedentes recabados hasta el momento -según fuentes ligadas a la causa- inculpan más a estas tres personas que al resto.

Leonardo Schneider era conocido como el Barba y era un ex integrante del MIR que decidió comenzar a colaborar con Ceballos. Este último, se encuentra encargado reo por la misma jueza Lermanda por un caso de un detenido desaparecido y un ejecutado político. Bajo los delitos de asociación ilícita, secuestro y homicidio calificado, Ceballos enfrenta a los tribunales por su actuación mientras se desempeñaba como coronel de la Fach a cargo primero de la Dirección de Inteligencia de la Fuerza Aérea, y luego de la sucesora de esta la SIFA.

En cuanto a López López se valía de la chapa de Pantera y es un ex funcionario de la FACH.

Adicionalmente los querellantes indagan la responsabilidad en estos ilícitos de los oficiales en retiro Sergio Leigh Guzmán; Fernando Zuñiga, alias el Chirola; Eduardo Cartagena; el soldado (r) Guillermo Bratti Cornejo; los detectives Jorge Arnaldo Barraza Riveros, alias Zambra o el Negro; Manuel Salvatierra Rojas, alias Negro; Marcos Cortés alias Yoyopulus y Werther Contreras.

Además, se investiga la participación de César Luis Palma Ramírez, que utilizaba la chapa de Fifo; Juan Chávez Samdoval, alias Peque; Roberto Flores Cisterna, alias Huaso; y Robinson Suazo, alias Jonathan.

Los querellantes afirman que un nuevo antecedente vital a la investigación se producirá la próxima semana cuando sea careado con cinco sobrevivientes López López. Claro que esta diligencia, como todas las pendientes de los jueces exclusivos, dependerá del Pleno de ministros de la Corte Suprema.

En la reunión habitual de los viernes los magistrados deberán evaluar el informe del juez exclusivo y del ministro visitador de cada tribunal para determinar si corresponde seguir adelante con su misión. También jugará en este nuevo aplazamiento el número de procesos que revise cada juez, algunos de los cuales han disminuido o aumentado sus causas en los últimos meses a petición de la Corte de Apelaciones correspondiente a su jurisdicción.

Pero luego de la eventual confirmación de la jueza Lermanda como exclusiva, la magistrada podrá conocer el resultado del interrogatorio de los peritos del Departamento Quinto de la Policía de Investigaciones que viajaron la semana pasada a Francia para entrevistar al agente Comando Andrés Antonio Valenzuela Morales, conocido como El Papudo a petición del titular del Primer Juzgado del Crimen, Joaquín Billard.

Mientras el escrito llega, las víctimas esperan una respuesta de los tribunales. Sus relatos hablan de horrores, pero pese a ello siguen adelante con las gestiones judiciales y dan la cara y sus nombres para exigir justicia. Se trata de Renato Alvaro Enrique Moreau Carrasco, Renato Vital Arias Rozas, Patricio Hernán Rivas Herrera, María Emilia Honoria Marchi Badilla; Sergio Santos Señoret, Bernardo Francisco Pizarro Meniconi, Oscar Humberto Espinoza Cerón, Alamiro Guzmán Ordenes, Gastón Lorenzo Muñoz Briones, Ignacio Abdon Puelma Olave, María Iris Elisa Padilla Contreras, Orlando Germán Masón Zenteno, Liliana Mireya Masón Padilla, Sergio Gustavo Castillo Ibarra, Ricardo Alfonso Parvex Alfaro, Cecilia Teresa de Jesús Olmos Cortez, Carmen Gloria Díaz Rodríguez, Patricio Manuel Jorquera Encina, Margarita Iglesias Saldaña, Cristián Andrés Castillo Echeverríay Margarita Marchi Badilla.

Los sobrevivientes de las torturas unidos en la causa de aclarar sus crímenes también relatan parte de las agresiones físicas o sicológicas que vivieron durante su cautiverio.

A modo de ejemplo, está el caso de Masón Zenteno quien indicó que "fui colgado de las muñecas, apenas tocando el piso con los dedos de los pies por varios días. Se me negaba el derecho de ir al baño durante días. En estas sesiones de tortura se me obligaban a escuchar las torturas que infligían a mi hija".

Algo similar padeció Moreau Carrasco, quien relata: "Durante las sesiones de tortura se producía un desorden generalizado del ritmo biológico y la supresión de funciones vitales como la alimentación. Considero que permanecer desnudo y que te apliquen corriente en las zonas genitales debe ser considerada una forma de agresión sexual. Constantemente me amenazaban de muerte, de que si no cooperaba me iban a matar. También en dos oportunidades me colocaron una pistola en la boca y me dijeron que si no hablaba me matarían, luego la disparaban, el arma no estaba cargada".

Y los relatos suman y siguen, con tónicas similares como la violencia desatada y los nombres de oficiales que hoy son investigados por los tribunales.


El Mostrador

21 de Abril 2005

Juez Zepeda procesó a dos coroneles (R) por torturas contra ex ministro Tohá

El juez de fuero Jorge Zepeda sometió a proceso a dos coroneles (R) de la Fuerza Aérea de Chile (FACH) por el delito de aplicación de tormentos reiterados contra el ex ministro de Defensa y militante socialista José Tohá.

Se trata de los ex uniformados Sergio Contreras y Ramón Cáceres, otrora asistentes del fallecido ex fiscal de la FACH Horacio Otaíza.

Ambos fueron notificados este jueves por el magistrado, para posteriormente ser trasladados a un recinto de la rama de las Fuerzas Armadas, presumiblemente en la base aérea de Colina.

El abogado de la familia Tohá, diputado Juan Bustos (PS), manifestó su plena satisfacción por el nuevo rumbo que toma la causa y previó que los próximos meses vendrán más encausamientos.

Según estimó el representante, las imputaciones del magistrado Zepeda apuntarán a los autores materiales y cómplices de lo que calificó como el "homicidio" del ex titular de Defensa.

Junto con resaltar la virtual retipificación de la causa de muerte de Tohá, explicó que éste mal podría haberse suicidado, considerando que su deteriorada condición física (47 kilos de peso y una estatura de 1,90 metros) se lo impedía.

Según los antecedentes que proporciona el denominado Informe Rettig, el secretario de Estado del gobierno de Salvador Allende murió el 15 de marzo de 1974 en el Hospital Militar de Santiago.

El día 11 de septiembre de 1973, Tohá fue detenido en el Palacio de la Moneda junto a un grupo de autoridades y colaboradores del gobierno depuesto.

Posteriormente, fue trasladado junto a ellos a la Escuela Militar, desde donde pasó a la isla Dawson, lugar donde fue sometido a malos tratos reiterados y apremios ilegítimos por parte del personal militar que estaba a cargo del recinto.

Con un estado de desnutrición crítico y una condición psicológica bastante deteriorada, el ex ministro acabó suicidándose en su habitación del hospital castrense, según argumentaron las autoridades de ese entonces a la familia.

Los motivos de Zepeda

En uno de los considerandos, en el cual Zepeda da cuenta de los antecedentes para procesar a los ex uniformados, establece que en la investigación no se encuentra acreditado el hecho de que Tohá se haya suicidado.

Esto, porque el sumario a cargo de la Segunda Fiscalía de Ejército y Carabineros respectiva no fue adjuntada a este proceso, pues fue imposible encontrarla.

Sin embargo, el magistrado sí estableció que Tohá estuvo privado de su libertad durante más de seis meses, sin que en ese prolongado período se haya instruido un juicio o se hayan formulado cargos en su contra. Junto con ello, determinó que durante su cautiverio fue objeto –por parte de agentes del servicio de inteligencia de la FACH- de actos “crueles y degradantes”, con el propósito de perjudicar su integridad psíquica y física.

Indirectamente, establece en su documento el magistrado, los tormentos reiterados pretendían infundir temor a un sector de la población. Por otro lado, Zepeda confirmó que el ex ministro fue trasladado secretamente desde el Hospital Militar hasta el recinto de la Academia de Guerra Aérea para ser cruelmente interrogado, ya que se le consideraba “una fuente de información”.

Estos apremios ilegítimos también se le aplicaron en el mismo recinto asistencial, “como lo comprueban los manuscritos descubiertos en la presente investigación, encontrados en la habitación donde Tohá murió”.

Tales documentos habían sido confeccionador por el propio colaborador del Presidente Allende y por el agente que lo apremiaba y formulaba las preguntas por escrito.


El Mostrador

29 de Abril 2005

Procesan a 2 ex miembros de la FACH por torturas en la AGA

La titular del 9° Juzgado del Crimen de Santiago, Raquel Lermanda, dictó los dos primeros procesamientos en el marco de la querella por torturas interpuesta por cerca de 40 ex presos políticos que estuvieron recluidos en la Academia de Guerra Área (AGA) de la Fuerza Aérea durante el régimen militar.

Así lo informó la abogada patrocinante de la acción judicial, Alejandra Arriaza, precisando que las encargatorias de reo afectaron al oficial (r) Edgar Cevallos Jones (alias "comandante Cabezas"), y al suboficial (r) de esa rama castrense, Ramón Cáceres Jorquera, por el delito de aplicación de tormentos reiterados.

Estos ex uniformados serían sólo una parte de los imputados en estos hechos, que afectaron a cerca de 40 opositores al gobierno de facto, quienes estuvieron recluidos en el AGA entre 1973 y 1975.

Esta acción judicial fue interpuesta en 2001 y es la primera que tuvo por objeto perseguir los delitos de tortura, como recordó Arriaza, quien indicó que los hechos están plenamente acreditados.

En tanto, otras personas requeridas por el Codepu son Luis Enrique Campos Poblete, Sergio Contreras Mejía, César Palma Ramírez, Luis Fernando López López, Sergio Lizasoin Mitrano, Franklin Bello Calderón y el civil Leonardo Schneider Jordán, conocido como el “Barba Schneider”.

La profesional explicó que si bien el otrora comandante en jefe de la FACH Fernando Matthei fue director de la Academia de Guerra, no se encuentra acreditada su participación en los hechos que denuncian cerca de medio centenar de ex oficiales y suboficiales de la institución.

19 de Diciembre 2006 El Mostrador

Procesan a nueve oficiales (r) FACh por asociación ilícita genocídica

Corte de Apelaciones de Santiago revocó la decisión adoptada por el ministro Juan Eduardo Fuentes, quien desestimó la petición de encausar a los ex uniformados. Además, el tribunal de alzada procesó a tres de ellos por un secuestro calificado.

La Sexta Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago acogió la petición de someter a proceso a nueve oficiales (r) de la Fuerza Aérea (FACh) bajo la figura de asociación ilícita genocídica, debido a los antecedentes que los sindican como autores de detenciones ilegales, torturas y desapariciones al interior de la Academia de Guerra Aérea, AGA, luego del golpe de Estado de 1973.

Con el voto en contra de la ministra Rosa María Maggi, el ministro Carlos Cerda y la abogada integrante Andrea Muñoz estuvieron por revocar la decisión de primera instancia, adoptada por el ministro Juan Eduardo Fuentes, quien no dio lugar a estos encausamientos.

De esta forma, el tribunal de alzada procesó a Ramón Pedro Cáceres Jorquera, Sergio Fernando Contreras Mejías, Juan Bautista González Figueroa, Orlando Gutiérrez Bravo, Omar Arturo Insunza Melo, Juan Luis Fernando López López, Víctor Manuel Mattig Guzmán, Roberto Francisco Serón Cárdenas y Luis Campos Poblete, en calidad de autores del delito de asociación ilícita genocídica.

"Se encuentra justificado que en el año 1974, un grupo de individuos se organizó para trabajar coordinadamente en la persecución de personas que pudieren sustentar ideología marxista o activismo de izquierda extrapartidaria, con el objeto de exterminar a estos grupos sociales, atentando criminalmente en contra de sus miembros o seguidores", sostiene el fallo.

Con este fin, "procedieron a la detención de los mismos sin previa orden impartida por autoridad legítima, para luego recluirlos en la Academia de Guerra de la Fuerza Aérea de Chile, ubicada en la comuna de Las Condes de esta ciudad, donde se los mantuvo incomunicados por prolongados períodos y se los sometió a tratamientos crueles y degradantes y otras variadas formas de tortura física y psicológica", añadió.

Asimismo, la Sexta Sala ordenó dictar órdenes de detención en contra de todos estos uniformados, dado que la gravedad del delito imputado hacen necesaria su detención preventiva.

Secuestro calificado

Por otra parte, el tribunal de alzada encausó a Sergio Fernando Contreras Mejías, Juan Bautista González Figueroa y Víctor Manuel Mattig Guzmán, en calidad de coautores del delito de ilegítima privación de libertad de José Luis Baeza Cruces.

Según se consignó en la resolución, los antecedentes del proceso son también suficientes para justificar la existencia de la ilegítima privación de libertad de la mencionada vícitma, ilícito que a la época de su perpetración se encontraba descrito y sancionado en el artículo 141 inciso tercero del Código Penal.

José Luis Baeza Cruces, casado, 2 hijos, dirigente de la Central Unica de Trabajadores (CUT) y del Partido Comunista, fue detenido el 9 de julio de 1974 por efectivos de seguridad pertenecientes a la FACH, presumiblemente en la vivienda ubicada en El Mirador 1868, Santiago. Tras su captura fue trasladado a la AGA, donde se le ve hasta el 29 de agosto de ese mismo año, en muy mal estado físico producto de las torturas a que era sometido. (Fuente: memoriaviva.com)


La Nación

26 de septiembre de 2009

Suprema condena en libertad para torturadores de la AGA

Libertad vigilada por tres años y un día. Esa es la sentencia que la Corte Suprema aplicó a los dos oficiales superiores de la Academia de Guerra Aérea de la FACh como responsables de las torturas de 17 personas, tras el golpe militar en 1973.

Se trata de del comandante (R) de la FACh Edgar Cevallos Jones y al comandante de escuadrilla (R) Ramón Cáceres Jorquera.

La Corte Suprema, en todo caso, reconoce por primera vez que las torturas son un crimen de “lesa humanidad” y rechazó aplicar la prescripción, por tres votos contra dos.

Cevallos Jones, además, deberá pagar a cada una de las víctimas 10 millones de pesos como indemnización a las víctimas

Domingo 25 de octubre de 2009 La Nación

Suprema libera a torturadores de la Academia de Guerra

La Academia de Guerra Aérea (AGA) fue uno de los primeros centros de tortura establecidos tras el golpe militar de 1973 y la cuna del Comando Conjunto, organismo encargado de exterminar al Partido Comunista. En las dependencias de Las Condes se realizaron consejos de guerra en contra de aviadores leales a la Constitución y al Presidente Allende. Las numerosas condenas incluyeron la cadena perpetua y la muerte. Una parte importante de ellas luego fueron conmutadas por extrañamiento.

El actual subsecretario de Aviación, Raúl Vergara, y el general Alberto Bachelet pasaron por la AGA. En ese tiempo, el padre de la Presidenta de la República tenía 51 años y tres hijos. Bastó su rol de secretario de la Dirección Nacional de Abastecimiento y Comercialización durante la Unidad Popular para justificar su detención, marcada por la brutal tortura ejercida por sus ex alumnos. Debido a su pésima condición de salud, derivada de los tormentos, el general fue trasladado al Hospital de la FACh. Murió el 12 de marzo de 1974 en la Cárcel Pública.

Aunque por la AGA circularon más de 700 detenidos, la mayor parte miembros del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), el recinto no desarrolló la triste celebridad de instalaciones similares a cargo de la DINA. Sin embargo, sendas querellas interpuestas en 2001 y 2002 por ex miembros del MIR y aviadores detenidos en la AGA, a las que se sumó una demanda civil indemnizatoria, acaban de construir un hito en materia de derechos humanos. Hace casi un mes, la Corte Suprema reconoció estas torturas como crímenes de lesa humanidad y obligó a pagar 10 millones de pesos por víctima a uno de los condenados.

Pese al carácter histórico de la decisión del máximo tribunal, el fallo no dejó completamente conformes a los querellantes. Se logró la indemnización económica, pero la condena penal fue baja y favoreció sólo a 17 víctimas, de un total de 46 denunciantes originales. Además, sólo dos funcionarios que operaron en la AGA fueron encontrados responsables: los coroneles (R) Edgar Cevallos Jones y Ramón Cáceres Jorquera.

Duro trámite

Fue un proceso complejo. La causa llegó a manos del ministro Eduardo Fuentes Belmar en junio de 2005. El 9 de septiembre de ese mismo año se declaró incompetente, aduciendo que, como los delitos fueron cometidos por personal y dentro de un recinto militar, le correspondía investigar a la justicia militar. La parte querellante apeló a la decisión del tribunal civil, al estimar que esta instancia no daba garantías de independencia e imparcialidad. De todas formas el ministro traspasó la causa el 22 de septiembre a la justicia castrense. Sin embargo, el 28 de ese mes, esta instancia se declaró igualmente incompetente, generando un conflicto que fue dirimido por la Corte Suprema, que resolvió que la causa siguiera en manos de Fuentes.

Los testimonios de los detenidos, recogidos en la investigación, dan cuenta de la brutalidad con que operaron los funcionarios de la AGA, repartición que poco tiempo después se organizaría como Dirección de Inteligencia de la Fuerza Aérea y luego derivaría en el Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea (SIFA), principal integrante del Comando Conjunto.

Según las declaraciones de los detenidos en la AGA entre 1973 y 1975, tanto Cevallos como Cáceres eran parte fundamental de un grupo bestial de torturadores. El entonces coronel de Aviación, Augusto Galaz Guzmán, declaró que el 14 de septiembre de 1973 fue detenido desde su oficina en el Ministerio de Defensa junto al actual subsecretario de Aviación, Raúl Vergara, el general Bachelet y el coronel Rolando Miranda. Luego de llevarlos a la Fiscalía de Aviación y a la Base Aérea de Colina, donde fueron interrogados, los trasladaron en conjunto a la AGA. En el proceso, Galaz señaló que se les mantenía con capucha “durante el interrogatorio, levantándonos con cordeles colocados entre las piernas, aplicando agujas en el nacimiento de las uñas de las manos y dándonos golpes de puño en el rostro”. Galaz agregó que Cevallos y Cáceres estaban a cargo de los maltratos. No fue difícil reconocerlos: ambos habían sido alumnos suyos en la Escuela de Aviación.

De acuerdo a la condena en primera instancia, dictada en 2006 por el ministro Fuentes, tanto miembros de las Fuerzas Armadas como sujetos pertenecientes a grupos de izquierda, contrarios al régimen militar, fueron detenidos en la AGA. Eran mantenidos con la vista vendada en un subterráneo e interrogados por miembros de la FACh.

“Y en ocasiones eran sometidos a diversos apremios sicológicos o físicos, consistentes estos últimos en mantenerlos constantemente con la vista vendada, con piernas o brazos flectados; pasándoles un palo entre sus extremidades y dejándolos suspendidos en el aire (pau de arara); aplicándoles descargas de corriente eléctrica en partes sensibles del cuerpo, tales como lengua, órganos genitales, sienes; obligándolos a permanecer de pie durante muchas horas o días sin suministro de agua o comida; sometiéndolos a simulacros de fusilamiento”, señala la condena de primera instancia.

Fuentes dictaminó, tanto para Cevallos como para Cáceres, una pena de 541 días con presidio remitido. No consideró que los delitos cometidos fueran de lesa humanidad, sino que los enmarcó dentro del artículo 150 del Código Penal, que describe los apremios ilegítimos. El ministro aplicó al máximo las atenuantes esgrimidas por los culpables.

El argumento del ministro para aplicar este castigo fue la irreprochable conducta anterior de los imputados, sin anotaciones penales. Respecto de Cevallos Jones, la condena señala que “dicha atenuante será considerada como muy calificada, toda vez que en su comportamiento pretérito se dan especiales connotaciones, como lo son su calificada preparación profesional, espíritu laboral y ejemplar comportamiento social. En efecto, de los antecedentes del proceso aparece que el encausado es titulado como ingeniero aeronáutico y cumplió satisfactoriamente toda su carrera en la Fuerza Aérea”.

En cuanto a Cáceres Jorquera, el ministro Fuentes consideró una atenuante muy calificada su permanencia en la Aviación durante treinta años y que haya cursado un magíster en ciencias políticas y un postítulo en Economía de Guerra, todo sumado a sus “armoniosas relaciones familiares”.

El coordinador del Grupo de Prisioneros de Guerra FACh y torturado en la AGA, Mario González (ver entrevista), considera que el argumento de Fuentes queda en cero “desde el momento en que dan el primer golpe a un indefenso detenido, sin siquiera considerar si eran hombres o mujeres, luego aplicando electricidad. Hubo premeditación y un proceder reiterativo. Por eso, acá no corre la intachable conducta anterior en la institución ni tampoco sus estudios posteriores”, critica.

En esta misma línea, la Corte de Apelaciones, en fallo del 6 de noviembre de 2008, además de subir las condenas de ambos a tres años, aún con presidio remitido, desestimó este argumento por no encontrarse debidamente acreditado.

Con respecto al pago de indemnización en contra de las víctimas, el ministro Fuentes eximió de esta responsabilidad al Consejo de Defensa del Estado y a Ramón Cáceres, entre otros aspectos, debido a que el plazo para iniciar acciones legales por este concepto vence a los cuatro años, lo que fue confirmado por la Corte de Apelaciones y la Suprema.

Cevallos tendrá que pagar a las víctimas exclusivamente porque su defensa no contestó la demanda civil a tiempo. Si no fuera por ese error legal, nadie recibiría un peso por las consecuencias de su traumático paso por la macabra AGA de Las Condes. Según el registro de Dicom, Cevallos posee dos bienes a su nombre, avaluados fiscalmente en 200 millones de pesos.

Hace unas semanas, sin embargo, la Sala Penal de la Corte Suprema no sólo confirmó la sentencia de segunda instancia que subió las penas de Cevallos y Cáceres a tres años con presidio remitido. También agregó que “de acuerdo a los antecedentes reunidos durante la indagación, es procedente concluir que se está en presencia de lo que la conciencia jurídica ha dado en denominar delitos contra la humanidad”. De esta forma, este fallo es el primero en que el máximo tribunal reconoce las torturas como delitos de esta índole.

Federico Aguirre, secretario ejecutivo de la Corporación de Defensa de los Derechos del Pueblo (Codepu), organización querellante, destaca que esta causa sienta un precedente para otras similares, pero “consideramos que las penas impuestas no se condicen con el daño ocasionado. No son proporcionales al atentado grave a la integridad física y síquica que importa el crimen de tortura”.

A pesar de que Fuentes Belmar sólo procesó a Cevallos y Cáceres en la causa de torturas de la AGA, en el caso de la desaparición de José Luis Baeza Cruces y el crimen de Alfonso Carreño Díaz, ambos ocurridos en el recinto, la Corte de Apelaciones decidió en 2006 procesar a nueve miembros de esa repartición por el delito de asociación ilícita genocida. Esto, luego de que el ministro Fuentes, quien también lleva esta causa, se negara a hacerlo luego de la solicitud del Programa de Derechos Humanos. Actualmente, la causa está en la etapa previa a la sentencia de primera instancia.

“Resulta increíble la posición de la justicia”

Mario González, coordinador del grupo de prisioneros de Guerra FACH

-¿Quiénes estuvieron con el general Bachelet en sus últimos momentos?

-Prácticamente todo el personal de la FACh procesado en la Región Metropolitana de esa época estuvimos en la Cárcel Pública junto al general Bachelet, quien muere el 12 de marzo de 1974, después de un largo día de interrogatorio en la AGA.

-¿Le tocó a usted o a sus compañeros cuidarlo?

-La mañana en que él se sintió mal, todos nos dimos cuenta de su estado cuando se retiró a su celda a descansar. Estuvimos atentos a todo lo que sucedía. Antes de mediodía, ya se sabía por Álvaro Yáñez, nuestro médico, también preso, que el general estaba muriendo por un ataque al corazón.

-¿Qué sienten como cuerpo de ex aviadores respecto de la condena aumentada a 3 años, pero con pena remitida, igual que la de primera instancia?

-Consideramos que las penas impuestas y la confirmación de ellas por el máximo tribunal es insuficiente. Primero, por la gravedad del delito, que está tipificado como apremio ilegítimo y no como tortura. Y los tres años, que son con pena remitida. Pero estamos contentos, ya que se comprobó que hubo tortura para sacar confesiones falsas en los procesos y consejos de guerra implementados como forma de atemorizar al resto del personal de la Fuerza Aérea.

-¿Qué le parece que sólo en el caso de algunos de ustedes se hayan acreditado las torturas?

-Aquí consideramos que hubo un grave error y que es totalmente discriminatorio. El ministro buscó secuelas de tortura y no la tortura como tal. Pasados tantos años, es difícil de encontrar secuelas físicas. En muchos de nosotros no las encontró o se desentendió, en circunstancias que existen certificados médicos de la fecha en que constan los efectos de los procedimientos que usaron los torturadores.

-¿Por qué cree que se condenó sólo a dos de los autores de los delitos de tortura?

-Resulta totalmente increíble la posición de la justicia. Este personal era parte de un sistema represivo creado por la FACh para desarticular, según ellos, todo un grupo que estaría dedicado a complotar en contra del mando institucional y que contaría con agentes civiles cercanos al gobierno y partidos políticos, haciendo un trabajo de infiltración a la FACh con el fin de dar un autogolpe, Plan Z y otros más con ese objetivo.

-Ustedes, como aviadores, tienen una acción judicial ante la Corte Interamericana de DDHH, ¿en qué está?

-Como Grupo Prisioneros de Guerra FACh tenemos una presentación en la CIDH desde 2003, acusando al Estado de Chile por denegación de justicia, por el rechazo de la Corte Suprema a nuestra solicitud de revisión del consejo de guerra en contra de Bachelet y otros. Esta presentación fue admitida y estuve como coordinador en Washington en una audiencia concedida por dicha comisión. Se llamó a las partes para llegar a una solución amistosa en octubre de 2007, pero no ha sido posible llegar a buen puerto por la falta de interés del gobierno para resolver nuestra solicitud de reparación por el daño causado

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