Hugo Norberto Ratier Noguera
Antecedentes del Caso
Hugo Norberto RATIER NOGUERA
El 7 de septiembre de 1983 se informó oficialmente que ese día, a consecuencia de los operativos realizados tras la muerte del General de Ejército e Intendente de Santiago General Carol Urzúa, se habían producido dos enfrentamientos con miembros del MIR implicados en tales hechos. Primeramente se dijo que el enfrentamiento se había originado al descubrirse accidentalmente a tres individuos sospechosos en calle Visviri con Fleming en el sector Oriente de Santiago, por parte de agentes de la CNI que realizaban un patrullaje de rutina. Ellos habrían contestado con disparos a la voz de alto y corrido hasta refugiarse en una casa en calle Fuenteovejuna, desde donde siguieron disparando a los agentes, quienes recibieron refuerzos de Carabineros e Investigaciones. Al rato se habría producido una explosión en el interior de la vivienda cuando los individuos se encontraban quemando documentación, muriendo uno de ellos. Los dos restantes, en una acción suicida, habrían salido disparando y habrían sido abatidos.
Al día siguiente apareció en la prensa otra versión oficial, que, a diferencia de la primera, indica que el enfrentamiento se produjo cuando los efectivos concurrieron al inmueble en donde se refugiaban las víctimas, cuya dirección obtuvieron mediante confesiones de otros intervinientes en el asesinato del General Carol Urzúa. En esta oportunidad se señala que habían sido evacuadas las viviendas del sector aledaño.
En realidad los hechos ocurrieron de diferente manera. Los agentes de seguridad estaban al tanto que en el inmueble se encontraban miembros del MIR en la clandestinidad. Luego del asesinato del General se planificó la acción en contra de ellos, por lo que se reunió a un gran número de agentes de seguridad, que incluía miembros de la CNI y de otros servicios, los cuales, luego de otras acciones ejecutadas ese mismo día, entre las que se cuenta la detención de personas, se dirigieron al inmueble.
En ese lugar instalaron una ametralladora punto 50 que inmediatamente comenzó a disparar. Sólo después de haberlo hecho durante unos minutos se pidió a los moradores que se entregaran. En atención a ello salió Sergio PEÑA DIAZ, de profesión veterinario, militante del MIR, quien había ingresado clandestinamente al país, con las manos puestas en la nuca. Cuando se aproximaba a la reja del antejardín dos agentes le dispararon con metralletas a corta distancia, causándole la muerte.
Estos hechos, conocidos por la Comisión a través del relato de un testigo presencial de todos ellos, le permiten llegar a la convicción de que Sergio Peña murió ejecutado por parte de agentes de la CNI, considerando su muerte una violación a los derechos humanos de responsabilidad de agentes estatales.
A raíz de la muerte de Sergio Peña, Lucía Orfilia VERGARA VALENZUELA, militante del MIR, quien ingresó clandestinamente al país, quien se encontraba en el interior de la vivienda, disparó hacia afuera, reiniciando inmediatamente el ataque los agentes, quienes además lanzaron una bengala que produjo el incendio de la casa.
La última persona que quedaba en el interior de la vivienda, Arturo Jorge VILAVELLA ARAUJO, de profesión ingeniero, militante del MIR, quien también había ingresado clandestinamente al país, murió carbonizado.
Dada la verdadera finalidad del operativo, como quedó demostrado, la Comisión considera que estas últimas dos personas también deben ser consideradas como ejecutadas.
Janaqueo
Posteriormente, ese mismo día se informó oficialmente de otro enfrentamiento, ocurrido en calle Janaqueo de Santiago, que estaría ligado con el anterior y con la búsqueda de los responsables de la muerte del General Carol Urzúa. Se dijo que luego de terminados los hechos en Fuenteovejuna los efectivos se trasladaron a calle Janaqueo Nº5707 con el fin de detener a otras personas. Sin embargo ello no fue posible al oponer resistencia armada los moradores del inmueble antes indicado. A consecuencias del intercambio de tiros Hugo Norberto RATIER NOGUERA, argentino, militante del MIR, fue abatido en el patio de su casa y Alejandro SALGADO TROQUIAN, de profesión veterinario, militante del MIR, falleció a dos cuadras de esa casa de donde se había dado a la fuga.
La Comisión ha comprobado, de acuerdo con los antecedentes de que dispone, que esta versión también es falsa, dado que el último de los nombrados fue muerto cuando se aproximaba a su domicilio por agentes de la CNI quienes le dispararon a quemarropa y sin que hubiese habido resistencia de su parte. Inmediatamente de sucedido esto los agentes comenzaron a disparar con la misma ametralladora punto 50 montada en un Jeep que habían utilizado contra el inmueble de Fuenteovejuna, a la casa donde se encontraba Hugo Ratier, dándole muerte sin que éste se les haya enfrentado.
Previo a estos hechos los agentes, habían reunido al vecindario, unas 80 personas, en una iglesia del sector.
La Comisión se formó convicción de que ambas personas fueron ejecutadas por agentes estatales, en violación de sus derechos humanos.
Fuente :Informe Rettig
Prensa
El exagente José Isaias Vidal Veloso fue condenado a 15 años y un día de presidio por los homicidios de Hugo Ratier Noguera y Alejandro Salgado Troquian.
La ministra en visita de causas de derechos humanos de la Corte de Santiago, Paola Plaza González, dio orden de ingreso a cumplimiento de pena al exagente de la Central Nacional de Informaciones (CNI) José Isaías Vidal Veloso.
Vidal Veloso fue condenado a 15 años y un día de presidio por su responsabilidad como autor de los homicidios calificados de Hugo Ratier Noguera y Alejandro Salgado Troquian, ocurridos el 7 de septiembre de 1983 en calle Janequeo, comuna de Quinta Normal.
El condenado fue detenido por personal de la PDI luego de que se mantuviera prófugo desde febrero de 2023.
Fuente :pjud.cl
Fecha :12-05-2025
La Corte Suprema confirmó las condenas contra 22 agentes de la Central Nacional de Informaciones (CNI) por su responsabilidad en los delitos de homicidio calificado de los militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) Hugo Ratier Noguera y Alejandro Salgado Troquián. Los crímenes fueron perpetrados el 7 de septiembre de 1983, en un falso enfrentamiento en calle Janequeo de la comuna de Quinta Normal, en Santiago.
En fallo unánime la Segunda Sala del máximo tribunal (causa rol 10.047-2022) -integrada por los ministro Manuel Antonio Valderrama, Leopoldo Llanos Sagristá, Jean Pierre Matus, y el abogado (i) Gonzalo Ruz L. y la abogada (i) Leonor Etcheberry C.- descartó error de derecho en la sentencia y rechazó los recursos de casación en la forma y en el fondo interpuesto por la casi totalidad de los condenados en contra del fallo de la Corte de Apelaciones de Santiago, dictado en noviembre de 2021, que a su vez confirmó con algunos cambios la de primera instancia, dictada en julio de 2019 por el ministro Miguel Vásquez Plaza.
En la resolución la Segunda Sala confirma las condenas aplicadas a los ex oficiales de Ejército y ex jerarcas de la CNI Roberto Urbano Schmied Zanzi, Álvaro Julio Federico Corbalán Castilla y Aquiles Mauricio González Cortés, quienes quedan condenados a 17 años de presidio, en calidad de coautores del delito. El primero de los condenados, Schmied Zanzi, ejercía como jefe de la División Metropolitana de la CNI; Corbalán Castilla era jefe de la División Antisubversiva y Aquiles González actuaba como jefe de la Brigada Azul, especializada en la represión al MIR.
En tanto, los ex oficiales de ejército y operativos de la CNI Sergio María Canals Baldwin, Luis Arturo Sanhueza Ros, Fernando Rafael Mauricio Rojas Tapia, Norman Antonio Jeldes Aguilar y los ex agentes José Abel Aravena Ruiz, José Guillermo Salas Fuentes, Egon Antonio Barra Barra, Jorge Octavio Vargas Bories y José Isaías Vidal Veloso deberán purgar 15 años y un día de presidio, como autores de los delitos.
Por su parte, los ex agentes Rodolfo Enrique Olguín González, Ema Verónica Ceballos Núñez, Luis Hernán Gálvez Navarro, Rosa Humilde Ramos Hernández, Francisco Javier Orellana Seguel, Miguel Fernando Gajardo Quijada, Juan Carlos Vergara Gutiérrez, Raúl Boris Méndez Santos, Raúl Hernán Escobar Díaz y Rafael Ricardo Ortega Gutiérrez, fueron sentenciados a 10 años y un día de presidio, como cómplices de los delitos.
El agente Manuel Ángel Morales Acevedo, también condenado en las instancias previas, falleció en el curso del proceso.
Falso enfrentamiento
El día 7 de septiembre de 1983, decenas de agentes de la CNI, de la SIFA, de la Policía de Investigaciones y de otros organismos represivos fueron hasta el domicilio ubicado en calle Janequeo N° 5707, comuna de Quinta Normal, que estaba siendo vigilado desde hace algunas semanas, procediendo a rodear y a acordonar el lugar, para luego mediante el uso de una base de fuego y otros armamentos, disparar, sin mediar provocación alguna y con gran poder de fuego contra el inmueble, producto de lo cual resultó muerto por diversas heridas de bala en el patio trasero de la vivienda, Hugo Ratier Noguera.
Simultáneamente, con ocasión de ir llegando al barrio y al mismo domicilio donde residía, el militante Alejandro Salgado Troquián fue abatido por múltiples heridas de bala, y ejecutado en la vía pública, esto es, en calle Janequeo frente al número 5946, a dos cuadras de la vivienda atacada.
Hugo Norberto Ratier Noguera, de 39 años de edad, era de nacionalidad argentina, originario de Misiones, y residía en Chile desde 1970. Era dirigente del MIR y se mantenía activo en la clandestinidad. Era casado y padre de tres hijos; poco antes de estos hechos su esposa e hijos habían abandonado el país por razones de seguridad. Alejandro Salgado Troquián, de 30 años de edad, de profesión veterinario, también militante del MIR, era casado y padre sustituto de los hijos de su pareja.
Un menor de edad, hijo adoptivo de Salgado y residente en la vivienda junto con Salgado y Ratier, fue víctima y testigo de los hechos pero en medio de la balacera logró huir hacia casas del vecindario, salvando así la vida y denunciando luego el criminal ataque.
Este falso enfrentamiento fue realizado por la CNI el mismo día y a continuación de que perpetrara las ejecuciones de otros tres militantes del MIR en calle Fuenteovejuna, en la comuna de Las Condes, en un hecho criminal también orquestado como falso enfrentamiento y en donde fueron asesinados Arturo Vilavella Araujo, Lucía Orfilia Vergara Valenzuela y Sergio Peña Díaz. Los tres habían regresado clandestinamente a Chile para integrarse a la lucha contra la dictadura. Judicialmente, ambos sucesos se tramitan como episodios separados, en circunstancias que se trató de una sola operación represiva.
En la investigación del hecho represivo quedó demostrado que el organismo represivo de la dictadura desarrolló una operación de seguimiento y vigilancia durante los meses previos sobre un conjunto de miembros del MIR que actuaban en la clandestinidad en la lucha de resistencia contra el régimen tirano. Con los datos obtenidos de esa observación previa, la CNI orquestó la operación de exterminio que significó la detención de una decena de personas, el ataque y asesinato de los tres moradores de la casa en calle Fuente Ovejuna, y luego el ataque y asesinato de otros dos militantes en la casa de calle Janequeo de la comuna de Quinta Normal.
por Darío Núñe
Fuente :resumen.cl
Fecha :27-01-2024
La Corte de Apelaciones de Santiago confirmó la sentencia de primer grado dictada por el ministro Miguel Vásquez Plaza el 19 de julio de 2019 que condenó a 23 ex agentes de la Central Nacional de Informaciones (CNI) por su responsabilidad en los delitos de homicidio calificado de los militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) Hugo Ratier Noguera y Alejandro Salgado Troquián. Los crímenes fueron perpetrados el 7 de septiembre de 1983, en un falso enfrentamiento en la calle Janequeo de la comuna de Quinta Normal.
En el fallo (causa rol 4741-2019), la Tercera Sala del tribunal de alzada - integrada por la ministra Verónica Sabaj Escudero, Alejandro Aguilar Brevis y Rodrigo Carvajal Schnettler - resolvió rechazar los recursos de apelación y de casación interpuestos por algunos condenados y confirmar la sentencia de primera instancia con la declaración de rebajar de 20 a 17 años de presidio las condenas aplicadas a los ex oficiales de Ejército y ex jerarcas de la CNI Roberto Urbano Schmied Zanzi, Álvaro Julio Federico Corbalán Castilla y Aquiles Mauricio González Cortés , en calidad de coautores del delito. El primero de los condenados, Schmied Zanzi , ejercía como jefe de la División Metropolitana de la CNI; Corbalán Castilla era jefe de la División Antisubversiva y Aquiles González actuaba como jefe de la Brigada Azul, especializada en la represión al MIR.
En tanto, los ex oficiales de ejército Sergio María Canals Baldwin, Luis Arturo Sanhueza Ros, Fernando Rafael Mauricio Rojas Tapia, Norman Antonio Jeldes Aguilar y los ex agentes José Abel Aravena Ruiz , José Guillermo Salas Fuentes, Egon Antonio Barra Barra, Jorge Octavio Vargas Bories, Manuel Ángel Morales Acevedo y José Isaías Vidal Veloso deberán purgar 15 años y un día de presidio, como autores de los delitos.
Por su parte, los ex agentes Rodolfo Enrique Olguín González, Ema Verónica Ceballos Núñez, Luis Hernán Gálvez Navarro, Rosa Humilde Ramos Hernández, Francisco Javier Orellana Seguel, Miguel Fernando Gajardo Quijada, Juan Carlos Vergara Gutiérrez, Raúl Boris Méndez Santos, Raúl Hernán Escobar Díaz y Rafael Ricardo Ortega Gutiérrez , fueron sentenciados a 10 años y un día de presidio, como cómplices de los delitos.
En la causa se decretó la absolución de los agentes Zinaida Lena Vicencio González, Jorge Raimundo Ahumada Molina y Eduardo Martín Chávez Baeza , por no acreditarse su participación en este hecho. Otro procesado en esta causa, el ex PDI Jorge Arnaldo Barraza Riveros , falleció en el curso del proceso; en tanto, sigue en calidad de prófugo el procesado ex oficial de Carabineros Miguel Ángel Patricio Soto Duarte.
Este falso enfrentamiento fue realizado por el CNI el mismo día y después de que perpetrara las ejecuciones de otros tres militantes del MIR en la calle Fuenteovejuna, en un hecho criminal también orquestado como falso enfrentamiento. Judicialmente, ambos sucesos se traman como episodios separados, en circunstancias que se trataron de una sola operación represiva.
En la investigación del hecho represivo quedó demostrado que el organismo represivo de la dictadura desarrolló una operación de seguimiento y vigilancia durante los meses anteriores sobre un conjunto de miembros del MIR que actuaban en la clandestinidad en la lucha de resistencia contra el régimen tirano . Con los datos obtenidos de esa observación previa, el CNI orquestó la operación de exterminio que significó la detención de una decena de personas, el ataque y asesinato de los tres moradores de la casa en calle Fuenteovejuna, en la comuna de Las Condes, y luego el ataque y asesinato de otros dos militantes en la casa de calle Janequeo de la comuna de Quinta Normal.
El día 7 de septiembre de 1983, decenas de agentes del CNI, de la SIFA, de la Policía de Investigaciones y de otros organismos represivos fueron hasta el domicilio ubicado en calle Janequeo N° 5707, comuna de Quinta Normal, que estaba siendo vigilado desde hace algunas semanas, procediendo a rodear ya acordonar el lugar, para luego mediante el uso de una base de fuego y otros armamentos, disparar, sin mediar provocación alguna y con gran poder de fuego contra. el inmueble, producto de lo cual resultó muerto por diversas heridas de bala en el patio trasero de la vivienda, Hugo Ratier Noguera , de 39 años de edad. Además, con ocasión de ir llegando al mismo domicilio donde residía, fue abatido por Múltiples heridas de bala, y ejecutado en la vía pública, esto es, en calle Janequeo frente al número 5946, Alejandro Salgado Troquián , de 30 años de edad.
Un menor de edad, hijo adoptivo de Salgado y residente en la vivienda junto con Salgado y Ratier, fue víctima y testigo de los hechos pero en medio de la balacera logró huir hacia casas del vecindario, salvando así la vida y denunciando luego el ataque criminal.
Fuente :resumen.cl
Fecha :18-11-2021
Los hechos ocurrieron en la comuna de Quinta Normal, el 7 de septiembre de 1983. El ministro en visita condenó a Roberto Schmied Zanzi, Álvaro Corbalán Castilla y Aquiles González Cortés a la pena de 20 años de presidio.
Por su responsabilidad en los homicidios de Alejandro Salgado Troquián y Hugo Ratier Noguera, el ministro en visita extraordinaria para causas por violaciones a los derechos humanos de la Corte de Apelaciones de Santiago, Miguel Vázquez Plaza, condenó a 23 ex agentes de la Central Nacional de Informaciones (CNI).
Los hechos ocurrieron en la comuna de Quinta Normal, el 7 de septiembre de 1983, y se dieron a conocer en su momento como un enfrentamiento, que resultó ser falso.
El ministro Vázquez condenó a Roberto Schmied Zanzi, Álvaro Corbalán Castilla y Aquiles González Cortés a la pena de 20 años de presidio. Mientras que los ex agentes José Aravena Ruiz, José Salas Fuentes, Luis Arturo Sanhueza Ross, Egon Barra Barra, Jorge Vargas Bories, Norman Jeldes Aguilar, Fernando Rojas Tapia, Manuel Morales Acevedo, Sergio Canals Baldwin y José Vidal Veloso deberán pasar 15 años y un día de presidio como autores de los delitos.
En calidad de cómplices fueron condenados a 10 años y un día de presidio Raúl Méndez Santos, Rodolfo Olguín González, Ema Ceballos Núñez, Miguel Gajardo Quijada, Rosa Ramos Hernández, Francisco Orellana Seguel, Juan Carlos Vergara Gutiérrez, Raúl Escobar Díaz, Rafael Ortega Gutiérrez y Luis Gálvez Navarro.
Durante la investigación de la causa, el ministro Vázquez logró establecer que Hugo Ratier Noguera y Alejandro Salgado Troquián murieron por impactos de bala recibidos por la espalda, luego de que agentes de la CNI, de la Policía de Investigaciones de Chile y de otros organismos represivos comenzaron a disparar sin mediar provocación alguna y con gran poder de fuego contra el inmueble ubicado en calle Janequeo 5707.
Fuente :eldinamo.cl
Fecha :22-07-2019
Hace 21 años, la noche del 7 de septiembre de 1983, un grupo operativo de la CNI propinó un demoledor golpe al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). En pocas horas -en dos lugares de Santiago- fueron asesinados cinco miristas, entre ellos Arturo Villabela Araujo, miembro de la comisión política y encargado militar de ese partido, y Hugo Ratier Noguera, miembro del comité central y jefe de la estructura armada del MIR en la capital. Fue una operación de represalia que la dictadura ordenó ejecutar por la muerte del intendente de Santiago mayor general (r) Carol Urzúa Ibáñez, que junto con su escolta cayó en una emboscada montada por un comando del MIR el 30 de agosto en la comuna de Las Condes. La sangrienta respuesta de la CNI cobró cinco vidas en una noche. Esa brutal represalia dejó en evidencia que la CNI conocía los domicilios de dirigentes del MIR que vivían en la clandestinidad, y que eran vigilados cotidianamente por los servicios de seguridad.
El primer golpe se descargó en la calle Fuenteovejuna 1330, de Las Condes, donde fueron abatidos Arturo Villabela Araujo y los militantes Lucía Vergara Valenzuela y Sergio Peña Díaz. Los tres habían regresado clandestinos al país. Horas después, el mismo contingente dio muerte en la calle Janequeo 5707, de Quinta Normal, a Hugo Ratier Noguera y a Alejandro Salgado Troquián.
Aquella noche, Miguel Alejandro Bustos Césped, hijo adoptivo de Alejandro Salgado, de 16 años, se encontraba estudiando mientras escuchaba música en la casa de calle Janequeo. De pronto, una ráfaga de ametralladora se escuchó a unos cien metros de la vivienda. El joven sobreviviente entregó su testimonio, que es la base de una denuncia que debe investigar la ministra de la Corte de Apelaciones de Santiago, Gloria Ana Chevesich. La ráfaga “se escuchó bastante cerca -declaró Miguel Bustos- pero no le di mayor importancia, porque era normal escuchar disparos en Santiago en aquel tiempo de protestas. Traté de concentrarme nuevamente, cuando escuché gritos en la calle. Fue todo muy rápido, entre la primera ráfaga a distancia y el ataque a la casa”.
Su relato acompaña la acción judicial interpuesta por abogados del Codepu contra el general (r) Augusto Pinochet, los ex ministros Sergio Onofre Jarpa y Sergio Fernández, el ex auditor del ejército Fernando Torres Silva y el ex agente César Luis Palma Ramírez (alias “Fifo”), por la muerte de los cinco militantes del MIR. A la denuncia se anexará una querella que interpondrán familiares de Hugo Ratier, argentino, quien tenía 39 años cuando fue asesinado.
En estas dos operaciones de aniquilamiento participó el entonces miembro del Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea (Sifa) e integrante del Comando Conjunto, Andrés Valenzuela Morales (alias “El Papudo”). En declaración ante la Vicaría de la Solidaridad el 28 de agosto de 1984, a la cual tuvo acceso Punto Final, Valenzuela precisa que en estos asesinatos se actuó con deliberada violencia y ensañamiento. “Recibimos orden de dirigirnos hacia el sector poniente de la ciudad, a calle Janequeo 5707, por los alrededores de la Plaza Garín. Cuando estuvimos cerca del objetivo, nos dijeron que nos agacháramos pues venía corriendo una de las personas que debía ser eliminada. Pasó por el costado de nuestra camioneta. Cuando llegó a un sector donde hay una pared, fue rafagueado e inmediatamente la base de fuego, que también estaba en ese lugar, empezó a disparar sobre una casa”. Este primer blanco en la calle fue Alejandro Salgado Troquián. Según Valenzuela Morales “apenas cayó asesinado, un agente colocó en su mano un arma simulando que la llevaba al momento de ser eliminado”. En el interior de la casa de calle Janequeo fue acribillado Hugo Ratier.
El ex suboficial de la Fach también describe en su testimonio lo ocurrido en calle Fuenteovejuna 1330, que antecede a los asesinatos en calle Janequeo: “Se nos ordenó ir hacia Avenida Colón, donde hay un supermercado que está en la esquina suroriente, cercano a una rotonda donde también desemboca la calle Tomás Moro. Allí estuvimos un rato, mientras se daban instrucciones para actuar en una casa de calle Fuenteovejuna, donde se había detectado que había tres personas. Llegó un jeep de la CNI con el techo corredizo y en el cual se instala una ametralladora punto 50 sobre un sistema hidráulico que permite subirla sobre el nivel del techo y operarla por dos hombres, uno que dispara y otro que va pasando la cinta de municiones. Nos dirigimos frente a la casa de Fuenteovejuna 1330, donde se instaló el jeep y se dio orden de actuar”. Esa orden significó la muerte de Arturo Villabela, Lucía Vergara y Sergio Peña y el incendio de la vivienda. Cumplida la misión, tomaron rumbo hacia Quinta Normal, a Janequeo 5707.
Miguel Alejandro Bustos Césped, quien logró escapar al cerco en calle Janequeo, entrega en su testimonio una serie de antecedentes que retratan a Hugo Ratier y Alejandro Salgado y la vida en la clandestinidad que compartían en familia. La madre de Miguel Bustos, Digna Césped, era tesorera de una junta de vecinos de La Florida y apoyaba la organización social incipiente contra la dictadura. Así conoció al que sería su compañero, Alejandro Salgado Troquián. Miguel Bustos señala: “El era uno de los que acostumbraban llegar a nuestra casa: gente de iglesia, políticos, jóvenes y trabajadores. Por las acciones realizadas por mi madre en los comedores populares, nuestra casa comenzó a ser vigilada. Ella fue perseguida en varias ocasiones”. Por seguridad de su familia, Digna Césped decidió abandonar el barrio en 1979. Con sus cuatro hijos, formó una familia con Salgado. En su testimonio, Miguel señala que a Alejandro Salgado “lo conocimos como ‘Raúl’ (su nombre político) y después de un tiempo conocimos a ‘José’, Hugo Norberto Ratier”. En 1980 se trasladaron a la comuna de San Miguel, viviendo en distintas casas, lo que llevó a Miguel y sus hermanos a deambular por diversos colegios. “Los cambios de escuela nos obligaban a elaborar leyendas para sortear las preguntas de los nuevos compañeros de clase. Pero ya estábamos acostumbrados”. La presencia de Hugo Ratier ya era constante en la casa y Miguel recuerda que, en 1982, “tuvimos que acoger a dos compañeros heridos” que fueron atendidos por una doctora que más tarde fue detenida y torturada.
La clandestinidad obligó a Miguel Bustos Césped a interrumpir su vida escolar. A los 13 años comenzó a trabajar como comerciante ambulante en Patronato, y su hermano Carlos como cuidador de autos en el Estadio Nacional. Luego fueron vendedores en ferias libres. En una oportunidad, viviendo en La Cisterna, la familia decidió dispersarse como medida de seguridad, luego de la visita de dos funcionarios de Investigaciones -así se identificaron-. Se decidió que los adultos abandonarían la casa y los menores serían distribuidos en distintos lugares. Así, Miguel Alejandro llegó a una parroquia en El Salto, donde fue acogido por el sacerdote español Jesús Rodríguez. Tiempo después, su madre Digna lo buscó. El reencuentro esta vez fue en Conchalí. La familia siguió siempre en la permanente sombra de la clandestinidad.
Miguel señala que llegaron a la casa de Janequeo 5707 a principios de enero de 1983. Ubicada frente a un policlínico, la vivienda contaba con dos patios donde crecían árboles frutales. Una vez instalados, Miguel y su hermano Luis Enrique retomaron clases en un colegio cercano, mientras su hermana Sandra Virginia se quedaba en casa. La menor nació con labio leporino y no podía asistir a colegios ni hospitales porque la CNI podía seguir esa pista. En febrero de 1983 llegaron a vivir a Janequeo Hugo Ratier y su familia: su compañera, Ruth Carvajal Peña, y los hijos de ambos, Marcelo, Ursula y Dagoberto. Miguel sólo alcanzó a compartir con ellos un tiempo breve. Antes de finalizar el mes, Ruth y los tres hijos de Ratier abandonaron el país rumbo a Cuba. Era época de protestas y caceroleos. La casa comenzó a ser vigilada. “Un taxi se paraba en la esquina y en una ocasión vimos que el auto no tenía patente. Sospechamos que era un control sobre nosotros, aunque luego se fueron”. En mayo se decidió que la madre de Miguel viajara fuera del país. Quedaron en la casa de Janequeo Alejandro Salgado, Hugo Ratier y tres de los hijos de Digna, aunque la idea era que también salieran del país.
La rutina diaria comenzaba temprano. Miguel hacía las compras, mientras que Hugo Ratier se encargaba de preparar la comida. Miguel recuerda que “comíamos juntos y por las tardes conversábamos y veíamos fútbol por televisión”.
A fines de agosto de 1983 los hermanos de Miguel, Sandra Virginia y Luis Enrique, abandonaron la casa para reencontrarse con su madre en el exterior. Miguel recuerda: “El ambiente se hizo más triste para mí”.
La huida
En la mañana del 7 de septiembre de 1983 el joven Miguel Bustos se levantó para ir al colegio. “Regresé cerca de las 14 horas. Almorcé junto a mi tío Hugo y Alejandro, escuchando las noticias de la radio. Después quedamos conversando un rato. Me preguntaron cómo me iba en el colegio, a lo que contesté que más o menos. El tío Hugo comenzó a recordar su época de estudiante en su ciudad natal, en Argentina. Luego lavó la loza y mi papá salió como a las 16.30 horas, quedándonos solos con el tío Hugo. Conversamos en el living y después me fui a mi pieza a estudiar. Sin embargo, Alejandro tardaba en volver y nuestra preocupación se expresaba con el silencio que reinaba en la casa”.
Se hizo de noche, entonces, de repente, comenzó la balacera. “La casa se estremecía con los impactos y comenzó a llenarse de humo. Yo traté de ubicar al tío Hugo, lo llamé y no escuché respuesta”. La intensidad de los balazos aumentaba y los agentes de la CNI destruyeron todo al ingresar a la vivienda. “Disparaban para asegurarse que no había nadie vivo”. El muchacho consiguió escapar saltando a una casa vecina, donde se ocultó gracias al solidario gesto del dueño. Un flash noticioso informó esa noche sobre el violento “enfrentamiento”. “Se mostraron imágenes de nuestra casa. Se veían carabineros y agentes armados. La casa la mostraban por dentro y se podían apreciar armas, que yo nunca había visto antes. La noticia fue que habían matado a dos ‘terroristas’ en un enfrentamiento”.
Con la ayuda de abogados de la Vicaría de la Solidaridad, el joven Miguel Bustos Césped acudió posteriormente a declarar en la Segunda Fiscalía Militar de Santiago. La entrevista comenzó con preguntas de rutina, mientras los datos eran registrados por el actuario. Junto a éste se encontraba de pie “un hombre alto, algo gordo, que me preguntaba varias veces las mismas cosas. Se iba poniendo agresivo. Me decía que tenía que admitir diferentes cosas y mostraba fotos de mi familia. Sacó una pistola, comenzó a jugar con ella y a apuntarme”.
El joven sobreviviente de la tragedia en calle Janequeo permaneció más de un año en Chile viviendo en precarias condiciones, hasta que pudo viajar a Suecia donde hoy vive con su madre, Digna Césped. Pero las secuelas del horror que vivió en Chile lo persiguen hasta hoy
Un argentino que luchó por Chile
Hugo Norberto Ratier Noguera llegó a Chile en 1970. Hijo de una familia peronista de Misiones, Argentina, y sobrino del contralmirante Enrique Noguera Isler, edecán del ex presidente Juan Domingo Perón, Ratier era un hombre de Izquierda y en nuestro país se unió al MIR. Fue un destacado dirigente de su comité central y luchó por la libertad de Chile.
La historia reconstruida por el Informe Rettig (1990) señala que una patrulla de la CNI dio muerte a Alejandro Salgado cuando caminaba hacia la casa de calle Janequeo, donde lo esperaban Ratier y su hijo adoptivo, Miguel Bustos Césped, de 16 años. Con una ametralladora pesada, montada en un jeep, dispararon contra la casa. En la secuencia de hechos narrados por el único sobreviviente, se consigna que la vivienda fue quemada, con el objetivo de no dejar huellas del falso enfrentamiento.
A 21 años de estos hechos, quien fuera la pareja de Hugo Norberto Ratier, Ruth Carvajal Peña, reflexiona sobre su compañero y la posibilidad que hubiese abandonado el país con ella. “Creo que él nunca lo pensó. Me dijo: tú te vas a Cuba y en unos meses más yo me voy. Pero ambos sabíamos que eso no iba a ocurrir. El se quedaba aquí hasta las últimas consecuencias”, dijo Ruth a Punto Final.
Los secretos del coronel Bustos
En noviembre de 2003 causó revuelo una información en el diario electrónico El Mostrador respecto al agregado militar de Chile en la ONU, coronel Pedro Pablo Bustos Valderrama. No sólo había sido agente de la CNI, sino también habría tenido activa participación en los asesinatos de 1983 en calles Fuenteovejuna y Janequeo. De acuerdo con esos antecedentes, el coronel Bustos integró la Brigada Azul de la CNI que combatía al MIR, cuyo jefe era el comandante Aquiles González (“El Caracha”). El segundo era el mayor Alvaro Corbalán Castilla, procesado por el ministro Alejandro Solís como autor del homicidio de Lisandro Salvador Sandoval Torres, cometido el 17 de agosto de 1981 y condenado por el asesinato de Tucapel Jiménez.
Pedro Pablo Bustos operaba en la CNI bajo el nombre de Alejandro Benz y -como consigna El Mostrador- participó en el operativo de calle Janequeo según testimonio de cinco ex agentes que intervinieron en el hecho. Sin embargo, hasta ahora su participación no ha sido acreditada ante la justicia. En 1986, Bustos Valderrama era jefe de seguridad personal de Augusto Pinochet al momento del atentado del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, el 7 de septiembre de ese año. Cuando Pinochet regresó a Chile tras su detención en Londres, en marzo de 2000, el coronel Pedro Pablo Bustos le rindió homenaje como vocero del ejército. A este perfil se suma su vinculación con la financiera ilegal La Cutufa, que operaba al interior del ejército desde 1984. En esa investigación se determinó que unas 350 personas tuvieron directa relación con las operaciones de la financiera, que prestaba dinero de manera fraudulenta a militares y sus familias
Fuente :Punto Final
Fecha :07-11-2004
La ministra Gloria Ana Chevesich envió un exhorto a Francia para interrogar al ex agente del Comando Conjunto, Andrés Valenzuela ‘El Papudo’ para que entregue todos los antecedentes que tenga sobre la muerte de Hugo Ratier y Alejandro Salgado Troquian, hecho ocurrido el 7 de septiembre de 1983, conocido también como el caso Janequeo.
En 1984, Valenzuela declaró en la Vicaría de la Solidaridad que la muerte de ambos militantes del MIR, ocurrida en Quinta Normal en 1983, fue un montaje de la entonces Central Nacional de Informaciones (CNI), tras el homicidio del intendente de Santiago, coronel Carol Urzúa, acaecido el 30 de agosto de 1983.
Fuentes judiciales dijeron que la causa sustanciada por Chevesich ha tenido importantes avances, desde que la abogada Alejandra Arriaza presentó una denuncia criminal para que se investiguen esos hechos. También gracias al testimonio de Miguel Bustos, hijastro de Salgado, quien vive actualmente en Suecia y figura como el único sobreviviente del criminal montaje.
De acuerdo a los antecedentes recogidos por La Nación, Chevesich ha interrogado al menos a 15 ex agentes de la CNI quienes habrían confirmado la versión de ‘El Papudo’, por lo que una vez que el testimonio llegue de vuelta a Chile, se espera que dicte los primeros autos de procesamiento en esta causa.
El mismo día en que murieron Ratier y Salgado, la CNI detectó a otros militantes del MIR, esta vez en la comuna de Las Condes, en Fuenteovejuna. En ese lugar fallecieron a raíz de los disparos Arturo Villavela, jefe del aparato militar del MIR, Lucía Vergara y Sergio Peña Díaz.
El exhorto de Chevesich debe pasar ahora a la fiscal de la Corte Suprema, Mónica Maldonado, y luego a la Sala Penal del máximo tribunal para que visen el procedimiento de colaboración de legal.
Andrés Valenzuela vive en París, Francia. Su nombre apareció nuevamente en octubre de 2003, por una declaración que prestó ante la Policía de Investigaciones, donde aseguró que conocía el nombre del presunto autor de la muerte del ex Presidente Eduardo Frei Montalva, indagatoria que sustancia el ministro Alejandro Madrid.
Fuente :la Nacion
Fecha :12-01-2004
¡Hola! Gracias por subir la foto. He extraído el texto de la imagen para ti.
?? Texto Extraído de la Foto
Hola Papá
Me decidí a escribirte a pesar de todo el tiempo que ha pasado desde que nos dejaste, porque creo que ya era tiempo de decirte un par de cosas que siento. No voy a recriminarte, es más bien todo lo contrario.
Quiero que sepas que el paso del tiempo me ha ayudado a conocerme y conocer y entender aquellas marcas que me dejó tu partida y también tu presencia.
A diferencia de muchos niños, hijos de padres ausentes debo comunicarte que me siento un privilegiado y no es que no me hubiese gustado tenerte por más tiempo conmigo, sino porque no creo que todos los otros hijos de padres ausentes puedan decir de ellos lo que yo podría decir del mío.
Me tuve que hacer a la idea desde muy chico, que no regresarías y pese a que te esperé por mucho tiempo, albergando la esperanza de volverte a ver, me tuve que conformar con la foto que nos dejaste, la del pasaporte, que por lo demás, sé que era la única que te sacaste a cara descubierta. Sin embargo no me hizo falta más, ya que tu imagen la construí, transcurrido el tiempo y con la valiosísima ayuda de gente muy linda que tuvo la dicha de conocerte más que yo, sumado esto a los vagos pero atesorados recuerdos que aún guardo de ti.
Como te dije al comienzo no es mi interés recriminarte tu partida, es en esto que mi experiencia se diferencia de la de otros niños. Yo te quise escribir porque quiero darte las gracias.
¡Hola! Gracias por subir la foto. He extraído el texto de la imagen para ti.
?? Texto Extraído de la Foto
Hola Papá
Me decidí a escribirte a pesar de todo el tiempo que ha pasado desde que nos dejaste, porque creo que ya era tiempo de decirte un par de cosas que siento. No voy a recriminarte, es más bien todo lo contrario.
Quiero que sepas que el paso del tiempo me ha ayudado a conocerme y conocer y entender aquellas marcas que me dejó tu partida y también tu presencia.
A diferencia de muchos niños, hijos de padres ausentes debo comunicarte que me siento un privilegiado y no es que no me hubiese gustado tenerte por más tiempo conmigo, sino porque no creo que todos los otros hijos de padres ausentes puedan decir de ellos lo que yo podría decir del mío.
Me tuve que hacer a la idea desde muy chico, que no regresarías y pese a que te esperé por mucho tiempo, albergando la esperanza de volverte a ver, me tuve que conformar con la foto que nos dejaste, la del pasaporte, que por lo demás, sé que era la única que te sacaste a cara descubierta. Sin embargo no me hizo falta más, ya que tu imagen la construí, transcurrido el tiempo y con la valiosísima ayuda de gente muy linda que tuvo la dicha de conocerte más que yo, sumado esto a los vagos pero atesorados recuerdos que aún guardo de ti.
Como te dije al comienzo no es mi interés recriminarte tu partida, es en esto que mi experiencia se diferencia de la de otros niños. Yo te quise escribir porque quiero darte las gracias.
Quiero agradecerte porque en tu ausencia me enseñaste más de lo que muchos hombres que tienen a sus padres podrán decir en toda su vida.
Me enseñaste el amor al prójimo, la entrega desinteresada y altruista a tus hijos, familia, amigos, conocidos, desconocidos y a la humanidad toda porque ese era tu propósito de vida. Un mundo más justo para todos, olvidándote un poco de ti.
No puedo negar que en algún momento sentí dolor, ¿A qué niño no le duele saber que su héroe se fue y no hay nada por hacer para hacerlo regresar?
Fuente :memoria-mir-santiago-norponiente.org
Corría el año 1983.
En Chile, la dictadura cívico militar mantenía el control férreo sobre cualquier intento de manifestar resistencia, rebelión o descontento al régimen.
Sin embargo algunos sabíamos de la sobrevivencia clandestina del MIR, o al menos de parte de él. Solo un tiempo después, hacia fines del mismo año 83, retomaríamos vínculo con la organización a la que habíamos pertenecido históricamente,
Habíamos regresado a Chile, desde el exilio, en 1980. Lo habíamos hecho por nuestros propios medios y sin vinculación orgánica con la resistencia.
En algún momento, probablemente en el 82 a comienzos del 83, estando en el centro de la ciudad cerca de calle Puente, por ese sector, mientras caminábamos vimos salir desde una tienda de zapatos, si la memoria no nos falla, a nuestro compañero Hugo Ratier, el Che. Nos miramos y nos reconocimos de inmediato, no recuerdo si nos abrazamos, pero nos saludamos calurosamente. Era obvio que él estaba clandestino. Probablemente se sorprenderá mucho de vernos, quizás nos suponíamos muy lejos de Chile. Patricia le comentó sorprendida que ya no tenía acento, ante lo cual nos explicó que había tenido que aprender a hablar en chileno.
Por nuestras miradas se cruzó fugazmente el pasado y los rostros de nuestros compañeros caídos, la historia de lucha y combate de nuestro pueblo. Sobre nosotros, por unos segundos, temblaron las alas del ayer como un fantasma, estremeciéndonos.
Fueron nuestras miradas las que hablaron y se dijeron muchas cosas, las palabras estaban de más.
El encuentro fue sorpresivo, como un oasis en un desierto inmenso.
Nos despedimos esperando volver a vernos pronto, pero nunca más nos encontraríamos.
Tiempo después, el 7 de septiembre de 1983, nos enteramos de los asesinatos simultáneos de varios compañeros, entre ellos Hugo Ratier y Arturo Villabela, cometidos por los aparatos represivos de la dictadura en calle Janequeo 5707, Quinta Normal, y en Fuenteovejuna, Las Condes, respectivamente.
Para nosotros, el dolor fue grande, a esas alturas ya teníamos algunos contactos con la resistencia y con un sector del MIR, y sabíamos también que ambos eran dirigentes importantes de otro sector mirista en la clandestinidad.
Marta López y Juan González
Abril de 2021
Fuente :memoria-mir-santiago-norponiente.org
Parte del relato del único sobreviviente de la masacre de Janequeo:
el [a esa fecha] menor de edad, Miguel Alejandro Bustos Césped
[…]
-Me referiré a Alejandro Salgado Troquian , ciudadano chileno que nunca salió de su patria dedicando su vida a la lucha antidictatorial como militante de la resistencia y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR. Él fue mi padre.
Hugo Norberto Ratier Noguera , ciudadano argentino quien llegó a Chile el año 1970. A quien yo apreciaba y le llamaba tío, considerándolo como tal. Hugo Ratier nunca regresaría a Argentina ni dejaría Chile. También dedicó su vida a la lucha por la justicia y la libertad de los pueblos tanto en su país como en Chile, donde ejerció la lucha antidictatorial como militante de la resistencia y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR.
-Desde muy niño recuerdo que mi madre, ayudaba a la gente en nuestra población, a través de la organización social y como Tesorera de Junta de Vecinos, Unidad Vecinal N° 35. Después del golpe militar en Chile el año 1973 se impone el miedo y el terror, las fuerzas armadas ejercen la represión e imponen el toque de, la miseria y el terror.
Mi madre continuó organizando comedores infantiles los cuales constituyeron el sustento para familias enteras. Surgen las bolsas de cesantes y agrupaciones juveniles, actos culturales, huelga de hambre año 1978 en la Parroquia San Alberto de Recolecta.
-Fue en este contexto que conocimos a Alejandro Salgado Troquian el año 1976. Él era uno de los que acostumbraban a llegar a nuestra casa, gente de iglesia, políticos, jóvenes, y trabajadores. Por el comedor y la bolsa de cesantes nuestra casa comenzó a ser vigilada por la represión y mi madre perseguida en varias ocasiones.
Paso a la clandestinidad. Conocen a «José»
-El año 1979 nos cambiamos a una nueva casa, cortamos relación con nuestros familiares y amistades anteriores por seguridad nuestra y de ellos. Pasamos a formar una familia junto a Alejandro Salgado Troquian , él pasó a convertirse en nuestro padre. A Alejandro lo conocimos con el nombre de «Raúl» , después de un tiempo conocimos a “José” , el flaco, así le decíamos con cariño a Hugo Norberto Ratier Noguera .
-En ese tiempo vivíamos en la comuna de la Florida en el pasaje Los Copihues paradero 24 1/2 de Vicuña Mackenna. Yo iba a un colegio del sector, mis hermanos Luis E. y Sandra V. tendrían alrededor de 10 años, y estudiaban por las tardes en un colegio del desfile 21 o 21 1/2 de Vicuña Mackenna, Juan C. 2 años mayor que yo estudiaba en la jornada nocturna en el mismo colegio. Yo tendría 12 años y llegaba primero a casa, los íbamos a buscar en vehículo por las tardes oa veces se venían con nuestro padrastro (Alejandro Salgado).
-El año 1980 nos cambiamos a la comuna de San Miguel paradero 9 1/2 de Gran Avenida, en la calle Ingeniero Bush, siguiendo asistiendo a las mismas escuelas. [Después] Comencé en una escuela más chica que quedaba cerca. Los cambios de escuela nos obligan a reforzar las leyendas para sortear las preguntas de los nuevos compañeros de clases sobre quienes realmente éramos, pero ya estábamos acostumbrados.
-Al poco tiempo de cambiarnos a esta casa llegan los primos… Levinao …, y otro compañero que llamaban El Pelao . Se quedaron mucho tiempo y vivían en forma clandestina. [Eso quiere decir, que no se dejaban ver bajo ningún motivo, que no existían para el vecindario. Que entraban y salían de la casa ocultos en el portaequipajes o acostados en el piso del vehículo, cubiertos por una manta o algo similar, mientras los menores ocupaban los asientos traseros.] [El tío] Hugo Ratier salía y llegaba de la misma forma cuando nos visitaba.
-Al pasar los años supe que los primos Levinao eran buscados por la represión, aportaban a la resistencia desde la clandestinidad.
-Mas o menos en marzo o abril del 1981, llegan a vivir a la casa María Verónica… y su hija Jessica de dos años y María Loreto… y su hija Tania también de dos años de edad. [Ellas eran las compañeras de los primos Levinao] El Pelao dejó la casa antes. Éramos 3 familias, [los Levinao] y nosotros.
Algunos párrafos sobre la vida clandestina
-Aproximadamente en Septiembre – Octubre de 1981 los primos Levinao tuvieron que irse, quedando en casa junto a nosotros sus compañeras… e hijas. María Verónica estaba embarazada por entonces.
-Con el pasar de los años supe que María Verónica… había caído en manos de la represión antes de que llegara a nuestra casa, al nacer su hija Jessica. La volvería encontrar el año 1984 o 1985 en FASIC después de ser liberada de una
detención junto a sus hijos. María Loreto… saldría del país, escapó de una casa en manos de la represión a fines del año 1982.
-La presencia de Hugo Ratier fue constante en este período, un día tuvimos que acoger a 2 compañeros heridos, uno de ellos era Rolando Cartagena, mi hermano Carlos los atendió con las indicaciones dadas por la doctora y permanecieron en la casa durante su recuperación.
-Años después, Rolando Cartagena fue detenido y permaneció 10 años preso. La doctora fue detenida, torturada y encarcelada años más tarde, a multas del año 1982.
-María Verónica siguió su embarazo sin complicaciones, se ponía nerviosa cuando pensaba en el momento del parto. Mi madre conoció gente en los consultorios solidarios del Salto y Renca, María Verónica iba [allí] a controles de su embarazo.
-Ella dio a luz a un niño bajo otra identidad en el hospital San José, Rodrigo, se llamaba la criatura, nació en la clandestinidad. (…)
La represón anda cerca…
-Al tiempo fue necesario cambiarse de casa nuevamente, nos fuimos a la comuna de La Cisterna al paradero 22, 1/2. De Gran Avenida recuerdo que esta casa quedaba bastante retirada de Gran Avenida y además era bastante grande en un sector de villas.
-Allí nos fuimos los 6 integrantes de la familia junto a Alejandro Salgado Troquian. Las compañeras María Verónica y María Loreto nos acompañaron a esta nueva casa, ellas tenían consigo a sus hijas Jessica, Tania y el bebé Rodrigo. Esperaban salir pronto del país…
-Sin embargo, a pocos días de cambiarnos llegaron a la casa dos hombres que dijeron ser de Investigaciones, preguntaron por los dueños de casa y mi madre les explicaron que nosotros recién nos habíamos cambiado, entonces ellos pidieran poder entrar a la casa misma. Al ver los embalajes, muebles y maceteros que estábamos ordenados se dan cuenta de que éramos recién llegados. Preguntaron por nuestras identidades y quién es quien en la familia. Mi madre justifica la presencia de María Verónica como la empleada y María Loreto como amiga de la familia de provincia que
venía a ver un médico para su hija Tania. Alejandro Salgado no estaba en casa. Investigaciones explican su presencia allí dado que los antiguos arrendatarios estaban involucrados en fraudes económicos.
-[Pero cuando] mi madre consultó en el almacén de enfrente de la casa, se enteró que la gente que vivía allí era gente muy buena y que habían recibido su casa propia por lo cual se había ido de allí.
-Ese día por la tarde regresamos a la casa anterior en San Miguel la que aún no se entregaba. Frente a la incertidumbre que originaron los detectives y como medida de seguridad, Alejandro propone a mi madre llevar a María Loreto y su hija
Tania a otro lugar. Ese día en la tarde, se decidió que todos los niños abandonaran esta casa. Juan Carlos, el alcalde, nos llevó a los cuatro. Más tarde mi madre se encargó de sacar a María Verónica, su hija y bebé a otro lugar más seguro.
Así nos encontramos nuevamente con mi hermana Patricia, mi hermana Ita (Digna Luisa) nos distribuyó en distintos lugares donde viviríamos hasta que la situación de incertidumbre se aclarara. (…)
La casa de Janequeo 5707 y la vida con el Tío Hugo
-A la casa de Janequeo en Quinta Normal llegamos a principios de enero del año. Era una casa quinta y estaba ubicada frente a un policlínico. Se entraba por calle Janequeo 5707, el sitio era grande, colindaba con la calle posterior,
Cauquenes, por donde ingresaba el vehículo. El primer patio era el más cercano a la casa misma y tenía árboles frutales de distinto tipo, además de una gran ramada de parra que cubría todo el pasillo del patio. El segundo patio tenía las dimensiones de una mini cancha de fútbol, muy despejado y con nogales, había laureles, olivos y granadas. Ambos patios estaban separados por un muro que se comunicaban a través de una puerta de madera.
-La construcción de la casa era antigua, tipo colonial con grandes ventanales, con doble puerta de entrada, y piso de madera, el baño estaba saliendo al primer patio.
-Por Janequeo se llegaba a la plaza Garín, y en la esquina con Samuel Izquierdo había una carnicería, una panadería, una botillería, y justo en la esquina un taller reparador de calzado. Dos o tres casas después de la nuestra, en dirección a la
plaza, había un albergue y era común ver gente afuera conversando. Algunos niños acostumbraban a jugar afuera temprano. La gente era bastante cordial, la chica de la panadería que era muy servicial y alegre.
-El tío Hugo Ratier también llegaba allí. Ya una vez instalados y con nueva identidad comenzamos a ir al colegio con mi hermano Luis E., se llamaba D22 el cual quedaba en Tropezón. Yo estudiaba de mañana, me gustaba ir a la escuela, ésta era una escuela de hombres, como habíamos dejado la escuela tantas veces se hacía un poco difícil retomar el estudio. Yo cursaba el octavo básico. (…)
-Más o menos en Febrero del año 1983 llega vivir a la casa el tío Hugo Ratier y su familia, su compañera Ruth Leonor Carvajal Peña y los hijos de ellos quienes eran: Claudia, Marcelo, Ursula y Dagoberto. Úrsula y Dagoberto eran hijos reales del tío Hugo Ratier.
-En aquella época habían comenzado las protestas en los colegios de enseñanza media y universidades. Vendrían las cacerolas que se escucharían por todos lados.
-En el mes de Abril del Año 1983 se van de la casa Ruth y los hijos de ellos. Hugo se queda, Él estaba nervioso y triste cuando sus hijos y compañera se fueron.
-La resistencia continuaba junto a los quehaceres cotidianos. Las protestas se agudizan y la dictadura utiliza a las fuerzas armadas para contener las exigencias populares, la represión se intensifica.
-Durante un tiempo se vio gente extraña por el sector. Un taxi se paraba en la esquina de Samuel Izquierdo con Janequeo y a veces frente a la casa, en una ocasión el taxi no tenía patente. Sospechamos que era un control sobre nosotros, pero luego se fueron. En Mayo del año 1983, se decide que mi madre salga al extranjero a conseguir apoyo económico, vendimos el vehículo que teníamos. Alejandro salía bastante para poder cumplir las tareas más importantes movilizándose ahora en locomoción colectiva.
Los meses de invierno de 1983
-En este período nos encontrábamos viviendo en casa Hugo Ratier, Alejandro Salgado, mis hermanos Sandra Virginia, Luis Enrique y yo.
-Yo iba a la escuela, pero no mi hermano Luis E. Él no iba por ser muy chico y el viaje en micro a la escuela era largo y acompañaba a mi hermana en casa. Yo hacía las compras que se necesitaran.
-El tío Hugo Ratier se encargaba de preparar la comida, comíamos juntos por las tardes, conversábamos, mirábamos televisión y fútbol. Hugo se preocupaba por Alejandro y siempre estaba pendiente de la hora.
-Alejandro estaba haciendo todo los tramites para que nosotros saliéramos del país, debido a que la situación era arriesgada por los factores económicos y de seguridad se decidió que nosotros saliéramos definitivamente del país.
-Hubo una reunión de apoderados en la escuela y a ella asistió Alejandro Salgado, yo había obtenido las mejores notas de mi clase. Allí yo lo sentí mas como un padre. Con Hugo [también] se dio una relación muy fuerte, estábamos [muchas] horas solos en la casa.
-Después de un tiempo comenzamos a ir a buscar comida a una casa del sector. Alejandro había arreglado todo, yo era el encargado de ir a buscar las viandas con el almuerzo. Alejandro la traía a veces, otras veces yo retiraba las viandas sin saber quien era esa familia (Era Eddy … , él vive en Estocolmo y está dispuesto a declarar), ellos suponían que éramos del sector.
-A fines de Agosto del año 1983 dejan la casa mis hermanos Sandra Virginia y Luis Enrique, se encontrarían con mi madre en algún lugar mas seguro. Después sería mi turno y el de Juan Carlos quien en ese entonces estaba desconectado de la familia.
-Al quedarme en casa junto a Alejandro y Hugo se puso el ambiente más triste para mí, supimos que Sandra y Luis salieron bien, sin problemas, del país. Mis trámites para salir del país estaban listos y sólo quedaban algunos detalles.
-Hugo me contó que tenía un hijo en Italia mas o menos de mi edad de nacionalidad Argentina. También me hablaba de su vida cuando era más joven dándome consejos, conversaba de Claudia, Marcelo, Úrsula y Dagoberto. Con Alejandro Salgado también se generaban conversaciones, era como si yo fuera un adulto. Nos conocíamos tan bien que todo los quehaceres en casa los hacíamos en forma compartida con el tío Hugo.
Los últimos días
-Yo pensaba mucho en mi hermano mayor Juan Carlos, no sabía si saldríamos juntos o separados del país. Los días pasaban seguían los planes que yo viajara, seguía asistiendo a la escuela. Por las tardes al llegar a casa, ayudaba un poco con los quehaceres domésticos, luego comíamos juntos. A veces Alejandro Salgado volvía a salir. Alejandro Salgado seguía realizando las gestiones necesarias para mi salida.
-Y buscando una solución para él y Hugo. Las esperas diarias por el regreso de Alejandro con buenas noticias se hacían largas y tensas.
El día 7 de Septiembre de 1983
-Ese día 7 de Septiembre, como siempre fui al colegio y regresé a casa alrededor de las 14:00 horas. En casa se encontraban Alejandro Salgado Troquian y mi tío Hugo Ratier. Ese día almorzamos juntos nosotros tres y como de costumbre escuchando las noticias por la radio mientras comíamos. Después nos quedamos conversando un rato de sobremesa y el Tío me preguntó como me iba en el colegio a lo que le contesté que más o menos, entonces él empezó a hablar de su tiempo de estudiante en su ciudad natal de Rosario – Argentina. Luego el tío lavó la loza y mi papá salió
como a eso de las 16:30 horas. Quedándonos solos con el tío en casa.
-Conversamos un rato en el living y después yo me fui a mi pieza a estudiar un rato y a encontrar algo con que entretenerme. Nuestra espera y preocupación por Alejandro se expresaba con el silencio que se daba en casa. La tarde pasó rápido, a eso de las 20:00 horas fui a la cocina para preparar algo para comer, compartí una leche con plátano que el tío ya había preparado. Luego de esto nos fuimos de nuevo al living, nos sentíamos mas relajados ya que sabíamos que Alejandro no tardaría en llegar. El tío puso el televisor mientras hervía el agua para un café. Me puse a mirar una enciclopedia que estaba en la mesa que usábamos como escritorio que se encontraba en el living. Cuando el tío se sirvió el café miré la hora y vi que era hora de noticias, estas ya habían empezado, encontré que las noticias estaban aburridas así que me fui a mi pieza para escuchar un poco de música.
-Puse un cassette de Los Jaivas, me disponía a sentarme en un sillón grande ubicado junto a la ventana que daba a la calle cuando se escucha una ráfaga de ametralladora a unos 100 – 200 metros de la casa, calculo. Se escuchó bastante
cerca pero no le di mayor importancia porque era normal escuchar todo tipo de disparos en Santiago por aquel tiempo de protestas y de represión. Traté de concentrarme nuevamente en la música cuando escuché gritar a los niños y a gente que se encontraba en la calle, casi simultáneamente a esos gritos y tumultos las ráfagas de ametralladoras ya eran contra nuestra casa. Fue todo muy rápido entre las primeras ráfagas a distancia y el ataque a la casa. Todo se convirtió como si fuera una guerra!. Me paré rápidamente del sillón tratando de pensar qué hacer, instintivamente no podía salir afuera porque la balacera era intensa y el ataque venía desde el exterior, además se escuchaban detonaciones como granadas o bombas.
-La casa se estremecía por las detonaciones y rápidamente comienza a llenarse de humo. Yo trato de ubicar al tío, lo llamo y no escucho respuesta, no era posible escuchar porque el ruido de las balas y las granadas que se lanzaban contra la casa era muy grande.
-Tampoco creo haber gritado, no me salía la voz al tratar de llamarlo. Ni menos podía correr. Hoy recuerdo que mi cuerpo estaba tenso y apenas podía caminar. Era algo que yo nunca antes había vivido ni sentido.
-Salí al corredor, allí me detuve quizás unos segundos como queriendo pensar, recuerdo que trataba de llamar: ¡Tío! ¡Tío! Mirando a mí alrededor. El ruido de las ráfagas era infernal, el humo se expandía rápidamente. Fui a la cocina, no lo
encontré, entonces fui a su pieza tampoco estaba, recuerdo que vi el diario que estaba tirado y tampoco estaba en el living.
-Salí hacia el primer patio de la casa, entré al baño buscándolo, tampoco estaba allí, apagué el califont, fue una reacción espontánea como apagar el califont cuando hay temblores, a lo mejor temí que se incendiara la casa.
-Ya habían pasado quizás mas de 10 minutos y el ataque a la casa continuaba con la misma intensidad, ya había recorrido las diferentes piezas menos en la que yo me encontraba cuando todo comenzó. Pensé en mi papá, en mi familia, mi mamá, mientras miraba alrededor. El techo retumbaba, el humo me sofocaba, el interminable y brutal ruido de las balas y granadas continuaba. Yo no podía ver de donde venían, pero las sentía, se escuchaban por toda la casa por todos lados. Hoy sé que los asesinos utilizaron una ametralladora del mas alto poder destructivo que
el ejercito posee. Era como una guerra, no podría describirlo de otra manera. Y yo estaba en el centro. A todo esto se sentía mas fuerte el olor a gas.
-Después de ese breve instante que me detuve en el corredor, volví a pensar en el tío, él era la única persona en quien podía confiar en ese instante. Vuelvo a entrar a la casa por el costado de la cocina para ver nuevamente si él estaba allí. El ataque no terminaba, era imposible ver o gritar. Me quedé como dos minutos mas o menos ACURRUCADO en un rincón de lo que había sido nuestro comedor, pensé quedarme ahí hasta que alguien entrara o esto terminara. NO encontraba otra salida. Recuerdo que la voz me salió al pensar: ¡Nos quieren matar!. Era imposible pensar otra cosa, entonces me di cuenta que no podía quedarme, que no podía seguir allí, además el humo y los gases eran más intensos y esto me obligaba a salir. (Eso era lo que los asesinos querían).
-Salí de nuevo al patio buscando al tío. No podía correr, tiene que haber sido por causa del estado de shock que me encontraba. Pensé en el segundo patio el que daba hacia la calle posterior Cauquenes, quizás podría salir desde allí a la calle. Al llegar a la puerta que dividía los 2 patios miro por un hueco que tenia la puerta de madera y salgo al segundo patio. Entonces escucho gritos de los asesinos, como dando órdenes. ¡Por ahí Huevón!. Simultáneamente se escuchan ráfagas de ametralladora y veo fuego desde esa dirección. Ante esto me devuelvo a la casa. Al ir regresando veo que ellos se estaban instalando en el techo de una casa vecina, parecía que estaban instalando focos para alumbrar hacia la casa. ¡Eso fue lo que pensé entonces!.
-Mirando la casa desde la puerta que dividía el patio, a través del largo pasillo cubierto con parras y arboles frutales a su alrededor, me di cuenta que la casa estaba completamente rodeada, no habiendo ya nadie dentro de la casa y seguían
disparando.
En ese momento di por perdido al tío y quedaba yo solo. Tenía que escapar de ahí, así es que se me ocurrió subir al muro para pasar al patio de la casa vecina y seguir hacia el albergue, pero no pude seguir, los muros siguientes eran muy altos, tal vez correspondían a los dos pisos del albergue. Yo estaba muy nervioso, pensaba que era la única salida, que solo no podía seguir y tenía miedo que si los asesinos me encontraban me matarían.
Como no pude seguir pasando otros muros (hoy pienso que eso fue mejor) porque quizás me hubieran matado en el intento. Me encontraba solo y el instinto de supervivencia me llevaba a buscar una salida, estaba encerrado en el patio de la casa vecina. Pensé esconderme en un cuarto como bodega que allí había, pero pensé que si registraban las casas me encontrarían. Pensándolo mejor me dirigí a la casa misma.
Creo que golpeé la ventana. El dueño de casa estaba acostado. Yo parado afuera tratando de explicarle mi situación con pocas palabras y seguramente muy nervioso, le digo que era a mi casa a la que disparaban, que yo estaba solo y que tenía miedo, que me iban a matar.
Me permitió entrar, me vio lo nervioso y lo mal que me encontraba, me dijo que no me preocupara, que si entraban a su casa él diría que yo era un sobrino suyo que había ido a ver el partido de fútbol con él. En ese momento me encontré solo, en manos de aquel hombre.
Luego, él va a ver lo que ocurre afuera en la calle a través de las ventanas del living dejándome solo, lo hizo en silencio, sin hacer ruido ni encender luces. Al regreso me dice que no me preocupe, nuevamente me dice que diría que yo era su sobrino, a todo esto la balacera continuaba, era de nunca acabar. Yo le pregunté con voz muy quebrada ¿porque disparaban a la casa si no hay nadie?. Yo no sé si él respondió mi pregunta.
Me sentía muy nervioso, muy mal, me dijo que tenía unas tabletas para los nervios, de las cuales me dio una. Me dijo que eso me ayudaría, que eran muy fuertes. Algo comentamos, él me hablaba de un sobrino que tenía, el cual a veces lo visitaba.
El terror no terminaba. Aún se sentían los balazos y yo en casa del vecino, solo era un muro que dividía las casas. Él trataba de tranquilizarme, me dijo que tenía un auto, pero que no podíamos salir esa noche ya que sería muy peligroso, nos podrían detener, que mejor saliéramos la mañana siguiente. Luego se acostó nuevamente para seguir viendo el fútbol, me dice que me acueste a su lado. Yo ya nada podía hacer nada, solo esperar.
A todo esto habrían pasado unos 30 a 45 minutos o una hora tal vez desde que se inicio el ataque, no supe por qué cuando ya estaba en esa casa seguían los disparos y recuerdo que pensé ¿porqué no entran a la casa?
Querían matar a todos los que estuvieran adentro sin importarles quienes fueran. También pensé en toda mi familia en esos momentos.
Después que el dueño de casa me reiteró que me acostara, me tendí encima de la cama con la ropa puesta por si tenía que seguir arrancando. Por ropa sólo tenía una polera blanca, un pantalón y zapatillas.
Después bajó la intensidad de los balazos y se escuchó que entraban a la casa, como iban de pieza en pieza disparando y buscándonos. Al rato después trajeron una máquina como un taladro, algo buscaban por toda la casa, cada ruido que
hacían se escuchaba desde la pieza del vecino donde yo me encontraba. Se sentía como destruían todo lo que allí había, muebles y objetos, disparaban a su paso para asegurarse que no había nadie vivo de nuestra familia, puesto que sólo nosotros vivíamos allí.
Después que me relajé un poco, posiblemente por efecto de la tableta, empecé a pensar en mi papá y en el tío Hugo y en qué iba a pasar conmigo. En ese momento aparece un flash noticioso en la televisión donde muestran imágenes de todo lo sucedido esa noche en nuestra casa, las noticias muestran a carabineros y agentes de civil con armas y en el brazo una banda de color, típicas de la CNI, muestran la casa por dentro, muestran armas que yo nunca antes había visto y dicen que mataron en un FUERTE ENFRENTAMIENTO a dos terroristas, uno de ellos pasando la esquina de la plaza Garín casi al costado de la Iglesia. Dijeron que él había escapado de la casa con un arma en la mano, inmediatamente me di cuenta que hablaban de mi papá: Alejandro Salgado. Entonces me puse a llorar, el dueño de
casa me preguntó si era verdad lo que decían las noticias, yo le contesté que mi papá había salido temprano y ni siquiera había alcanzado a llegar a casa de vuelta y que no tenía arma, que todo era una mentira. Después dijeron que habían matado a la otra persona en el patio de atrás de la casa, ahí comprendí que los gritos y disparos que escuché y vi anteriormente cuando iba hacia el segundo patio de atrás para intentar escapar por ahí, correspondían al momento en que mataban al tío Hugo Ratier. Yo no escuché disparos como si él hubiera disparado, ya que estuvimos muy cerca en el patio aunque no nos vimos, pero sí vi el fuego de las numerosas armas que dispararon desde afuera.
A la mañana siguiente después de una larga noche de insomnio, se despertó el vecino y me preguntó como me sentía, yo le respondí que no sabía que hacer, no sabía que iba a pasar conmigo. Me di cuenta que él estaba nervioso y en una
actitud muy humana me protegió sintiéndose responsable de mi vida.
Me dijo que me iba a sacar de ahí, pero primero tenía que ver como estaba la situación en la calle. Me comentó que era o había sido del partido Radical, quiso darme confianza para que estuviera tranquilo, fue a comprar pan y cuando volvió me explica que afuera de mi casa había dos carabineros custodiandola.
Después me dice que nos vamos, salimos y pude ver una patrullera de carabineros y dos uniformados con ametralladora que vigilaban la casa y miraban a todos los que pasaban por delante. Yo traté de no mirarles a la cara y caminar lo más normal posible. El vecino no quiso viajar en auto, pensó que era mejor así. Caminamos por
entre las personas que estaban en la calle, al pasar por el albergue miré a una mujer a la cara como queriéndole decir algo, yo no sé si me reconocieron, seguimos caminando por Samuel Izquierdo hasta llegar a José Joaquín Pérez a tomar el micro. Caminamos callados y así salimos del sector.
Al llegar a Mapocho nos bajamos, él tenía una tienda en el sector de Balmaceda creo, en la cual vendía artículos o repuestos eléctricos o algo así, me dio un poco de dinero para locomoción y me dijo que lo llamara cuando me sintiera mejor. Nos despedimos, yo le agradecí toda la ayuda recibida. Sin la ayuda de esta persona, yo no sé si hubiera sobrevivido esa fatídica la noche del 7 de septiembre de 1983.
El día 8 de Septiembre y lo que vino después.
Cuando me separé del vecino no estaba seguro de lo que haría, temía llegar a la casa de mi hermana Patricia, la única casa de mis 3 hermanas que conocía. Pensaba en la seguridad de ellas y sabía que no podía contactarlas.
Me acordé de la Iglesia del sector del Salto, de Antonia y su familia y hacia allá dirigí mis pasos. Al pasar frente a los quioscos veía los titulares con calle Janequeo, me ponía nervioso, no sabía las pretensiones de la represión ni si yo era perseguido.
Caminé hacia Recoleta pasando un puente de Mapocho. Pensaba en todo y no veía claro, estaba perdiendo la calma y me di varias vueltas para despistar a posibles seguidores, se veían patrullas de Carabineros por ese sector cerca de la Vega.
Yo estaba decidido a ir al mismo lugar donde me habían acogido anteriormente. Cambié dos veces de micro para llegar lo más cerca posible a mi nuevo destino. Recuerdo que al pasar frente al Regimiento Buin me puse nervioso.
Me bajé bastante retirado de mi destino, algo recordaba donde estaba la Iglesia, no sabía si era perseguido. Comencé a caminar a paso rápido, sólo tenía en mi cabeza la idea de llegar cuanto antes, todavía me quedaba por caminar.
Al llegar a casa de ANTONIA, ella estaba sola en casa, le expliqué la situación, ella entendió y me dice que espere y se va a la Iglesia para contarle al padre Jesús.
Una monja Francesa me ayudó; no recuerdo cómo llegamos a la iglesia Recoleta Franciscana, allí me recibió el padre Patricio Leiva y me brindaron protección. En la iglesia Recoleta Franciscana me acogieron preocupándose de mi seguridad, permanecí un mes viviendo y compartiendo con los novicios y sacerdotes. La monja que me trasladó hasta esta iglesia me visitaba y me llevaba ropa. A veces me llevaban a la lavandería y los novicios me mostraban un lugar donde yo me podía esconder y nadie me encontraría. Temían que allanaran La Recoleta. Yo no salía de la Iglesia,
estuve un tiempo sin saber que pasaría conmigo. La monja se preocupó de contactarme con la Vicaría de la Solidaridad y con mi hermana Patricia.
Con el apoyo de la Vicaría fui a declarar a la Segunda Fiscalía Militar, querían encontrarme culpable pero por ser menor de edad (15 años) quedé libre.
Casi un mes después de todo lo sucedido la CNI subió la casa de Janequeo para no dejar rastros de sus delitos y crímenes.
Fuente :memoria-mir-santiago-norponiente.org
Hugo Norberto Ratier Noguera llegó a Chile en 1970, durante el gobierno de la Unidad Popular. Hijo de una familia de tradición peronista de Misiones, Argentina, y sobrino del alto oficial de la Marina argentina, Enrique Noguera Isler, quien fuera edecán del ex presidente Juan Domingo Perón.
Traía una formación política forjada en la izquierda revolucionaria de su país, y una práctica en las luchas en Rosario y la provincia de Córdoba, donde se había trasladado para cursar estudios y donde conoció a Florencia, su compañera. En Chile, se incorporó al MIR, haciendo trabajo sindical en el cordón Panamericana Norte y en poblaciones y campamentos de Renca, donde ellos se habían radicado. Para sobrevivir, hacian trabajos de artesanía en cuero como morrales y carteras de mujer de este material.
De carácter afable y sonrisa fácil, Hugo junto a su compañera y su pequeño hijo, Huguito, se integraron rápidamente en el grupo de jóvenes que, por ese entonces, formábamos el MIR en Renca y en la zona norte de Santiago. Éramos, en realidad, como una gran familia y, muchas veces, nos juntabamos para conmemorar algún acontecimiento, casi siempre en alguna de las casas de los compañeros más conocidos.
Después del golpe militar, Hugo pasó a la clandestinidad, mientras que su compañera y su hijo eran sacados del país, por el peligro que corrían. Casi enseguida, él desempeñó tareas en la reconstrucción clandestina de la lucha política y en la organización de los primeros brotes de resistencia popular que empezaban a gestarse. Al mismo tiempo, asumía tareas de apoyo a la dirección regional del MIR en Santiago.
A fines de 1975, integró la dirección clandestina del MIR que se hizo cargo de reagrupar al partido, que quedaba muy diezmado después de las terribles pérdidas de militantes en 1974, la muerte de Miguel Enríquez y el devastador golpe represivo de la parcela de Malloco donde muere Dagoberto Pérez y se provoca la salida del país de Andrés Pascal y Nélson Gutiérrez.
«José», como le llamábamos, se integra la dirección regional y luego nacional en uno de los momentos más duros, donde la supervivencia de la organización estaba en entredicho.
Aparte de su hijo Hugo con el que llegara a Chile, en la clandestinidad y con su otra compañera, Ruth Carvajal Peña, tendría dos hijos más: Úrsula y Dagoberto.
En esos años difíciles, destacó como un jefe valiente y creativo en la lucha política y en la planificación y ejecución de numerosas operaciones armadas.
Hugo Ratier Noguera nació argentino pero eligió quedarse en Chile para luchar contra la dictadura hasta las últimas consecuencias. Fue un internacionalista cabal, un destacado miembro del comité central y jefe de la fuerza militar del MIR en Santiago.
Fue asesinado por miembros de la CNI y el Comando Conjunto el 7 de septiembre de 1983 en su casa, en la calle Janequeo de Quinta Normal, minutos después que el otro compañero que vivía ahí, Alejandro Salgado Troquián fuera ametrallado a unas cuadras de distancia. Unas horas antes, el mismo Comando Conjunto y la CNI habían asesinado al Encargado Militar del MIR, Arturo Villavela Araujo, a Lucia Vergara Valenzuela y Sergio Peña Díaz en su domicilio en calle Fuenteovejuna.
Para nosotros, sus compañeros de aquellos inicios en Renca y en las luchas posteriores, su carácter afable, su sana alegría y su entrega estarán siempre presentes. Su heroico sacrificio internacionalista en la lucha por la libertad del pueblo chileno nunca debiera ser olvidado.
Colectivo R-48918.
Fuente :memoria-mir-santiago-norponiente.org
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