Juan Isaías Heredia Olivares
Antecedentes del Caso
Rut : 59.646 Los Angeles
F.Nacim. : 01 04 32, 41 años a la fecha de su detención
Domicilio : Saavedra 962, Pob.Orompello, Los Angeles
E.Civil : Casado, 3 hijos
Actividad : Profesor Educación Básica
C.Repres. : Ex vice presidente de la Junta de Abastecimiento Popular (JAP), sin militancia política conocida.
F.Detenc. : 16 de septiembre de 1973
Juan Isaías Heredia Olivares, casado, 3 hijos, profesor, fue detenido el 16 de septiembre de 1973, aproximadamente a las 09:30 horas, en su domicilio de la ciudad de Los Angeles, por una patrulla de Carabineros, en presencia de su cónyuge Nancy Burgos Barriga, sus 3 hijas, la empleada doméstica y vecinos. No se le permitió llevar su chaqueta, por lo que salió sin su documentación. Su esposa pudo reconocer al carabinero Jorge Beltrán Gálvez entre los aprehensores. Ese mismo día Carabineros detuvo a otras 4 personas en la ciudad de Los Angeles.
Media hora más tarde, su hermano Manuel Heredia, se presentó en la Comisaría llevándole un vestón y documentación personal, ante lo que el personal de guardia le informó que no había ingresado ningún detenido con el nombre del afectado. Días después el Mayor de Carabineros don Haroldo Solari afirmó que no se encontraba detenido ni había pasado por la Comisaría de Carabineros por tratarse, seguramente, de una orden de detención emanada del Ejército, situación por la que no quedaba constancia en la unidad policial.
Luego de reiteradas gestiones ante la Intendencia Regional, entre otras una petición escrita entregada al Comandante Alfredo Reheren Pulido, Intendente de Bío Bío, con fecha 9 de octubre de 1973, el 16 del mismo mes, el secretario abogado de la Intendencia, señor Rossel, dio a conocer un resumen de la respuesta a las solicitudes sobre el paradero del afectado. La carta firmada por el Mayor de Ejército Luis Burgos, informaba que el detenido habría sido trasladado a la Isla Quiriquina el 21 de octubre de 1973; sin embargo, posteriormente se confirmó que Juan Heredia fue confundido con su hermano José, situación que ocurrió desde su detención. Su esposa señaló que el Mayor Solari de Los Angeles y el Capitán Herrera de Chillán, ambos carabineros, le informaron que la víctima fue entregada ese mismo día en el Regimiento de Los Angeles, aunque oficialmente Carabineros y Militares negaron permanentemente su detención.
Hasta la fecha el afectado se encuentra desaparecido, ignorándose su suerte o paradero.
GESTIONES JUDICIALES Y/O ADMINISTRATIVAS
La familia realizó numerosas gestiones con el objeto de conocer el paradero de la víctima. De las numerosas cartas enviadas, su esposa recibió una respuesta en julio de 1974 del Ministro del Interior de la época, donde le informaba que su esposo había sido destituido de sus funciones en la escuela en que trabajaba por no presentarse el día 17 de septiembre de 1973, es decir, un día después de su detención, agregaba que existían fundadas sospechas que habría huido a la Argentina.
El 17 de septiembre de 1974 se presentó un Recurso de Amparo en su favor ante la Corte de Apelaciones de Concepción. Al rechazar el recurso, la Corte ordenó iniciar el 23 de septiembre de 1974 un sumario por presunta desgracia, causa rol N°46.257 del Primer Juzgado del Crimen de Los Angeles. El 5 de diciembre de 1974 se sobreseyó temporalmente la causa, en conformidad con lo dispuesto en el artículo 409, N°1 del Código de Procedimiento Penal, esto es, por no acreditarse delito alguno. La resolución fue aprobada por la Corte de Apelaciones el 27 de diciembre de 1974; archivándose la causa con la posterior pérdida del expediente desde el tribunal.
Fuente :informe corporación
Prensa
Los jueces rebajaron las sanciones penales a ocho años de presidio.
La Séptima Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago confirmó las condenas de tres suboficiales de Carabineros en retiro por el secuestro calificado de Juan Isaías Heredia Olivares, ocurrido a partir del 16 de septiembre de 1973 en la ciudad de Los Ángeles, Región del Biobío.
En fallo unánime, los ministros Emilio Elgueta, Helga Marchant y el abogado integrante Enrique Pérez ratificaron la condena dictada por el ministro en visita Joaquín Billard el 11 de diciembre de 2007, pero rebajaron las sanciones penales a ocho años de cárcel para José Jerman Salazar Muñoz, José Miguel Beltrán Muñoz y Juan Manuel Villablanca Mendez.
En primera instancia, el ministro Billard había condenado a Salazar Muñoz y Beltrán Muñoz a una pena de 12 años de presidio
Fuente :Martes 26 de agosto de 2008 El Mostrador
Fecha :26-08-2008
Profesor Juan Isaías Heredia ligado a JAP fue detenido en su hogar de la ciudad de Los Ángeles pocos días después del golpe de Estado.
El ministro de fuero Joaquín Billard Acuña condenó a tres suboficiales en retiro de Carabineros por el secuestro calificado de Juan Isaías Heredia Olivares, detenido poco después del golpe de Estado de 1973 en la ciudad de Los Ángeles, Región del Bío-Bío.
El magistrado sentenció a José Jermán Salazar Muñoz y José Miguel Beltrán Gálvez a penas de 12 años de presidio como coautores del delito de secuestro calificado, mientras que Juan Manuel Villablanca Méndez fue sentenciado a la pena de ocho años por el mismo delito.
El magistrado determinó además rechazar la demanda civil planteada en contra del Fisco de Chile por la cónyuge, Nancy Burgos Barriga, y las tres hijas de la víctima, profesor de educación básica de 41 años a la fecha de la detención y ex vicepresidente de la Junta de Abastecimiento Popular (JAP). Según establece el fallo, Heredia fue detenido la mañana del 16 de septiembre de 1973 en su domicilio ubicado en calle Oronpello 440, por una patrulla de Carabineros de la Primera Comisaría de Los Ángeles.
Los efectivos lo trasladaron en un vehículo del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) a un lugar desconocido, sin que hasta la fecha se tenga noticias acerca de su paradero, pese a ser buscado por sus familiares en las distintas unidades policiales y militares de la zona.
Fuente :elmostrador.cl 14/12/2007
Fecha :14-12-2007
Cumpliendo con su mandato básico de ayudar a los procesos judiciales que tengan como fin encontrar detenidos desaparecidos, el Programa de Derechos Humanos, conocido anteriormente como Corporación de Reconciliación Nacional, se hará parte coadyuvante en las 22 causas en que el ministro de fuero Juan Guzmán Tapia se declaró incompetente.
El Programa también afina la estrategia para hacerse parte en los procesos que tramita el juez Guzmán sobre detenidos desaparecidos o ejecutados políticos cuyos restos aún no han sido encontrados. El punto aún no resuelto es si presentarán escritos de acuerdo a los episodios ya fijados -Villa Grimaldi, Pisagua, Calle Conferencia, Liquiñe, Operación Cóndor, Operación Colombo- o sólo con respecto a cada una de las víctimas que investiga el magistrado.
A la fecha, Guzmán sólo ha recibido el escrito firmado por el subsecretario del Interior, Jorge Correa Sutil, por el caso del pique mina Mapocho y se espera que próximamente la instancia dependiente del gobierno solicite diligencias para apresurar esta causa, que no se encuentra dentro de las prioridades de Guzmán.
Con ello, el Programa persigue que los procesos progresen en forma simultánea y se cumpla con el desafío de hallar el mayor número de restos de detenidos desaparecidos.
Aunque originalmente el juez planteó que era incompetente en 27 procesos, en los últimos días a solicitud de los querellantes ha decidido revocar algunas de sus resoluciones.
Esto fue lo sucedió en el caso de Luis Alberto Gómez Cerda, Claudio Romulo Tognola Ríos y Carlos Miguel Garay Benavides cuya investigación había sido delegada al Juzgado de Letras de Tocopilla y hoy, junto con el resto de causas de detenidos desaparecidos de esa zona, conformarán un nuevo cuaderno de investigación caratulado como Tocopilla y al que en los próximos días se abocará en profundidad el ministro de fuero.
Gómez Cerda fue detenido el 13 de septiembre de 1973, mientras se desempeñaba en la División Chuquicamata de la Corporación del Cobre (Codelco) de Tocopilla (Cobrechuqui), de militancia socialista no hay registros fehacientes que establezcan que sucedió con él.
Distinta es la historia de Tognola Ríos -médico obstetra (PS) que trabajaba en la maternidad del hospital de Tocopilla y en la Sociedad Química de Chile (Soquimich) y de quien se pierde el rastro el 16 de septiembre de 1973- y de Garay Benavides -supervisor de Cobrechuqui (PC), detenido el 12 de septiembre de 1973-, pues de acuerdo a los querellantes sus cuerpos estarían en la mina "La Veleidosa", donde ya se realizaron excavaciones, las que tuvieron como resultado el hallazgo de un gran número de restos óseos, que corresponderían a ellos.
Otro proceso que volverá a manos del Guzmán es la causa de Isidoro Carrillo Tornería y otros, donde actúa como querellante Vasili Carrillo, caso que había sido rechazado por el magistrado y entregado en agosto de este año al juzgado de turno de Concepción.
Pero el logro más trascendental para los querellantes fue que el ministro acogiera nuevamente la desaparición de Cardenio Ancacura Manquian (PS) y Manuel Jesús Hernández Inostroza, pues de acuerdo al informe que entregaron las Fuerzas Armadas al concluir la Mesa de Diálogo sus restos fueron lanzados al Lago Ranco, Décima región.
Debido a los antecedentes aportados por las FF.AA esta causa constituye para los querellantes un aporte significativo a los procesos de derechos humanos, por lo que no debería ser abandonada por el ministro.
Según el jefe del área jurídica del Programa de Derechos Humanos, abogado Roberto Garretón, una vez que conozcan la lista definitiva de causas en que se declaró incompetente Guzmán lo inmediato sería pedir ministros en visita en los casos que corresponda e, independiente de ello, la entidad debe participar en la investigación.
Las causas que Guzmán no revisará
Entre las causas relegadas por Guzmán hasta ahora se estableció que la investigación sobre la ejecución de Mario Alvarado Araya, Faruc Aguad Pérez, Wilfredo Sánchez Silva y Artemio Pizarro Aranda, quienes perdieron la vida a manos de personal del Ejército en el sector de Las Coimas en San Felipe, será vista por la ministra de fuero Gabriela Corti en Valparaíso.
Por su parte, la desaparición el 17 de noviembre de 1975 del militante socialista Miguel Enrique Rodríguez Vergara será investigada por la jueza con dedicación exclusiva Raquel Lermanda, titular del Noveno Juzgado del Crimen de la capital.
Lo mismo sucederá con la ejecución en la vía pública que sufrió el 24 de septiembre de 1973 Arnoldo Camu Veloso, asesor legal del Presidente Salvador Allende, cuyo proceso quedará en manos de la jueza exclusiva María Ines Collins, del Octavo Juzgado del Crimen de Santiago.
Otras causas en las que Guzmán se declaró incompetente :
- Luis Rodríguez Arancibia, Alfredo Moreno Neira, Luis Verdejo Contreras y Jaime Max Bastián Leiva: será enviada al Vigésimo Juzgado del Crimen de Santiago. - Hugo Riveros Gómez: quedará a cargo del 18º Juzgado del Crimen de la capital. - Juan Isaías Heredía Olivares: será vista por el Juzgado de Letras de Los Angeles. - José Esaú Velásquez Velásquez y otros: quedará en manos del Juzgado de Chaitén. - Guillermo Vargas Gallardo:será pesquisa por el Juzgado del Crimen de turno de Copiapó. - Humberto Salas Salas :se revisará en el Juzgado del Crimen de turno de Osorno. - Máximo Astolfo Bermúdez Ballón y Juan Rafael Bermúdez Gaete: será analizada por el 26º Juzgado del Crimen de Santiago. - Tránsito Cabrera Ortiz: será vista por el Juzgado del Crimen de Talcahuano.
- Máximo Segundo Neira Salas: será indagada por el Juzgado de turno de Talcahuano. - Salvador Cautivo Ahumada: será pesquisada por el Juzgado de turno de Arica. - Miguel Vega: será analizada por el Juzgado de turno de Curicó. - José Alfonso Constanzo Vera: quedará a cargo del Juzgado de turno de Talcahuano. - Susana Estrella Obando: será investigada por el Juzgado de turno de Punta Arenas. - Lisandro Salvador Sandoval Fuentes: será revisada por el 14º Juzgado del Crimen de Santiago. - Silvio Francisco Betancourt Bahamondes: será analizada por el Juzgado de turno de Punta Arenas. - Ramón Luis Vivanco Díaz: a cargo del Segundo Juzgado de Letras de San Bernardo. - Guillermo Amador Alvarez Cañas: quedará en manos del Juzgado de turno de San Antonio. - Ariel Monsalves Martínez: será vista por el Segundo Juzgado de Letras de San Bernardo. - Bernardo Mario Lejderman y María del Rosario Avalos Castañeda: será investigada por el Juzgado de Letras de Vicuña. Juez Sergio Muñoz interrogó a ex jefe CNI Roberto Schmied por caso Alegría Mundaca;
El ministro en visita Sergio Muñoz interrogó hoy al ex funcionario de la Central Nacional de Informaciones (CNI), brigadier (R) Roberto Schmied Sanzi, para establecer si le cabe responsabilidad en calidad de autor, cómplice o encubridor en el proceso por el homicidio del carpintero Juan Alegría Mundaca, delito conectado al de Tucapel Jiménez.
Alegría Mundaca fue asesinado en 1983 por agentes de la CNI para encubrir el homicidio del dirigente sindical. El 19 de julio del año pasado, la Séptima Sala de la Corte de Apelaciones condenó a cadena perpetua al ex jefe operativo de la CNI, Alvaro Corbalán, y los ex agentes de ese organismo Carlos Herrera Jiménez y Armando Cabrera, en calidad de autores del crimen, mientras que castigó con diez años de prisión a Osvaldo Pincetti.
Además, está sometido a proceso Hugo Alarcón Vergara, ex chofer de Alvaro Corbalán.
Al momento de cometerse el crimen, Schmied era el subdirector de la disuelta CNI y se le atribuye la calidad de cómplice por ser el oficial superior en la línea de mando de los agentes de ese organismo que ya han sido condenados.
La versión entregada por Schmied en el interrogatorio de Muñoz señala que jamás tuvo conocimiento de la operación porque en esa época se hallaba fuera del país, de acuerdo a su pasaporte que está incluido en el expediente
Fuente :Primera Linea 28 de Septiembre 2001
Fecha :28-09-2001
A menos de un mes de la conmemoración de los 50 años del Golpe de Estado de 1973, la Asamblea Nacional del gremio docente vivió un emotivo momento: dirigentes del profesorado llegados desde todo el país a Santiago se dieron un espacio de memoria para honrar la vida de las 136 maestras y maestros detenidos desaparecidos y ejecutados políticos durante la Dictadura Cívico – Militar.
En la ocasión, junto a un clavel rojo se bailó la Cueca Sola y el Colegio de Profesoras y Profesores reafirmó su compromiso con la lucha contra el negacionismo en torno a las violaciones a los Derechos Humanos sucedidas en Chile entre 1973 y 1990.
Fuente :colegiomedico.cl 11/9/2023
Loreto estaba con su nana en la cocina, eran las 9:30 de la mañana del domingo 16 de septiembre de 1973, cuando escuchó a su madre:
-¡Juan, levántate que te vienen a buscar!
Salió de la cocina y vio a un carabinero con casco y metralleta, en la puerta de la casa, y a otro que ingresaba al dormitorio. En ese momento, su padre, Juan Heredia Olivares estaba en el baño. Afuera había otro carabinero que no entró a la casa. Su padre salió del baño y trató de tomar su vestón que estaba colgado en una percha, pero se lo impidieron. Loreto había salido de la casa y pudo ver a otro funcionario. Se situó delante de la reja y vio cuando a su papá lo sacaban del hogar, con los brazos en alto y las manos en la nuca, mientras lo empujaban para que avanzara. En ese momento, ella se acercó y tiró del brazo al carabinero para que soltara a su padre, mientras le suplicaba que no se lo llevara. Un fuerte empujón la lanzó lejos, pero ella reaccionó, dándole una patada al carabinero y volviendo a tironearle el brazo, pero recibió un nuevo golpe, más fuerte…
Vio pasar a su padre y antes de que lo subieran al furgón, trató de retroceder, en ese momento su nana, María Inés, corrió con una manta y el vestón y los dejó a la orilla del furgón, uno de los carabineros tomó la manta y la lanzó al interior del vehículo, el vestón quedó en la acera.
“Y de ahí no recuerdo nada más, fue tanto el impacto que el último recuerdo que tengo fue cuando mi papá se dio vuelta y me miró como para despedirse, para pedirme disculpas, porque finalmente todo lo que él no quería estaba pasando, lo habían tomado detenido delante de sus hijas… Cuando me botaron trató como de recogerme, de hacer algo y no pudo. Después mi mamá me fue a buscar y me llevó a la casa de mi vecina, yo no paraba de llorar, no sé cuánto rato estuve ahí. La María Inés se quedó en la noche a dormir con nosotras, después llegaron una tía, unos hermanos de mi mamá, pero no recuerdo nada más de lo que pasó ese día”.
Hasta ese traumático 16 de septiembre, la vida de la familia Heredia Burgos transcurría tranquila y feliz en Los Ángeles, donde residían, la madre Nancy Burgos, el padre Juan Heredia y las tres hijas: Loreto, Verónica y Patricia.
Cuando Loreto tenía unos 7 años, sus padres compraron una vivienda en la población Orompello, donde tenían una vida apacible. Ella sentía que su hogar era un espacio muy seguro. Sus padres eran profesores, su madre hacía clases en la Escuela 60, y su padre en la Escuela 1. Habitualmente los fines de semana, la familia salía de paseo en citroneta al río. El viernes, iban al centro de la ciudad. Fue una época linda, resume Loreto.
De su padre recuerda su calidez, su interés por la lectura, su simpatía y buen trato.
“Como persona era un hombre muy culto, lo recuerdo con un libro que se llamaba ‘El hombre que calculaba’. Mi papá era vicepresidente de la JAP, trabajaba con la gente de la población O´Higgins y tenía mucho contacto con la junta de vecinos de ese sector. En una ocasión llegaron muchas cajas de mercadería a mi casa y yo estaba feliz porque no iba a tener que hacer fila y la digo a mi papá: ‘Tenemos de todo ahora’. Y él me dijo: ‘No, eso no es de usted’. Yo sentí mucha rabia, pero él tenía que llevar esa mercadería a los almacenes para que fuera distribuida y vendida a los precios que correspondía. Con los años me di cuenta de que él me enseñó con su ejemplo lo que es la consecuencia y eso me sirvió para la vida”.
Juan Heredia no militaba, pero simpatizaba con el Partido Socialista. Fue elegido para integrar la JAP. Era reconocido, querido y respetado. Con todo, nunca hablaba de su acción política en su hogar. Nunca involucró a su familia en su actividad política.
El 11 de septiembre fue un día caótico. Se celebraba el Día del Profesor, y era un momento de festejos. Los padres de Loreto se preparaban para compartir con sus alumnos y sus hijas, en sus escuelas. Pero una llamada telefónica a su hogar, advirtió que algo ocurría. Al encender la radio, empezaron a escuchar bandos y marchas militares. Loreto y sus hermanas no entendían qué pasaba.
Durante el día, Juan contó a sus hijas que hubo un golpe de Estado, que los militares se habían tomado el poder y que el presidente Allende había muerto. La siguiente imagen de Loreto es de su padre en el patio quemando muchos papeles. Lloraba y explicaba que lo hacía para no comprometer a nadie. Por la noche se fue a dormir a la casa de su madre.
Tres días se ausentó del hogar, pero finalmente regresó porque entendió que su esposa y sus hijas corrían más peligro si estaban solas. Sabía que probablemente lo detendrían y quería evitar que sus hijas presenciaran ese hecho. Cuando regresó, lo llamaron para decirle que se estaba gestionando su salida del país, pero esa idea no estaba en sus planes. No había hecho nada malo y consideraba que no tenía por qué arrancar; tampoco quería dejar solas a sus hijas.
“Creo que él estaba metido en asuntos políticos mucho más de lo que nosotras sabíamos, aparte de que pertenecía a la izquierda y era reconocido como de izquierda y todos sabían de su tendencia, yo creo que había mucho más que nosotras no sabíamos y creo que mi mamá tampoco”.
Los días previos a su detención, trató de ir a las poblaciones donde trabajaba, pero estaban cercadas por militares y no lo dejaron entrar. El sábado 15, fue al banco con su esposa para cobrar su sueldo, en ese momento habló con alguien y su rostro cambió reflejando una gran preocupación.
Su padre sabía que algo podía pasar. Por eso, la mañana de ese domingo 16 de septiembre, se veía pensativo y algo triste, mientras tomaba café en la cama y su familia se preparaba para ir a misa.
Ese domingo fue como si una aplanadora hubiese pasado por la vida de los Heredia Burgos, destruyendo todo a su paso. Fue lo que sintió Loreto.
“Tengo vagos recuerdos de esos días, recuerdo que se empezaron a alejar amigos, la familia materna y la paterna, fue bien fuerte porque esta imagen que tenía de esa mamá que dedicaba muchas horas a sus hijas también se fue desvaneciendo, ella trabajaba en la mañana en una escuela, en la tarde buscaba a su compañero de vida con la Paty, mi hermana menor, y unos meses más tarde empezó a trabajar en una escuela nocturna, no recuerdo bien el horario, lo único que recuerdo es el miedo y la soledad que sentía. Nosotras pasábamos gran parte del día solas, pero era lo que mi mamá tenía que hacer, ya le habían avisado del despido de mi papá por no presentarse a trabajar y el ingreso familiar se redujo a la mitad, y tampoco recibíamos ningún tipo de ayuda de nada ni de nadie. Mi mamá tenía que sacar a sus tres hijas adelante”.
Loreto estudiaba en un colegio particular, pero sobre lo que ocurría en el país no se hablaba. Solo sus mejores amigas sabían que su padre había sido detenido, pero nada más. Había la esperanza de que su madre lo encontraría y lo dejarían en libertad. No se pensaba que no lo verían nunca más.
Terminó el año y ante la falta de recursos, su mamá debió cambiarla de colegio e ingresó al Liceo de Niñas, a un curso que recién se abría y donde todos los estudiantes eran nuevos. En ese establecimiento los profesores conocían al padre de Loreto, así que ellos sabían lo que estaban pasando.
“Nos obligaban a cantar la Canción Nacional todos los días, salíamos al patio a cantar y había una inspectora que pasaba por todas las filas obligándonos y yo siempre lloraba porque no quería cantar, menos con la estrofa que le habían agregado, para mí era una tragedia…Yo era muy rebelde, estaba enojada con la vida, no estaba mi papá, había cambiado de colegio, había alcohol y drogas en ese curso y yo venía de un colegio de monjas donde rezábamos todos los lunes. Después me fui alejando de la iglesia también”.
Pronto la discriminación y la estigmatización se hizo presente. En la calle les gritaban “upelientas” y algunos colegas de su padre cruzaban la calle para no saludarlas. Su madre tenía algunas horas de clase en la misma escuela donde trabajó su marido, pero ahí jamás le preguntaron qué había pasado con él o si tenía alguna noticia. En diciembre dejó esa labor y en marzo del año siguiente empezó a hacer clases en la escuela nocturna.
“Con mis hermanas vivimos la misma situación, pero cada una la expresó de manera distinta, lo que sí nos protegíamos mucho, le hacían algo a una y las otras dos éramos unas fieras para defenderla, siempre nos protegimos para que nadie externo nos pudiera dañar”.
Los primeros días de búsqueda, no hubo ninguna noticia de Juan. La madre se levantaba más temprano de lo habitual, para dejar algunas cosas listas en casa antes de salir. Loreto no sabe si dormía, porque la veía salir con bolsas y las cartas que le escribían al papá. Antes de ir a trabajar hacía la fila en la Cruz Roja y siempre había alguna persona que le guardaba el puesto.
“La Paty andaba con mi mamá y se sentía segura con ella. Nosotros sabíamos que se levantaba temprano para hacer la fila, la gente que iba a esperar era la misma, varios empezaron a recibir respuesta, pero había otro grupo que no y se empezaron a juntar no como agrupación, sino como personas que no tenían información de sus detenidos, en el Liceo Alemán les prestaron un espacio para que se juntaron. Cada cosa que hacía mi mamá la sabíamos”.
Harto tiempo duró esta especie de ritual. A medida que crecían, empezaron a acostumbrarse, pero en los primeros días, en especial cuando había viento y lluvia, miraban por la ventana esperando a la mamá. Cuando estaban solas, una vecina tocaba guitarra como una forma de acompañarlas, a veces golpeaba la pared o les preguntaba por el patio cómo estaban. No tuvieron apoyo de la familia, así que todo este proceso lo vivieron solas.
En cierta oportunidad, Loreto vio un vagabundo que se parecía mucho a su padre, se bajó de la micro y partió corriendo detrás de él, pensó que quizás había tenido un accidente y había sufrido un traumatismo o que lo habían torturado y había perdido la memoria. Pero cuando se acercó y descubrió que no era su papá, rompió en llanto.
En 1979, Verónica, la hermana menor de Loreto se trasladó a Concepción a estudiar, y fue a vivir a la casa de una tía; al año siguiente se vinieron Paty y Loreto. No tenían recursos para arrendar una casa, así que debieron instalarse en unas piezas en el Hotel Romano, ahí vivieron por un tiempo, pero su madre seguía trabajando en Los Ángeles, a la espera de su traslado.
“La Vero estaba en la universidad, yo empecé a estudiar secretariado un año en el Manpower, terminé la práctica y empecé a trabajar, mi mamá se vino 3 meses después. Fue la mejor decisión, fue difícil, las tres estudiábamos. El 80 mi mamá tuvo cálculos a la vesícula y la operaron, yo me hice cargo, varios años de nuestra vida fue así. Lo pasamos muy mal, con lo que ganaba mi mamá no alcanzaba”.
En diciembre de 1981, Loreto se casó y se fue a vivir a Inglaterra, cuando regresó, su mamá y hermanas estaban viviendo en un departamento ubicado al lado del Hospital del Trabajador. Para ese tiempo, su madre se había trasladado a la Escuela 1 de Talcahuano donde continuó haciendo clases hasta que se jubiló.
La búsqueda del padre continuaba. La jubilación de Nancy, permitió que ella se integrara completamente a la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, en las acciones de denuncia y difusión. También se inició la arista judicial con apoyo de la abogada Patricia Parra.
La verdad tardaba, solo con la publicación del Informe Rettig, pudieron tener mayor conocimiento de las circunstancias que rodearon la detención y posterior desaparición de Juan Heredia.
El 16 de septiembre cinco personas, incluyéndolo a él, fueron detenidas por carabineros. Se pudo establecer que las llevaron a las areneras situadas a orillas del río Huaqui donde los torturaron y los mataron, luego hicieron desaparecer sus cuerpos. Esto se supo porque el quinto detenido sobrevivió y llegó agónico al Hospital de Los Ángeles, con golpes, impactos de bala y mucha arena en sus zapatos y ropa. No fue posible salvarle la vida y su hija lo fue a reconocer a la morgue y vio las condiciones en que había quedado.
En el transcurso de la investigación judicial se han podido establecer nuevos antecedentes con el cruce de información. Se logró identificar a todos los victimarios, tuvieron condenas pero después salieron en libertad. Con todo, Loreto dice que no alberga afanes de venganza.
“No tengo rencor ni ánimos de venganza creo que la vida se encargó de castigarlos, pero sí siento impotencia porque no tuvieron la valentía de decir qué habían hecho con ellos. Por mucho tiempo me sentí culpable de no haber tenido más edad para haber hecho algo, algunas veces desearía ser más chica para no recordar, creo que había sido menos doloroso que me lo contaran a haberlo vivido, pasé muchos días frente a la ventana esperando ver llegar a mi papá y todavía me cuesta pararme frente a una ventana…!
Ha vivido todos estos años sin poder vivir su duelo ni cerrar un ciclo, algo indispensable para sanar heridas. Son muchas las preguntas que ella se hace y que aún no tienen respuesta. En muchas ocasiones se ha preguntado cómo habrá quedado su padre, qué habrá sentido cuando lo torturaban, dónde lo dejaron…
“Son tantas las preguntas que dan vueltas que te duele el alma y te empiezas a poner corazas para no que te duela, para no sentir, para no preguntar y en ese proceso sin darte cuenta vas arrastrando y dañando a quienes amas. Yo no elegí ser hija de un detenido desaparecido, estoy agradecida y orgullosa por el papá que me tocó y siento que los sobrevivientes tenemos una responsabilidad bastante grande, tenemos la obligación en los espacios en que nos movemos, de hacer conciencia y educar para que nunca más tengamos que vivir una dictadura que nos marcó para siempre…”
“Sueño con encontrar lo que quede de mi papá, abrazarlo y despedirlo como no pude hacerlo cuando se lo llevaron, tener un espacio físico donde ir a dejarle una flor, y no tener que dejarla en un memorial o un río, creo que no es justo y no se lo merecía. Mi papá soñaba con un Chile más justo y por eso luchó, pero no era motivo para que lo asesinaran; no se puede matar ni hacer desaparecer a una persona por pensar distinto, eso no puede volver a pasar. No les quiero dejar esta mochila a mis hijas, no quiero que ellas pasen por tener que reconocerlo, por eso es mi desesperación que aparezca luego y que nosotras, mi madre y mis hermanas, tengamos que vivir ese proceso…”
Fuente :museomemoriabiobio.cl
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