Wilson Daniel Henríquez Gallegos
Antecedentes del Caso
Wilson Daniel HENRIQUEZ GALLEGOS fue asesinado por la CNI el 15 Junio 1987, parte de la llamada "Operacion Albania".
Agentes de la CNI llegan a la casa de Varas Mena 417, donde se produce el primer y único enfrentamiento reconocido por todos. Quien hace de dueña de casa es una frentista, Cecilia Valdés, quien está acompañada de su hijo de dos años. Su supuesta pareja era el oficial del FPMR Juan Waldemar Henríquez, un ingeniero de 28 años que habia recibido instrucción militar en Alemania y Cuba, y estaba cargo de una escuela de cuadros en ese lugar.
La casa es finalmente copada por los agentes de la CNI, con lo que se inicia un tiroteo con dos frentistas que cubren desde el interior la retirada de sus compañeros Juan Waldemar Henríquez y Wilson Henríquez Gallegos, quienes huyen por los tejados de las casas vecinas. Mientras camina por el techo, Juan Waldemar recibe un impacto de bala mortal, el tejado cede, y su cuerpo ya sin vida cae. También en el tejado, Wilson es herido por disparos de detectives y cae.
En junio de 1987 agentes de la CNI realizaron la llamada Operación Albania o matanza de Corpus Christi, que afectó a miembros del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR). También en este caso se justificó ante la opinión pública las muertes como consecuencias de enfrentamientos sucesivos, señalándose igualmente que los agentes habían actuado en cumplimiento de una orden judicial y en presencia de un fiscal militar, circunstancia esta última que después sería desmentida.
Los hechos comenzaron en la mañana del 15 de junio de 1987, cuando fue interceptado en la vía pública, en calle Alhué de Santiago a metros de la casa de su madre, Recaredo Ignacio VALENZUELA POHORECKY, economista. Sin intimársele la rendición le dispararon causándole la muerte agentes de la CNI que se encontraban esperándolo.
Por lo anterior, ratificado por testimonios a que tuvo acceso esta Comisión, ésta llegó a la convicción de que la víctima fue ejecutada por agentes de la CNI, considerando su muerte una violación a los derechos humanos de responsabilidad de agentes estatales.
Aproximadamente a las 18:30 horas del mismo día fue muerto en calle Varas Mena, donde vivía, Patricio Ricardo ACOSTA CASTRO, mediante un disparo que le provocó un traumatismo cráneo encefálico y raquimedular.
La Comisión adquirió la convicción, dado el contexto de los hechos acaecidos en esa oportunidad y la forma de la muerte de la víctima con único balazo en el cráneo, de que la víctima fue ejecutada por agentes estatales en violación de sus derechos humanos.
Apenas pasada la medianoche, a unas cuadras más allá de la misma calle Varas Mena, en el N° 417, se produjo un nuevo hecho en el que fallecieron dos personas. En ese lugar, en el cual funcionaba una escuela de guerrillas del FPMR, se encontraban tres personas y un número indeterminado de alumnos en la parte posterior del inmueble. Este había sido rodeado desde temprano, habiéndose apostado los agentes en las casas vecinas. A esa hora, un nutrido grupo de agentes golpeó el portón y ordenó a los ocupantes que abandonaran la casa. Casi inmediatamente los agentes echaron abajo ese portón con un vehículo y comenzaron a disparar desde diversas direcciones. Las personas que estaban en la parte posterior del inmueble huyeron, siendo algunas detenidas en las inmediaciones. Los que estaban en la casa se enfrentaron a los agentes durante algún tiempo y luego también trataron de escapar.
El primero de ellos, Juan Waldemar HENRIQUEZ ARAYA, ingeniero, cayó cuando intentaba huir por el entretecho de la casa vecina signada con el N° 415. La Comisión en rigor no puede calificar su muerte de violación de derechos humanos, sino que estima que cayó, víctima de la situación de violencia política, puesto que no le era exigible una actitud distinta a la de defenderse de sus agresores quienes manifiestamente tenían la intención de ejecutarlo.
Por su parte, Wilson Daniel HENRIQUEZ GALLEGOS, obrero, quien se encontraba herido, se refugió en el patio de la casa vecina signada con el N° 419, la que había sido abandonada ya por los agentes. Ahí fue visto por la dueña de la casa, quien le indicó que debía entregarse, a lo que él se negó. Testimonios indican que al rato volvió otro grupo de agentes e hizo a la familia introducirse en el dormitorio. Apresaron a Wilson Henríquez y comenzaron una suerte de juego con él, lo golpearon, lo sacaron a la calle arrastrándolo, dijeron que lo iban a volver a entrar para que no se resfriara y luego lo mataron, registrando su cuerpo según el protocolo de autopsia 21 orificios de bala.
La Comisión ha llegado a la convicción de que se Wilson HENRIQUEZ fue ejecutado por efectivos de la CNI, considerando su muerte una violación a los derechos humanos de responsabilidad de agentes estatales.
Mientras tanto, en el sector de Villa Olímpica de la capital se produjo una nueva muerte también a manos de los agentes de la CNI. Julio Arturo GUERRA OLIVARES, electricista, se encontraba en su departamento cuando éste fue rodeado por los efectivos de seguridad. Se produjo un enfrentamiento por sus captores, el que fue presenciado por testigos. Una vez concluido éste la víctima fue ejecutada, mediante disparos a corta distancia. Por lo anterior y apreciando que la víctima se encontraba a merced de sus captores, esta Comisión considera su muerte una violación a los derechos humanos de responsabilidad de agentes estatales.
Finalmente, en la madrugada de ese día en calle Pedro Donoso de la comuna de Conchalí se produjo el último episodio donde falleció el mayor número de personas: Esther Angélica CABRERA HINOJOSA, cesante, Elizabeth Edelmira ESCOBAR MONDACA, empleada, Patricia Angélica QUIROZ NILO, estudiante, Ricardo Hernán RIVERA SILVA, chofer, Ricardo Cristián SILVA SOTO, estudiante, Manuel Eduardo VALENCIA CALDERON, electromecánico, y José Joaquín VALENZUELA LEVI, estudiante.
Nuevamente la versión oficial señala la existencia de un enfrentamiento en la ocasión, del cual habrían resultado muertas las víctimas antes mencionadas, logrando escapar otra persona. También se señala la existencia de agentes heridos.
La Comisión ha descartado esta versión, en atención a las siguientes consideraciones: en el lugar no existirían huellas de disparos efectuados desde el interior del inmueble; las marcas en el piso del inmueble dejadas por las balas dan cuenta de que a algunas de las víctimas se les disparó desde arriba hacia abajo, presumiblemente mientras estaban encuclilladas; resulta inverosímil como lo sostiene la versión oficial que alguien haya huído del lugar dadas las características de la casa, que es totalmente cerrada; no fue posible comprobar la existencia de agentes heridos como se comunicó públicamente; y, finalmente, debe considerarse la falta de colaboración de la CNI en el proceso destinado a esclarecer esta situación, donde no han sido dados a conocer los nombres verdaderos de los agentes que intervinieron ni menos han prestado declaraciones, ni se ha acompañado el armamento que supuestamente se confiscó en el lugar.
Considerando lo anterior, la Comisión ha llegado a la convicción de que estas siete personas fueron ejecutados por agentes del Estado, en violación de sus derechos humanos.
Como consideración general debe agregarse lo inverosímil que resulta la existencia de tantos enfrentamientos con tantas víctimas fatales en unas pocas horas, lo que hace presumir un planeamiento previo de estas situaciones y su desenlace.
Fuente : (informe rettig)
Prensa
En un mes como éste, un 15 y 16 de junio de 1987, hace ya 35 años, la dictadura de la derecha y las FFAA chilenas cometió uno de sus peores crímenes, el hecho fue conocido como la Matanza de Corpus Christi. Este múltiple asesinato acabó con la vida de 12 combatientes rodriguistas; tres heroínas, Elizabeth Escobar de 29 años, Patricia Quiroz 29 años, Esther Cabrera de solo 22 años; y nueve héroes, Recaredo Valenzuela de 30 años, Patricio Acosta 25 años, Waldemar Henríquez 28 años, Wilson Henríquez 26 años, Julio Guerra 29 años, Joaquín Valenzuela 29 años, Ricardo Rivera 24 años, Ricardo Silva 28 años y Manuel Valencia de solo 20 años de edad, compañeros y compañeras de muchos de nosotros.
Resalto que ahora se ha conocido la resolución final de otro crimen semejante, durante los días 23 y 24 de agosto de 1984, hace 38 años, en una operación de exterminio conocida con Operación Alfa-Carbón o Matanza Vega Monumental fueron asesinados siete combatientes del MIR por agentes de la CNI, en las ciudades de Concepción, Los Ángeles, Temuco y Valdivia. Han pasados 38 años y recién este 10 de junio, se dictó la resolución condenatoria final. En un dilatado y doloroso proceso para los familiares de los caídos se ha dictado justicia, claro entre comillas, por la tardanza, las condenas y que varios de los criminales ya están fallecidos. Honor a los revolucionarios miristas Luciano Humberto Aedo Arias, Nelson Adrián Herrera Riveros, Mario Octavio Lagos Rodríguez, Mario Ernesto Mujica Barros, Rogelio Humberto Tapia de la Puente, Raúl Jaime Matamala Barrientos y Juan José Boncompte Andreu, nunca olvidemos sus ejemplos y a sus familiares, cariño y respeto.
También puedes leer: Corte de Concepción confirma sentencia a 17 ex agentes de la CNI por asesinato de combatientes de la resistencia a la dictadura en Operación Alfa Carbón
Y nuevamente como todos los años familiares, organizaciones y colectivos rodriguistas, nos autoconvocamos en los lugares de los asesinatos: el Dúplex 213 de Villa Olímpica, la calle y la casa de Varas Mena, la calle Alhué de Las Condes, la casa de Pedro Donoso de Recoleta, el Cementerio General, en Lota y en muchos otros lugares del país.
Sin dudas, cada uno de nosotros recuerda en el lugar donde se encontraba en esos aciagos días de 1987, en especial sus sobrevivientes, el impacto de ese crimen, y lo que significó para el FPMR en esos entonces: seguir y seguir luchando contra esa dictadura que nos oprimía como pueblo y el rechazo a la traición que significaba acomodarse a las negociaciones que se maquinaban vergonzosamente.
Debido al carácter clandestino de la organización, la mayoría no conocíamos los nombres verdaderos de esas y esos combatientes asesinados, obviamente tampoco sus misiones. Hoy sus rostros son conocidos, y se transformaron en banderas de combate presentes en los lugares donde cientos de chilenos y chilenas, sobre todo los más jóvenes, irrumpieron en la Revuelta de 2019.
¿Vale la pena recordar el contexto político de esos días de junio de 1987?
Eran tiempos de intensas y oscuras negociaciones entre los personeros de la dictadura y dirigentes de la futura Concertación, avalados todos por el gobierno de EEUU. El atentado al tirano y el caso arsenales sucedidos el año anterior (1986) estaban muy presentes.
Entre los políticos oportunistas, surgían voces para condenar al FPMR y su lucha, sembrando miedo, terror, «son militaristas» decían, era la oportunidad para aplastar la lucha revolucionaria y aislar más todavía al PC de las negociaciones que a espaldas del pueblo se hacían, como lo manifestaba nuestro Comandante José Miguel, Raúl Pellegrín. Surgían epítetos condenatorios y nuevos calificativos políticos para los combatientes, «faltos de realismo político», «fetichistas de las armas», «bajos de nivel político», «chileno-sandinistas», «hijos de Castro», «guerrilleristas», «influenciados por sus formaciones militares», etc., etc.
La visita del Papa en abril del 87 había subido los tonos de la lucha popular, sobre todo después de los enfrentamientos en su recibimiento en la población La Bandera, a pesar que el FPMR indicó una tregua momentánea.
Se negociaba la salida de Pinochet y la izquierda tradicional se plegaba a las transacciones, por acción u omisión, abandonando sin tapujos y vergonzosamente principios, hundiendo cualquier salida potencialmente más popular. El gobierno de EEUU no quería al PC en las negociaciones y los dirigentes de la Democracia Cristiana y el Partido Socialista, cual yanaconas, obedecían.
A pesar del intento de aislamiento del Partido Comunista, en su interior rebrotaba una discusión de validar o desechar lo obrado política y militarmente hasta esos momentos, se discutía en plena lucha y clandestinidad, desarmando ánimos, intentando relevar responsabilidades. Reflotaban pensamientos de los que en lo interno no querían más, o quizás nunca quisieron, la estrategia de Rebelión Popular y el FPMR.
No se puede negar que en esos días, a lo interno del Frente, se coordinaban ideas para el nuevo caminar que muchos rodriguistas nos proponíamos emprender ante el manifiesto abandono que se hacía de la lucha directa contra la dictadura.
El aislamiento de los que seguían combatiendo en primera línea (el FPMR entre ellos) era cada vez más evidente, lo que, sumado al desgaste en la lucha, detenciones, repeticiones de rutinas o errores en el modus operandi, flaquezas en los métodos conspirativos, se profundizaba.
Eran momentos en que para algunos todo se podía poner en dudas, hasta borrar con el codo los objetivos finales que por la boca se vociferaban.
En este contexto que analizamos entran los agentes de la dictadura, que actuaron como los criminales que eran, sabían que a los entregados y cobardes hay que invitarlos a conversar, a los indecisos, neutralizarlos con el miedo, y a los intransigentes, como nuestros 12 hermanos y hermanas, había que matarlos para intentar producir los efectos de terror que necesitaban. Y esos asesinos actuaron el 15 y 16 de junio de 1987.
Un montaje cubrió ese crimen. La dictadura y sus órganos de inteligencia tildaron de «enfrentamiento» el suceso y luego en la post dictadura dilataron la justicia por años y años. Solo la valentía y decisión de los familiares hizo el milagro para que fluyera la verdad, ellos nunca creyeron la versión «oficial» y lograron que la justicia chilena los encausara y condenara.
No se debe olvidar tampoco que el vil asesinato de los militantes del FPMR, fue mostrado por prensa de la dictadura, El Mercurio, La Segunda, la Tercera y la televisión servil, como un enfrentamiento y no un asesinato.
Finalmente los asesinos, claro que en correspondencia con la filosofía democristiana de la Transición, recibieron condenas insignificantes, «en la medida de lo posible», que han cumplido en cárceles de privilegio, conservando sus grados militares y premiados con jubilaciones millonarias.
A todos nos impacta visitar las calles y lugares donde resistieron y fueron asesinados nuestros hermanos(as), cruzar el portón de hierro oxidado de la casa de Pedro Donoso 582 en la comuna de Recoleta, uno de los lugares de la masacre, se siente el frío de la muerte en los pasillos arruinados y en el piso que ahora es de tierra, por el abandono del lugar. Ver sus nombres escritos en los mismos sitios donde fueran asesinados, claro que impacta. No se ha tenido el valor de declarar esa casa como Patrimonio Nacional, quizás ante el temor que se transforme en un verdadero «Museo de la Memoria Combatiente».
Por eso es destacable y emociona el trabajo que organizaciones territoriales del sector de Pedro Donoso, sobre todo muchos jóvenes, están haciendo para transformar la casa un sitio de Memoria. Gracias por esa iniciativa.
Estamos seguros que la terquedad de todos estos años para no olvidar, tanto la heroicidad y las traiciones cometidas, lo que para nosotros es reivindicar NUESTRA MEMORIA, ha dado rutas de perseverancia y dignidad en el presente, prueba de ello es que los héroes y heroínas de Corpus Christi y presos políticos, como Mauricio Hernández Norambuena, estuvieron reflejados en muros y banderas, como símbolos de consecuencia durante la Revuelta de octubre 2019.
Honor y Gloria para los héroes y heroínas de Corpus Christi.
Libertad para Mauricio Hernández Norambuena, preso político rodriguista.
Libertad para los presos políticos de la Revuelta y del pueblo mapuche.
Fuente :resumen.cl, 15 de Junio 2022
Fecha :15-06-2022
Sobre el recuerdo de nuestros héroes y su aporte para el futuro de Chile seguirá habiendo discusiones, durante treinta años la institucionalidad concertacionista y por cierto la derecha, se dedicaron a condenar la lucha revolucionaria, a quienes decidieron rebelarse y combatir al tirano utilizando la lucha política y militar. La propuesta del FPMR, en su primera proclama dijo que, si Pinochet no se le derrotaba haciéndole frente en el terreno militar, organizando al pueblo para defenderse y luchar por sus derechos, si solo se pensaba hacerlo en el terreno de la política, la negociación con sus autoridades perpetuaría el modelo de sociedad abusivo e injusto construido a balazos por la dictadura cívico militar y la historia nos dio la razón.
Fue esa decisión de luchar por la libertad de Chile, la que le costó la vida a los 12 rodriguistas asesinados entre los días 15 y 16 de junio de 1987, la orden para neutralizar al FPMR y a sus principales dirigentes la dio el dictador, después de que se intentó ajusticiarlo y después de que una parte de los arsenales fue descubierta por el enemigo. Ese fue el contexto de la matanza de la operación Albania, cuando la lucha antidictatorial nos enfrentaba a momentos muy duros y difíciles, incluso cuando fuerzas políticas de la izquierda, ya empezaban a renunciar a la idea de la rebelión popular como salida a la dictadura.
Pero aun así y con esas adversidades se lograba avanzar y el FPMR se consolidaba como organización, con un fuerte arraigo popular, aprendiendo a combatir en la clandestinidad, a esa fecha teníamos presencia efectiva en las principales ciudades del pais, pero sabíamos también que después del intento de ajusticiar al tirano estábamos en el foco de la represión con todo el aparataje represivo detrás.
Recaredo Ignacio Valenzuela, Benito, treinta y un años, uno de los fundadores del FPMR, y miembro de la Dirección Nacional, recién ascendido, él fue acribillado en la calle Alhué, de la comuna de Las Condes, al mediodía del 15 de junio. Patricio Ricardo Acosta Castro, veintiséis años, fue ultimado a las seis de la tarde del 15 de junio, mientras caminaba por una acera en la comuna de San Miguel. Julio Arturo Guerra Olivares, Guido, treinta años, uno de los participantes del atentado al dictador, fue asesinado en la medianoche del 15 de junio en el interior del departamento donde vivía en la Villa Olímpica de la comuna de Ñuñoa.
José Joaquín Valenzuela Levy, treinta y un años, miembro de la Dirección Nacional del FPMR, graduado como oficial de ejército en Bulgaria, fue jefe de la Emboscada al dictador. Patricia Angélica Quiroz Nilo, veintinueve años, combatiente rodriguistas. Ricardo Cristián Silva Soto, veintiocho años, combatiente del FPMR. Ricardo Hernán Rivera Silva, jefe de unidades combativas. Elizabeth Escobar Mondaca, veintinueve años; Esther Cabrera Hinojosa, veintidós años, y Manuel Eduardo Valencia Calderón, veinte años. Todos ellos y ellas fueron detenidos en distintos lugares de Santiago en el transcurso del día 15 de junio, luego los llevaron al cuartel central de la CNI en calle Borgoño, allí los torturaron y mantuvieron hasta el amanecer del 16, para luego trasladarlos a una casa vacía en la calle Pedro Donoso, en Recoleta, donde los asesinaron mientras yacían amarrados en un escenario preparado para el crimen.
Juan Waldemar Henríquez Araya, veintiocho años, graduado como oficial en Tropas Generales en Cuba, luego participó en la guerra irregular contra bandas contrarrevolucionarias en Nicaragua en 1984. Al momento de su muerte era el jefe de la escuela clandestina de Varas Mena. Wilson Daniel Henríquez Gallegos, veintiséis años, ambos murieron combatiendo heroicamente, cubriendo la retirada de una cantidad de Rodriguistas que escaparon ilesos.
Han pasado 34 años desde Junio de 1987 y el recuerdo de estos 12 Rodriguistas continua vigente en la memoria del pueblo, porque su aporte y su entrega sin límites, remueve la memoria histórica para vencer el olvido y para mostrar el camino de la rebeldía popular, como una opción valida para alcanzar los cambios estructurales que el pais necesita. En este sentido los y las Rodriguistas junto a cientos de héroes de nuestra izquierda, son la historia en su significado real y que le dan sentido a la política hoy y en el futuro, patriotas que no aceptaron caminos ni acuerdos entre elites a espaldas del pueblo, el que con su movilización y acciones combativas permitió el fin de la dictadura.
Así aprendemos, de nuestra propia historia, de acontecimientos duros y difíciles como el que estamos relatando, de nuestros errores y éxitos, incluso desde la critica a nuestra herencia, porque aprender de la historia supone reconocer y asumir las precariedades de las certezas que en su momento parecían incuestionables. Pero ese aprendizaje no invalida el contenido y la valía de nuestra lucha y del convencimiento para llevarla adelante, lo que fue posible gracias a la disciplina, compromiso y valentía de los miles de jóvenes que estuvieron presentes en la primera línea del combate con la dictadura, de entre los cuales recordamos a los doce hermanos y hermanas que fueron cobardemente asesinados por la CNI en 1987.
Ha pasado el tiempo y hoy estamos frente a un nuevo ciclo de la historia, han surgido nuevas voces y fuerzas decididas a terminar con el sistema económico y la institucionalidad creada por la dictadura, hombres y mujeres, elegidos y elegidas por votación popular para diseñar una nueva constitución e institucionalidad para Chile. No caben dudas de que, y tal como sucedió en las décadas pasadas y como ya está sucediendo, serán, perseguidos, descalificados y tildados de violentistas, por quienes desde las dos derechas que gobiernan Chile se les oponen, intentando nuevamente imponer caminos ya recorridos dentro de la institucionalidad vigente para dejar las cosas como están.
Para contrarrestar esas campañas del terror será necesario recordar que siempre los enemigos del pueblo utilizan estas armas para asustar, crear caos e incertidumbres, creando realidades desde la mentira. Que es lo que hicieron para justificar la persecución, el encarcelamiento el asesinato y la desaparición de miles de compatriotas, víctimas en el pasado, de las mismas elites que hoy se oponen a quienes quieren terminar con un sistema neoliberal abusivo y corrupto.
Así entonces, la línea de conducción del modelo capitalista neoliberal ha sido y es la violación de los derechos de las personas, y la violación de los derechos humanos en toda su extensión, constatación que hace imprescindible que en el diseño de la nueva constitución este presente la memoria histórica, que una base moral y política para su diseño y de una nueva institucionalidad para el pais. Los derechos humanos son la articulación necesaria para construir los lineamientos de una institucionalidad y un modelo económico en el cual las personas en su vida individual o de grupo, los pueblos originarios, encuentren la protección a su dignidad y a sus derechos fundamentales.
En este sentido el recuerdo de los 12 rodriguistas asesinados en 1987, fieles exponentes de la justa rebelión social en su momento, se hace más vigente vinculándolo con la decisión de jóvenes constituyentes independientes, provenientes de movimientos sociales, quienes reivindican la soberanía de la convención constitucional para diseñar la nueva Constitución para Chile. Con su decisión interpretan el sentir y valía de la rebelión social de octubre de 2018, que es el reclamo del pueblo para terminar con el orden político y económico que gobernó el pais por más de treinta años, manteniendo las estructuras económicas y la institucionalidad heredada de la dictadura.
La “vocería de los pueblos” expresada en un documento público reciente, es la rebeldía popular que lucha por sus derechos, asegurando que las exigencias de la mayoría de la población, expresadas en las calles de todo el pais, no podrán ser negadas, ni apartadas de las decisiones políticas, como se hizo en los treinta años pasados, evitando la organización y la participación social en las discusiones para la nueva constitución.
Tal y como lo expresan los Constituyentes de la vocería de los pueblos y como lo demostraron con su ejemplo, los luchadores y luchadoras sociales en el pasado reciente en nuestro país, los cambios que Chile necesita no se logran en la normalidad del sistema vigente. El término de la dictadura fue con el aporte de quienes pavimentaron el camino del cambio, impulsando la organización combativa del pueblo para terminar con el terrorismo de estado, desafiando la normalidad de la violencia, que fue impuesta por Pinochet, como forma de hacer política.
Así entonces el recuerdo de los y las Rodriguistas asesinados en la Operación Albania montada por la CNI y por orden del dictador, quedó en la memoria de los chilenos y chilenas, por su entrega y valentía, pero también, por el legado que dejaron para el presente.
Días después de sucedidos los hechos, nuestro Comandante José Miguel, (Raúl Pellegrin) escribió un comunicado que fue publicado en nuestra revista “El Rodriguista”: “Un grupo de jóvenes fueron asesinados por la CNI a sangre fría, algunos de ellos cayeron enfrentando valientemente a los terroristas de la dictadura, sellando con su actitud el ejemplo de una juventud valiente que ama la libertad y se alza en un gesto de rebeldía inmortal, rompiendo con la corrupción del pasado, la decepción y el entreguismo de muchos en el presente. Los Rodriguistas, a los patriotas, la historia no los juzgará por no luchar y las futuras generaciones recordarán esta decisión histórica en esta hora infinita de vergüenza nacional”.
Ni perdón no olvido
Fuente :PiensaChile.cl, 16 de Junio 2021
Fecha :16-06-2021
La Corte Suprema confirmó este martes la cadena perpetua contra el general retirado Hugo Salas Wenzel, otrora director de la Central Nacional de Informaciones (CNI), por su responsabilidad en el crimen de doce frentistas en junio de 1987, en el marco de la Operación Albania.
Salas Wenzel fue sentenciado en calidad de responsable intelectual de los asesinatos, que se planificó como una de las venganzas por el atentado a Augusto Pinochet Ugarte, ocurrido en septiembre de 1986.
Con esta resolución, el otrora jefe del organismo represivo se transformó en el general retirado que ha recibido la mayor condena por las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura militar.
La decisión fue adoptada por la Segunda Sala (Penal) que también se pronunció sobre las condenas que el ministro Hugo Dolmestch dictó contra otros catorce ex uniformados que participaron en el operativo, también conocido como Matanza de Corpus Christi.
En tribunales se explicó que como Salas Wenzel comenzó a ser juzgado antes de que se modificara la ley, se le aplicará la cadena perpetua simple, lo que permite a partir de los 20 años de prisión pueda acceder a algún tipo de beneficio.
El máximo tribunal también decidió elevar de 15 a 20 años de prisión la condena contra el ex jefe operativo del organismo represivo Álvaro Corbalán Castilla, quien ya se encuentra cumpliendo prisión por otras violaciones a los derechos humanos perpetrados en la dictadura militar.
En tanto, mantuvo la condena a 10 años de presidio contra el comandante (R) de Carabineros Iván Quiroz Ruiz, mientras que aumentó de 7 años y un día a 8 años de prisión el castigo contra el ex agente de la CNI Enrique Neira Donoso.
Estos cuatro otrora miembros deberán cumplir con su castigo en prisión junto al ex agente Manuel Morales Acevedo, quien inicialmente había sido condenado a tres años de prisión pero la Suprema elevó su castigo a cinco años y un día.
En tanto, los ex agentes Luis Arturo Sanhueza Ross, Rodrigo Pérez Martínez, César Acuña Luengo, Patricio Miquel Carmona y Fernando Burgos Díaz fueron
sentenciados a cinco años y un día de prisión, mientras que Eric Silva Reichart recibió una sanción de cinco años de cárcel.
Gonzalo Maas del Valle, José Miguel Morales Morales, René Valdovinos Morales, en tanto, fueron condenados a tres años de prisión, mientras que Hugo Guzmán Rojas recibió un castigo de 541 días de cárcel.
La Suprema también confirmó la absolución de 11 agentes que participaron en los operativos y que ya habían sido exculpados por Dolmestch y la Corte de Apelaciones de Santiago, entre los que se encuentran los ex agentes Kranstz Bauer y Jorge Vargas Bories, al igual que el ex fiscal de Carabineros Luis Acevedo.
En junio pasado, el Consejo de Defensa del Estado (CDE) y los parientes de las víctimas alcanzaron un acuerdo de reparación en el que el Fisco se comprometía a pagar una indemnización de $ 300 millones a cada grupo familiar.
Querellantes celebran decisión
El abogado Nelson Caucuto, representante de las víctimas, destacó que esta sea la primera condena perpetua para un militar con grado de general, lo que a su juicio revela "la gravedad de los hechos juzgados y la importancia de este caso".
"Hemos logrado establecer la verdad de lo acontecido y sanciones penales altas, donde hay una condena de presidio perpetuo y también finalmente hay reparación.
En una sola sentencia hemos logrado confluir los tres aspectos que comprende un concepto complejo como es la justicia, los que son la verdad, la sanción penal, y la reparación”, sostuvo.
“Me parece extraordinario haber cerrado este capítulo, con esta sentencias que ha dictado el máximo tribunal”, puntualizó.
Fuente :El Mostrador 29 de Agosto 2007
Fecha :29-08-2007
La Novena Sala de la Corte de Apelaciones, en votación unánime, confirmó las condenas que dictó en enero pasado, el ministro en visita Hugo Dolmestch, a 15 miembros de la ex CNI, en el marco de la denominada Operación Albania, en la cual murieron 12 miembros del Frente Manuel Rodríguez.
De esta manera seguirá sentenciado a cadena perpetua su ex director Hugo Salas Wenzel, como autor del homicidio simple de cinco de los fallecidos, y del homicidio calificado de los otros siete.
Salas es sindicado como responsable directo del hecho, por ser quien dio la orden de efectuar el operativo, que también se conoce como "matanza de Corpus Christi".
No obstante, el tribunal revocó la absolución que el ministro había dictado en contra de tres involucrados a quienes se les aplicó una condena efectiva de cinco años y un día de presidio.
Se trata de César Acuña Luengo, René Valdovinos Morales y Fernando Burgos Díaz, quienes tuvieron responsabilidad en la muerte de Ignacio Valenzuela Pohorecky.
De esta manera, de los 26 procesados en este caso, ocho quedaron en libertad, dado que no tuvieron responsabilidad directa en los hechos.
El tribunal, integrado por los ministros Raúl Rocha, Juan Araya y Mauricio Silva, resolvió además elevar a 500 millones de pesos la indemnización de perjuicios por 250 millones de pesos que había fijado el ministro Dolmestch para las familias de las víctimas.
La Operación Albania tuvo lugar en tres lugares distintos de Santiago los días 15 y 16 de junio de 1987, y en ella perdieron la vida los militantes del FPMR, Recaredo Valenzuela Pohorecky, Patricio Acosta Castro, Juan Henríquez Araya, Wilson Henríquez Gallegos, Julio Guerra Olivares, Esther Cabrera Hinojosa, Elizabeth Escobar Mondaca, Patricia Quiroz Nilo, Hernán Rivera Silva, Ricardo Silva Soto, Manuel Calderón y José Valenzuela Levy.
Fuente :El Mercurio 28 de Diciembre 2005
Fecha :28-12-2005
Combatientes Rodriguistas
EL RODRIGUISMO SE ADELANTO A SU EPOCA...
El día 15 de Junio de 1987, se puso en marcha por parte de la CNI, el operativo destinado a aniquilar importantes estructuras del Frente Patriótico Manuel Rodríguez ; en esta acción denominada Matanza de Corpus Christi fueron brutalmente asesinados 12 jóvenes combatientes. En calle Alhué, en el pasaje Moscú con Varas Mena, en Villa Olímpica y en Pedro Donoso ; los organismos de seguridad dirigidos por Alvaro Corvalán asesinaron impunemente a jóvenes Rodriguistas ; sólo en la casa de Varas Mena N° 417, se produjo enfrentamiento, en el cual caen heridos y son últimados los militantes del Frente, Juan Waldemar Henríquez Araya y Wilson Daniel Henríquez Gallegos, los cuales se quedan a cubrir la retirada de los más de diez combatientes que se encontraban en ese lugar.
EL RODRIGUISTA, con motivo de cumplirse 11 años de esta acción, decidió conversar con Cecilia Valdez (C.V) y Santiago Montenegro (S.M), combatientes que salvaron con vida de esta matanza.
¿Qué hacen Uds. hoy en día ?
C.V: Estoy trabajando en un casino universitario.
S.M: Estoy terminando una carrera en la universidad, además de trabajar en una actividad relacionada con lo que estudio.
¿Qué significado tiene para Uds. haber militado y participado en el FPMR ?
C.V: Para mí lo más importante fue el aporte que entregó el Frente en ese período. Para los que somos sobrevivientes y los que fueron asesinados, consideramos que entregamos un aporte importante en la construcción de la democracia en este país.
S.M: Para mí tiene una importancia fundamental, yo ingresé al Frente Patriótico desde sus inicios, cuando estaba estudiando en la universidad, como un jóven combatiente. Yo me siento orgulloso de haber participado en el Frente; pienso que en este país la última palabra no está dicha... sin perjuicio que la realidad ha cambiado, yo sigo creyendo en todas las formas de lucha... sigo pensando que la forma de lucha armada del Frente fue necesaria e importante. Aunque muchas veces se juzgan las cosas por sus resultados, y eso es injusto; las cosas se deben analizar por su intención, por lo que se entregó.En relación con el aporte que se hizo en la construcción de la democracia ¿Uds. creen que la contribución que hizo el Frente rindió sus frutos, y estamos viviendo en un proceso realmente democrático, cómo el que Uds. se plantearon y por el cual se jugaron la vida ?
S.M: Desde el punto de vista de los objetivos que nos planteamos como organización político militar, no, estamos muy lejos. Pero también sería injusto decir que en este momento estamos igual que en dictadura. Yo creo que se han ganado espacios, existe un poco más de respeto. Pero a esta democracia le falta mucho, en Chile aún la derecha campea, basta ver las noticias para darse cuenta que gobierna la derecha, desde el punto de vista económico, desde el punto de vista del derecho de los trabajadores, etc... sólo se trata de seguir la línea para no incomodar a los señores militares o a los señores empresarios. Nosotros en el Frente perseguíamos una democracia amplia, popular. Si lo analizamos desde ese punto de vista, estamos lejos de la democracia.
¿Fue inútil la entrega entonces ?
S.M: Yo sostengo que no. En el Frente hubo honestidad, entrega... dignidad...
Cecilia te complemento la pregunta, Santiago hablaba de una democracia de la derecha, y algunos hablan de la democradura o una democracia protegida. ¿Tú como combatiente del FPMR, cómo sientes este proceso democrático al tenor de lo que fue tu lucha y tu entrega ?
C.V: Lo que plantea Santiago es verdad, nosotros buscábamos una democracia total, de verdad. Pero en este momento, al igual que un sector importante del pueblo, habemos muchos compañeros del Frente que estamos descontentos por la situación actual de esta democracia, democracia entre comillas. En la llamada transición nos ofrecieron un montón de cambios, pero a la larga, vemos que sigue gobernando la dictadura, la derecha... y la democracia nunca llegó. Realmente, yo como parte del Frente, me siento engañada por esta democracia. Supuestamente, por esta democracia dejamos algunos la política armada.
TENÍAMOS UNA VÍA DE ESCAPE
Varas Mena era una casa de seguridad del Frente. ¿Por qué no nos cuentan primero, qué es una casa de seguridad?
C.V: De seguridad por extensión, ya que podía ser un departamento, una parcela, etc. que se usaban para instrucción, para resguardar a compañeros que tuvieran problemas...¿Osea, habían personas que vivían en esa casa?
S.M : Claro, vivían compañeros que eran buscados por los aparatos de seguridad de la dictadura ; ellos, como habían pocas casas, utilizaban la casa de Varas Mena, que estaba destinada a la instrucción de compañeros.
¿Cómo los encuentra la madrugada de aquel 16 de junio de 1987 ?
S.M : Yo no manejaba los aspectos de seguridad de la casa. Nosotros nos enteramos a eso de las 9 de la noche del 15 de junio, que la casa estaba rodeada por agentes de la CNI ; en ese momento, los encargados de seguridad de la casa nos informaron que se podía producir un enfrentamiento. En un principio, cuando mataron a Patricio Acosta, que lo asesinaron a una cuadra de donde nosotros estábamos...
¿Uds. se habían enterado de este hecho ?
S.M : No. Los compañeros que estaban a cargo de la seguridad no nos lo quisieron decir, obviamente para no causar alarma. Cuando ellos supieron que habían matado a Patricio, no relacionaron necesariamente que nuestra casa estaba ubicada. Es más, por la cantidad de agentes que se paseaban, se podía pensar que era por el compañero que había muerto. Para nosotros era complicado, ya que cabía la posibilidad de que ellos no supieran de nuestro paradero. En ese momento salir era más suicida que quedarse... pensar que iban a atacar la casa era sólo una posibilidad entre muchas otras...
Cecilia, ¿cómo viviste tu ese momento previo al enfrentamiento?
C.V : Para los compañeros que estabamos a cargo de la seguridad, existía la preocupación al no saber quien había sido asesinado al medio día (se refiere a Ignacio Valenzuela, asesinado a las 12.10 Hrs. En la comunas de Las Condes), y después en la tarde (Patricio Acosta, asesinado a una cuadra de Varas Mena # 417). Nosotros decidimos esperar a nuestros jefes. Cuando llegaron, vimos la posibilidad de sacar a nuestros compañeros en auto, pero no teníamos ningún vehículo, por lo cual decidimos esperar hasta el otro día. Ahora bien, si pasaba algo teníamos preparada una vía de escape...¿Cómo fue el momento de la irrupción de la CNI ?
C.V : Bueno, a mí me tocó estar de guardia en ese momento, yo estaba viendo las últimas noticias de la TV. No sé, yo tuve en ese momento un presentimiento, golpearon la puerta super fuerte ; yo corrí a avisarle a mis compañeros, se sintió un estruendo en el portón y dimos el aviso de escape, lo que permitió que se salvaran todos los compañeros, excepto los jefes que estaban a cargo, que fueron los que se quedaron a cubrir la retirada
S.M : Ellos con su muerte permitieron que los demás nos salváramos, la vía de evacuación estaba bien planificada.
¿Qué fue lo último que alcanzaron a hablar con Wilson y Juan Enríquez ?
S.M : Con Juan, yo tenía una relación de amistad, a Wilson lo había visto sólo en cosas de orden práctico. Con Juan ni siquiera me despedí, porque uno jamás pensaba que algo malo podía pasar. Lamentablemente, a pesar del plan de escape que teníamos, la CNI e investigaciones habían copado todo el lugar. Ellos como a las 21 Hrs. se tomaron varias casas contiguas a la de nosotros. Llegaban, golpeaban la puerta y sacaban a los vecinos por la fuerza. Entonces, cuando nosotros logramos salir de la casa nos dispararon por todos los flancos ; yo quedé herido, recibí un balazo en el hombro y aún tengo una bala incrustada en el cráneo. A pesar de eso logré salir del cerco, para luego caer en manos de carabineros...
¿Al tenor de lo que fue la suerte de los otros Frentistas asesinados en la Operación Albania, fue mejor caer en manos de carabineros ?
S.M :La verdad es que los que participaron en estos hechos estaban con órdenes de matar a toda la gente del Frente que encontraran ; el error para ellos fue que carabineros me llevó a la comisaría y me anotó en el libro de guardia, entonces, cuando la CNI me fue a buscar para matarme... yo escuchaba la conversación, ellos decían : mira huevón, lo echamos arriba de la camioneta y lo matamos ; pero el teniente que estaba a cargo decidió llevarme a la Posta. De hecho, a Juan, que fue uno de los jefes que cubrió nuestra retira, lo mataron en el suelo. El estaba herido y sin oponer ninguna resistencia, se acercaron, lo patearon y lo ametrallaron en el piso.
Cecilia, en tu caso, ¿ conocías a los jefes que se quedaron a cubrir la retirada de los demás combatientes ?C.V :Bueno a mí me tocó trabajar con ellos más directamente. Yo tuve la posibilidad de hablar con Juan, ya que como una de las encargadas de seguridad, tenía que quedarme en la casa, pero, en conversaciones con Juan se acordó que yo debía abandonar la casa junto con mi hijo... fue la última vez que hable con él, no nos dijimos ni chao ni adiós, sino sólo conservo su mirada que queda para siempre. Yo salí por los techos y cuando llegamos a una calle, nos encontramos con un vehículo de la CNI...
¿Tu llevabas a tu hijo ?
Sí yo arranqué con él...
¿Qué edad tenía él ?
En ese momento tenía dos años y medio. Cuando nos detuvieron, nosotros dijimos que íbamos al hospital, pero no nos creyeron. A mi hijo lo pusieron en la camioneta y a mi me llevaron hacia una esquina para asesinarme... en ese momento pasó un vehículo lleno de hombres, tal vez pensaron que eran Frentistas que venían a rescatarnos, se asustaron y nos devolvieron nuevamente a la casa, lo que a la postre salvó mi vida.
NOS PLANTEAMOS ENTREGAR LA VIDA SI FUESE NECESARIO
Cecilia, ¿cuál es la percepción que tiene una combatiente del Frente, más allá de las violaciones de derechos humanos que se cometieron con Uds. después de ser tomados prisioneros ; ya que en Varas Mena, fue el único lugar que se opuso resistencia a este intento de exterminio ?
C.V : Para nosotros, en el momento que entramos al Frente, siempre nos planteamos entregar la vida si fuese necesario. En nuestra casa, si bien hubo un enfrentamiento, fue una defensa mínima... nosotros estabamos en total desventaja en recursos de armas en comparación con la CNI, habremos tenido dos revólveres y un M-16, no más que eso. Ahora, con respecto a los DD.HH, a nosotros nos querían eliminar... no sólo a nosotros como combatientes, sino al Frente.
Cecilia, hay sectores -particularmente de la Concertación-, que hablan de la irresponsabilidad de haber mandado una generación, tú generación, al suicidio. ¿con respecto a la entrega de Uds., valió la pena el sacrificio?
C.V : Mira, yo hace tiempo que quería decirlo, pero cuando uno escucha a dirigentes que fueron de izquierda como Fany Pollarolo, cuando pide disculpas a compañeros que fueron asesinados o participaron en ese período... yo creo que ella debiera pedir perdón por el rol político que está jugando en este momento ; porque la opción mía o la de cualquier compañero que participó en el Frente, fue una opción personal. Para nosotros la opción militar es legítima ; a muchos compañeros, antes de que existiera el Frente se los llevaron y los mataron, sin ninguna posibilidad de defenderse.¿Cuál es la importancia que Uds. le asignan al Rodriguismo ?
S.M : El Rodriguismo como Frente Patriótico, yo creo que fue importante, por su honestidad, por su entrega, por los valores morales que encarnó. Yo no soy de los que dicen que mientras yo me sacaba la cresta había dirigentes viendo la TV, no, esta lucha era mía ... Para nosotros era poner a prueba nuestro compromiso político, sin esperar que los otros hagan más o menos. El Rodriguismo se adelantó a su época, en cuanto a la libertad, en cuanto a honestidad, a decir las cosas por su nombre... llamamos al tirano por su nombre, lo tratamos como se merecía, le dimos la lucha desde el punto de vista que nosotros considerábamos necesaria y moralmente mínima. El Rodriguismo es la continuación de estos valores, y tiene el deber moral de seguir llamando las cosas por su nombre... es un trabajo difícil, ¿qué ofrece el Rodriguismo ? No ofrece viajes al extranjero, no ofrece pegas en algún ministerno ofrece becas en alguna universidad... lo único que te ofrece es ir contra la corriente, y para eso hay que tener los pantalones bien puestos, hay que ser humano... demasiado humano. Si triunfas, va a existir una sociedad mejor, sino, lo que se refleja ahora : vas a ser atacado por todos...
C.V : Yo creo que el Rodriguismo es importante, no sólo para los que luchamos en un determinado tiempo histórico, sino para los jóvenes, para los que desean construir una verdadera democracia. El trabajo Rodriguista es fundamental, se debe acercar a las poblaciones, a la base social. La preparación militar es importante. Claro, ahora supuestamente estamos en democracia, pero qué estamos esperando, qué el día de mañana se produzca otro golpe de Estado, que exista un nuevo Pisagua, un Estadio Nacional...
Astiel
Fuente :cedema.org 16/6/2015
WILSON DANIEL HENRÍQUEZ GALLEGOS
En el año 1987, Quilicura aún era una comuna con ciertos rasgos rurales. Todavía quedaban calles y sectores que mostraban algo de la historia agrícola, precisamente lo que había originado la creación de la comuna.
El alumbrado público aún era muy precario y mantenía en penumbras los rincones de la aldea, en las noches casi solitarias.
Aún por esos años, los vecinos mantenían algunas tradiciones y costumbres que habían heredado de nuestras familias más antiguas y que perduraban casi heroicamente.
Una de estas tradiciones era el respeto y cariño por la Iglesia católica y sus festividades.
Otra, era el fútbol de los domingos y por otro lado, las fiestas escolares.
Y una tradición permanente era el amor hacia los muertos.
En el ámbito escolar, aún se mantenía la hegemonía de las Escuelas Municipales con los colegios particulares que ya se desplazaban por nuestros barrios.
Quilicura, al igual que el resto del país vivía bajo un régimen militar que oprimía de una manera casi cruel a nuestra sociedad desde hacía 14 años, pero que sin embargo se atisbaban ya los pequeños rayos de la libertad.
En el año 1987 un invierno más frío que lluvioso hacía sentir su inclemencia sobre los sectores más modestos.
Yo era profesor desde el año 1970.
Nuestra Escuela, el lugar de nuestro trabajo, era un oasis de esfuerzo y de abnegación laboral y constituía un refugio solidario y familiar.
La Escuela 337 estaba ubicada en el corazón de la Población “El Mañío”.
El recorrido desde el sector céntrico hacia El Mañío eran unos quince minutos caminando a ritmo normal. La ruta diaria permitía observar los hogares modestos, sentir en el rostro, el frío y las heladas de la mañana.
Realizando este camino, Quilicura dejaba ver su pobreza.
La pobreza y el descontento no aparecían en la TV.
A mediados del mes de junio del año 1987, la prensa la radio y la TV, que se mantenían controladas por el Régimen, dio a conocer la noticia de un "enfrentamiento entre las fuerzas policiales y un grupo de extremistas del frente patriótico Manuel Rodríguez.”
En estos enfrentamientos sucesivos habían resultado heridos algunos miembros de las fuerzas especiales y habían sido abatidos un grupo de 12 “extremistas” la mayoría de los cuales se refugiaban en la calle Pedro Donoso de la comuna de Recoleta.
El día 15 de junio, la Iglesia celebraba la festividad de Corpus Christi.
En esa misma noche hubo también otros tiroteos en la Comuna de San Miguel.
Las noticias de la TV mostraban el lugar donde se había producido la balacera y los cadáveres de “los guerrilleros “esparcidos en una casa.
Esto no era nuevo.
La TV y los medios de comunicación, incontrarrestables en esa época, entregaban las informaciones de “extremistas” muertos con cierta frecuencia: algunos morían portando explosivos, otros morían al oponerse a la policía, otros morían como consecuencia de sus propias revanchas y también se producían muertes por “enfrenamientos”.
Muchos de nosotros, ya sabíamos que eran permanentes montajes informativos.
Todos los medios de comunicación sin excepción entregaban la versión oficial y única. Generalmente había unos testigos y un oficial que explicaba técnicamente en lo que había consistido el enfrentamiento, luego el Gobierno justificaba las muertes.
En la noche de Corpus Christi obviamente no hubo ningún enfrenamiento sino que lo que ocurrió fue una matanza planeada desde la C.N I. para aniquilar el “Frente patriótico Manuel Rodríguez”
El nombre de esta operación fue “Albania”
Esto no era algo nuevo. Chile vivía bajo ese régimen de terror y mentiras.
La noticia se expandió y se hizo sentir en nuestra Escuela.
Uno de los abatidos era Wilson Henríquez Gallegos, un joven que vivía en uno de los pasajes de la población “El Mañío”.
La consternación la provocaba tanto la trágica noticia como el hecho de que el joven Wilson, viviera en nuestra población y era conocido de todos los vecinos.
El suceso nos llenó de temor porque precisamente ese era uno de los objetivos de esta masacre.
Por aquellos días, muchos de nosotros habíamos encontrado un refugio social bajo el alero de la iglesia y prontamente la noticia del asesinato de Henríquez provocó un hondo sentimiento.
En Chile asesinaban muchas personas, pero este caso estaba mucho más cercano, de tal manera que las oraciones por su familia en forma anónima se hacían sentir en nuestras comunidades.
El cadáver de Wilson Henríquez finalmente fue entregado a su familia.
Tenía 21 impactos de bala. Luego de ultrajarlo lo fusilaron en el patio de una casa en la calle Varas Mena en un barrio de San Miguel.
El párroco de la época, en el invierno del año 1987, se encontraba fuera de Quilicura y nos pidió que acompañáramos a su familia el día de las exequias.
Éramos dos personas. Nancy y yo.
Quilicura fue fundada a inicios de siglo, en el año 1901 y junto con ello había entrado también en vigencia el cementerio de Quilicura.
En efecto, el cementerio distaba del “pueblo”, poco más de tres kilómetros por un sendero que bordeaba el cerro.
vista interior del cementerio.
Era un viejo camino que en parte se había conformado por el paso de las carretas y carretones a la localidad de Renca.
El sendero rocoso se fue formando en la falda de la cadena de cerros, en una extensa planicie que durante el inicio de la primavera se cubría de “huilles”, hermosas flores silvestres rosadas y blancas que embellecían el paisaje casi virginal.
Por aquel sendero transitaban los deudos hacia el cementerio local.
Los funerales hasta esos días eran todo un ritual, un pequeño ritual que venía de las generaciones anteriores. Todo se iniciaba con las oraciones y el repicar de las campanas y de allí comenzaba el largo viaje.
Encabezaba el cortejo el féretro que cargaban cuatro o seis familiares o amigos, todos varones. Tras de ellos marchaban los “cargadores” que turnándose cada treinta o cuarenta metros iban haciendo los relevos hasta llegar al cementerio.
Luego de la organizada fila de hombres, venían las mujeres vestidas de luto con sus oraciones llantos y flores..
Era un cansador y penoso viaje, llevando el ataúd “a pulso”, lo que ocurría bajo el sol abrasador del verano o bajo la intensa lluvia del invierno.
Generalmente los que profesaban la fe católica, antes del inicio del cortejo participaban de la misa.
Esto fue una tradición absolutamente enraizada que fue disipándose con la creación de otras capillas.
El cadáver de Wilson, permaneció para su velatorio en la nueva capilla San Gerardo de la población “El Mañío”.
Sus exequias se realizarían el día sábado.
Nancy y yo portábamos un rosario y los textos para el responso, porque era lo usual para acompañar a las familias.
La pequeña capilla de madera, se encuentra ubicada en la calle central por el acceso a la población.
Aquel día, desde lejos se divisaba movimiento de gente y algo extraño en el ambiente.
Frente a la capilla se habían instalado dos “micros” de carabineros y un poco más allá dos patrulleras con sus balizas encendidas. Eran las 15.30 horas.
Un bullicio nos esperaba al ingresar a la capilla.
Un Diacono que no conocíamos, terminaba de hacer las oraciones y entre el llanto, el desconsuelo, la ira y la impotencia se escuchaban gritos y consignas.
La escena era conmovedora: niños y jóvenes rodeando abrazados el ataúd y gente que lloraba con gemidos desesperados.
Quedamos estupefactos y permanecimos en silencio en la puerta de la capilla.
Nancy atinó a decirle a alguien “somos de la parroquia y nos ha enviado el párroco”.
Todos querían estar en contacto con el féretro, de tal manera que fue sacado de la capilla entre muchísimos brazos. Los lamentos y los gritos no cesaron sino que se intensificaron con voces ya roncas y cansadas.
Los pobladores miraban desde lejos. No era difícil suponer que los medios de comunicación influían en la actitud temerosa de la gente.
Esta vez el ritual para trasladar al difunto se trastocó en algo de especial dramatismo.
No hubo fila de “cargadores”, sino un grupo compacto de jóvenes que caminaban abrazados en torno al féretro, llorando y gritando.
¡Compañero Wilson Henríquez!
¡Presente!
¿Quién lo mató?
¡La dictadura!
¿Quién lo vengará?
¡El pueblo!
¿Y cómo lo haremos?
¡Luchando, creando poder popular!
¿Compañero Wilson Henríquez?
¡Presente!
¡Ahora y siempre..!
El cortejo emprendió rumbo hacia el cementerio con paso raudo y decidido, casi al ritmo de una marcha callejera.
Todos apuramos el paso para poder seguirlo.
El llanto y los gritos no cesaron.
Había más patrulleras en las esquinas y grupos armados de carabineros provistos de cascos y fusiles.
Decenas de curiosos observando desde lejos.
A nuestras espaldas se instalaron las “micros” y nos siguieron durante el largo camino.
Era una tarde soleada del mes de junio.
Al volver la vista hacia los cerros se divisaban uniformados soldados y carabineros apostados apuntándonos hacia el cortejo con sus fusiles.
Una fila de militares armados marchaban por la planicie del cerro al mismo ritmo de nuestro cortejo y varios carabineros con uniformes de combate se instalaron a ambos costados de los asistentes que éramos poco más de cien.
Todos se abalanzaban sobre la urna y apresuraban el paso.
En Quilicura estábamos habituados a cortejos lentos y ordenados donde la fila de acompañantes se extendía por muchos metros.
No fue así en esta ocasión.
Los carabineros y las fuerzas de seguridad en ocasiones habían dispersado muchos funerales, terminaban lanzando bombas lacrimógenas y realizando disparos creando el caos y el pánico entre los deudos.
Quizás era lo que pensaban y temían todos los que rodeaban el féretro.
Como quiera que fuese, se respiraba la ira el dolor y la impotencia entre los gritos desgarrados y el clamor por la justicia.
Nancy y yo caminábamos a unos metros del ataúd, sin comprender aquel inmenso despliegue militar y pensando en que la familia requería algo de paz para sepultar al hijo tan querido.
Pero no hubo paz.
La fosa para el ataúd ya esperaba y un joven arengó a los asistentes al funeral.
“¡Nada hay que aceptar a esta dictadura y a estos asesinos, compañeros, hay que luchar sin miedo contra el tirano y el pueblo se tiene que organizar, porque estos perros seguirán matando y persiguiendo a nuestros compañeros.
La batuta la tiene el pueblo y le haremos frente a cada uno de sus ataques.
Que no decaiga la lucha contra el tirano y contra la dictadura, el pueblo tiene que estar siempre de pie.
Este llanto de las compañeras se debe transformar en fuerza para la organización!”
Caía la tarde en el camposanto.
Afortunadamente los fusiles se ubicaron a distancia y sólo ingresaron hasta el lugar del sepelio uno que otro agente que pretendían confundirse con el grupo de acompañantes y familiares.
El desconsuelo era más poderoso y en verdad poco importaba lo que harían los servicios represivos.
Quienes estaban junto a nosotros escucharon que rezábamos el padre nuestro y se unieron a la oración.
Alguien a lo lejos gritó:
“¡Damos las gracias a la Iglesia católica!”
Algo temerosos aún, Nancy y yo, abandonamos el cementerio.
Fuente :quilicurahechos.blogspot.com
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