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Recinto DINA "Casa de Piedra" en el Cajón del Maipo

Región Metropolitana

 

Muy poco se sabe de este centro de detención y tortura de la DINA ubicado en el Cajón del Maipo, excepto que sirvio como Escuela de |Inteligencia para los agentes de la DINA. Declaraciones del agente de la DINA Ricardo Lawrence Mires señalan tambien que el centro de detención conocido como la "Casa de Piedra" por agentes de la DINA, fue utilizada como centro de interrogatorio de algunos de los lideres del Partido Comunistas detenidos en la década de los ’70, entre ellos Victor Diaz. Los testimonios ademas señalan que Pinochet siempre estuvo interesado personalmente en el destino final de los líderes comunistas, tanto así que visitó personalmente a Víctor Díaz cuando éste estuvo detenido en la "Casa de Piedra". En aquel encuentro Díaz le dijo a Pinochet que “tratar de exterminar al Partido Comunista, es como vaciar el agua del mar con un balde. Victor Diaz fue mas tarde asesinado en el Cuartel del la “Brigada Lautaro” de la DINA, ubicado en Simon Bolivar, la Reina.

Hoy se sabe por medio de la declaraciones judiciales de agentes de la DINA que en la "Casa de Piedra" participaron agentes de la Central de Intelligecia (CIA) de los EEUU en la formacion de los agentes de la DINA, al igual que miembros de la Colonia Dignidad.

Además de la CIA, hay antecedentes respecto de un entrenamiento que el Mossad israelí habría efectuado a suboficiales de la DINA, que está relatado en el libro "By Way of Deception", escrito por el ex agente de dicho organismo, Víctor Ostrovsky. Este ex-agente declara en sulibro que los agentes de la DINA habrian utilisado el entrenamineto otorgado por el Mossad en el asesinato de Orlando Letelier en Washington DC en 1976.

 

Fuentes de Información: La Nacion; CIPER; El Clarin; El Mostrador; Archivo Memoriaviva


La Nacion

Domingo 11 de marzo de 2007

La brigada más cruel de la DINA

Fue uno de los mejores secretos guardados del dictador Augusto Pinochet y su hombre en la DINA, Manuel Contreras, tanto que no lo rompieron ni siquiera cuando comenzaron a odiarse. Un pacto de silencio mantenido por casi 34 años. ¿Cómo lograron los hombres y mujeres de la Brigada Lautaro que su misión de exterminio no se conociera sino hasta hace unas pocas semanas? ¿Cómo pudo ocultarse durante tanto tiempo la existencia de la unidad más numerosa de la DINA?

Poco más de un par de meses atrás, medio centenar de ex agentes de la Lautaro hacían sus últimas compras de Navidad y se preparaban para celebrar el Año Nuevo en familia. Cumplían sus labores diarias (algunos con tareas directivas en grandes compañías), visitaban los malls y volvían a casa con los suyos. Pero ninguno sabía lo que se venía encima, ni menos sospechaban que un sencillo ciudadano –a quien, para proteger su identidad, llamaremos “Café para Dos”–, había resuelto contar el horror que había vivido como agente de la represión: la existencia de una unidad especial dedicada a matar comunistas y preparar sus cadáveres para tirarlos al mar.

Poco a poco, con especial discreción, los hombres de la Brigada de Asuntos Especiales y Derechos Humanos de la Policía de Investigaciones comenzaron las detenciones durante enero y febrero pasado. Todos fueron llamados a declarar. Todos, por cierto, negaron las acusaciones y alegaron inocencia. Varios, en tono amenazante, protestaron incluso por la “calumnia” que se levantaba en su contra. Pero eso duró algunos días. Pronto, algunos se fueron “ablandando” y empezaron a aportar más y más información al juez Víctor Montiglio.

Reconocieron, por ejemplo, cómo dirigentes y militantes clandestinos del PC habían sido llevados a un cuartel de calle Simón Bolívar 8630, en La Reina, para ser asesinados. Y cómo algunos de ellos estuvieron detenidos durante meses antes de su muerte. Fue el caso de Víctor Díaz, jefe del partido en la clandestinidad hasta mayo de 1976, cuando fue arrestado, y padre de la vicepresidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD), Viviana Díaz.

Los otros comunistas
Los nuevos antecedentes indican que en dicho cuartel, de cuya existencia tampoco se tenían noticias, también fueron exterminados otros dirigentes comunistas. Si bien hasta ahora no hay certeza de sus nombres (debido a hermética forma de operar del juez Montiglio), las pistas apuntan a que corresponden a quienes integraron las direcciones clandestinas del PC de mayo y diciembre de 1976.

Entre ellos, Jorge Muñoz, el esposo de Gladys Marín; Fernando Ortiz, padre de Estela Ortiz; la directora de la Junji, y Waldo Pizarro, esposo de la fallecida dirigenta de la AFDD, Sola Sierra, y padre de su actual presidenta, Lorena Pizarro. Las declaraciones de los ex agentes también coinciden con las señas de Reinalda Pereira.

La investigación del juez Montiglio acerca del episodio conocido como Calle Conferencia no está concluida. Hasta donde se sabe, nadie salió de Simón Bolívar vivo para contarlo.

El comando de exterminio estaba integrado por infantes de Marina, agentes civiles de la Armada, la Fuerza Aérea y Carabineros –entre ellos varias mujeres–, oficiales y suboficiales del Ejército, y decenas de suboficiales de todas estas ramas. Al mando, el jefe de la seguridad de Manuel Contreras, Juan Morales Salgado, entonces con el grado de mayor de Ejército. Treinta y seis ilustres desconocidos, que hasta ahora nunca habían sido procesados, hoy están encausados o presos. Y la lista aumentará en los próximos días. Son los hombres y mujeres de la Brigada Lautaro, la más numerosa y a la vez la más desconocida de la DINA, y a la luz de lo que se sabe de la indagatoria, tal vez la que usó los métodos más crueles para asesinar.

Sumando a otros siete ex agentes que ya habían sido procesados entre los años 2000 y 2005, además del ex ministro de Interior e integrante de la Junta Militar César Benavides, también imputado, la causa de Calle Conferencia acumula hasta hoy 44 procesados, convirtiéndose en el juicio por violaciones a los derechos humanos que más reos tiene hasta ahora.

Curiosamente, y por esas argucias legales a las que suelen echar mano algunos ministros de corte nostálgicos de la dictadura, Manuel Contreras fue beneficiado con un tecnicismo jurídico conocido como “cosa juzgada” y quedó fuera del proceso.

Del sarín al cianuro

La forma de exterminio fue variada. Veamos el caso de Víctor Díaz: primero, los infantes de Marina Sergio Escalona Acuña y Bernardo Daza Navarro le amarraron una bolsa plástica en la cabeza para asfixiarlo, mientras una teniente de Ejército, Gladys Calderón Carreño, le inyectaba cianuro en las venas para acelerar su muerte.

Otros murieron bajo los efectos del gas sarín. Un hecho que se ignoraba, puesto que las víctimas de esta macabra técnica de la DINA se contaban, hasta ahora, con los dedos de una mano.

El mismo Michael Townley, responsable del laboratorio químico que el sindicato criminal de Contreras armó en 1976 en una casa de Lo Curro, estuvo en el cuartel de Simón Bolívar ensayando con sarín fabricado por el químico Eugenio Berríos; ahora se sabe, para también matar comunistas. Según confesó uno de los ex agentes al juez Montiglio, un día tuvieron que sacar de ahí a Townley “porque resultó afectado por el gas”.

Otros testimonios hablan asimismo de prisioneros asesinados a golpes o con refinadas formas de tortura. Las órdenes de exterminio emanaban directamente de Contreras, jefe operativo de la DINA, y eran transmitidas a Morales Salgado, entonces su leal subordinado y ahora uno de los que comenzó a aportar información del caso.

En la investigación hay antecedentes que, inequívocamente, permiten concluir que cada uno de estos crímenes fue perpetrado con el conocimiento y la anuencia de Augusto Pinochet. Fue el mismísimo dictador el que decidió la suerte de las víctimas de Simón Bolívar, convertido en un cuartel altamente selectivo.

Pinochet, señalan los testimonios, siempre estuvo interesado personalmente en el destino final de los líderes comunistas. Tanto así que, según relató el agente Ricardo Lawrence, visitó personalmente a Víctor Díaz cuando éste estuvo detenido en la Casa de Piedra en el Cajón del Maipo, antes de ser trasladado al Cuartel de La Reina.

Del Puma al mar
Uno de los procesados es el ex comandante del Comando de Aviación del Ejército (CAE) coronel (R) Carlos Mardones Díaz. La razón, que recién ahora sale a la luz, es que los cargamentos con los cuerpos de los prisioneros asesinados que salieron del cuartel de Simón Bolívar tuvieron como su siguiente destino los helicópteros Puma del CAE, que solían operar desde los terrenos de campaña que el Ejército tenía en la zona de Peldehue, al norte de Santiago.

La “preparación” para este último viaje fue la misma que la DINA utilizó cada vez que hizo desaparecer los cadáveres. Los envolvieron con sacos paperos, les amarraron con alambre un trozo de riel al cuerpo, volvieron a ponerlos en sacos –que ataron con más alambre– y los transportaron en camionetas hasta el lugar donde esperaba el helicóptero. Éstos despegaban con su carga macabra, enfilaban hacia la costa de la V Región y se internaban mar adentro para soltar su carga. Así desaparecieron Díaz y el resto de sus compañeros.

Otro de los procesados es el ex piloto de los Puma brigadier (R) Antonio Palomo Contreras, uno de los que condujo los vuelos de la muerte. Soberbio y arrogante, Palomo era el piloto preferido de Pinochet y por largo tiempo condujo el Puma destinado a su uso personal. El 15 de septiembre, Palomo recibió de Pinochet la misión de trasladar en helicóptero al general Carlos Prats hasta la frontera con Argentina, cuando el recién instalado dictador mandó a su antecesor al exilio, antes de ordenar su muerte. También piloteó el Puma de la Caravana de la Muerte, al igual que Luis Felipe Polanco, otro de los procesados.


CIPER

2 de Noviembre de 2007

Casa de Piedra: el secreto lugar de juerga y tortura de la DINA 

Carlos Ibáñez del Campo, Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende fueron algunas de las visitas que el fundador del diario Clarín, Darío Sainte Marie, recibía frecuentemente en su residencia en San José de Maipo. En la llamada Casa de Piedra también estuvo Augusto Pinochet, cuando fue expropiada y convertida en un recinto de adiestramiento, tortura y juerga. Hoy, los Sainte Marie intentan recuperar el lugar donde fueron depositadas las cenizas del mítico Volpone, trasladadas en secreto por su familia desde Madrid.

Las escalofriantes historias que ocultaba el cuartel de exterminio de la DINA de calle Simón Bolívar, y que han sido develadas por la investigación del juez Víctor Montiglio y llevadas a la pantalla por Informe Especial de Televisión Nacional, han provocado un duro impacto. Pero no es la única cárcel de la dictadura que se había mantenido secreta hasta ahora. La Casa de Piedra, la residencia de Volpone en un sector del Cajón del Maipo, es quizás el cuartel más importante y desconocido de los que tuvo la DINA.

Construida en la década de los ‘30 por la familia Bulnes Correa, está ubicada en el primer tramo del camino a Lagunillas, un poco más arriba de San José de Maipo. En 1939 fue comprada por el empresario gastronómico Domingo Fuenzalida, quien en 1955 la vendió a su amigo Darío Sainte Marie Soruco, en $3.500.000 de la época. Más conocido como Volpone, Sainte Marie había fundado un año antes el polémico diario Clarín, que llegó a ser el más vendido de Chile hasta su clausura el 11 de septiembre de 1973.

El “tío Chicho”
La casa debe su nombre a las grandes piedras a la vista de sus gruesas paredes. Volpone mantuvo la estructura original pero la modernizó. Y lo primero fue instalar un sistema de agua caliente y calefacción a petróleo para soportar el invierno cordillerano. Se mudó en 1958 junto a su mujer Carmen Kaiser y tres de sus cinco hijos nacieron ahí. 

Los 400 metros cuadrados de la vivienda eran tan singulares como su nuevo dueño. A falta de un pasillo, para cruzar desde el living hasta el comedor había que recorrer casi todas las habitaciones, un salón decorado con motivos chinos y el despacho privado de Volpone. Carmen Kaiser recorría anticuarios en busca de adornos, traía telas del extranjero y asistía a remates. En ellos, más de alguna vez se disputó atractivas piezas con el poeta Pablo Neruda.

Si bien Volpone tenía otro departamento en Santiago, por un largo tiempo su residencia principal fue la Casa de Piedra. Si al departamento que Volpone tenía en el centro capitalino algunos llegaron a llamarlo “La Moneda chica”, Casa de Piedra fue su residencia principal y un importante centro de reuniones políticas al más alto nivel. Por ahí pasaron las más altas figuras políticas de la época, incluyendo a tres presidentes.

Sainte Marie fue un asesor de confianza de Carlos Ibáñez del Campo (1927-1931 y 1952-1958) y luego también muy cercano a Eduardo Frei Montalva (1964-1970). Según recuerdan algunos testigos de la época, el entonces mandatario DC solía llegar acompañado de su esposa María Ruiz-Tagle, y le gustaba que en invierno lo esperaran con sopaipillas.

Con Salvador Allende tuvo una compleja y larga amistad. Para los hijos de Volpone llegó a ser simplemente el “tío Chicho”. Allende disfrutaba en esos parajes de unas enormes chuletas de novillo acompañadas de papas con mote -uno de sus platos favoritos- y otras veces conversaba en privado con el dueño de casa al borde de la piscina. Bernardo Leighton, Radomiro Tomic, José Tohá y Carlos Altamirano, entre muchos otros protagonistas de las más altas decisiones del país, asistían a los asados, cenas y reuniones políticas que organizaba Volpone en la enorme mesa del comedor.

A Volpone no le gustaba dejar su casa. Se despertaba a las seis de la mañana y mandaba de inmediato a su mayordomo a buscarle, en bicicleta, los primeros diarios del día a San José de Maipo: misión que el hombre debía repetir a medida que iban llegando los matutinos, para que su jefe pudiese leerlos tomando el desayuno en cama.

La otra historia
El 11 de septiembre de 1973, el hombre que había convertido al diario Clarín en un gran soporte de Allende, atacando sin tregua a la derecha, ya había emigrado a Madrid el año anterior, después de vender el matutino en una polémica operación que hasta hoy no se aclara y que es motivo de un juicio que se tramita en el Tribunal de Arbitraje del Banco Mundial (CIADI). 

La Casa de Piedra quedó a cargo del cuidador Luis Olguín, quien vivía ahí con su mujer y sus dos hijos. Tras el golpe, los militares tardaron un par de días en llegar a la casa de Volpone.

Cual película de guerra, lo primero que vio Luis Olguín fueron comandos boinas negras cuerpo a tierra, otros lanzándose en paracaídas desde helicópteros, mientras un grupo amenazaba con echar la reja abajo con una motoniveladora. “Me encomendé a la Virgen del Carmen”, recuerda Olguín, quien fue encañonado junto a su mujer y con pistola en la cabeza tuvo que abrir todas las puertas de la casa.

-No dijeron qué buscaban, pero supongo que armamento o si había gente escondida, pero ahí no había nada -cuenta.

En un momento, los uniformados empezaron a empujar una puerta batiente por ambos lados y creyeron que alguien oponía resistencia. Dispararon y el militar que estaba al otro lado resultó herido.

Se fueron, pero la misma escena se repitió otras cinco veces. Olguín se resistía a partir. Temía que terminaran por destruir los caros muebles que alhajaban la casa. Hasta que lo expulsaron.

Lo que pasó después en la Casa de Piedra ha permanecido en secreto hasta ahora. Los habitantes de San José de Maipo comentan que ahí estuvieron los militares, que la usaban para hacer fiestas. La verdad es más cruda.

Rosa Acevedo es la vecina más cercana. Su casa está empinada sobre la ladera del cerro por lo que pudo ver algo de lo que ocurría allí abajo. Por temor guardó silencio hasta ahora.

Al principio, cuenta, fue ocupada por uniformados. Meses después, éstos fueron reemplazados por civiles. Lo primero que hicieron fue envenenar a todos los perros de los alrededores, de modo de poder entrar a las casas sin guardianes que ladraran.

En esa primera etapa los civiles eran en realidad un equipo de elite de la DINA. El recién creado organismo de seguridad entrenaba a sus agentes en las Rocas de Santo Domingo, pero los cursos de inteligencia se realizaban en Casa de Piedra. Así lo declaró el brigadier (r) Pedro Espinoza al ex ministro Juan Guzmán, en el juicio por la desaparición de Juan Maino, dando cuenta de lo que fue la Operación Colombo. Según Espinoza, en mayo de 1974, el general Augusto Pinochet lo destinó a la DINA para que organizara la Escuela Nacional de Inteligencia que funcionó en el Cajón del Maipo, cargo que mantuvo hasta diciembre de 1974. La escuela fue trasladada luego a Rinconada de Maipú.

Pero no todo era entrenamiento. Allí se organizaron importantes operaciones. Está judicialmente probado que fue desde la Casa de Piedra que salió el comando encabezado por el oficial de Ejército Armando Fernández Larios que secuestró desde la Penitenciaría al ex gerente de Cobre Chuqui David Silbermann el 4 de octubre de 1974. Tras pasar por diversos cuarteles de la DINA, Silbermann desapareció sin dejar rastro.

“Ya después uno empezó a saber qué era la DINA”, reconoce Rosa Acevedo, recordando que los ocupantes de la Casa de Piedra trataron de integrarse con los lugareños: “pedían cosas, circulaban todo el día y se acercaban a hablar de cualquier tema”. Así, jóvenes que usaban nombres falsos ejercían una sutil vigilancia. De eso se percató cuando una vecina terminó casándose con uno de los militares a quien todos le decían Marcelo, pero se llamaba Juan Carlos.

Rosa nunca tuvo idea de la Escuela de Inteligencia, pero identifica claramente un cambio del equipo en 1975, cuando comienzan “los tiempos más duros”. También recuerda que en 1975 helicópteros sobrevolaban su casa y aterrizaban en los jardines de la Casa de Piedra. Cree haber divisado en uno de ellos al general Pinochet con sus lentes oscuros, lo cual le confirmó uno de los agentes: Miguel Cifuentes Vargas.

Cifuentes vive hoy en la población El Esfuerzo de San José y no quiere recordar nada. Sin embargo, la discreción no era su fuerte cuando vivía en Casa de Piedra. “Fíjese que vino mi general”, le contaba a Rosa Acevedo, y también mencionaba a otros importantes personajes, como José Toribio Merino, Humberto Gordon y Michael Townley.

-Se juntaban todos acá -dice la vecina.

La presencia de Pinochet fue ratificada en 2005 por el agente de la DINA Ricardo Lawrence ante el ministro Víctor Montiglio, en la investigación sobre el destino de los dirigentes comunistas desaparecidos desde una casa de calle Conferencia. El oficial de Carabineros dijo que los principales dirigentes del PC fueron llevados “a un cuartel en el Cajón del Maipo conocido como La Casa de Piedra” por orden de Germán Barriga (agente que se suicidó en enero de 2005), quien dirigía la Brigada Lautaro de la DINA.

-En una de esas visitas se presentó en el lugar el general Pinochet, quien llegó a conocer a Víctor Díaz, secretario general del PC. En esa conversación, Víctor Díaz le dijo a Pinochet que cometía un error al meterse en contra del PC, porque era como intentar vaciar el mar con un balde, algo que nunca se iba a poder lograr.

Lawrence también declaró que los dirigentes comunistas fueron asesinados ahí, ensacados y llevados en una camioneta hacia Peldehue, donde fueron subidos en un helicóptero y luego lanzados al mar. Sin embargo, en el mismo proceso se ha determinado que al menos Víctor Díaz fue asesinado en el cuartel Simón Bolívar, aunque no se descarta que otros dirigentes de la comisión política del PC hayan muerto en Casa de Piedra. Se sabe que los cuerpos que llegaron a Peldehue venían de distintos centros, como Villa Grimaldi y Simón Bolívar.

Otro rastro del horror en Casa de Piedra fue hallado por el ministro Alejandro Madrid. Investigando la muerte del cabo Manuel Leyton, descubrió que este era uno de los comandos que participó en el lanzamiento de cuerpo de prisioneros al mar. Montiglio recibió testimonios de que Leyton era el que quemaba sus rostros y dedos con un soplete para que no fueran identificados. Algunos de esos capítulos ocurrieron en Casa de Piedra.

Para evitar que revelara ese secreto, Leyton fue asesinado con gas sarin en marzo de 1977, luego de haber sido detenido en posesión de dos renoletas robadas, una de ellas pertenecía al detenido desaparecido Daniel Palma, abuelo de la actriz Leonor Varela

A juicio del abogado del Consejo de Defensa del Estado Daniel Martorell, Casa de Piedra “no fue un lugar de detenciones prolongadas sino de tránsito”.

Hasta ahora la Casa de Piedra no ha aparecido en los listados de centros de detención ni fue mencionada en el Informe Valech. Y esto porque al igual que el cuartel secreto de Simón Bolivar no hay registro de sobrevivientes. Pero hay una excepción. Las hermanas María Teresa y María Magdalena V.K., eran agentes civiles de la DINA y cumplían labores de oficina y de acompañantes de los oficiales. En una declaración policial dejaron testimonio de parte de lo que allí vivieron.

-Junto a mi hermana fuimos detenidas y trasladas hasta una casa en el Cajón del Maipo donde fuimos interrogadas separadamente. A mi hermana la maltrataron. El motivo fue que María Teresa tenía una amiga peruana de mucho antes que ingresara a la DINA, y esta peruana trabajaba en la Embajada de Perú, entonces el comandante (Vianel) Valdivieso presumía que nosotras le pasábamos información a esta mujer, lo que nunca ocurrió -relató María Magdalena.

-Quedé detenida y encerrada en una pieza de esa casa, durmiendo en una colchoneta en el piso. Por una ventanilla me dejaban ver a mi hermana que estaba en otra dependencia. Permanecí en estas condiciones más de una semana, sufriendo todos los días apremios físicos, me sacaron fotos desnuda y me pusieron corriente a cara descubierta…Presumo que eran de la Agrupación Lautaro, porque cuando terminó todo, pasamos por esta agrupación, me metieron en una pieza, me hicieron desnudar y me sacaron fotografías para presionarme y que no los denunciara -agrega la declaración de su hermana María Teresa. Ambas hermanas viven hoy en la Quinta Región.

Noches de juergas
Otras damas de compañía de la DINA conocieron la Casa de Piedra como un recinto para eventos sociales. Como Ximena J.M., la que la identificó como “una casa de piedra del Cajón del Maipo a la que fui a una fiesta donde participó el coronel Manuel Contreras Sepúlveda, Vianel Valdivieso y otras personas conocidas del mando de la DINA”. 

La casa, que aún conservaba algo del glamour que tuvo en la época de Volpone, resultaba ideal para eventos muy secretos en los que habrían participado también agentes de otros países Latinoamérica y que se encontraban en Chile en la gestación de la Operación Cóndor, como lo reconoció otro de los agentes que participó en dicha fiesta.

Para entonces, y según lo confirmó el ministro Jorge Zepeda que investigó exhaustivamente las operaciones secretas de los jerarcas de la Colonia Dignidad, la casa tenía un sofisticado sistema de comunicaciones a través de una torre y aparatos que fueron instalados por los alemanes de la Colonia. Un sistema especialmente diseñado para las necesidades que exigía el despliegue de la Red Cóndor.

Lo aislado del lugar también se prestaba para que los militares que custodiaban la casa organizaran largas y regadas noches de juerga. A Rosa Acevedo le llegaba el eco de la música a todo volumen. Hasta que un día Miguel Cifuentes llegó acongojado: sus compañeros se habían tomado la plata y no tenían provisiones. Lo invitó a comer a condición de que dejara la metralleta en la puerta.

Otra de las llegadas de Cifuentes sería imborrable: le pidió manzanas para dar a los “prisioneros”, ya que todos se habían ido y no les dejaron alimento. Así se enteró Rosa que en la Casa de Piedra había detenidos. Pero nunca los vio…

-Fue la parte más fuerte, más dura… Porque yo escuché golpes, sufrimiento -confiesa.

Durante 1976 aparecieron al menos 14 cuerpos no identificados en el Río Maipo. Los familiares de los desaparecidos recibieron el dato de que en la zona estaba la casa de Darío Sainte Marie, ocupada por organismos de inteligencia. Fue fácil sumar ambas informaciones. Sólo en 1980, Servando Jordán, el primer ministro en visita para casos de desaparecidos, tuvo la confirmación de que la Casa de Piedra había sido un recinto de la DINA.

El primero en reconocerlo fue el entonces ministro del Interior, Sergio Fernández, quien respondió por escrito que la CNI, “ha expresado que, en virtud de lo dispuesto en el DS Nº56, de 3.II.77, del Ministerio de Tierras, se asignó a la mencionada ex Dirección (DINA), el inmueble fiscal ubicado en el camino a Lagunillas, comuna de San José de Maipo, que antiguamente perteneció al referido Saint-Marie”

Tres meses después Fernández rectificó a través de otro oficio diciendo que en realidad la DINA ocupó la casa antes del decreto “pero se ignora la fecha en que ello ocurrió, como asimismo la persona o personas que estuvieron a cargo de dicho inmueble”. Y Manuel Contreras le precisó en 1981 (20 de noviembre) a Jordán que la casa fue cedida a la DINA en 1974, y que tras la disolución del organismo continuó siendo ocupada por la CNI. “No está en mi conocimiento el hallazgo de cadáveres en las aguas del Río Maipo”, concluye Contreras. El misterio de los cuerpos persiste hasta hoy.

Rosa Acevedo recuerda que después de 1980 los militares se fueron de la casa y allí se instaló una familia hasta el regreso de la democracia. Entonces la vivienda fue saqueada y ocupada por drogadictos. No dejaron ni las cañerías. Hasta que la vecina logró avisar a la familia Sainte Marie de que podían regresar.

Hoy nadie habita la casona. Salvo Paola, una de las hijas de Volpone que vive en Barcelona y la ocupa cada vez que visita Chile. En el mismo terreno, pero en una casa vecina, vive otro de los hijos de Sainte-Marie, Jean Paul, junto su esposa y sus dos hijos. Todos los días tienen a la vista el añoso nogal a cuyos pies están sepultadas las cenizas del mítico patriarca.


El Mostrador

3 de Enero 2013

Clarín, la DINA, la Casona de Volpone y un abogado del Banco Central

El Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones, CIADI, acaba de fallar a favor del Estado chileno, negando una indemnización al ciudadano español-chileno, Víctor Pey, por la usurpación de sus bienes durante la dictadura, entre ellos el mítico diario Clarín. Esta es la historia en la que se entrecruzan de manera novelesca un diario popular, un ex presidente, un mito de la prensa, los agentes de la represión de la dictadura militar y el solemne Banco Central de Chile.

Día de pago. En una oficina de la calle Nueva York en el corazón de Santiago, como cada mes, la fila de agentes DINA, la mayoría civiles, esperan los sobres con el sueldo. El pago es seguro. Los tiempos que se viven también. Para ellos. El puño de hierro del empleador los protege del mal. Entre los que acuden está la bella enfermera Carlota Bolumburu Taboada, “La Dama del Pentotal”, conocida así por las sobredosis que inyecta a los prisioneros en las clínicas Santa Lucía y London.

Alejandra Damiani Serrano también espera el pago. Mano derecha del gringo Michael Townley, el “ingeniero” de la DINA. Armador de la bomba que mató al general Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert en 1974 en Buenos Aires. La querida del jefe también recibe su remuneración. Nélida Gutiérrez Rivera, secretaria de Manuel Contreras. Al final, Nélida se quedó a su lado hasta hoy, en los tiempos de sufrimiento.

Elissalde & Poblete y Cía. Limitada es la empresa pagadora. Su razón social es elegante e inconfundible: “DINA Service”. El 24 de noviembre de 1974, “DINA Service” cambió de “dueños” y pasó de “Servicios Industriales Villar y Reyes Ltda.”, a Elissalde & Poblete que adquieren todos los derechos y quedan como únicos socios. Son el coronel de Ejército retirado Alberto Elissalde Müller, y el abogado Miguel Ángel Armando Poblete Rodríguez. Los otros dos, Lautaro Villar Requena y Leonardo Reyes Herrera.

Son los tiempos en que los abogados de la DINA tienen bastante para hacer. Entre otras cuestiones, cubrir con manto legal los bienes muebles e inmuebles usurpados. Pertenecen a quienes ahora están prisioneros, exiliados o ya fueron asesinados. Poco cuesta legalizar los “trofeos de guerra” de los vencedores. Basta que se deslicen en un bolsillo en algún allanamiento, o redactar para ello un simple decreto cuando se trata de propiedades.

Es el destino de la “Casa de Piedra” en el Cajón del Maipo. A su dueño lo apodan Volpone, como la comedia teatral de Ben Jonson. Desde antes del golpe militar de 1973, Darío Saint-Marie Soruco, Volpone, es un buen amigo de Salvador Allende. Saint-Marie es el dueño del Consorcio Publicitario y Periodístico S.A. y de la Empresa Periodística El Clarín. Clarín es el diario que más ejemplares llegó a vender cada día en la historia del periodismo chileno. Sobre 300 mil. Ácido. Punzante. Irreverente. Lengua de serpiente. Inclinado hacia el crimen, historias policiales, amores escandalosos, de corte popular. Con el triunfo de Allende en 1970, se vuelca a un diario político que sustenta al gobierno de la Unidad Popular.

Ocurrido el alzamiento militar del 11 de septiembre en 1973, tanto el consorcio como el diario Clarín son disueltos y todos los bienes de Saint-Marie son confiscados y pasan a manos del Estado. Entre ellos, la Casa de Piedra. El decreto 165 del Ministerio de Interior firmado por los generales Augusto Pinochet en calidad de “Presidente de la República” y César Benavides como ministro de esa cartera, blanquean el manotazo. Allende está muerto y Volpone en España. De los tiempos de gloria de Clarín queda sólo el recuerdo.

EL “ACTA DE ENTREGA”
La Casa de Piedra es ocupada por la DINA pocas semanas después del golpe. Pero el traspaso “oficial” del Ejército a la organización llega recién en 1977, pocos meses antes de que sea disuelta y remplazada por la Central Nacional de Informaciones, CNI. El decreto 56 del Ministerio de Tierras y Colonización del 3 de febrero de 1977, firmado por Pinochet y el ministro de esta cartera, Luis Beytía, destina a la DINA “para sus fines propios” la amplia propiedad enclavada en hermosos parajes de la precordillera.

Quien recibe la casona como “Jefe de Infraestructura” del órgano represivo, es el mismo abogado de Elissalde & Poblete y Cía. Ltda., Miguel Ángel Armando Poblete Rodríguez, RUT 3.688.003-1, nacido el 23 de mayo de 1948. El “Acta de Entrega” no tiene fecha. Curiosamente, Poblete aparece en el acta de recepción como “Jefe de Infraestructura” de la CNI, cuando la casona fue traspasada a la DINA. La firma de Poblete Rodríguez la adorna un timbre de la CNI. Desde el 11 de septiembre de 2000 y hasta hoy, este abogado forma parte del equipo de la Fiscalía del Banco Central, con un contrato indefinido. Su fecha de ingreso a la institución emisora, es paradojalmente coincidente con el inicio de su historia, 37 años antes.
Quien recibe la casona como “Jefe de Infraestructura” del órgano represivo, es el mismo abogado de Elissalde & Poblete y Cía. Ltda., Miguel Ángel Armando Poblete Rodríguez, RUT 3.688.003-1, nacido el 23 de mayo de 1948. El “Acta de Entrega” no tiene fecha. En ella, Eduvigis Gajardo Pinilla, jefa del Departamento de Bienes Nacionales del Ministerio de Tierras y Colonización, hace entrega de la propiedad al abogado Poblete Rodríguez, quien firma como “Jefe de Infraestructura”. Curiosamente, Poblete aparece en el acta de recepción como “Jefe de Infraestructura” de la CNI, cuando la casona fue traspasada a la DINA. La firma de Poblete Rodríguez la adorna un timbre de la CNI.

Desde el 11 de septiembre de 2000 y hasta hoy, este abogado forma parte del equipo de la Fiscalía del Banco Central, con un contrato indefinido. Su fecha de ingreso a la institución emisora, es paradojalmente coincidente con el inicio de su historia, 37 años antes.

ALLENDE Y CLARÍN
La historia de la Casa de Piedra se entremezcla entre el buen tiempo y la borrasca. Entre la amistad, la vida familiar, el sufrimiento y el crimen. Un informe de la Brigada de Investigaciones del Lavado de Activos, Brilac, del inspector Carlos Quijada Fuentes, indagó en 2007 para el juez Alejandro Madrid los distintos tiempos de la casona y otros bienes que pertenecieron a Volpone. La indagatoria concluyó que en 1972, durante el auge del gobierno socialista, el Presidente Salvador Allende compró a Darío Saint-Marie el Consorcio Publicitario y Periodístico y la Empresa Periodística El Clarín.

Según los antecedentes recogidos por este informe, Allende habría realizado las adquisiciones a través de su amigo personal Víctor Pey Casado, para ponerlas a disposición del proceso político que desarrollaba su gobierno. El dinero para la compra, sostiene el informe policial, tuvo su origen “entre otros, en el traspaso de US$ 780.000 el 26 de septiembre de 1972, desde el Banco Nacional de Cuba al Bank für Handel und Effekten en Zürich, a la cuenta 11.235 de Víctor Pey Casado, íntimo amigo de Allende”.

De acuerdo al documento de la Brilac, la información sobre esta adquisición tiene su origen en un informe que el presidente del Consejo de Defensa del Estado, Lorenzo de la Maza Rivadeneira, hizo con fecha 3 de octubre de 1974 para el Asesor de Justicia del Ministerio del Interior, teniente coronel Eduardo Avello Concha.

Sin embargo, Víctor Pey, que ahora perdió el litigio contra el Estado chileno por la propiedad del diario El Clarín, dijo a El Mostrador que “esa es una aseveración absolutamente falsa, Allende jamás me pidió que comprara para él el diario, a pesar de que yo tenía con él una estrecha relación”. Lo que Pey sí reconoce, es que él le compró a Saint-Marie el diario y admite que la transacción con Volpone —que en 1972 ya se había radicado en Madrid— “se hizo a través de bancos que nos dieran más seguridad de que no habría infiltración por parte de la CIA. Efectivamente, esa cuenta en Zürich era mía”. Pey sostiene que “seguramente el informe del señor De la Maza en que se basó el documento policial del que usted me habla, quiso enlodar el nombre de Allende, que era lo que más les interesaba”.

Quien también desconoce esa supuesta operación encubierta de Allende es el periodista Alberto Gamboa, quien era el director de Clarín durante el gobierno de la Unidad Popular. “Yo desconozco absolutamente eso, nunca supe de algo así”, afirmó.

Ocurrido el golpe militar, la dictadura decretó el 10 de febrero de 1975 la disolución del CPP.SA y la Empresa Periodística El Clarín. Además, resolvió que tanto los bienes de Saint-Marie como de Pey Casado pasaran a dominio del Estado, por encontrarse en la situación del decreto 77 del 13 de diciembre de 1973. Este decreto declaró ilegales los partidos políticos, confiscando todos sus bienes incluidas las sociedades o empresas que “directamente o a través de terceras personas, pertenezcan o sean dirigidas por ellos”.

EN FAMILIA
Los pasos del actual abogado de la Fiscalía del Banco Central, Miguel Ángel Poblete Rodríguez en el financiamiento de los servicios represivos de la dictadura van y vienen. De pagar los sueldos a los agentes civiles de la DINA y firmar la recepción de la Casa de Piedra de Volpone, sus huellas avanzan hacia la década de los años 80.

El 8 de octubre de 1984, según escritura pública, Poblete inscribió en el Registro de Comercio de Santiago la “Sociedad Administradora de Servicios de Personal Limitada”, nombre de fantasía “Asper Ltda”. ¿Sus socios? Germán Alfredo Esquivel Caballero y Mario Zamorano Monreal. Esquivel Caballero, agente del Comando Conjunto, teniente coronel (R) de Carabineros y procesado por delitos de lesa humanidad.

Asper Limitada, antes llamada Boxer & Asper, siguió pagando los sueldos a los civiles de la CNI. A medida que se fue modificando la escritura, actuaron igualmente como socios de Asper el agente CNI Ernesto Darío Zamorano Barrueto, que ingresa en octubre de 1985. Otro agente CNI, coronel de Ejército actualmente retirado, César Atilio Risi Vignolo, es socio a partir de diciembre de 1987. En junio de 1989, llegan los refuerzos del mayor Luis Isaac Contreras Prieto. Este es uno de los pilotos de helicópteros Puma del Comando de Aviación del Ejército, utilizados para arrojar al mar los cuerpos de los prisioneros. Ningún extraño. Todo quedó en la “familia” del abogado Poblete.

Las modificaciones a la escritura madre se hicieron con otro “hombre de la casa”. El notario de la DINA Hernán Blanche Sepúlveda, que hasta hoy ejerce como notario en Santiago.

Derrotada la dictadura en el plebiscito de 1988, el 8 de marzo de 1990, Asper fue disuelta.

“Yo nunca fui agente de la DINA”, dijo el abogado Poblete a El Mostrador, pero admitió que efectivamente el Poblete de “Elissalde & Poblete” es él. No obstante, explicó que “yo no sabía que esos sueldos que se pagaban eran para agentes de la DINA o la CNI, eso lo supe mucho después”. Sostuvo que “efectivamente yo hice trabajos a honorarios para la CNI” y aseguró que “el acta de recepción de esa casa”, refiriéndose a la Casa de Piedra de Volpone, “la firmé sólo por apuro” dando a entender que las cosas se hacían “desordenadamente”.

UN CLARO “MECENAS”
A los agentes militares los sueldos se los pagaban sus respectivas instituciones. Para eso había presupuesto. Pero los de los civiles, ¿quién los pagaba? Ni Villar, ni Reyes, ni Elissalde, ni Poblete, sociedades pantallas, eran mecenas millonarios. Lo hacían algunos empresarios amigos y beneficiarios del régimen. Hasta ahora se ha logrado establecer sólo el nombre de Ricardo Claro Valdés, que sí tenía mucho dinero. Documentos firmados no hay. Pero su participación en el financiamiento del crimen organizado está respaldada por distintas voces que así lo indican. El ex agente Eduardo Cabezas Mardones que integró la desconocida Brigada Económica de la DINA a fines de 1976, como lo relata en una declaración judicial. El ex agente Arturo Ramírez Labeé, jefe de esa brigada. Y el ex agente Jorgelino Vergara Bravo, más conocido como El Mocito, según lo contó para el libro La Danza de los Cuervos del periodista Javier Rebolledo.

ENGAÑO A LA COMISIÓN RETTIG
La Casa de Piedra fue un botín preciado por los militares. Cuartel de detención y tortura transitorio de la DINA. Escuela de Inteligencia para la formación de agentes. Centro vacacional para sus oficiales y familias. Lugar de fiestas y celebraciones. Y recepción de amistades importantes como la de Ricardo Claro. Allí se produjo el histórico encuentro entre Augusto Pinochet y el secretario general en la clandestinidad del Partido Comunista, Víctor Díaz López, después de ser arrestado. Según una declaración judicial del segundo hombre del Grupo Delfín que operó en el cuartel Simón Bolívar, Ricardo Lawrence Mires, en aquel encuentro Díaz le dijo a Pinochet que “tratar de exterminar al Partido Comunista, es como vaciar el agua del mar con un balde”.

Fue en esa casona donde se gestó el episodio del falso mártir de la DINA con el que el Ejército engañó a la Comisión Rettig en 1990. La mañana del 20 de septiembre de 1974, el agente, suboficial y comando especializado, Carlos Labarca Sanhueza, le destrozó la cabeza a balazos a su compañero de igual grado y preparación, José González Ulloa. Ambos eran instructores de agentes en la Escuela Nacional de Inteligencia que la DINA instaló transitoriamente en la casona. Ambos integraban también la Avanzada de Seguridad de Pinochet desde noviembre de 1973. Dos hombres de la elite que incluso instruían a oficiales.

Nunca se supo por qué Labarca mató a González. El segundo de la DINA, Pedro Espinoza Bravo, no se lo dijo al juez Alejandro Solís a quien le relató judicialmente este crimen a comienzos de 2004, en el marco de la investigación por el asesinato del general Carlos Prats y su esposa en Buenos Aires.

El Ejército presentó el caso de González a la Comisión Rettig como una “víctima del extremismo”. La Comisión lo creyó sin investigar. En su informe sobre González Ulloa la Comisión estableció: “Falleció el 20 de septiembre de 1974 en un enfrentamiento con grupos armados desconocidos al interior del Cajón del Maipo” que “presumiblemente actuaban por motivos políticos”. Agregó que la Comisión “se formó la convicción de que la muerte de la víctima fue una violación de los derechos humanos”.

Estos son jirones de una historia que hoy forma parte de la memoria colectiva de gran parte de la sociedad chilena. Y Clarín, se transformó en un mito inolvidable, entre las balas y la sangre que corrió a raudales por las calles de Chile a partir de la asonada militar de 1973.


El Mostrador

24 de Abril 2014

La CIA entrenó a la DINA en la casa de “Volpone”

Quien fuera el segundo hombre de la extinta Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), Pedro Espinoza, aseveró que luego del golpe de Estado la Central de Inteligencia estadounidense (CIA) entrenó a agentes chilenos, lo que efectuó en un lugar emblemático: en la Escuela de Inteligencia que la DINA montó en “Casa de Piedra”, la que fuera la mansión que en la precordillera poseía el mítico Darío Sainte-Marie, más conocido como “Volpone”, amigo personal de Salvador Allende y dueño del diario El Clarín.

Hasta antes de las declaraciones de Espinoza, que se recogen en la condena de cuatro años de presidio por asociación ilícita dictada ayer por el juez especial Jorge Zepeda en contra de los máximos jerarcas de la DINA y Colonia Dignidad, sólo existían algunos dichos de Manuel Contreras en este sentido, quien –en una entrevista con la periodista Nancy Guzmán– afirmó que entre julio y agosto de 1974 ocho oficiales de la CIA habían entrenado a su gente, sin entregar mayores precisiones.

Sin embargo, hoy se conocen nuevos e insólitos detalles al respecto, como el hecho de que el lugar que la DINA escogió para dichos efectos estuviera revestido de un gran simbolismo para la izquierda chilena, tal como lo ilustró un reportaje de Jorge Escalante al respecto: “Desde antes del golpe militar de 1973, Darío Sainte-Marie Soruco, ‘Volpone’, es un buen amigo de Salvador Allende. Sainte-Marie es el dueño del Consorcio Publicitario y Periodístico S.A. y de la Empresa Periodística El Clarín. Clarín es el diario que más ejemplares llegó a vender cada día en la historia del periodismo chileno. Sobre 300 mil. Ácido. Punzante. Irreverente. Lengua de serpiente. Inclinado hacia el crimen, historias policiales, amores escandalosos, de corte popular. Con el triunfo de Allende en 1970, se vuelca a un diario político que sustenta al gobierno de la Unidad Popular”.

LA ORDEN DE PINOCHET
En sus declaraciones ante Zepeda, Espinoza (condenado, entre otros crímenes, por el homicidio del ex canciller Orlando Letelier) relató que en mayo de 1974 se desempeñaba como jefe de seguridad de la Junta Militar cuando Pinochet lo llamó y “le ordena dirigirse donde el coronel Manuel Contreras y este le comunica que necesitaba su ayuda para organizar una escuela de inteligencia, también le señala que disponían de una casa en el sector del Cajón del Maipo, más arriba de San José”.

Se trataba de “Casa de Piedra”, lugar que, como lo expuso un reportaje de Ciper Chile publicado el 2007, no sólo fue utilizado con fines de entrenamiento, sino también como uno más de los recintos secretos de tortura de que dispuso la DINA, un sitio que, además, siempre estuvo en el ojo de los organismos de seguridad, al punto que el ex cabo de Ejército Carlos Labarca Sanhueza relató al juez Zepeda que dicha vivienda fue allanada al día siguiente del golpe, operación en la cual él participó.

El documento judicial explica que a fines de 1974 Labarca llegó por segunda vez a “Casa de Piedra”, a esas alturas ya convertida en la Escuela de Inteligencia, y al mando del teniente Armando Fernández Larios y del entonces mayor Pedro Espinoza Bravo.

Labarca no se guardó mucho ante el juez. Confidenció que “en la implementación de la citada escuela tuvieron una destacada participación colonos de la llamada Colonia Dignidad, quienes instalaron una antena de transmisión y equipos de radio, de alta frecuencia, muy adelantados para la época, pues se comunicaban directamente y sin problemas a Parral y otras ciudades. Este equipo era operado desde Santiago por Fernández Larios y Pedro Espinoza, quienes se comunicaban, en clave, diariamente con los colonos. Cuando los colonos venían a Santiago, concurrían a ‘Casa de Piedra’ y ellos probaban los equipos y se comunicaban a Parral o a la casa que tenían cerca del Estadio Nacional”, aludiendo a la casona que los germanos poseían en Ñuñoa.

Labarca dijo haber visto allí a Paul Schäfer y otros alemanes, y también confesó haber participado en un curso de inteligencia ofrecido a la DINA por estos, el cual se realizó en Parral. Al respecto, dijo al tribunal que “no recuerda bien la fecha en que, de la agrupación de Casa de Piedra, unas seis a siete personas visitaron Colonia Dignidad, en grupos de dos o tres, por el lapso de una semana, aproximadamente, acompañándolos Fernández Larios. En dicho lugar participó en un curso de nociones de explosivos dictado por el mismo colono gordo llamado ‘Mauk’ (Gerhard Mücke), junto a otros colonos más jóvenes. Les exhibían películas, fotos y documentos relacionados con la Segunda Guerra Mundial, donde se podía apreciar las destrucciones de tanques, puentes, etc., además de las actuaciones de los servicios de inteligencia alemanes” (Mücke es uno de los condenados por Zepeda, junto a Kurt Schnellenkamp, Karl Van Den Berg, Gerd Seewald, Espinoza, Manuel Contreras y Fernando Gómez Segovia, jefe de la DINA en Parral).

De lo que Labarca no se olvidó, sin embargo, es de la impresión que le causó el lugar. El fallo cuenta que el militar “quedó demasiado sorprendido, al igual que sus compañeros, por el nivel de avance de Colonia Dignidad a esa época. Tenían tecnología que ellos no conocían, potentes equipos de comunicación, citófonos en todas las habitaciones, equipos de cámaras y videos, las puertas totalmente automatizadas se abrían y cerraban solas. Tenía la impresión de que eran constantemente vigilados, pues siempre estaban en las habitaciones que les habían asignado”.

LA VERSIÓN DE ESPINOZA
No obstante, Pedro Espinoza relativizó todo lo anterior. El ex jerarca de la policía secreta especificó que él recién llegó hacia julio de 1974 a la Escuela de Inteligencia de “Casa de Piedra”, donde –según él– sólo estuvo un año, asegurando además que la Colonia no tenía nada que ver allí, a diferencia de lo planteado por Labarca.

Espinoza argumentó ante el ministro Zepeda que su conocimiento de la Colonia partió en 1968, cuando se desempeñó en el Regimiento de Artillería de Linares, aseverando que en 1975, mientras estaba en el santuario de San Sebastián (en Yumbel), su padre se sintió mal, por lo que optó por llevarlo al hospital de “Villa Baviera”, ocasión en la cual supo que en ella se encontraba el teniente Fernando Laureani, de la Agrupación “Vampiro” de la DINA, quien le manifestó “que había llegado allí con un detenido que había trasladado desde Concepción”. Pero, claro, Espinoza estaba de descanso, así es que “como él se encontraba de vacaciones, no indagó más en ese asunto”.

LOS AMIGOS DE LA COLONIA
En todo caso, Espinoza sabía bastante de la Colonia como para ser un simple visitante. Dijo al juez Zepeda que hasta ese recinto “concurría el señor Guzmán (Jaime), la ex Ministra de Justicia, doña Mónica Madariaga, acompañada de su subsecretaria” y que “también concurrió en una oportunidad a una recepción que se hizo en la casa que tenían los colonos en la calle Campos de Deportes, donde asistió la señora Lucía Hiriart de Pinochet, una hija de esta, el coronel Contreras, la señora Mónica Madariaga y otras personalidades”.

Pero de las actividades de inteligencia de los alemanes, nada, aseguró Espinoza al juez. En relación a los dichos de Labarca, explicó que los acólitos de Schäfer sólo habían ido una vez a la casa de “Volpone” para reparar los equipos de radio, “pues ellos tenían bastante conocimiento al respecto”, aunque agregó un antecedente que contradice sus dichos anteriores en orden a que los germanos nada tenían que ver con la represión, al decir que “tomó conocimiento que en cierta oportunidad, aproximadamente, agosto de 1974, los alemanes habían detenido a una persona en la calle, junto con Armando Fernández Larios, según el propio relato de este, y trasladaron al detenido a la colonia. Esa fue la única actividad que conoció entre Fernández Larios y los alemanes”.

Pese a ello, Espinoza insistió majaderamente en su declaración en “que no tuvo contacto con alemanes, tampoco se mantuvo a personas de esa u otra nacionalidad dictando cursos a los alumnos de la Escuela”, pero ahí incurre en una segunda contradicción, pues a renglón seguido afirmó ante el ministro en visita que “en los meses de julio o agosto de 1974, hubo personal de la CIA que hizo cursos de instrucción en la Escuela de Inteligencia de San José de Maipo”.

INTELIGENCIA EXTRANJERA
De este modo, se confirma que luego del golpe de Estado la CIA seguía prestando cooperación directa a la DINA en un recinto en el cual, de un modo u otro, estaba presente la Colonia Dignidad, lo que es coherente con antecedentes previos sobre operaciones de inteligencia en las cuales coincidían agentes norteamericanos, alemanes y chilenos.

Eso sucedió, por ejemplo, en el caso de Charles Horman y Frank Teruggi, norteamericanos detenidos y asesinados en Chile tras el Golpe. El segundo de ellos, como lo prueban documentos del FBI, comenzó a ser vigilando en Chile en 1972 luego que, desde Alemania, se entregara a la inteligencia estadounidense la dirección en que vivía en Santiago, en medio de una operación conjunta entre el FBI y la CIA que se llamaba “Caos” y que estaba destinada a vigilar a estadounidenses “izquierdistas” en un listado de 20 países, entre ellos Chile.

Tras la desaparición de Horman, en tanto, y ya en plena dictadura, existe constancia (en una de las fichas de inteligencia de Colonia Dignidad) de que oficiales estadounidenses, no se especifica de qué agencia, visitaron ese enclave junto a un oficial de la Armada chilena, implicado en el caso Horman.

Además de la CIA, hay antecedentes respecto de un entrenamiento que el Mossad israelí habría efectuado a suboficiales de la DINA, que está relatado en el libro Mossad, escrito por el ex agente de dicho organismo, Víctor Ostrovsky.


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