Mario Fernández González

Rut : 5.900.970-2
Fecha Detención : 26-09-1973
Comuna Detención : Torrencilla
Fecha Nacimiento : 25-11-1947
Edad : 25
Lugar Nacimiento : Lota
Estado Civil e Hijos : Casado, 2 hijos
Oficio o Profesión : Capataz minero
Nacionalidad : Chilena

Antecedentes del Caso

MARIO FERNANDEZ GONZALEZ

Rut     : 65.615, Lota.
F.Nac.   : 25  11  47, 25 años a la fecha de la detención
Domicilio : Sotomayor al Cerro s/n. Lota.
E.Civil : Casado, 2 hijos.
Actividad : Capataz Mina de Cuarzo Antártica de la Empresa Lota Green.
C.Repres. : Sin militancia política conocida
F.Detenc. : 26 de septiembre de 1973

Mario Fernández González, casado, 2 hijos, capataz de la Mina de Cuarzo Antártica de Lota, fue detenido el 26 de septiembre de 1976 en la localidad de Torrecilla, próxima a Ninhue, por efectivos de Carabineros de esa localidad, quienes lo fueron a aprehender a la pensión en donde residía en los períodos en que se encontraba laborando en la Mina de Cuarzo Antártica. Los dueños de la pensión avisaron de su arresto a los jefes de la empresa Refrectarios Green Lota, propietaria de la Mina, y posteriormente la detención fue comunicada a su familia; la que realizó las diligencias pertinentes, averiguando que el afectado habría sido entregado a Carabineros de Curihue y éstos a su vez a personal de Chillán en donde se dijo que había sido trasladado al Regimiento de Los Angeles.
Se dijo que la causa de la detención habría sido el hecho que en la Mina encontraron explosivos; éstos eran mantenidos allí por razones de trabajo con la autorización correspondiente. Pese a haberse consultado en diversos centros de reclusión de la época no fue posible dar con su paradero y se ignora a la fecha la suerte que corrió en manos de sus captores.

GESTIONES JUDICIALES Y/O ADMINISTRATIVAS
En noviembre de 1974 su familia interpuso un recurso de amparo en su favor ante la Corte de Apelaciones de Chillán, el que fue rolado con el N° 94023. En él se pidió informes a Carabineros de Ninhue y a la Fiscalía Militar de Chillán, cuyas respuestas fueron negativas por cuanto señalaron no tener registrada la detención del amparado ni poseer antecedentes al respecto. Con el sólo mérito de estos informes el recurso fue rechazado por la Corte, sin ordenarse que los antecedentes fueran remitidos al Juzgado del Crimen correspondiente a fin de instruir sumario por el dasaparecimiento del afectado. Otras presentaciones personales de su cónyuge ante el Jefe de la III división de Ejército, tampoco dieron resultado alguno, por cuanto se le informó que revisados los Libros de Guardia de la 5ta. Comisaría "Quirihue" y Retén Ninhue no aparece registrada la detención del afectado.

Fuente :informe corporación

Nació el 25 de diciembre de 1947, en Lota, Provincia de Concepcion. Sin militancia politica. Sus padres eran don Manuel Fernández y doña Elena González; formaba parte de una familia numerosa compuesta por diez hermanos, siendo el quinto entre sus hermanos.

Tuvo una infancia feliz y normal como todo niño, rodeado del cariño de sus padres y hermanos. Realizo solamente sus estudios basicos.  Trabajaba en la Empresa Refractarios Lota Green donde se desempeñaba corno capataz Mina de Cuarzo.

Contrajo matrimonio con Digna Silva en 1971 de cuya union nacieron dos hijos. El, como era hijo obediente y muy respetuoso, se llevaba bien con sus hermanos, era un esposo ejemplar, un padre tierno, una persona jovial, le gustaba compartir  y tener amigos. Todos los días domingos se reunía con ellos, en el Club, para jugar rayuela.

Estando en la pensión, en Torrecillas, fue detenido por militares y carabineros de Ninhue, el 26 de septiembre de 1973, a la edad de 26 años. Su cónyuge se entera de la detención de su esposo por un compañero de éste.

Posterormiente, su esposa acompañada del Gerente de la Empresa, hicieron averiguaciones llegando al lugar de detención, siendo los mismos dueños de la pensión quienes le comunicaron los detalles de ésta. Después, su esposa continuó las averiguaciones visitando las cárceles de Chillán, Los Angeles y los lugares de detención de prisioneros políticos, sin resultados.

Se presenta un Recurso de Amparo en la Corte de Apelaciones de Chillan, iniciada el 11 de noviembre de 1974. Se pidio informe a carabineros de Ninhue y a la Fiscalía Militar de Chillan, y con el sólo mérito de las respuestas negativas se rechazó el Amparo por fallo del 13 de noviembre de 1974, sin ordenarse instruccion de sumario por presunta desgracia.

Desde la lecha de detención no se sabe nada de Mario. A comienzos del año 1994, brilló una luz de esperanza para su familia y amigos y en especial, para su esposa e hijos, creyéndose que por fin se le encontraría.

Es demolida la 4a Comisaría de Lota, en la cual se encontraron osamentas humanas, y en donde algunos particulares, como la prensa, decían que uno de esos restos humanos que se encontraron podría corresponder a Mario Fernández Gonzalez pero tras una serie de estudios e investigaciones por parte de Antropólogos. se dijo que el cuerpo de Mario, no se encontraba en ese lugar, frustrándose así. una vez más la esperanza de encontrarlo, por parte de su familia.

 

Fuente :Extraído del libro Memoria Histórica de los Detenidos  Desaparecidos de Nuble

Prensa

La Corte de Apelaciones de Chillán revocó la sentencia en
primera instancia del Juzgado del Crimen de Quirihue que había absuelto al ex oficial de Carabineros, Santiago Humberto Fernández Espinoza, y lo condenó a la pena de diez años y un día de presidio mayor en su grado medio y a la inhabilitación absoluta para ejercer cargos, como autor del delito de secuestro agravado del detenido desaparecido en 1973, Mario Fernández González.
El hecho ocurrió en la comuna de Ninhue, el 26 de septiembre de 1973. Fernández, casado, dos hijos, era trabajador de la empresa Schwager que en esos días realizaba faenas de prospección minera utilizando explosivos, lo que le valió una acusación de tener militancia política y de ejercer actividades atentatorias contra el orden y la seguridad del recién instaurado gobierno militar, situación que fue desvirtuada absolutamente en el proceso, según indicó el abogado del Ministerio del Interior que representa la causa, Ignacio Marín Correa.
“Luego de ser detenido por una patrulla a cargo del entonces comisario de Quirihue, Santiago Fernández, el detenido fue llevado a esa unidad policial donde se pierde el rastro, por lo que el delito de secuestro permanente está acreditado durante el proceso”, explicó el profesional.
Prevalece figura del secuestro.
El abogado Ignacio Marín calificó como “histórica” la sentencia de la Corte de Apelaciones, puesto que es la primera condena que acoge el planteamiento de la Corte Suprema, en cuanto a que el delito de secuestro permanente no es amnistiable ni prescribible.
“Es la primera vez que la corte en Chillán se pronuncia al respecto, antes sólo le había tocado aprobar o rechazar
procesamientos, pero ahora se trata de una sentencia, que reafirma el principio que habíamos defendidos como abogado de derechos humanos”, indicó Marín, quien manifestó su esperanza de que este sea una ventana para que al menos veinte casos similares que están en pleno proceso en diversos tribunales de Ñuble, también reciban sentencias similares.

Fuente :25 de Marzo 2005 La Discussion

Fecha :25-03-2005

A Elena el dolor se le instala en los ojos, se derrama en cada palabra que dice, en cada recuerdo que desgrana. No tiene memoria de su padre Mario Fernández González, pues solo tenía un año y medio de vida cuando su rastro se perdió para siempre, llevándose la infancia de sus pequeños Elena y Mario y la juventud de su esposa, Digna Silva Morales.

La vida de la familia Fernández Silva se fue ese 26 de septiembre de 1973, cuando sorpresivamente Mario fue detenido por carabineros, en la pensión donde alojaba en la localidad de Ninhue, lejos de su amada familia y de su Lota natal.

A más de 50 años de ese hecho que desgarra su alma, Elena revive lo que fue ese tiempo de dolor, de incertidumbre, de tristeza y angustia permanentes.

“Bloqueo el dolor, no quiero estar siempre padeciendo, tener que recordarlo es como vivir de nuevo esa pena de la infancia, y me doy cuenta de que no lo he superado, es como que me veo en ese momento cuando pasamos todo ese dolor y veo que hasta hoy no está superado, que está tan vivo como en esos años…”

Elena, sus padres y su hermano vivían en la población Sotomayor al Cerro, en Lota. Su padre trabajaba en la empresa de Refractarios Lota Green como capataz de mina. Tenía entonces 26 años y no militaba en ninguna colectividad política. Con apenas 24 años, su madre se dedicaba a la crianza de los hijos. Hasta el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, la vida de la familia era normal y sin sobresaltos, aunque el padre se encontraba trabajando en Ninhue, por encargo de la empresa, en la explotación de una mina de arcilla.

De aquel tiempo, Raquel Elena prácticamente no conserva recuerdos. No podía, ya que tan solo tenía un año y medio de vida. De su padre solo sabe lo que su madre le contaba.

“No tengo recuerdos físicos de mi padre, solamente lo conozco por fotos y por lo que me contaba mi mamá. Ella siempre me decía que mi papá era una persona muy cariñosa, que nos quería mucho, que como yo era la mayor vivía conmigo en brazos, que le gustaba jugar y cantarme canciones”.

Pero Mario no pudo seguir disfrutando la alegría de tener a la hija que tanto quería. Lejos de su hogar, en Ninhue, provincia de Ñuble, el 26 de septiembre con inusitada violencia, un grupo de carabineros derribó la puerta del modesto hogar donde Mario pagaba pensión y sin darle tiempo para ponerse un chaleco, le pegaron y luego se lo llevaron con destino desconocido. El supuesto motivo de esa detención, que se produjo sin mediar orden alguna, era que como capataz de mina estaba a cargo de los explosivos que se utilizaban para la explotación de la arcilla, materia prima para la fabricación de los ladrillos refractarios que se producían en Lota.

“Mi mamá me contó que cuando se fue a pagar el sueldo de mi papá, ya que era ella la lo que iba a cobrar mientras él trabajaba, estaba haciendo la fila para pagarse, cuando los jefes de la empresa la llamaron a la oficina y le dijeron que a mi papá lo habían tomado detenido carabineros”.

Con gran esfuerzo, Digna pudo viajar a Ninhue y ubicar la casa donde su marido pagaba pensión. Habló con los dueños quienes le contaron lo que había ocurrido.

“Mi mamá dio con los dueños de la pensión y ellos le contaron que llegó carabineros, que echaron abajo la puerta, que le pegaron mucho antes de sacarlo y se lo llevaron: él estaba en camisa y pidió que lo dejaran ponerse un swetter, pero no se lo permitieron”.

No había pistas que seguir, ningún rastro que permitiera saber qué había pasado con él. También Elena fue a Ninhue, varios años después, junto con la abogada Raquel Mejías, y estuvieron revisando registros y buscando algún dato, pero no encontraron nada. Fue como si a su padre se lo hubiese tragado la tierra.

La madre de Elena lo buscó incesantemente. Fue a los cuarteles policiales cercanos, a distintos centros de detención, golpeó muchas puertas, sin ningún resultado.

Fueron tiempos duros, de no saber qué pasaba. Los hijos se vieron fuertemente afectados.

“Nosotros nos quedamos con mi abuelita materna que cumplió el rol de madre prácticamente, porque a mi mamá poco la veíamos. Cuando le preguntaba a mi abuelita o a mis tíos dónde está mi mamá, me decían que andaba buscando a mi papá. Siempre era la respuesta que me daban. Y eso pasó por muchos años”.

Tarde regresaba Digna al hogar, pero nada comentaba con sus hijos. Quizás hablaba con sus hermanos, pero no con Elena ni Mario. Tal vez –reflexiona Elena- lo hizo para no hacerlos sufrir, para tratar de protegerlos y de aminorar el dolor que ya sentían ante la ausencia del padre.

“Ahora yo entiendo eso, pero en ese entonces no lo veía así; retrocedo la memoria y empiezo a pensar y me digo ella lo hacía solamente para que nosotros no sufriéramos, para que no tuviésemos una infancia marcada por el dolor y el sufrimiento”.

En mayo de 1978, familiares de detenidos desaparecidos de Concepción iniciaron una huelga de hambre en la Parroquia Universitaria. Digna Silva fue una de ellas. Elena tenía 7 años y recuerda que su madre se ausentó de la casa por varios días.

“Como niña yo lloraba por la ausencia de mi mamá, me preguntaba por qué no estaba con nosotros, me acuerdo que ella se despidió de los dos… Iban pasando los días y mi mamá no llegaba a la casa, entonces le pedí por favor a mi abuelita que me llevara a verla adonde estaba y viajamos a Concepción; me llevó a la Parroquia Universitaria y fue impactante, esa imagen la tengo hasta el día de hoy en mi mente, cuando la veo a ella y todas las compañeras, con cojines en el suelo, fue algo que lo tengo guardado todavía en el corazón, verla a ella en la huelga de hambre”.

Ya para ese momento, Elena sabía que a su papá se lo habían llevado detenido carabineros y que su mamá lo buscaba porque no sabía dónde estaba. De a poco, la niña que era empezó a internalizar la situación y a darse cuenta de lo que ocurría.

“Este hecho me hizo madurar antes de tiempo y empezar a analizar el porqué de las cosas y aunque era niña yo igual iba atando cabos”.

Dentro de ese dolor, había que continuar con las actividades cotidianas todo lo que fuera posible. Elena siguió estudiando en la Escuela 8, actual Baldomero Lillo, mientras que su hermano, Mario, lo hacía en la Escuela México.

En el colegio, ni alumnos ni profesores sabían de la situación que afectaba a la familia. Por ello, no hubo comentarios. Distinto fue con los vecinos, que sí sabían y de tiempo en tiempo, le preguntaban a Elena por su papá, si sabía dónde estaba o si tenía noticias de él. Otras veces, le decían que lo habían visto, con lo cual abrían una ventana de esperanza en ella, que corría a contarle a su madre.

“Yo le decía a mi mamá que tal persona me había dicho que había visto a mi papá y ella hablaba con esa persona y le reclamaba que por qué hacía eso, que le demostrara dónde estaba… Todo esto a nosotros nos causaba un gran daño”.

Terminada la enseñanza básica, Elena continuó sus estudios en el Liceo Carlos Cousiño, allí tanto profesores como estudiantes sabían del drama que vivía, y la trataron con respeto.

El tiempo avanzaba y las posibilidades de encontrar con vida a su padre se esfumaban. Su ausencia, pero también de su madre que salía a diario a buscarlo, empezó a dejar huellas en los hijos.

“A nosotros como hermanos nos marcó. En ese entonces, recuerdo que era tímida, por el hecho de que no tenía a mi mamá al lado y no estaba mi papá. Nosotros compartíamos pieza y en las noches mi mamá lloraba en silencio para que yo no me diera cuenta ni la escuchara, pero era inevitable porque yo estaba a su lado, aunque en distintas camas. Después fui analizando el porqué, era por la ausencia de mi papá, que era el hombre con el cual ella se casó, al cual ella amaba, con el que quiso compartir una vida y de la noche a la mañana se lo arrebataron”.

Fue una vida dura. No estaba la protección ni el afecto del padre, pero también había carencias económicas, al perder la familia el sueldo de quien sustentaba el hogar.

“Yo crecí con una madre bien empeñosa, cuando no estaba buscando a mi padre, se quedaba en la casa y preparaba distintas cosas para vender como humitas, incluso yo la acompañé varias veces. De esa forma ella reunía dinero para comprarnos alimentos, ropa y otras cosas para la casa”.

La familia vivía en una pieza que les pasó la abuela materna. Sus padres estaban recién edificando su casa, cuando el padre fue detenido, así que la madre, paso a paso y con gran esfuerzo, pudo terminar de construir el hogar donde hasta hoy vive Elena.

“Yo amo esa casa porque ahí está el esfuerzo de mi madre y también de mi padre. Los cimientos de esa casa son los que él dejó  y el resto lo terminó mi mamá, para mí tiene un valor incalculable”.

Completó la enseñanza media y Elena quiso seguir formándose. No tenía acceso a becas, así que su madre, con mucho esfuerzo, le pagó un curso de auxiliar paramédico que se impartía en el Hospital de Lota. Duró un año y medio y posteriormente pudo trabajar en ese establecimiento durante dos años. Posteriormente pudo ingresar a la universidad con beca para estudiar Servicio Social.

“Ha sido una vida de mucho dolor, de mucho esfuerzo, de mucho sacrificio, en general ha sido una vida bastante ingrata, aunque mi mamá hizo lo imposible para que nosotros tuviéramos una infancia feliz, pero no se podía, las circunstancias no se dieron, no podíamos ser felices como niños, al contrario nuestra infancia estuvo marcada por el dolor, por el sufrimiento, pero también por la escasez económica y hasta el día de hoy, marca porque cuesta tanto para hacer justicia y seguimos esperando…”

No pudo disfrutar del amor de su padre, porque no lo conoció. Se lo arrebataron antes de tener esa posibilidad. Por su mamá, sabía cuánto la amó su progenitor.

“Mi mamá siempre me decía que yo era los ojos de mi padre, lo único que él deseaba era que su primer hijo fuese una mujer y nací yo, entonces mi papá era la persona más feliz del mundo porque estaba yo en esta tierra y era su hija. Entonces me dije si mi padre me amaba tanto, lo menos que tengo que hacer yo es buscarlo…”

Su mamá no quería que participara en la Agrupación de Familiares, aspiraba a que su infancia fuera distinta, pero la voluntad de Elena pudo más y empezó a acompañar a Digna a las reuniones de la Agrupación y también a las marchas de denuncia.

“Al levantar la pancarta sentía un orgullo porque él era mi padre y también ese dolor y esa amargura de no poderlo ver… Contar que mi padre es un detenido desaparecido es un puñal que traspasa el alma, decir soy hija de un detenido desaparecido duele mucho, por el hecho de que teniendo un padre quedamos sin él de la noche a la mañana. Siendo niña pensaba cuánto habrá sufrido, cuánto lo habrán torturado, qué clase de tortura le estarán haciendo; era niña y me hacía esas preguntas. Lo pensé muchas veces. Le habrán pegado, le habrán disparado… muchas veces me lo pregunté”.

Después de la huelga de hambre, a Digna se le desarrolló una diabetes y posteriormente cayó en una depresión muy grande porque pasaban los años y su marido no aparecía. Falleció en mayo de 1999, con el profundo dolor de no haberlo encontrado.

“Ella murió con esa tremenda pena, de sentir que su esposo no estaba, y aunque lo buscó incansablemente, nunca pudo encontrarlo. Sus últimas palabras, sus últimos suspiros fueron para él, para Mario…”

Así como Digna partió pensando en su amado Mario, Elena no ha dejado de extrañar al padre que no conoció. Cuando era niña lo que más quería era hallarlo vivo, tener a su padre físicamente, compartir con él, reír, jugar, salir a pasear, abrazarlo… A medida que fueron pasando los años, poco a poco esa ilusión se fue desvaneciendo, se fue marchitando día a día.

“La esperanza de encontrarlo vivo no sé en qué momento se fue esfumando, pero la esperanza de encontrar sus restos siempre va a estar hasta el último día de mi vida para poder darle una cristiana sepultura, para poder ir a dejarle una flor y decirle: papá aquí estoy, soy tu hija, te amo, eso siempre va a estar, hasta el último soplo de vida voy a tener esa esperanza de poder encontrarlo…”

Fuente :museomemoriabiobio.cl

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Ultima Actualización : 25/07/2026